Relato enviado por:
austral el 21/8/2008.
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Relato completo
Después de perder a mi padre me encontré solo con mi madrastra y mi hermanastra.Para empezar este relato tengo que empezar desde el principio. Me llamo Antonio, aunque todo el mundo me llama Toni, soy hijo único, tengo 22 años, y soy un chico normal, del montón. Cuando contaba tres o cuatro años mi padre nos abandonó a mi madre y a mí. Por lo menos eso fue lo que siempre me contó mi madre. Ella murió cuando yo tenía 16 años, desde entonces viví con mis abuelos maternos y puedo decir que esos años no fueron todo lo felices que un niño pudiera desear. Ellos me culpaban a mí de la muerte de su única hija, siempre tenían a bien recordarme que desde que se casó con mi padre había sido una desgraciada hasta que la llevó a la muerte. Estaba deseando cumplir los 18 años de edad para poder marcharme de esa casa y emprender mi vida olvidando todos los malos momentos que me habían hecho pasar. No los odiaba pero tampoco sentía ningún afecto por ellos, nunca había sabido nada de mi familia paterna y siempre había estado intrigado, así que lo primero que hice fue ponerme a buscar cualquier indicio de ellos. Apenas tardé 6 meses en encontrar a mis abuelos paternos, dos personas que nada tenían que ver con lo que siempre me habían hecho creer, en cuanto me vieron supieron quien era, sobre todo porque mi parecido con mi padre debía ser asombroso. Estaba lleno de rencor por todo el daño que nos habían hecho, aunque no hizo falta mucho para darme cuenta que todo no había sido tal y como me lo habían contado siempre mi madre y mis abuelos maternos. Por lo visto mi padre vivía en otra ciudad y en cuanto se enteró de que estaba con sus padres cogió unos días y se presentó. No era como yo lo esperaba. Un hombre malo y sin corazón, sus padres estaban orgulloso de él, y me trataron con verdadero cariño.
Me contó su historia y no parecía descabellada, me confesó que lo que más le dolió fue tener que abandonarme y pasó mucho tiempo buscándome, aunque mi madre y su familia hizo lo imposible para que no nos encontraran. Después de pedírmelo muchas veces accedí a irme a vivir con él y con su familia, se había vuelto a casar y tenía una hijastra 3 años mayor que yo.
Mi encuentro con estas dos mujeres fue bastante chocante, Ana mi madrastra era una mujer de unos 55 años, muy diferente a mi madre en todos los sentidos. Era de mediana estatura, de pelo negro largo y rizado, muy blanca de piel, con unos pechos inmensos, más bien rellenita, algo de barriga, caderas grandes, un trasero y muslos grandes, sobre todo lo que me llamó la atención fue su imponente sonrisa y su trato conmigo, me lleno de besos y abrazos, como si fuera el hijo perdido y encontrado de nuevo, algo que nunca había tenido. Aurelia su hija, era mulata, del mismo porte que su madre, aunque de color caoba, tal y como me contaron entre risas, una noche de desenfreno con un negro con una polla como un camión.
Tengo que confesar que los primeros días en la casa nueva fueron bastante perturbadores para mi, me había criado en una educación estrictamente católica, no había visto a una mujer desnuda en mi vida, la masturbación era algo pecaminoso, a mis 22 años ni siquiera había besado a una chica y como nunca tuve motivos para pensar otra cosa, pensaba que la polla solo se te ponía dura porque aguantabas las ganas de mear por las mañanas.
No hizo falta mucho para que me acostumbrara a mi nueva vida, era feliz, podía sentir que mi padre estaba feliz de tenerme con él, y lo más importante, tanto Ana como Aurelia, me trataban como un hijo y un hermano y se desvivían todos para que me encontrara como en mi propia casa. Incluso hubo una fiesta de bienvenida donde fui presentado como el hijo perdido y encontrado de nuevo.
No tardé en acomodarme y encontrarme realmente en casa, y algo que no esperaba era la actuación de todos cuando estábamos a solas. La primera vez que vi a mi madrastra completamente desnuda, me quedé con la boca abierta, salió del cuarto de baño dirección a su dormitorio sin prestarme la más mínima atención, como algo normal para ella, incluso se paró a darme un beso dejando que sus dos tetazas rozaran mi pecho. Fue algo que no esperaba y me costó aceptar, aunque lo peor estaba por llegar.
