Relato enviado por:
Anonymous
el 4/10/2015.
Lecturas:1857 Etiquetas: Confesiones
Relato completo
Con la llegada de las exigencias de más estudio de las hijas encontramos en nuestra segunda vivienda una nueva actividad.
Los domingos en casa viendo tele y estando las hijas en sus habitaciones no eran plato de gusto y optamos por recogernos en un piso cerrado que poseemos.
Nuestra actividad sexual se veía interrumpida por la presencia constante de las hijas en el hogar.
Entre semana poco y el fin de semana casi menos y con presencia constante.
La solución llegó en un momento álgido de nuestra relación.
Con 40 y 35 años en plena ebullición corporal y con mi esposa plena de cuerpazo y con asedios constantes en su rutinario trabajo por parte de algún elemento que la buscaba para satisfacer su sexualidad , no dudamos en dar rienda suelta a nuestras fantasías y perversiones.
Ella estaba en lo mejor de su experiencia.
Cuerpo deseoso y deseado , el mío pletórico de sexo y capaz de ver cumplido mi gozo con mis fantasías a través de ella.
Como dos amantes acudíamos los domingos a nuestro " picadero".
Nuestras propias confesiones propiciaban la locura de darnos placer a través de las experiencias personales.
A ella en su entorno de trabajo le salían novios deseosos de catar su cuerpo.
A mi mismo sus redondeces y mi morbosidad me acentuaban los encantos de ella y además propiciaban los encuentros que no podía satisfacer en la oficina con alguna empleada.
Así que ambos sucumbimos y nos montamos un nidito con todo tipo de detalles.
Por de pronto el videoclub erótico , el sofá estrechito , el ancho, la cama ociosa y la ropa apropiada hicieron de nosotros unos expertos amantes .
A veces la intromisión de pelis porno no eran propicias debido al sueño y había que esperar .
Yo miraba , me la medio pelaba y la observaba a ella con su ropa rosa , sus tacones, sus ligueros y su boquita abierta dormida a mi lado.
En cuanto despertaba mis manos eran brazos de pulpo que abrazaban,tocaban y masturbaban a ella y a mi mismo.
Nuestras carreras en solitario para saber quien ganaba la etapa eran dignas de participar en un libro guinnes.
Casi siempre ganaba ella y luego yo remataba.
Otras veces por la estrecha abertura que dejaba la hoja de la puerta apenas abierta , la acción transcurría mediante manipulaciones rápidas para saciar el punto de voyeurismo que tenemos y que nos daba placer.
Las más de las veces el recurso a la cama era el sumo placer.
Los revolcones , las chupadas , mamadas , entradas, salidas , miradas furtivas o no , obsesiones no satisfechas y sueños mal cumplidos se fundían en aquel colchón.
Mi obsesión de verla con otra persona en la cama y su boca pidiendo más y más , me proporcionaban tal placer que algún día me corrí.
Nuestros amigos intervenían en nuestras mentes y ella era consciente del erotismo que dimanaba.
A mi en concreto una amiga me tiraba tejos y me sobaba en cuanto podía.
No hubo cruces entre nosotros pero no por falta de ganas.
Aún hoy guardamos nuestra ropa, los tacones de aguja , la bata , los ligueros y nuestras nerviosas manos para dar rienda suelta de nuevo a aquellos días.