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2DA PARTE TRILOGÍA DE LA CABEZA (desvirgando a prima + tía bebe semen sin saberl

Relato enviado por : wildthing el 07/01/2018. Lecturas: 2392

etiquetas relato 2DA PARTE TRILOGÍA DE LA CABEZA (desvirgando a prima + tía bebe semen sin saberl   Amor filial .
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Resumen
Segunda parte de la trilogía de la cabeza donde una prima es desvirgada y la tía bebe semen sin saberlo con fotos.


Relato
Miren la foto. Cuando lo hayan hecho, sigan leyendo.

Ésa es mi prima. Les confío a ustedes, mis lectores, la única foto digital existente de mi prima. Yo se la hice, en su casa.
Mi prima Natalia. 1,60 de estatura. Uruguaya. Latina. Morocha. Con un culo paradito y redondito que se evidenciaba al final de una cintura que pudo ser la quiebra de muchos hombres y mujeres. Piernas fuertes y largas, finalizando en unos pies diminutos y virginales, que eran el paradigma de la desnudez, que tenían la capacidad de mover independientemente cada dedo, dando la sensación de pureza de unos pies que caminan sobre la agua. Pechos erguidos, mirando al frente como sus ojos negros en su cara destapada. Nunca llevó un flequillo muy pronunciado, ella era más de trenzas y moños, como pueden ver en la foto: solía recogerse su pelo negro y largo porque le gustaba enseñar sus hombros. Se aprecia como ella palpa sus hombros con las manos, tacto con tacto, carne con carne, repasa una vez más el blanco café de su cuerpo como queriendo retener para siempre el aroma de una inocencia.
Esa foto está tomada horas antes de que yo la desvirgara y la historia trae miga.
Natalia y yo siempre hemos estado muy unidos. Yo soy dos años más grande que ella, así que ella siempre me ha tenido como referencia. De niños jugábamos juntos regularmente, recuerdo que yo representaba el papel de marido y ella el de esposa. Yo llegaba de trabajar y ella me esperaba en casa, nos dábamos besos imitando esos estereotipos de las películas y la televisión, la sentaba en mi regazo y la hacía andar a caballo en un intento infantil de representar el sexo. Pese a que ella tenía un hermano y una hermana más, primos míos obviamente, yo he guardado hasta el día de hoy un lugar único y especial en mi corazón, sólo para ella.
Crecimos y fuimos a la misma escuela. Fueron incontables las veces que mi madre tuvo que ir a hablar con la directora por las palizas que sufría intentando defender a mi prima amada. No hace falta decir que mi estima era correspondida totalmente. Éramos más que primos, entre nosotros nos enseñamos el sexo mutuamente por primera vez, nos los inspeccionamos y toqueteamos debajo del hedredón hasta mi tía interrumpió escandalizada nuestro acto de aprendizaje. Suerte que más tarde nada era tan malo como parecía y todo eso formaba parte de lo normal en el desarrollo de la sexualidad de las personas, y mi tía no tomó ninguna represalia. Sólo cortó nuestro tiempo de curiosidad, nada más.
Al llegar al instituto, Naty empezó a desarrollarse y a convertirse en la bellza que han visto ustedes. Corrió la voz por los patios, algunos chicos de mi curso ya tramaban pedirle salir. Yo soy muy celoso y más de uno recibió el castigo de mis puños por hablar de hacer cosas con mi prima que ni a mí se me habían ocurrido. Tenía 14 años. Ella 12. ¡Era una niña! ¿¡Quién era el hijo de puta que pretendía qué!? ¡Que yo me entere!, decía, y a mi prima parecía fascinarle esta protección. Los dos éramos los adolescentes de la familia, crecíamos al mismo ritmo. Gracias al tiempo que tuvimos en común pude entender eso que dicen de que las mujeres crecen antes que los hombres, en todos los aspectos.
