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Blancanieves

Relato enviado por : ainlablar el 29/10/2004. Lecturas: 6057

etiquetas relato Blancanieves .
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Resumen
Érase una vez una chica que entró en un bosque prohibido para ella y se encontró con una casa en la que vivían un padre y sus seis hijos. No eran enanitos pero...


Relato
Folla con su vecino. jovencita folla con su vecino
Érase una vez una chica que vivía al lado de un bosque junto con sus padres. Nunca le habían permitido internarse en el bosque, ya que según sus padres estaba lleno de lobos humanos. Cuando tenía quince años, vio en el pueblo a un grupo de chicos jóvenes entre los quince años más o menos y los veinte y un hombre mayor de unos cuarenta. Todos eran muy guapos. En el pueblo le dijeron que eran un padre y sus hijos. Que la madre había muerto al nacer el más joven y el hombre con sus hijos se habían enterrado en el corazón del bosque. Que si eran huraños, que si no eran buenos... decían toda clase de cosas sobre ellos. Y también aconsejaron a la chica que no se internara en el bosque.

Pero un día la curiosidad le pudo. Aprovechando que sus padres habían ido a pasar el fin de semana con unos tíos, la dejaron sola. Y ella aprovechó para penetrar un poco en el bosque. Pegó trocitos de esparadrapo en la corteza de los árboles para no perderse en el camino de vuelta. Llegó a un riachuelo en el que había una poza. Y como tenía calor, decidió bañarse para refrescarse. No tenía bañador por lo que se metió en el agua desnuda. El agua estaba muy fresquita y se estaba de maravilla. Al poco tiempo vio a un muchacho que recogía su ropa. Salió del agua para coger su ropa, pero el chaval se alejaba. Ella le siguió y llegaron a un claro en el que había una casa bastante grande. Era la casa de los hombres guapos. Los lobos humanos que llamaban sus padres. En la puerta de casa estaba el chico que le había quitado la ropa, también desnudo. Estaba buenísimo, tenía más o menos su edad. Tenía la ropa en la mano y sonreía.

--Dame mi ropa por favor.

--Sólo si te acercas y me das un pequeño beso –dijo riéndose.

Se acercó un poco, pero el chico no cedía y al final se acercó donde estaba él. Él se metió dentro de casa y le instó a que entrara. Al entrar en encontró con la sorpresa de que había más gente. En la sala estaba otro hermano que sólo llevaba un pequeño slip. Con la cara roja como la grana y tratando de cubrirse con los brazos le instó al chico a que por favor le diera la ropa. En ese momento, salía del baño totalmente desnudo el padre de los chicos. Al ver la escena se le empinó rápidamente el rabo.

--Ya sabes, primero el beso –dijo el chico.

--Es un poco travieso con quince años, pero es un buen chico. Y cumple las promesas. Si te dice que te dará la ropa después del beso, lo hará. Y tú, Hugo, no seas gamberro. ¿Cómo te llamas?

--Alicia.

--¿Alicia en el país de las maravillas o Blancanieves? –dijo el hermano riéndose. Se llamaba César.

--Somos siete en casa como en el cuento, pero ¿te parece que somos enanitos? –le preguntó el padre a su hijo.

--No, nosotros no, quizá este pequeñajo...

--Eh –protestó el más joven. Que todavía estoy creciendo. Igual hasta puedo llegar a ser más alto que tú.

--Arturo es el mayor de la familia y tiene 24 años, le sigue César, de 22, luego están los mellizos Javier y Pablo de 20, Flavio de 18 y Hugo, el benjamín de 17. Y yo soy Mario, y tengo 44 años. Mi esposa y madre de estos chicos murió cuando Hugo tenía pocos meses y desde entonces hemos vivido aquí.

--Por favor, tengo frío –dijo la chica.

--El beso y podrás vestirte. O si quieres que te calentemos entre los tres... Porque estás buenísima y terminarías ardiendo –le dijo César con sorna.

Alicia no dijo nada. Los dos chicos y el padre estaban excitadísimos. Y los tres tenían un rabo enorme. Se acercó despacio a Hugo y se estiró para tratar de darle un beso. Éste, pegó los labios a los de la chica y le metió la lengua en la boca. Empezó a besarla despacio y poco a poco Alicia se excitó. Empezaron a besarse con fruición. Al poco, se acercó el padre por detrás y le acarició el cuerpo con las manos. En cuanto Hugo y Alicia separaron sus bocas para respirar, Mario, el padre dio la vuelta a la chica y la besó con pasión. Metió una mano entre sus cuerpos y la bajó hasta meterla entre las piernas de la chica. Estaba húmeda.

