No hace falta ser gay para disfrutar ciertas cosas
Relato enviado por:
Anonymous
el 12/6/2006.
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Puedes ser muy hombre, hetero y gustarte unicamente las mujeres, como a mi, pero hay lugares de tu cuerpo que no estas disfrutandoDesde que tengo doce años que me masturbo. La primera vez me asusto ver salir ese líquido blanco que quedaba flotando en el agua del baño de inmersión. Pero mis amigos se ocuparon de darle fin a mis preocupaciones taranquilizándome. Creo que alli comenzó la más hermosa de las actividades que hoy perdura, con miles de nuevas variaciones, y que voy a compartir con ustedes. Por supuesto que leer antes algunos relatos ayuda a fortalecer las ganas y la imaginación.
Muchas veces me vino la duda acerca de si el uso del culo como objeto de placer al masturbarme era realmente un síntoma de por lo menos bisexualidad, cuando no de homosexualidad. Muchos años después, debo decirles que la conclusión a la que he llegado es que no hay nada como una hembra a la hora del sexo en compañía. No hay nada que reemplace a ese sabor a leche recien ordeñada que tienen los pechos, y ni que decir de los jugos de una vagina sedienta de sexo. No hay nada como eso ni lo habrá.
Pero con el tiempo fui encontrando que el placer de solo sacudirla un rato, aunque fuera pensando en mi novia de la adolescencia o en cualquier mujer hermosa que publicaran las revistas de actualidad, era realmente incompleto. El olor del propio semen es y era excitante, y el manoseo de los huevos, las ingles, y todo el cuerpo fue perfeccionándose para ir aumentando el placer. Por aquellos tiempos el culo del hombre era tabú, no como ahora que cualquiera reconoce que un beso negro o una caricia en el momento justo ayudan enormemente a tener orgasmos muy profundos aun cuando la potencia ya no sea la misma. Yo fui descubriendo hace muchos años que un dedo jugetón me ayudaba a masturbarme con más excitación. Cuando incorporé un pote de vaselina al equipo de baño las cosas fueron cada vez mejor. Me envaselinaba un poco la puertita del culo y jugaba alli con los dedos primero, y luego con el mango de algún cepillo de manera de acariciarme el interior del ano. La suavidad y el juego del esfínter, apretando más o menos lo que tuviera adentro, hacían que el placer fuera tanto en el dedo apretado como en el hoyito cariñosamente autopenetrado. Las calenturas siempre fueron por separado. Tenía calenturas para una mujer y calenturas para una buena paja en soledad.
Pasando el tiempo, me empezó a gustar sentir una dilatación un poco más exigente. Eso requería limpiar todo entonces agregué al equipo alguna manguerita como para lavar bien el tramo final y evitar las chanchadas. Los preparativos, con la manguerita penetrando el ojito ansioso y jugueteando dentro para el lavado, hacían mucho más placentera la sesión previa y más de una vez terminó siendo la definitiva al no poder parar a tiempo la parte higiénica y emprenderla ahi nomás a los sacudones hasta explotar en un remolino de gemidos, refregadas y aroma a semen.
Ya adulto, tanto en el matrimonio como en alguna aventurita que por ahi se daba, el culo seguia siendo tabú. Y entonces, le procuraba su placer en solitario, como un regalo a mi mismo, lleno de deseo y pasión. El lugar del cepillito lo ocupó un aerosol de esos íntimos, que con su base redondeada no eran propensos a lastimar. era hermoso, en el instante del orgasmo, sentir ese único agujerito de los hombres también ocupado y trabajando por el placer. A medida que fue adaptándose a los tamaños fue poniéndose más exigente y por consiguiente más atrevido. Asi, ahora ya tenía un juego completo de aerosoles de diferentes grosores y largos, para hacer sesiones de resistencia, probando cuan grueso podía meterlo o bien sesiones más prolongadas y placenteras con un suave ir y venir que rozaba la delicada piel del interior y me iba llevando al éxtasis. Siempre empezaba con algo pequeñó para ir acostumbrandolo a lo que quería llegar. Probé los picos de todas las tinas de los hoteles donde me alojé, aun haciendo malabarismos para alcanzarlos y descubrí que podía fabricar un consolador a medida en cada lugar donde iba. Simplemente, tomaba las tohallitas del baño y las mojaba. Luego les hacia un pliegue en un borde y las enrollaba. MOjadas se adaptaban a cualquier forma que yo quería y entonces con el doblez enrollado, se hacía una especie de cabeza más gruesa. Solo ponerle un forro y listo el amigo. Mi culito se estremecía de deseo cuando empezaba a prepararlos. A veces me armaba dos, uno para la paja y otro, más pequeño, para dormir con él adentro. Era fabuloso despertarse en medio de la noche sintiendo esa presión dilatando el hoyito y de ahi tirar las sábanas a un lado, meter una almohada bajo las nalgas y comenzar a sobar el palo lentamente hasta hacerlo erguir y luego estallar. Eso sí que era bueno y más barato que pagar las caras putas de los hoteles.Y ni te cuento lo bueno que es para evitar el SIDA.
Para no hacerlo demasiado largo, les diré que ahora, que ya soy un hombre grande, directamente me compré dos o tres juguetitos. Agregué al equipo una tira de bolitas que a veces me gusta usar cuando estoy mucho tiempo frente a la computadora. Apretás de cuando en cuando el culo y sentís que hay algo ahi y te da un placer intenso. También me armé de dos plugs anales que con distintos grosores sirven para distintos momentos. Desarrollé una habilidad particular poniéndome bastante lubricante no solo dentro sino en los alrededores. Entonces, cuando ya esta acostumbrado a estirarse un poco, es decir ha hecho sus elongaciones y precalentamiento, los coloco con un hilo resistente y fino atado a la base y apretando las nalgas los voy haciendo pasar con su base incluída por el culo bien ansioso hasta que se me pierden en el interior. Asi siento que van rozando todo hasta llegar a meterse integros pasando el esfínter. El placer es enloquecedor y te lleva a entender por qué a tantas mujeres les gusta una buena enculada tanto como una buena ración por la vagina. Haciendo un poco de fuerza los sacás y jugás con eso, sin tocarlos, haciendolos entrar y salir hasta distintos lugares con solo apretar o aflojar las nalgas y el culo. Y lo que no debe faltar es un vibrador. Con esos, bien grandotes, evitás lastimarte cuando andás con ganas de cosas fuertes y bien metido y vibrando te hace acabar como si fueras un adolescente quinceañero. Las demás cosas ocasionales, quedan libradas a tu imaginación. Asi, verás que la humilde latita de gaseosa es un desafío en un determinado instante y está en ti atrevértele. Te digo que no hay muchas cosas que un culo bien entrenado y envaselinado no se pueda tragar para tu placer. Hace la prueba y como al descuido, agachate en la ducha y dejá que el pico roce tu culo, dejalo unos instantes refregándolo suavemente y despues contame. Y te aseguro que en ningún momento me ha dado por querer una sustituta de carne humana para mis juegos aunque me provoca curiosidad hacerlo con algun animal. Y también te aseguro, que sigue sin haber nada que sustituya a una buena hembra para degustarla por todos sus recovecos y penetrarla por los mismos lugares. Pero a la hora de estar solo, pensá cuanto tiempo desaprovechado llevás.
Que disfruten de esta historia.