Así fue coomo yo, a mis 16 años, que sólo pensaba en jugar a la consola, entré en un mundo de deseo y sexualidad. Un día, mi tía se tuvo que ausentar para llevar al médico a mis otros dos primos. Mi prima ya se sabía cuidar sola pero aún así (gracias tía), ella decidió dejarla a mi cargo. Mis padres estaban trabajando y yo me encontraba solo. Como decía, ella estaría a mi cargo y yo no sabía lo que se me venía encima. Estaba en mi cuarto jugando a la playstation como de costumbre. Tocaron al timbre y fui a abrir. En un principio me molestó porque llevaba buena racha y ya no me acordaba que mi prima estaba al caer. Me quedé en la puerta esperando que subiera las escaleras. Al aparecer, el pasillo del bloque estaba oscuro. Primero sentí su dulce voz, con esa cantinela extraña como si todo lo dijera en un tono retórico, una tonadilla alegre y tierna y para nada molesta. Román, dijo, Román ¿qué hacés primito? Yo la abracé fuerte dejando sin querer mis dedos en el ensamble de su sujetador. No en posición de desbloqueo, sino más bien como evitando que se pudieran destapar sus pechos. Pasó la puerta y se descubrió a la luz de la entrada y a mis ojos que, por primera vez en tantos años veía de forma lasciva su cuerpo entero. Naty vestía con faldilla escocesa, muy poquito opr encima de las rodillas, con unas medias largas del mismo diseño ocupando el resto de sus piernas y un polo blanco de la marca de nuestro colegio, desabrochado en todos sus botones mostrando un agudo escote, que le quedaba ridículamente pequeño. Sin embargo ella actuaba de la misma forma, como si desconociera por completo su sexo y lo que para mí significase, como si ese desconocimiento la conviertiera en un ángel.
De inmediato apagué la consola. Le preparé la merienda y le dije si quería charlar. Ella contestó que prefería hacer primero su tarea y luego estar pendiente de mí, rio. Yo la veía recostarse para escribir, apretar sus tetas contra la mesa, frente a frente, cada vez más acalorado pues era ya casi verano. Los dos sudábamos y entre sus pechos empezaban a formarse cascadas provenientes de las montañas de sus hombros y su cuello. El sudor se deslizaba por su escote, manchaba su polo y yo creía oir el sonido de ese desplazamiento. Seguía las gotas caer por su pecho, sentía en mis orejas el chirrido de las gotas. Su cuerpo empezaba a contraer sus dimensiones, dado lo empapado en sudor que estaba: su cintura se remarcaba y sus tetas parecían inflarse.
Erecto como nunca, mi prima terminó sus deberes. Comenzamos a charlar de todo un poco, riendo y gritando, y eso consiguió rebajar la tensión un rato. Aún así yo seguía sudando y me sentía sucio por ello decidí que lo mejor sería darme un baño. Cuando me dispuse a levantarme, primero para llevar las tazas y los platos sucios a la cocina y luego para irme al baño, Naty me comentó si recordaba aquel juego que de niños hacíamos. Me dijo: primito, ¿te acordás? Vos eras el marido y yo era la esposa. No teníamos niños, jajaja, no sabíamos cómo llegar a eso, jajajaj. Yo era la mujer obediente y vos el marido bueno, jajaja, qué tontos éramos, dijo. Yo contesé que no éramos tontos, éramos niños. Ella me sacó la lengua y me dijo que era un sentimental y un cursi. Yo le devolví el gesto y fui a la cocina. Sentí que me gritaba, desde el comedor: y ahora vos llevás los platos, jajajaj, ¿quién es la mujer florero ahora? jajajaja.
Yo volví al living, ya sin dismiular mi excitación, me senté a su lado y la miré divertido, con una media sonrisa. Ella me devolvió una mirada intensa con una mueca de desafío. ¿Querés jugar? me preguntó. Al menos ahora sí sabemos cómo se hace la vida, jajajaja. Yo le dije que nunca fuímos tan bobos, que siempre supimos por dónde empezar a indagar. Ella se rio. Es cierto dijo. ¿Cómo era aquello? ¿Yo te muestro lo mío y vos me mostrás lo tuyo?-preguntó, de forma muy pícara. Más o menos, respondí, aunque ahora no vendrá la tía Elisa a mirar por abajo del hedredón. Intenté reírme, ella no lo hizo y yo no pude hacerlo. Todo aquello empezaba a agarrar serios tintes.
