Relato enviado por:
Anonymous
el 20/5/2011.
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Relato completo
De como me meto en la cama con dos primitas, una de ellas verdaderamente especial.Estaba de novio de una mujer fogosa y liberal, pero no me imaginaba a los extremos que podíamos llegar en nuestra relación. Cay, y yo nos habíamos conocido en una fiesta de amigos comunes; la química entre los dos fue inmediata y pronto nos encontramos viviendo juntos. A pesar de que llevábamos casi seis meses en esa situación, aún no había conocido a ninguno de sus parientes.
Así que me tomó por sorpresa cuando un buen día Cay me dijo que una prima suya vendría a la ciudad, y que a ella le gustaría que se alojara con nosotros. Yo, sin dudarlo, le dije que estaría encantado de hospedarla, y entonces Cay me dijo que lo pensara porque su prima era especial. Yo no entendía a lo que se refería, le pregunte si le era muy cercana. Cay me dijo que si, que ella la quería mucho, pero que por especial quería decir que su prima era transexual.
Yo soy una persona de mente abierta, así que le dije que eso para mí no era problema y que no cambiaba mi decisión. “Mientras no sea una mujer barbuda”, le dije en broma. Riéndose Cay me respondió que no, y que de hecho a ella le parecía muy guapa, incluso más que ella misma.
Llegó el fin de semana, y con él la prima. Al llegar a mi departamento después del trabajo Cay salió a recibirme, y en la sala estaba su prima. Casi me caigo de espaldas cuando me la presentó. De estatura mediana, vestida discretamente, morena, de pelo largo, con un corte muy sexy, discretamente maquillada, y sin rasgos que revelaran su condición transexual,“Bárbara”, como me la presentó Cay, hacía honor a su nombre, era francamente espectacular y además simpatiquísima.
Cenamos en un ambiente cordial, y yo les propuse salir a tomar unos tragos y bailar. Las muchachas estaban encantadas con la idea; nos vestimos para la ocasión y fuimos a una disco que Cay y yo frecuentábamos. Las muchachas iban discretamente trajeadas, frescas, olía bien, y dimos buena cuenta de la pista de baile. Aunque algunos hombres sacaron a bailar a Bárbara, ésta no mostró mayor interés y prefería bailar con nosotros, en algún momento del baile Bárbara se ubicó en frente mío, de manera que pegaba sus magníficas tetas a mi pecho, y Cay mientras tanto me abrazaba por atrás, juntando sus muslos y caderas a mis nalgas. La cosa me puso de lo más caliente, así que sin más les propuse a las chicas que volviéramos a casa.
En el viaje en auto, Cay y Bárbara se acomodaron en el asiento trasero, y en cuanto arrancamos empezaron a besarse. Como las dos usaban vestidos los abrazos, besos y caricias que se propinaban a los respectivos pechos, hacían que por momentos el espectáculo que me ofrecían las dos primas desde el retrovisor fuera más caliente que el una película hard-core. No se cómo llegué al departamento, ni cómo logré aguantarme para no unirme ahí mismo a la fiesta.
Llegamos, casi atropellándonos entramos a mi habitación y rodamos sobre la amplia cama. Yo empecé a desnudarme rápidamente, mientras Cay y Bárbara se quedaban sólo en sus tanguitas. Los cuerpos de las dos eran espectaculares, Cay tiene unos pechos grandes, con pezones prominentes que estaban erectos por la excitación. Bárbara, se había hechos unos implantes muy bonitos, redonditos, de buen tamaño, con pezones oscuros, que yo acaricié movido por el morbo y la excitación, y que encontré deliciosamente naturales. Me coloqué entre las dos, con una erección gigantesca, y dejé que las dos me acariciaran a placer. Tomé uno de los pechos de Bárbara y empecé a succionarlo, jugando con mi lengua y su pezón. Cay había tomado el otro, y con una mano empezó a retirarle la tanguita.
Entonces, aparentemente de la nada, emergió la verga, gruesa, un poco corta y plenamente erecta de Bárbara. Me aparté un poco para observarla mejor, el contraste entre la delgada cintura, los pechos plenamente femeninos, el bello rostro de Bárbara, y su verga, era delicioso, más excitante que mis más locos sueños. Cay aprovechó el espacio que le dejé para colocarse en 69 sobre su prima; tomó la verga de Bárbara y empezó a chuparla con deleite, mientras susurraba “Al fin, primita”. Bárbara soltó una risita, gimió de placer y pegó su boca al sexo semidescubierto de Cay. Yo deslicé una mano por las nalgas de Cay, contribuyendo a apartarle el hilo dental, dejando al descubierto su ano, y comencé a besarlo, a meterle la lengua, a lubricarlo. Cay gemía sostenidamente, como si fuera a llegar al orgasmo. Bárbara también gemía y chupaba con entusiasmo la vagina y el clítoris de su prima. Repentinamente, Cay arqueó la espalda, se sacó la verga de Bárbara de la boca y dejó escapara un “Ahahh” profundo, luego se dejó caer hacia delante.
Yo aproveché el ligero desvanecimiento de Cay, me acomodé por detrás, y con el camino lubricado hacia su culito, le abrí las nalgas y la penetré, comencé a bombearla lentamente, haciendo que los pechos de Cay se deslizaran sobre las magníficas piernas de Bárbara. Esta renovó sus besos y caricias al sexo de Cay, quien a su vez complementaba la mamada que le estaba dando a su primita con una feroz paja.
“Ay! Voy a acabar!” Dijo Bárbara.
Al oir esto, me detuve, moví a Cay de tal forma que cayera a un lado, saqué mi verga de su ano, y me puse encima de sus magníficas tetas, Cay estaba con la mirada extraviada –signo de que estaba viniéndose- Bárbara comprendió mis intenciones, se acomodó de tal manera que su verga quedaba justo al lado de la mía, y a la altura de los labios golosos de Cay, y metimos simultáneamente nuestras vergas en su boca. No duramos más, mi verga se expandió, a través de ella sentí que la de Bárbara también se hinchaba y descargamos nuestra lecha. Cay estaba en la gloria, tragando leche, dejando que un poco se le escapara por las comisuras, frotándose desesperada las tetas y cuando retiramos nuestras vergas, gimiendo y tragando.
Las primitas se habían tenido ganas desde hacía tiempo, yo les había proporcionado la oportunidad. Cansados, los tres nos dejamos caer y apretando a Cay en la mitad, nos dormimos. El resto del mes que Bárbara pasó con nosotros prácticamente no salimos de la cama, hicimos de todo; pero, todo lo bueno se acaba, una semana después de que Bárbara regresó a su ciudad, yo recibí una buena oferta de trabajo en el exterior, y me despedí para siempre de las primas especiales.