Relato enviado por:
Anonymous
el 28/7/2026.
Lecturas:570 Etiquetas: Amor filial
Relato completo
Porque tengo permanentes fantasías con mi hermana? Así empezó todo...Es muy liberador entender definitivamente que la realidad es de una manera y punto. Aunque haya un acuerdo tácito social que finge otra cosa. Pero yo finalmente pude ver los hilos y descubrir que lo que a mi me pasaba es lo mismo que a todos nos pasa. Hombres, mujeres, chicos y grandes. En la intimidad de nuestras mentes no existen los tabúes. Mejor dicho si existen pero en una permanente lucha con nuestros verdaderos deseos e impulsos. Por eso ahora yo miro mi pasado con la pena de no haber tenido la mirada que hoy tengo. De cuantos placeres se privo uno. O no los vivió con la intensidad qué merecían. Pues en mi caso, viví cosas, que ahora fantaseo fervientemente con poder volver a vivirlas. Y también ahora tarde caigo en la cuenta de otras cosas que me prive de vivir pero en las que el deseo estaba. Y de las dos partes. Obvio aveces el riesgo es gigante y sacando las cuentas no conviene. Pero algo si me quedó bien claro... a todos nos pasa lo mismo!
Quien no ha imaginado fantasías con una prima, con una tía, vecina, cuñada, suegra, etc. Pero lo reprimimos, por supuesto.
Sin ahondar en las tantas buenas y ricas historias que mi mente ha creado, solo me detendré en una puntual. Una que luego de muchos años de estar encajonada ha vuelto a despertarme los más exquisitos deseos.
Nosotros somos 5 hermanos. 4 hombres y la más chica una mujer. A mi hermana solo le llevo 2 años y algunos meses. Por supuesto que durante la niñez tuvimos momentos de exploración y juegos típicos de esa edad. Luego nada, solo quedo en eso. Lo que voy a relatar ahora transcurre cuando ella ya estaba en el secundario. Y pasaban varias cuestiones en torno a eso. Ella tenia una vida social muy activa y varios grupos de amigas que aveces frecuentaban mi casa. No había siquiera una de sus amigas que no estuviese muy rica. Eran una más linda que la otra. Era claro que no solo mis amigos sino mis hermanos, nos masturbamos muchas veces pensando en varias de ellas. Para colmo era la época de las cámaras digitales y las carpetas con miles de fotos abundaban en la computadora que todos compartíamos en mi casa. Supongo que mis hermanos incurrian a lo mismo que yo. Urgar, ver, pajearse. Incluso había unas de mi hermana con una de sus recurrentes amigas las dos en tetas. Y otra sesión que habrían echo en alguna juntada de varias ( unas diez o doce pendejas) bajándose los lienzos y mostrando el orto en la cámara. Era un verdadero deleite. Claramente esas pibas, de inocentes no tenían nada.
Aun al margen de todo esto yo no miraba aun a mi hermana con ganas. No era por ella que sentía atracción la verdad. Pero durante este contexto, esa época, se dieron una sucesión de hechos que llevaron a lo que ya llegarán a leer. (Y a disfrutar si tienen la inteligencia y la madurez).
No recuerdo como ni cuando fue la primera vez pero los dos, mi hermana y yo, comenzamos a incurrir en la costumbre de hacernos masajes. Supongo que en algún inicio tuvo un origen desinteresado. Pero al final estaba claro que buscábamos algo. La secuencia era siempre igual. Yo le pedía que me haga masajes. Y la paga por ese trabajo era que luego yo le hiciera a ella. Obviamente llegado a cierto punto mi única intención de recibir masajes era porque sabía que luego vendrían los que yo le hacía a ella. Cuando me tocaba recibirlos a mi me acostaba boca abajo en la cama y ella hacia lo suyo. Cuando le tocaba recibir a ella, lo mismo. Boca abajo. Los cuales, muy de a poco, día tras día, iban subiendo un poco la confianza y tonalidad. Todo fue muy pero muy progresivo. Llegados a cierto punto los masajes siempre incluían una tímida pasada por la cola. Eran masajes, no toqueteo. Yo undia los dedos en los cachetes de su cola y hacia movimientos sin que se notará una intención. Pero en esa altura yo ya la veía como nunca la había visto. Para iniciar siempre se sacaba la remera pero obviamente nada más. Y cuando hacía la pasadita tímida por la cola, era sobre el pantalón. Y yo ya me sentía muy atraído por su piel, sus curvas, su olor. Cada vez que terminábamos los masajes yo tenia que ir al baño a hacer con mi mente lo que todavía no me animaba a hacer con ella. Hasta ese entonces no sabía yo como tomaría ella que yo hiciera algo con intención sexual. Porque la verdad ya eramos grandes. Y ella no insinuaba ni la más mínima cosa.