La camiseta me molestaba y me la saqué. Muy bien, dijo ella como animándose, y se sacó su polo escolar. la vista, mi vista, unos sostenes blancos normales, de esos que las madres compran a sus hijas queriendo evitar lo inevitable. Unas tetas lindas lo siguen siendo le pongas lo que le pongas para cubrirlas, sencillaente se quita lo sobrante y listo. Eso hizo ella. Sus tetas dieron un bote cuando se vieron liberadas. Sólo ahora logro entender cómo no me corrí al instante de verlas: lo improbable de lo que estaba sucediendo me impedía certificar como real lo que ocurría. Naty se quedó mirando mi pecho y yo el suyo. Pasó una mano por mi torso y yo sentí un escalofrío al rozar ella su índice con mi pezón izquierdo. Yo me sentía un lienzo dispuesto a su pulso y su tinta, y su delicadeza contrastó con lo salvaje que me sentí al recibir mi turno. Estiré mi mano hacia ella y acaricié su seno derecho primero. Luego recorrí su estómago deteniéndome en su ombligo, ruborizándola, acto que determinó mi brutalidad siguiente: con las dos manos apreté sus senos mientras ella exhalaba un suspiro profundo. La agarré de la cintura hacia mí, la cogí del culo, por debajo de la pollera, sobre sus bragas, me incliné levemente y chupé con mi lengua sus tetas. Sin la menor compasión succionaba sus tetas mientras Naty frecuentaba una respiración alterada, yo también, obviamente, pero suprimí del entorno absolutamente todo lo que no fuera Naty.
Entonces la dispuse en el sillón. Ella misma se quitó las bragas y se levantó la pollera. Me dijo: esto es lo mío. Un coño carnoso, peludo y brillante se abrió ante mí. Absurdamente me chupé los dedos antes de tocarlo (su vagina estaba claramente lubricada). Me dijo que fuera tocando que ella me avisaría dónde tendría que quedarme. Así proseguimos unos minutos mientras ella me miraba y gritaba cada tanto mientras yo con mi torpeza le interrumpía el placer, hasta que por fin logré alojar mis dedos en el punto exacto. Comencé a fregar un círculo carnoso, primero lenamente pero progresando en las revoluciones, aumentando la fuerza según sus jadeos. Ella gritaba: aaah, aah, aaaaah... y mis dedos se llenaron de su jugo por primera vez. Introdujé los dedos en su agujero vaginal, ya sin medias tintas, totalmente agresivo. Se logró correr un par de veces más mientras clava mis uñas en mi espalda empapada de sudor. Retiré los dedos y los probé. A ello pareció excitarle demasiado la escena. Me preguntó que a qué sabían. Le dije que era ácido y dulce, como una de esas gominolas que pican y so azucaradas a la vez, pero que me pasaría el día tragándolo si hiciera falta. Ella se rio fuertemente.
Yo, deshabituado al sexo, esta experiencia primeriza había tenido mucho efecto en mí, estaba cansado, aunque ella también, puesto que se había corrido muchas más veces de las que yo había percibido.
Mi erección era terrible y ella la notó. Llevaba tiempo viéndola sin hacer nada. Me bajó los pantalones y me dijo, sin darme tiempo de decirlo a mí: así que esto es lo tuyo, y acto seguido comenzó a pajearme como si hubiera llevado toda una vida haciéndolo. No duré mucho, mientras me sujetaba la herramienta yo podía notar sus pechos chocando con mi brazo, mojados y con olor a sexo. Sentí algo liberador y vi cómo todos mis jugos se alojaban en la carita de mi prima y sus tetitas. Naty llena de mi semen, por todos lados. Vean la foto, ¿se la imaginan?