Una mañana al levantarme e ir al baño me encontré de cara con Aurelia que salía de él, solo llevaba un pequeño camisón azul, que dejaba transparentar por completo su figura debajo, podía ver sus grandes tetas caídas, con sus grandes aureolas y sus pezones de color casi negros, podía adivinar el pequeño triángulo de vellos de su bajo vientre, unos vellos negros y ensortijados, y al girarse pude ver sus grandes nalgas partidas por esa honda canal que hacía que se levantara cada nalga a cada paso que daba, aunque lo sorprendente fue como se abrieron esos grandes ojos azules que tenía y no dejaron de mirar el paquete que llevaba en los calzoncillos. Hasta ahora no lo había dicho, pero tal y como poco después diría mi madrastra, yo no tenía una polla, tenía una polla como un camión. Desde aquella mañana si buena era la relación con Aurelia, en mejor se convirtió y aprovechaba cada momento para pegarse a mí y refregarse a mi polla y lo mejor de todo para poder verla completamente desnuda cada vez que tenía la más mínima oportunidad y claro está, todo eso surtió un efecto que insospechado para mi, pude comprobar que la polla no se empinaba solamente cuando tenías ganas de mear, sino que lo hacía sin poder controlarlo cuando tenía delante mía a mi querida hermanastra.
Mi padre tenía una pequeña empresa de transporte, donde trabajaban tanto Ana como Aurelia. Les pedí que me dejaran trabajar también a mí, pero ambos estuvieron de acuerdo en que primero me tomara un tiempo sabático y me pensara bien lo que deseaba hacer, si estudiar o trabajar. Pasaba las mañanas en casa solo, la primera en llegar era Ana, al mediodía, y antes de comer llegaban mi padre y Aurelia, aunque mi padre se volvía a ir algunas veces con Ana y otras solo. Muchas de esas mañanas con todo el descaro del mundo tenía la oportunidad de ver como mi hermanastra se desvestía y se vestía dejando la puerta de su dormitorio abierta que quedaba justo enfrente del mío y me dejaba totalmente empalmado buena parte del resto de la mañana. Muchas noches como por arte de magia aparecía en mi cama una de sus braguitas usadas durante todo el día, braguita que desprendían un agradable olor y que siempre estaban mojadas, para esos entonces ya había aprendido que si movía mi polla de arriba abajo terminaba con un apoteósico estremecimiento y derramando mi leche sobre esa prenda que como un juego le dejaba en su cama debajo de la almohada a la mañana siguiente. Así pasamos varios meses, meses en los que ya había tanta confianza que lo mismo que Aurelia me dejaba verla yo dejaba que ella viera mi polla en total erección. Hasta que una noche sin mediar palabra entró en mi dormitorio cuando me estaba pajeando con una de sus braguitas, me puso un dedo en la boca para que no hiciera ruido y seguidamente y sin decir nada se subió en mi cama y apartando mi mano colocó la suya en mi polla y comenzó a pajearme, podía sentir sus grandes tetas rozando mis muslos, se había colocado de rodillas medio tendida dejando mi pierna derecha entre las suyas, podía sentir su vientre por debajo de mi rodilla y mi pie quedaba justo a la altura de su coño, podía sentir como se refregaba por mi empeine y como me lo estaba mojando todo con el líquido que salía de él. No tardó en llevarse mi capullo a la boca y comenzar a chuparla como si le fuera la vida en ello, me acababa de hacer una paja y había comenzado con la segunda, aun ni por esa conseguí aguantar mucho, era una verdadera experta mamando y no tardé en derramar de nuevo mi leche caliente en su boca, se la tragó toda con verdaderas ansias y aunque sentía como mi polla seguía palpitando me fue imposible conseguir que esta no bajara su dureza, lo que Aurelia aprovechó para subir su cuerpo, se sacó las tetas del camisón y como si fuera una madre queriendo amamantar a su hijo, me la acercó a la boca, desprendía un olor que jamás olvidaré, era el