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Nipona

Relato enviado por: Anonymous el 31/8/2026. Lecturas: 100
Etiquetas:   Confesiones
Relato completo
Quería iniciarme y 2 cuerpos en mallas.A decir verdad siempre noté que se me daba más edad en función de mi cuerpo. Me dicen nipona por mis características faciales y esa sonrisa permanente. Somos una familia numerosa lo cual lleva a descuidos y una disfruta de un poco más de libertad al margen de que siendo de las mayores implica cuidado de nuestros hermanitos más chicos. Me hago cargo de mis cosas en cuanto al colegio y ayudas en el hogar. Los chicos de cursos más grandes siempre me buscan en los recreos y algún me susurran comentarios zafados que a veces me llenan de orgullo y otras de vergüenzas. Somos una familia ensamblada en nuestros abuelos por eso mi abuelo materno no es sanguíneo en sí y cada tanto me toca darme una vuelta por su casa para ayudarlo o hacer algún mandado. Tenía un carácter cambiante y vivía solo; empecé a darme cuenta o sentir que a veces me miraba "más de la cuenta" y entre un poco de enojo y asombro me quedé con esas miradas. Mi cuerpo había entrado en revoluciones de la edad y el mismo desconocía las arte del amor. Hablando con amigas siempre coincidimos de lo poco discreto que son los amigos. Una tarde de calor mamá me pidió fuera a verlo por miedo a la falta de agua en su dieta y no sé cuantas cosas más que escuché sin atención. Tenia una pileta al fondo, algo chica pero cómoda para refrescarse, cuando llegué la miré con ansiedad de uso y él me invitó a hacerlo. "No tengo malla" dije con pena. "Tengo acá la de mi novia y te va a ir y hasta mejor que a ella". Sonrió. Me invitó a probarla en el baño y al tomarla para ir a ponérmela le dije con cierto enojo "Tenés novia". Y cerrando la puerta escuché el "Pero no te llega ni a los pies". Ël es grandote, gordo y pelado, nos metimos en la pileta y con la excusa de enseñarme a nadar empezaron las manos. Hablaba con seriedad y firmeza y a veces me ponía a hacerle bromas y como escapando giraba mi cuerpo y sus manos pasaban por lugares que no deberían, fue todo como casual pero mis muslos internos supieron de sus caricias y los senos también. Cuando nos dispusimos a salir en la escalera me tomó de la cintura haciéndome subir primero, con una mano en mi cola dijo "arriba vamos" dijo sonriendo. Lo miré turbada y bajé la vista, él como si nada me puso una mano en el hombro y entramos a la casa adujo ir a buscar un toallón. Vino y me lo colgó en la espalda, yo temblaba y cuando me dispuse a empezar a secarme fue él quien empezó a hacerlo, su respiración a mis espaldas se tornó agitada y comenzó a pasar su mano con el elemento en forma muy suave. Musitó mi nombre muy bajito y lo miré de reojo y casi con el mismo tono le pregunte ¿Qué?. "No digas nada-prosiguió lento- pero no sabés como me gustas, sos tan mujer, que hombre no sueña con vos, por favor...".No dije nada, y sentí sus labios posarse muy suavemente en su nuca, decidí dejarlo ver hasta donde yo me animaba. Me llevó al sofá y antes de sentarnos bajó la parte delantera de la malla y por primera vez sentí la caricia de un hombre en mis senos en carne. Me sentó en su falda y pude dentro de mi temor notar su miembro endureciéndose; "Pero sos mi abue.." Y su boca se posó en la mía empezando a escarbar mis labios para meter su lengua. Ni me dí cuenta como acariciaba mis piernas sacando la malla, creo ya era un poco tarde para arrepentirme o pretender hacer una defensa; los besos (él con sus tiempos me indicaban la sensualidad a lograr) eran desaforados y yo ardía por esa lengua, me tiró en la cama y solo ví como se sacaba su short y su cara desapareció entre mis piernas, traté de apretar la piernas pero esa lengua pesada, carnosa, babosa me hicieron aflojar y empecé a sentir mis gemidos y un cuerpo que escapaba de mi domino y se retorcía exponiéndose a lo que él dispusiera. Sentí mi fiebre e inflamación vaginal, sentí en lo más hondo que lo quería dentro de mí y fue entonces que sin perder mucho tiempo su aliento emanando el olor de mis flujos estaba en mi boca mientras sentí la suave entrada de su carne explorando mis labios vaginales para desgarrarme y humedecernos con la sangre de mi himen. Lloré mientras él no paraba de besarme y mirarme fijo a los ojos, gracias me decía, gracias, por ser mía. Y entonces lloré más y abrí las piernas todo lo que pude pidiéndole me hiciera lo que se le antoje. El se agitó más y bombeó con más fuerza hasta que sentí como descargaba dentro de mí. Fuí recuperando la respiración de a poco y quedamos enroscados en un abrazo de costado en la cama sin parar de besarnos, nos miramos y sonreíamos en silencio mientras no paraba de tocarme toca y lamer mis pesones en forma magistral. No paré de acariciarlo y besarlo y sus manos en mi cola ya no era más novedad, tenía derecho a todo mi cuerpo. Nos despedimos con un beso que fue hasta descarado de tanta lengua, la cual pasó a su antojo por toda mi cara y cuello. Me llevo a la puerta de salida con su mano en mi cola y programando todo lo que vendría. "Si es por mi, me hago el enfermo y te traigo conmigo, no te va a faltar nada". Y me fuí desvirgada, feliz, mujer y soñando como sería vivir con él.
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