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Karla

Relato enviado por: Anonymous el 21/8/2026. Lecturas: 225
Etiquetas:   Primera vez
Relato completo
Karla recibe una visita inesperada.La joven Karla vivía sólo desde hacía ya cinco años, pues a los veinte tuvo a bien confesar a sus padres su orientación sexual, pero ellos no estaban dispuestos a tolerar a una hija lesbiana. Teniendo ya veinticinco años, Karla era una chica muy guapa, tanto que sus ojos casi claros sobresalían en ese rostro bronceado.

Siendo tal su belleza, Karla era asediada por varios hombres, de los cuales sólo se reían, muy seguro de lo que en verdad ella quería. Jamás hombre alguno había besado sus labios ni lo haría, decía ella.

Gozando de la tranquilidad de vivir sola, esa noche, siendo fin de semana, Karla disfrutaba de una película. Siendo ya algo noche, se dispuso ir a dormir. Apenas pararse de su sillón, escuchó que alguien tocaba a su puerta y gritaba su nombre:

- ¡Karla, abre por favor! ¡Abre!

Algo sorprendida, pues que era ya entrada la noche, Karla vio por la mirilla de la puerta de quién se trataba. Aquel que gritaba no era otro que Joel, uno de los pocos hombres a los que ella tenía confianza. Pese a ser un mujeriego de primer nivel y aún más que Karla era una chica lesbiana, le parecía simpático ese joven.

- Él sabes mi orientación; como tal, en la vida sería parte de su ganado, pensó cierta vez, Karla.

- ¡Karla, abre, por favor!

Apenas abrir, el chico entró a la casa, sin esperar que Karla lo invitara a entrar. Tras cerras de nuevo la puerta, el joven tomó a Karla de los hombros y le dijo:

- Por favor, por favor, no preguntes nada, sólo hazlo.

La mirada de Joel era de angustia, de miedo. La chica lesbiana lo miró extrañada.

- ¿Hacer qué? – preguntó Karla.

- Por favor, chupa mi pene.

Ante tal respuesta, la chica lesbiana lanzó un grito lleno de sorpresa e indignación.

- ¿Qué has dicho? – dijo Karla – Estás demente. Sal de mi casa de inmedia…

No pudo terminar la frase, pues el chico ya se había sentado en el sillón de Karla y sin más, se había sacado el pene. Ella nunca en su vida había visto uno.

- ¡Por favor, sólo hazlo!

- Estás demen…

Sin entender nada, Karla se dirigió a donde se había sentado su amigo y, en verdad confundida, se arrodilló, levantó los ojos al cielo y respiró profundo. Comenzó a chupar aquel pene erecto, mientras pensaba: - Pero, ¿qué es todo esto? Apenas había dado unas cuantas chupadas y teniendo el pene en la boca, dirigió la mirada hacia su amigo, buscando una respuesta, pero el chico no dejo nada.

Karla chupaba casi como autómata; igual no es como que una chica lesbiana tuviera el mismo sentir ante un pene como lo tuviera una heterosexual. Pero lo más importante, es que no entendía nada. Sabía que Joel era asediado por muchas mujeres y no dudaba que varias de ellas hayan terminado en su cama, pero ¿por qué le había pedido eso a ella, que chupara su pene?

- Pero si yo soy lesbiana – pensaba Karla -. ¿Por qué estoy chupando el pene de un amigo? Además, Joel es cinco años más joven que yo.

Volvió a dirigir la mirada hacia los ojos de su amigo, buscando una respuesta, una explicación, pero el chico no dijo nada.

Karla se rascó la cabeza, confundida, al tiempo que Joel arrojaba su semen dentro de la boca de ella. Sin más, la chica dirigió la mirada, otra vez, hacía su amigo, pero esta vez en una expresión bastante seria. Pese a haber sacado ya aquel pene de su boca, dejó su rostro a pocos centímetros de distancia de este; y clavando una miraba firme en aquel joven, le dijo:

- Ahora sí, dime qué pasa – tras decir eso, Karla, sin dejar ni por un segundo su expresión seria, dio una lamida en la punta de aquel pene, el cual aún tenía residuos de semen.

- ¿Por qué has llegado a estas horas a mi casa? – sin ni siquiera se consciente de sus actos, Karla dio otra la mida a la punta del pene, mientras miraba muy seria a Joel con sus ojos casi claros.

- Y sin más, me has pedido a mí, que soy lesbiana, te chupe el pene – dio otra lamida en la punta de aquel pene.


- ¡Explícate! – dio una última lamida.

- Pues en realidad, por nada en especial – respondió Joel -, sólo que sí, sé muy bien que eres lesbiana, pero eso no te quita que seas muy bella.

Ante tal respuesta, Karla, que era una chica de piel bronceada, se puso pálida.

- Descansa – le dijo sin más, Joel, mientras salía fresco, tranquilo de su casa, dejando a la joven lesbiana, muda por la sorpresa.

Epílogo

Días después, Karla les contó a dos amigas suyas, ambas mamás solteras, la jugada que aquel ladino le había hecho. Ante toda respuesta, las dos jóvenes amigas, mamás solteras, se rieron y le dijeron:

- Ni te sorprendas, porque a nosotras dos, sí, mamás solteras, nos puso y no preguntes cómo pasó porque ni nosotras mismas lo entendemos, nos puso a las dos a chupar su pene.

- ¿Quién primero? – preguntó Karla, sorprendida. Las dos mamás solteras se sonrieron y una de ellas respondió:

- A las dos al mismo tiempo.


Tanto Karla como sus amigas, no tuvieron otras más que reír.

Fin



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