olor a su cuerpo, me abalancé sobre ella, y comencé a chupar, morder y mamar de esas grandes tetas, sus pezones crecieron y se pusieron duros como piedras, me hacía pasar de una a otra, mi polla lo mismo que sus pezones no tardó en volver a ponerse dura y ella misma con su mano la guió hasta la entrada de su cueva, era la primera que entraba en el interior de una mujer, era la primera vez de todo y la sensación fue indescriptible, y creo que para ella también, comenzó a subir y bajar sobre ella, primero despacio y poco a poco incrementando la velocidad y la fuerza, gemía quedamente, y me susurraba al oído, me decía que nunca había visto una polla tan grande como la mía, y que le llegaba hasta lo más hondo, yo no dejaba de mamar de sus grandes ubres, las mordía con fuerza, las apretaba con mis manos, ella no dejaba de botar encima mía, estuvo más de 10 minutos así, no se cuantas veces se corrió antes de que yo lo hiciera, explotando en su interior como un volcán en erupción. Terminó jadeante a mi lado y nos quedamos dormidos besándonos y abrazados, cuando desperté por la mañana ya no estaba en mi cama, y cuando me levanté ya estaba vestida, me dio un apasionado beso en la boca y me deseo una feliz mañana, marchándose al trabajo. Lo siguientes 6 meses follamos todas las noches, todas las posturas y todos los sitios imaginables, lo que más le gustaba a mi hermanastra era que le metiera la polla por el culo, me lo abría con las dos manos, me hacía que se lo chupara, que le metiera la lengua soltando en su entrada una buena cantidad de saliva y seguidamente me hacía empalarla por completo y a lo bestia, aunque dolía un poco, la sensación de ocupar ese lugar estrecho y caliente era alucinante, la podía escuchar gemir como una loca cuando no había nadie en casa y no paraba hasta que no conseguía que mis huevos chocaran con su coño y puedo asegurar que le costaba trabajo tragarse mis más de 20 centímetros y 7 de grosor, para mi era un verdadero deleite sentir como mi polla explotaba en lo más profundo de su culo y sentir el calor de mi leche y la opresión que ofrecía al querer salir y tener mi polla como tapón.
Algo más de un año en esa casa y ya trataba a Ana y Aurelia como si fueran mi propia familia, llamaba mama a Ana y hermana a Aurelia y era todo lo feliz que un chico puede desear, había comenzado a trabajar con ellos en la empresa y había olvidado todo mi pasado. Hasta que una desgracia ocurrió en la familia, mi padre en un accidente murió, y esto fue un duro golpe. Tanto para mi como para ellas, sobre todo para Ana, que se sumió en un honda depresión dela que era imposible sacarla. Una noche hablando con mi hermana me contó que tenía miedo de que yo las abandonara y que se quedaran solas, cosa que en ningún momento se me había pasado por la cabeza, así que le dije que algo así jamás ocurriría y que ellas eran mi familia y tanto miedo podían tener ellas como yo de que ellas me dejaran a mi. La situación mejoró aunque por las noches aun podíamos escuchar como Ana lloraba desconsoladamente sola en su dormitorio. También tengo que decir que debido a lo sucedido las noches de desenfreno con mi hermanastra eran muchas menos de las que ya me había acostumbrado, supongo que yo no me atrevía a entrar a buscarla, porque también a ella la podía escuchar llorar acostada en su dormitorio.
Pasó algo de tiempo y debido al trabajo y a que Ana no terminaba de recuperarse, mi hermana y yo nos vimos obligados a hacernos cargo de la empresa y ella decidió que las salidas que debíamos hacer todos los meses era mejor que las hiciera ella, debido a que Ana se sentía mejor cuando yo estaba en casa, así que varias noches al mes, me tenía que quedar a solas con Ana y dejar que Aurelia saliera y viajara para arreglar los problemas que surgían en las diferentes sucursales que teníamos en diferentes ciudades, cosa que antes hacían mi padre y Ana.
