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El evento más privado

Relato enviado por: Anonymous el 3/8/2026. Lecturas: 98
Etiquetas:   Dominacion
Relato completo
Una noche inesperada en 2021, como organizadora de eventos, conocí a Marco, un hombre carismático y atractivo. Lo que empezó como una conversación casual en la fiesta, terminó en su apartamento, donde la charla se transformó en pasión. Entre besos y caricias, exploramos un vaivén que nos conectó profundamente, creando una experiencia tan intensa como inolvidable. EL EVENTO MÁS PRIVADO
**Título: Una noche para recordar**

Hola, me llamo Ruth Geraldine calisaya viscarra soy de Bolivia yo trabajo como organizadora de eventos. En 2021, tenía 27 años y me dedicaba a coordinar fiestas de todo tipo, desde bodas hasta despedidas de soltera. Esa noche, llevaba un atuendo formal pero elegante: una blusa blanca de seda, una falda negra ajustada que caía justo por encima de las rodillas, pantys negros, y unos tacones que, aunque eran elegantes, me estaban matando los pies.

Era una fiesta pequeña, una despedida de soltera en un salón alquilado en el centro de la ciudad. Todo iba bien, música suave, copas llenas, y yo supervisando que todo fluyera. Fue entonces cuando lo vi: alto, moreno, con una sonrisa que parecía sacada de una película.

No pude evitar mirarlo de reojo mientras ajustaba algunos detalles en la mesa de bebidas. Me sorprendió cuando él se acercó.

—Hola, soy Marco. ¿Eres la organizadora? —preguntó con una voz segura, pero suave.

Asentí, algo sorprendida. —Sí, eso hago. ¿Eres amigo de la novia?

—Algo así. Vine de acompañante, pero no conozco a muchos aquí.

La conversación empezó de manera casual, pero pronto noté su carisma. Tenía una manera de mirarme que me hacía sentir como si fuera la única persona en la habitación. Me mantuve profesional, al menos hasta que la fiesta empezó a decaer y los invitados comenzaron a irse.

Al final de la noche, quedábamos solo unos cuantos, y Marco seguía ahí, como si estuviera esperándome. Me acerqué con una sonrisa nerviosa.

—¿Sigues aquí?

—Quería ver si te animabas a tomar algo después. Pareces alguien interesante.

Acepté, aunque con una mezcla de curiosidad y nervios. Fuimos a su apartamento, que estaba a pocas cuadras. Era un lugar sencillo pero bien cuidado. Nos sentamos en el sofá, cada uno con una copa de vino en la mano, y la charla fluyó con facilidad.

Me contó sobre su trabajo como diseñador gráfico, su pasión por viajar, y cómo había terminado en esa fiesta. Yo le hablé un poco de mi vida, aunque sentía que él ya había captado más de lo que decía. La manera en que me miraba... intensa, como si quisiera desentrañar cada rincón de mi ser.

La conversación fue deslizándose hacia temas más personales, hasta que nuestras miradas se cruzaron, y el silencio llenó el espacio. Sin decir nada, Marco se inclinó y sus labios encontraron los míos. Fue un beso lento al principio, exploratorio, pero pronto se volvió más profundo, más urgente.

Su mano acarició mi rostro antes de deslizarse hacia mi cuello, y en un movimiento suave me acercó más a él. Me levantó con facilidad, llevándome a su habitación. Allí, la atmósfera cambió; todo era más íntimo, más cargado de expectativa.

Me quitó la blusa con cuidado, sus labios trazando un camino desde mi clavícula hasta mis hombros. Deslizó mis pantys y mi falda, mientras yo hacía lo mismo con su camisa, explorando con mis manos su espalda firme.

Cuando finalmente nos unimos, el vaivén de nuestros cuerpos se sintió como una danza perfecta. Él sabía exactamente cómo moverse, cómo tomarme y hacerme sentir como si el tiempo se hubiera detenido.

—¿Así? —susurró, con una sonrisa cargada de complicidad mientras aceleraba el ritmo.

No podía responder, solo asentí, perdida en las sensaciones. Su devaneo era preciso, rítmico, y sabía cómo leer cada respuesta de mi cuerpo. Cada beso, cada caricia, cada movimiento estaba perfectamente sincronizado, como si hubiéramos estado destinados a este momento.

Finalmente, descansamos uno junto al otro, nuestras respiraciones aún descontroladas. Marco me miró y sonrió.

—¿Siempre es así de intenso contigo?

Reí, apoyando mi cabeza en su pecho. —No siempre. Pero contigo... fue diferente.

Esa noche, descubrí que a veces las conexiones más inesperadas pueden convertirse en recuerdos inolvidables. Y sí, todavía pienso en ese vaivén que marcó el inicio de algo único.
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