Cuando conocí a Gerardo, la verdad es que me enamoré de él de inmediato, pero con el pasar de los días, se me hacía más difícil el confesarle mi realidad.
Aun salíamos como amigos, pero mi corazón latía intensamente por él, por lo que a pesar de que si le contaba mi secreto, lo podía perder para siempre. Porque ya saben cómo son los hombres, si una no es lo que ellos esperan, se terminó todo. Lo sé por experiencia. Ya que a todos mis novios previos, al decirles que no soy precisamente lo que ellos creen, y confesarles que soy una transexual, hay quienes han salido corriendo, otros han tratado de agredirme, pero el final es el mismo, me abandonan.
Pero al decirle a Gerardo lo que yo era realmente, me sorprendió que lo tomase de manera tan buena, ya que no tan solo aceptó mi condición, sino que me presentó a su madre, la que al conocerme estaba emocionadísima, aunque no creo que Gerardo le haya dicho todo sobre mi. La cosa es que seguimos saliendo, hasta que un día bueno tuvimos relaciones, en otras palabras dejé que me diera por el culo.
Y así seguimos saliendo, hasta un día que le hable de ponernos a vivir juntos, algo en su manera de responderme no me agrado, ya que comenzó por darme largas, hasta que lo enfrenté y le pregunté que le sucedía. Fue cuando me dijo que aún no estaba listo para dejar sola a su madre. Cosa que yo entiendo, ya que me costó mucho trabajo separarme de la mía. Pero a partir de ese momento, comencé a sentir que nuestra relación se enfriaba, por lo que un día que salí con él, le pedí que me diera una prueba de su amor. Como era de esperar fuimos a mi pequeño apartamento, y como de costumbre nos besamos, él me fue quitando toda la ropa, no tan solo beso, sino que mamó mis tetas, mientras que yo hasta le mamé su miembro. Fue cuando me preguntó, como quería yo que él me probase su amor. Y no se no tenía eso planificado realmente, lo dijo por decir. Pero estando en la cama con él a mi lado completamente desnudos los dos, lo que se me ocurrió fue pedirle que me dejase penetrarlo. La verdad es que pensé que se iba a levantar de la cama ponerse su ropa y marcharse, pero no. En lugar de irse, dio media vuelta, y poniéndose en cuatro me ofreció sus pálidas nalgas.
Por un momento estuve tentado a decirle que mejor lo dejásemos así, pero al ver cómo me ofrecía su blanco culito, no me quedó de otra que comenzar a penetrarlo, por lo que embadurné con vaselina toda mi parada verga, y comencé , como dice la canción, despacito, a ir metiéndosela toda. A medida que yo lo fui penetrando Gerardo, fue gimiendo de placer, y moviendo sus pálidas nalguitas, sabrosamente. Hasta que lo enterré toda mi verga, y él comenzó a restregar sus nalgas contra mi cuerpo a medida que yo se lo metía y sacaba una y otra vez con mucho amor.
Cambiamos de posición pero él prefirió dejar que yo siguiera penetrándolo, lo que aun continuamos haciendo, cada vez que tenemos relaciones…..