Ana iba mejorando, aunque aun la podía sentir por las noches llorar, una de ellas cuando llegué a casa, me la encontré acostada, se había pasado la tarde llorando y terminé acostado a su lado, abrazado a ella y ella abrazada a mi, me confesó el miedo que sentía de que me fuera y las dejara solas, y que aunque no era su hijo ya me quería tanto como a su hija. Le dije que por nada del mundo las dejaría, que ahora ella era mi madre y su hija mi hermana y que era el chico más feliz del mundo al haberlas encontrado a las dos y al haber conocido a mi padre. Ana llevaba un pequeño camisón blanco, tengo que decir que para nada me sentí atraído en un primer momento, pero Ana se abrazó a mi y comenzó a besarme por toda la cara, nunca ninguna mujer lo había hecho así, podía sentir el cariño de esa mujer, aunque además podía sentir sus grandes tetas, su barriga, sus piernas y medio cuerpo sobre el mío queriéndome demostrar su amor y su gratitud. Supongo que haberla visto tantas veces desnuda paseando por la casa y ahora sentir su cuerpo pegado al mío hizo que mi polla reaccionara y aunque intenté contenerme no dejaba de ver en mi cabeza sus grandes tetas bailando con cada paso que daba, Ana lo sintió igual que yo y de pronto sentí como una de sus manos apretaba mi polla por encima de mi pantalón, me miró con cariño y me dijo que tenía la misma polla que mi padre, que cada noche veía como follaba con Aurelia y se sentía la mujer más feliz del mundo al saber que nos llevábamos tan bien, no dijo nada más, se levantó un poco sobre la cama lo suficiente para sacarse una de las tetas por fuera del camisón y ofrecérmela con todo su deseo. Comencé a mamar de esa teta como si me fuera la vida en ello, el único parecido que pude encontrar entre madre e hija fue en el parecido de sus tetas, casi del mismo tamaño, el mismo tacto, los mismos pezones, aunque una blanca y la otra negra y el mismo sabor. Con verdadera maestría y sin dejar de ofrecerme sus tetas, cuando me quise dar cuenta me tenía sin pantalones y estaba jugando con mi dura polla, le bastó un pequeño movimiento para colocarse encima mía, y guiando mi polla con su mano se la incrustó por completo en su peluda cueva, los coños de las dos eran algo diferentes, el de mi nueva hermana era algo más estrecho aunque le cabía por completo, en el de mi nueva madre podía sentir como entraba y aun sobraba espacio, las dos gemían igual, les gustaba gemir con fuerza y sobre todo llevar ellas las riendas, Ana botaba sobre mi corriéndose varias veces antes de que yo explotara en su interior, para mi se había convertido en una costumbre apagar mis gemidos mordiendo y chupando las fantásticas ubres de su hija y lo mismo hice con la madre, mi corrida fue bestial, comparándola a la primera que tuve con la hija. El único remordimiento que me entró una vez que quedamos tendidos en la cama era que todo eso había ocurrido en el mismo lecho que antes ocupaba mi padre se lo hice saber a ella y sin mediar palabra me llevo de la mano hasta mi cama acostándose y durmiendo completamente desnuda a mi lado. Mi despertar por la mañana fue lo mismo de alucinante. Desperté al sentir como Ana, mi madre, había comenzado a mamar de una manera desenfrenada mi polla, hice un primer intento de pararla, diciéndole que tenía ganas de orinar, pero fue en vano, lo único que conseguí es que se diera la vuelta y se colocara encima mía, era la primera vez que podía ver de cerca su tremendo coñazo, sus grandes labios y la abundante mata de vellos que tenía en su bajo vientre, igual que con la hija sus grandes nalgas ocultaban la entrada de su puerta trasera, como pude saqué mis manos de debajo de ella y las lleve a sus grandes muslos, subí despacio hasta abrir esos labios y dejarme ver el color rosado de su interior y la pequeña entrada de su orificio trasero, la mamada que me estaba haciendo surtía su efecto podía sentir como me iba a correr de un momento a otro, aunque no sabía si me corría o me meaba, me dolían los huevos, paró de chupar para decirme que no me contuviera, que quería que me meara en su boca, eso fue afrodisíaco y como un resorte sentí que no podía retener las ganas y comencé a soltar toda la orina contenida, fue como si me corriera, el placer que sentí fue el mismo, aumentado mucho más ya que una meada dura mucho más que una corrida, fue bestial, podía sentir como tragaba y tragaba gimiendo de placer ala vez que podía ver como sus labios se contraían una y otra vez, tan seguido como la meada vino la corrida, lo que me dejó sin fuerzas ninguna, tenía a escasos