Apenas me corrí llamaron al timbre. Era mi tía Elisa que venía a buscar a Naty. Naty se lavó la cara y se vistió rápidamente. En la puerta me miró, de espaldas, sus medias largas reglamentarias estaban bajads. Le dije que se las subiera. Lo hizo y se volvió para darme un pico. Fue su despedida.
No volvimos a repetir tales estímulos, por falta de oportunidad m´´as que otra cosa. Además siempre existía el temor de romper una tónica de relación que había sido siempre de dos primos normales que se quieren. Es cierto que teníamos la química que da entre dos personas el hecho de compartir un secreto. La relación mejoró esos años entre largas masturbaciones donde soñaba que la desvirgaba.
Si bien nos sentíamos confiados el uno al otro, aquella excitación mutua pareció enfriarse. Entonces recibí la llamada. Mi tía Elisa me invitaba a dormir ya que mi primo iba a estar toda la noche fuera y tenían un dormitorio libre. Argumentaba mi tía los años que hacía que no me quedaba, así que fui.
Al llegar Naty vestía como la ven en la foto, unos shorts jeans apretados y un corset sin sujetador que evdenciaba sus pechos y le daba un actractivo morboso a su espalda. Además, ese peinado recogido... estaba claro... esa iba a ser la noche.
Todo transcurrió normal. Una buena cena, una buena película y un buen brownie de postre, excepto mi tía Elisa que, debido a una dieta que estaba llevando a cabo bebía un licuado de piña y uva, con más piña que uva que, raramente, después de cierto tiempo en la licuadora adoptaba un color blancuzco y que mi tía guardaba con celo en la nevera para el desayuno del día siguiente. Mi tía llevaba un camisón blanco sin ningún tipo de ataduras (ni sujetador ni bragas).. Era una mujer madura, de unos 45 años, muy tetona y con mucho culo. Verla en camisón también despertó mi deseo, aunque al volver la vista a Naty todo se quedó en nada.
A la hora de dormir, Naty insistió en juntar unos colchones en el comedor y dormir allí para ver unas películas en la tele del living. Costó y al final no se supo qué opinión tuvieron mis tíos al respecto, el hecho es que los acabamos poniendo. Para mi desgracia, aunque luego no lo sería, mi otra prima Andrea también quiso dormir allí y puso su colchón al lado del nuestro. Colocados los colchones y con mi otra prima ocupada plegando su cama, le pedí a Naty que posara para mí (y aquí veis la foto).
Al fin se durmió Andrea, apartada en el lado derecho. Naty, en el izquierdo, apagó la luz y yo que ya estaba desnudo al completo, como ella, empecé a sentir sensaciones increíbles en mi polla. Naty me la estaba comiendo. Sentía increíble su lengua, que se posaba en los lugares precisos, repasando mi glande durante poco tiempo para que yo echara de menos su gusto en las zonas en las que ella ya había estado. Dejó de chupármela un momento para besarme el pecho hasta el cuello y las orejas. Allí me dijo que quería hcer un 69. Naty se giró, encima mío y puso su vagina en mi cara. Yo la redireccioné hacia mi boca y empecé a lamer. Noté que esta vez su coño estaba perfectamente rasurado y pude disfrutar de sus ácidos en mayor cantidad. Se corrió una cantidad ingente de veces y yo estuve a punto otras tantas pero el que se corriera hacía que se tuviera que tapar la boca con las manos para no gritar y dejaba de masturbarme, cosa que impedía mi eyaculación. En la oscuridad le di la vuelta y yo me puse encima de ella. Puse mi polla en su cabidad vaginal y entre sin reparos puesto que estaba perfectamente lubricada. Cuando rompí su himen ella soltó un grito. No muy alto pero si agudo, lo suficiente para despertar a mi tía Elisa o a Andrea o peor, a mi tío. Se corrió muchas veces mientras su vagina se comprimía sobre mi polla com un cono de helado que se va derritiendo al rededor de sí mismo. Éramos una unidad. Pensé en su cara de ángel, en que yo sería para siempre el primer hombre de su vida, que quizás podría ser el único. Y estaba a punto de correrme cuando se encendió la luz.