Lo que fue pasando con el tiempo es que los masajes empezaron a ser más de cola qué otra cosa. Incluso cuando me tocaba recibirlos a mi le pedía siempre "haceme acá que me encanta". De manera que luego no esté mal que yo hiciera lo mismo a ella. Y así de a poquito fuimos pasando un nuevo nivel cada vez. E incorporamos una crema. La cual yo al esparcirla, primero lo hacía en el cuello, espalda y luego, cuando bajaba a la última parte de la espalda, comencé a atreverme a bajarle un poco el pantalón para "aplicar crema también ahí". Pero casi nunca bajaba del todo obvio. Y ella siempre seguía sin dar signo de nada raro. Entonces yo no me atrevía a hacer todo lo que yo me moría por hacer realmente.
Fue así que con el tiempo, masajear su cola se fue volviendo normal. Bajaba a las piernas y volvía a subir. Aveces también buscaba tocar un poco cerca de sus tetas pero al estar boca abajo se complicaba.
Entonces llego un día que recuerdo perfectamente. Ella tenia un shortcito re corto. Y al abrir un poco las piernas se veía bastante su concha. Tenía una conchita gordita divina con una bombacha blanca. Y pronto descubrí algo hermoso. Iba con mis dos manos subiendo por una de las piernas. Y me solía detener en la parte baja de la cola como queriendo masajear esa zona con los dedos gordos, pero la verdad era que mis otros dedos tocaban tímidamente su concha. Y entre las 3 o 4 veces que hice lo mismo, en una me atreví bastante y mi dedo índice entró por un costado de la bombacha. Y que sentí? Su concha estaba toda mojadita. Y entonces ahí fue que me di cuenta de que a ella le pasaba lo mismo que a mi. La escusa eran los masajes y el deseo era otro y ninguno se atrevía al riesgo.
Por supuesto que luego de ese día fuimos subiendo la confianza en los recorridos con las manos. Yo recuerdo una vez que mientras ella me hacía, yo la tenia re parada y a propósito la saque por un costado para que cuando ella pasara por esa zona la vea asomada. Y así fue no solo que la vio, sino que haciéndose la que no tuvo intenciones la toco varias veces con sus dedos. Y así avanzabamos. Yo ya no tenía reparo en apollarle en la cola toda la verga durisima mientras le masajeaba el cuello, estando arriba de ella y así muchas veces. Y al final siempre nos hacíamos los tontos. Pero un día pasó algo que no se daba seguido. En casa no había nadie. Y casualmente los dos llegamos de nuestras actividades casi juntos. Cuando advertimos que no había nadie, fue ella misma la que me dijo: ¿me haces unos masajes? Y ya desee otra confianza y para mi suerte, porque tenía puesto un pantalón que le apretaba y era muy grueso, sin mucho rodeo se acostó como siempre, se subió la remera y yo sin vueltas le baje completamente el pantalón y la bombacha juntos. Que hermosa era en ese tiempo por dios. La forma de su cola era la perfección. La piel un manjar y todavía recuerdo su olor como lo más rico que olfatie en mi vida. Ella estaba dispuesta y yo también.
Que pena no haber tenido en ese momento la mente que tengo hoy. Porque me habría detenido a saborear cada centímetro. Pero en esos tiempos la urgencia era otra y los tiempos tiranos ya que no sabíamos en que momento podía llegar alguien. Entonces saque mi pito sin sacarme del todo el pantalón y comencé a querer entrar. ¿Me cree el lector que aquellos glúteos y esa piel perfecta todavía puedo sentirlos tocándome la poronga durisima por los costados? Ella trataba de ayudar parando la colita. No recuerdo bien porque se complicaba. Creo que aunque no nos llevábamos tantos años, en aquel entonces yo tenia gran tamaño a su lado y ella era pequeña. Hermosa y perfecta pero pequeña. Lo bueno fue que ella resolvió el problema dándose vuelta. Osea, ella quería realmente que yo le metiera la pija adentro. Y eso hice. Y mientras lo hacíamos nos mirábamos y nos encantaba. No fui bruto porque suponía (y nunca lo sabré) que era virgen. Pero si estaba seguro de que se pajeaba. Habrán sido 20, 30 metidas y sacadas. Ella re mojada. Chapabamos y eso era raro pero ahora lo recuerdo delicioso. Habríamos seguido hasta el fin y seguramente le habría terminado adentro, pero sentimos un ruido y fue un segundo en que saltamos y aparecimos ella en el baño y yo en mi pieza. Por suerte no paso nada, pero por desgracia fue el final de nuestro juego de hermanos. A poco de eso ella se puso de novia y ya no le pintaba ni los masajes y a mi tampoco. Realmente en ese momento solo fue una cosa. Pero es mi yo de ahora el que se deleita y desea recordar, revivir y repetir algo con ella. Una vez la ayude con una mudanza y quedamos solos por buen rato. Pensé cada cosa! Me le quería tirar encima, pero ella ahora es una mujer distinta, nose. Y no me puedo imaginar la consecuencia de que no le pinte y lo tome muy mal. Pero aun todavía juego a cambiar mis recuerdos de la mudanza como si hubieran sido distintos. La imagino diciéndome "siempre te tuve ganas y quería que me cojas así. Cogeme, cogeme toda! y dame toda tu leche bien adentro mío" mientras nos miramos permanentemente para que ni por un segundo nos olvidemos de que el que le está metiendo hasta el fondo y sin forro toda la pija adentro suyo soy yo, su hermano....