centímetros su coño y justo cuando terminé de correrme pude ver como se le escapaban varios chorritos de su orina, me había gustado tanto que sin pensármelo hice que bajara apretando sus riñones para enterrar mi boca en su gran coño y hundir todo lo que pude mi lengua en su dilatado agujero, soltó mi polla para dejar escapar un fuerte gemido a la vez que sentí como comenzaba a soltar chorros tras chorros de su caliente orina dentro de mi boca, no sentí asco, aunque tampoco me atreví a tragármela toda, la dejaba escapar por las comisuras de mi boca a la vez que succionaba con fuerza consiguiendo que Ana soltara gemidos tras gemidos a la vez que metía por completo dos de mis dedos en el estrecho agujero de su tremendo trasero, cuando se apartó de encima mía pude ver como mi polla seguía igual de dura, se giró de inmediato y con cara de satisfacción me dijo que a mi padre le encantaba que se meara en su cara y que después se la metiera por el culo hasta los huevos, dicho y hecho, se colocó de rodillas encima mía y con su mano guió mi polla hasta la estrecha apertura de su ano. Me dijo que mi polla era mucho más grande que la de mi padre y que seguro dolía mucho más, pero no se anduvo con chiquitas, apretó hasta sentir como mi capullo traspasaba su esfínter y cogiendo aire se dejó caer sobre ella de una sola vez soltando un sonoro grito, la verdad es que dolió bastante, pero no paró hasta tenerla alojada por completo, soltó aire y comenzó a subir y bajar sobre mi polla con sus manos colocadas sobre mi pecho, el culo de Ana era más estrecho que el de Aurelia, pero se la clavaba igualmente hasta los huevos, las primeras muecas de dolor se convirtieron rápidamente en muecas de placer y no paró hasta conseguir que volviera a correrme esta vez en lo más profundo de sus intestinos, dejando que apagara mis gemidos con una de sus tetas metidas casi por completo en mi boca. No se la sacó hasta que mi polla perdió su dureza y salió ella misma expulsada por el semen y los gases que empujaban detrás. Volvió a tenderse a mi lado y volvimos a quedarnos dormidos y no despertar hasta bien entrada la tarde. Cuando lo hice mi madre ya no estaba en la cama y al levantarme me la encontré desnuda en el salón sentada en el sofá charlando con su hija, las dos me miraron y mi hermana me regaló la mejor de las sonrisas, se acercó a mi y besándome en la boca me dijo que la había hecho la mujer más feliz de la tierra al saber que a partir de ese día me encargaría de que nada le faltara a ninguna de las dos, por lo menos en lo que se refería a sexo, a pesar de que me clavó la lengua hasta la campanilla, la polla me dolía tanto que ni siquiera hizo el intentó de levantarse.
A partir de ese día, entre las dos me tienen como a un sultán. Todas las noches folló o con una o con otra, incluso con las dos a la vez. Hemos cambiado de casa, nos traía demasiados recuerdos y algunos remordimientos a mi madre. Ana se recuperó por completo, es otra mujer, incluso parece mucho más joven. Mi hermana está como un tren, folla más que mea y también se ha enganchado a las meadas, ya nunca meo en el wáter, cuando me entra gana busco a la que este más cerca me sacó la polla y ya saben lo que tienen que hacer, arrodillarse delante mía y dejarme que suelte chorro a chorro mi meada en sus bocas. Ya consigo controlarlo y puedo estar meando casi por dos minutos soltando pequeños chorritos y dejando que las dos ordeñen mi polla con cada meada. Yo solo las dejo que lo hagan ellas cuando estoy en la ducha es un verdadero placer sentir ese caliente liquido manando de sus coños como dos fuentes a la vez que intentó tapar sus orificios con lo que tenga a mano, mi boca, mis dedos o mi dura polla. Aunque lo que más me sigue gustando y dando más placer es hundir de una sola vez mi dura polla en sus culos, me encanta colocarlas a las dos a cuatro al borde de la cama y colocarme detrás de una y sin estimulación previa hundir mi badajo de una sola vez en sus estrechos orificios, eso las vuelve locas, sobre todo cuando se lo hago a una y la otra espera pacientemente que le toque su turno, puedo ver como tanto una como otra se corren de gusto de solo pensar que dentro de poco van a tener alojado en su interior mis mas de 20 centímetros de carne. Sus juegos preferidos es apretar el esfínter para ver quien de las dos aguanta más antes de que consiga empalarlas hasta los huevos, llegando más de una vez a hacerles verdadero daño al hacerlo, pero más le gusta y sobre todo más me gusta a mi. Nada hay mejor que un bueno culo, bueno si, dos.