Relato enviado por:
Anonymous
el 27/1/2010.
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Relato completo
Una vez en el vestuario, procedí a desnudarme por completo en compañía de otras tres personas que estaban haciendo lo mismo, lo que me dio ocasión para echar un vistazo a sus pollas y sus culos, llegando a la conclusión de que estaban bastante bien, especialmente, el que tenía todo el pubis afeitado: Le hacía la polla más grande.Era un día de lluvia. Entré en la sauna y el calor que allí hacía me reconfortó del desapacible ambiente que fuera hacía. En recepción y previo pago del servicio me dieron una toalla grande y otra más fina para cubrirme, así como la llave correspondiente de la taquilla, llave que llevaba incorporada una goma para sujetártela a la muñeca, pero que, para mayor libertad, yo me la sujeté en el tobillo; de esa manera tenía las manos libres para lo que deseara.
Una vez en el vestuario, procedí a desnudarme por completo en compañía de otras tres personas que estaban haciendo lo mismo, lo que me dio ocasión para echar un vistazo a sus pollas y sus culos, llegando a la conclusión de que estaban bastante bien, especialmente, el que tenía todo el pubis afeitado: Le hacía la polla más grande.
De inmediato pasé a la ducha y allí el espectáculo fue mejor: Había como unos seis duchándose y jabonándose la polla, los huevos y el culo; yo comencé a ducharme y a lavar mi polla, notando cómo varias miradas se dirigían hacia mi cipote, cipote que, dicho sea de paso, aparte de largo, lo tengo más bien gordo y que yo me encargaba de descapullar por completo para lavar bien su cabeza.
Cuando terminé pasé a la sauna, sauna que estaba en la más completa oscuridad y en la que había que ir tanteando por la pared para esquivar a las parejas que, presas del calentón, ya se estaban morreando. Camino del banco iba cuando tropecé con unos brazos extendidos; cuando quise pasar por detrás pude comprobar que había otra persona que se lo estaba follando; de ahí los brazos extendidos: se estaba sujetando de las embestidas que le estaba dando el que se lo estaba follando contra la pared.
Una vez que llegué al banco y me senté, me relaje, extendí las piernas y eché la cabeza para atrás y comencé a acariciarme el cipote, el cual, entre el calor que hacía y los gemidos que conteniidamente de vez en cuando se oían, poco tardó en ponérseme completamente empalmado. Estaba deslizando lentamente mi mano a lo largo de toda mi polla, cuando noté el roce de una pierna contra la mía; acepté el roce y a continuación una mano se hizo con mi verga; era el que estaba sentado a mi derecha quien de esa manera me cogía el cipote y para darle mayor facilidad, me abrí completamente de piernas; casí de inmediatyo noté la calidez de su boca en la punta de mi picha y a esa caricia correspondí acariciándole el culo y masajeándole su chochito.
En un determinado momento y después de estar un rato mamándome la polla, acercándome mucho la boca al oído me preguntó si me gustaba meterla, a lo que le respondí que sí y entonces me pidió que nos fuéramos a una cabina, pues estaríamos más a gusto. Nos pusimos en pie y salimos de la sauna; los que se estaban duchando en ese momento me miraron con una mirada significativa pues yo no podía disimular lo empalmado que estaba. ¡Qué buen trabajo me había hecho en el cipote el muy cabrón!
Una vez que llegamos a la cabina y hubimos cerrado por dentro, se lanzó sobre mi picha como si nunca hubiera mamado una polla; yo al verlo, le sujeté la cara y empecé un movimiento de mete y saca, en una palabra: Me lo estaba follando por la boca y me estaba dando un gusto..., pero uno tiene su aguante y no quería correrme en su boca; donde quería correrme era en su chocho, en aquél chocho de hembra cabrona que tenía y sacándole el cipote de la boca lo tumbé sobre la camilla, le levanté las piernas, me las apoyé en los hombros y después de ponerme un condón lubricado, apunte a su almeja y se la metí hasta que los pelos de mi picha hicieron tope en su hermoso culo.
La manera que tenía de aprisionarme la polla con su chocho aumentó todavía más el placer en mi polla y no pudiéndome contener por más tiempo, descargué toda la leche de mi verga en su chochito. Seguidamente, me dejé caer encima de él y comencé a menearle su polla, una polla pequeña pero que dejó en mi mano un reguero de leche cuando, retorciéndose de gusto, se corrió.
Levántándose, me sonrió, me besó en los labios y medijo que si volvería otra vez por la sauna. Prometí volvérmelo a follar, cosa que él me agradeció acaracidiándome la picha.