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Mi vecina Psicóloga

Relato enviado por: Anonymous el 21/10/2009. Lecturas: 10319
Etiquetas:   Maduras   psicologas   vecinas
Relato completo
Nos conocimos en la asamblea anual del edificio. Congeniamos y terminamos siendo amantes.Me llamo Roberto y vivo en Argentina (Mar del Plata) y todo comenzó cuando adquirí un depto.en la ciudad de la costa. El primer verano que pasé en el edificio coincidió con la realización de la asamblea anual del consorcio, y allí, entre varios copropietarios estaba ella, con un hermoso vestido liviano color verde, y que le resaltaba su busto y sus caderas. Estabamos ubicados uno al lado del otro, y mi intención no fue atender el orden del día, sino sus movimientos y conversaciones, que me dejaron impresionado por el lexico utilizado. En un momento dado de la reunión, cruzó sus piernas y golpeó sin querer con su zapato mi pierna derecha, lo que me sobresaltó. Me pidió disculpas con un tono de voz sensual y suplicante, a lo que respondí que no era para nada molesto. Terminada la asamblea, nos pusimos a conversar sobre lo tratado y discutido, y como la conversación era amena y distendida, le ofrecí tomar un café en el bar de enfrente, a lo que ella accedió sin ningún miramiento. Luego de tomar un par de cortados y contarnos algo de nosotros, ya que éramos vecinos y no nos conocíamos, fuimos caminando juntos hasta el edificio. Una vez adentro, la acompañé hasta du departamento. Al llegar me invitó a pasar, a tomar algo. Desde ya que acepté y mi loca cabeza comenzó a trabajar a mil por hora urdiendo una coartada para poder tener relaciones con ella. Conversamos por un tiempo largo, y cuando creí era una hora oportuna para retirarme se lo hice conocer, a lo que ella, y haciendo gala de su profesión, me dijo que me había estado analizando mientras charlabamos. Entonces, le pregunté cual era el resultado del análisis. Me miró, sonrió y me agarró de la mano y me la colocó sobre su pecho. Ahí mismo, no me pude aguantar y comencé a besar sus labios e introducir mi lengua en forma desesperada en su boca. Su reacción no se hizo esperar, me comenzó a acariciar suavemente la nuca y con su otra mano me tomó mi miembro, (que ya estaba durito) y lo refregaba con frenesí y gemidos. Suavemente le desabroché el vestido y lo comencé a deslizar hacia abajo para dejarla solamente en corpiño y tanga (que eran color natural) Mi calentura era grande, así que no tardé en estar solamente con el boxer y apretando el bulto que se formaba sobre su bajo vientre, produciendo una respiración agitada en ambos y con suspiros de calentura. A medida que besaba su cuello y sus pechos por sobre el corpiño, bajé mi mano, la corri por entre su piel y el elástico de la tanga llegando a su pubis, que estaba depilado. Una reacción inusitada fue la que le proporcionó esta actitud mía, pues comenzó a gemir de una forma alocada y a tener espasmos que en un primer momento me asustaron. Igualmente continué con las caricias en su vulva y ella en su calentura desproporcionada me comenzó a morder el cuello, el pecho y los brazos, y me pedía que la penetrara, porque no aguantaba más. No me hice esperar. Bajé su tanga y con mi cara entre sus piernas, le inicié una hermosa lamida de vagina, que a los pocos minutos le produjo un orgasmo que la dejó tendida y sin fuerzas. Despasito me saqué el boxer y le apoye el glande sobre su capullito todo mojado, y comencé a introducirlo suavemente. Su reacción no se hizo esperar, abrió sus ojos y me dijo con voz sensual que la penetrara, dado que hacía mucho tiempo que no tenía sexo. Continué con el vaiven y en un momento sus manos me apretaron muy fuerte y sus piernas se cruzaron sobre mis nalgas ejerciendo una presión fuerte, lo que hacía que mi miembro se introdujera mas y más dentro de ella, quien ya daba grititos de placer y balbuceaba palabras como "por favor dame más, quiero que me llenes, quiero sentirte, quiero que me hagas feliz, y otras palabras mas que no pude entender porque su orgasmo fue de locura y llegó al extremo de que me hizo tener uno a mí como hacía mucho no tenía. Realmente no sé cuanto tiempo estuve eyaculando, pero me pareció una eternidad y cuando terminé y recuperé el aliento, me encontré con una sonrisa que no imaginaba. Estaba ella, la señora psicóloga mirándome con una cara de felicidad que merecía ser fotografiada y ponerla en un cuadro. Nunca imaginé poder hacer disfrutar tanto a una mujer en la primera vez que teníamos sexo. Ella, me dijo que se sentía muy bien, y que le gustaría tener otra sesión de análisis psicológico lo mas rápido posible. Se sonrió, se levantó y se fue meneando su linda cola hacia el baño y yo aproveché para cerrar los ojos y descansar con una sonrisa cómplice. Hasta el próximo relato. Espero les haya gustado.