Relato enviado por:
Anonymous
el 16/7/2016.
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Relato completo
mi mujer es muy guapa, chaparrita y menuda, con preciosas piernas....Mi mujer es muy guapa, chaparrita y menuda, con preciosas piernas que sabe lucir con falda rabona y sandalias. Es joven, sociable e independiente y le gusta el deporte y mantenerse en forma. En la intimidad es una amante sabia y abierta. Se conoce atractiva y me parece que disfruta discretamente el despertar deseo en las miradas, aunque normalmente reaccione a cualquier insinuación en forma recatada y esquiva.
Una fantasía recurrente para mi desde hace años es verla coger con otros frente a mi, como dentro de un filme de arte recreando los placeres de una diva sin inhibiciones, como parte de un desenlace espontáneo de una reunión informal con otros turistas en nuestras vacaciones de playa.
Las escenas en mi fantasía incluyen siempre un largo prólogo de música, conversaciones amenas y picosas, juegos de acercamiento y alejamientos, bebidas y bocados afrodisíacas, un ambiente mágico y ella como centro de una continua serie de corteses atenciones que conllevan, cada una, cargas de de un creciente erotismo.
Las escenas del filme-fantasia comienzan ambiguas en medio de la pista de baile con caricias sutiles que apenas tocan sus senos o sus caderas, o de proximidades espontáneas le que revelan haber provocado una erección y la hacen estallar de risa, o brevísimos besos robados y devueltos, a los que responde en ocasiones tocando por accidente el bulto que parece saludarla detrás de la cremallera de algún pantalón.
Y estas escenas se prolongan por un largo rato con ligeras variaciones y ciertas ausencias en las que la veo alejarse tomada de la mano de alguien hacia la terraza, para regresar risueña a la reunión y darme un par de besos de un sabor inequívoco a pecado, como anunciándome haber cruzado el umbral y estar lista para llevar el ágape a su paroxismo.
Hasta que hacia el final de la noche las escenas pierden completamente su ambigüedad, y me regalan soberbias imagines en que puedo verla comer verga una y otra vez, y ser repetidamente penetrada, con gentileza o con rigor, según sus deseos, en todas sus distintas oquedades, a la vez que besada con insaciable pero delicado apetito por varias bocas e innumerables lenguas en cada rincón erógeno de su exquisita anatomía, en medio de gemidos y risas de gozo que solo ella sabe emitir para mi.
Para al final quedar solos y hacerla interminablemente mía, incomparablemente mía, empapada de sexo, y más hermosa que nunca, con semen escurriendo por todo su cuerpo, no sin antes beber directamente de su labios, de su boca, de su piel y de la tibia profundidad de cada una de sus mucosas, todos los jugos que le regaló la noche, presa de una sed frenética y llena de cómplice lujuria.