Era mi tío, sonámbulo, en seguida apagaó la luz sin ni siquera fijarse en los colchones que estaban en el suelo del living. Eso me cortó la calentura. Naty me consolaba, ella ya satisfecha y cansada. Hasta que su voz reflejó un nuevo optimismo. Me dijo ven, levántate. Me llevó hasta la cocina. Allí agarró el recipiente donde mi tía Elisa, su madre, guardaba su licuado de piña y uva. Empezó a hacerme una paja tremenda y feroz, con mi polla gorda y enorme como nunca, marcando sus venas azules. Notó cuando estaba a punto de correrme y abrió la tapa. Desparramé toda mi corrida por el licuado durante casi un minuto. Nunca más me he vuelto a correr durante tanto tiempo. En las medidas del recipiente, el jugo volvía a estar a los mismos niveles del licuado recién hecho de mi tía, antes de beber su ración nocturna. Luego lo cerró y lo puso en la nevera. En los lados aún se veía mi leche caer por el recipiente.
Antes de dormir follamos otra vez y esta vez me corrí dentro suyo. Cerraba los ojos mientras pensaba en el desayuno y en lo que pasaría con el licuado lleno de mi semen.
Naty me despertó antes que toda la casa. Nos vestimos. Despertamos a Andrea. Ordenamos el living y justo al terminar, mis tíos se depertaron. Todo había salido bien, sin embargo, yo ya no estaba tan expectante respecto al licuado de mi tía Elsa, podría decirse que no sabía exactamente lo excitante que iba a resultar.
Yo me serví tostadas y yogur. Mi tío lo mismo. Natalia fue a la heladera y trajo el recipiente del licuado a la mesa con mi semen dentro. Mi tía Elsa agradeció el gesto y se sorprendió al ver que había tanto. ¡Tiene vida propia! exclamó. Mi tía Elsa no sólo hizo eso sino que ofreció a Naty una parte del licuado. Naty me miró con una cara de zorra angelical, como si el perder la virginidad hubiera afectado a su personalidad convirtiéndola en una puta con consciencia de ello. Me miró y aceptó la oferta. Mi polla pegó un bote. Enseguida, para no hacer favoritismos, mi tía le ofreció a Andrea, que declinó la oferta. No conforme Naty y mi tia Elsa intentaron convencerla, diciéndole las vitaminas que obtendría de manera saludable. ¡Increíble! Mi prima y mi tía intentando convencer a mi pequeña prima de que beban mi leche. Andrea, ya harta aceptó. Mi polla era un tronco y me sentía el único que entendía todo, aunque Naty me parecía perversamente incomprensible, me sentía en una escala superior de conocimiento.
Mi tía sirvió los tres vasos con mi esperma mezclado con el licuado. Dijo mmm, huele que alimenta. Yque lo digas, dijo Naty, y me miró mientras se jalaba de un trago el vaso. Andrea hizo lo mismo. Mi tía Elsa pareció disconforme con el sabor, dándole el primer sorbito. Luego le dio un poquito más y más y se la bebió todita. Yo estaba en el séptimo cielo, mientras Natty me tocaba la polla bajo la mesa y me miraba, relamiéndose los labios, yo observaba perplejo a Andrea que gustaba de no dejar ni una gota en el vaso. Mi tía Elsa que, por fin terminó concluyó: ¡está mejor que otros días! Luego Naty animó a Andrea, que pesé a su inciativa incial no conseguía terminarse el vaso de lefa. Naty le dijo si quería ayuda. Ella contestó que no, que era su vaso. Finalmente Andrea se terminó el vaso. Mi tía Elsa se bebió lo que quedaba en el recipiente, ignorante y felizmente agradecida del nuevo gusto que mi semen le daba a su licuado. Naty me susurró a un oído: quiero desayunar tu leche cada mañana, y creo que estas mujeres también.


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