Relato enviado por:
John117 el 25/3/2011.
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Relato completo
La primera vez que mi cuñada me vió en bolas en una playaTodo empezó en aquel viaje que hicimos con mi mujer a Europa. Entre los destinos elegidos figuraba España, y justo allí, en Valencia, vive mi cuñada. Nunca habíamos practicado nudismo, pero la idea siempre estaba, por lo que era una buena ocasión para practicarlo, y encima con mi cuñada. Ella tiene más o menos 30 años, soltera, castaña, lindo cuerpo (ni gorda ni flaca), pero lo que más llama la atención son sus pechos. Tiene realmente unas tetas grandes, de esas que te dejan con la boca abierta.
Como llegamos a la tarde comimos algo y luego nos fuimos a descansar, con el plan de ir a la playa al otro día. Al amanecer armamos un bolso con unas cosas para llevar y nos fuimos para allí. La playa era mixta (muy bonita) y hacia la derecha tenía una parte totalmente nudista. Llegamos y nos pusimos más o menos por el límite de ambas. Tenía entendido que mi cuñada había hecho nudismo algunas veces, pero generalmente hacía topless por lo que nos había contado. La sola idea de ver esos pechos grandes y voluptuosos me pasaba una y otra vez por la cabeza, y hasta llegaba a genererme una erección. Encima ella es de esas mujeres simpáticas y que siempre andan divertidas por la vida.
Mi mujer se sacó el corpiño y dejó sus pequeñas pero bonitas tetas al descubierto (su cola es lo que más me calienta). Esperaba que mi cuñada hiciera lo mismo, pero se dejó el bikini completo la muy zorra. Eso sí, el tanga pequeño que llevaba puesto le quitaba la respiración a más de uno. Enseguida me saqué el bañador y me quedé en pelotas, lo que al parecer le agradó mucho a mi cuñada, que no dudó en repasar una y otra vez mi pene.
Luego nos fuimos al agua y a pasear un rato por la orilla, hasta que nos cansamos y decidimos ir a sentarnos y comer algo. Cuando llegamos adonde estaban nuestras cosas, mi cuñada me alegró la vista por completo, sacándose el corpiño y dejando sus esplendorosas tetas al descubierto. Por dios, vaya pedazo de melones. Así estuvimos toda la tarde, descansando, jugando a las palas, charlando.
Cuando volvimos al departamento mi cuñada y mi señora se quedaron en bikini, y yo seguí en pelotas, para alegría de mi cuñada, que cada vez que podía me miraba el pene, cosa que me agradaba muchísimo.
Fuimos un par de veces más a la playa, pero eso lo dejaré para otras historias...