--¿Has hecho esto antes? –le preguntó.

--Algunos besos, toqueteos y alguna mamada, sí, pero nunca me han penetrado.

--¿Con un chico o con varios?

--Con uno.

--¿Sigues con ese chico?

--No. Era el hijo de unos amigos ricos de mis padres. Es el que me enseñó lo que sé, pero murió hace poco.

--¿Era el que murió en la estación esa de esquí?

--Sí.

--¿Y lo echas de menos?

--Un poco, sobre todo echo de menos lo que hacíamos.

--¿Conoces el 69?

--He oído hablar de ello a mis amigas, y sé cómo se hace más o menos, pero nunca lo he hecho.

--¿Te gusta que te acaricie el coño? –le preguntó Mario susurrando sin dejar de acariciarle el coñito cada vez más empapado.

--Sí.

--¿Quieres probas las mieles del sexo verdadero?

--No sé...

En eso Alicia notó otra mano acariciando su cuerpo. Era César que se había desnudado y se había acercado a ellos.

--Anda, Alicia, aunque tu mente tenga dudas, tu cuerpo no. Está impaciente por nosotros. Nos está gritando que le demos placer. Hace un momento decías que tenías frío. Te aseguro que con nosotros terminarás ardiendo.

Las caricias no habían dejado de prodigarse y ya estaba loca de deseo. Asintió sin decir nada y la tumbaron en el suelo. Mario se arrodilló con la cara sobre su coñito. Hugo que había tenido el placer de encontrarla le metió su pene en la boca y César, se conformó de momento con mamarle las tetas mientras ella lo masturbaba con la mano. Poco a poco los gritos y gemidos de placer se fueron haciendo más audibles. Alicia sentía los labios de Mario acariciar toda su rajita de arriba abajo, luego su lengua buscó el botón sagrado y lo acarició con maestría para seguidamente meterse un poco en la vagina. El cuerpo de Alicia temblaba como una posesa. Todos estaban muy excitados. El primero en correrse fue Hugo, le siguió su hermano y por último y prácticamente al mismo tiempo, Alicia y Mario.






Cuando estaban en plena corrida Alicia y Mario, el pene de Hugo seguía en la boca de la chica y la mano de Alicia no había dejado de mover el pene de César, entraron otros dos hermanos en la casa. Eran los mellizos Javier y Pablo. La cara de sorpresa que pusieron fue genuina y al instante estaban con el rabo tieso.

--¡Eh! No puede uno salir de casa. En cuanto te vas estos tres se traen a una titi buenísima y se la tiran tranquilamente. ¿Y nosotros, qué?

Alicia se puso de pie y se quedó mirándolos azorada. No sabía que decir ante tanto rabo tieso. La verdad es que todos estaban muy buenos.

--¿Y dónde se han quedado Flavio y Arturo? –preguntó el padre a los tres

--Ahora vienen. Flavio quería bañarse y Arturo ha ido a ayudarlo.

--Flavio no puede andar. Se rompió las dos piernas hace dos años al caer desde el tejado. Eso sí, según las chiquitas, es un fenómeno cuando está excitado.

Así estaban cuando Hugo viniendo por detrás en cuclillas se puso a mamar el coño a Alicia. Al instante ella ya estaba muy excitada. Hugo separó la boca de su sexo y dijo:

--Quiero metértela, por delante y por detrás.

--Chaval, con lo impetuoso que eres tú, le destrozarías el culo. Para su primera penetración anal, necesita un experto que se lo haga suavemente. Después podrás hacerlo tú –le dijo el padre.

--Bueno, vale, serás tú el que se lo meta por el culo la primera vez. Y por el coño, que elija ella.

--Uufff, no sé a quién decidir. Ponedme un pañuelo en los ojos, dadme unas vueltas y al primero que pille será el que me desvirgue. Y si queréis, al segundo que pille le mamaré el precioso rabo.

Todos asintieron. Le pusieron un pañuelo y le dieron varias vueltas sobre sí misma. El padre le ayudaba a sortear obstáculos y a decirme a qué lado ir. Agarró Al primero que se puso al otro lado y después fue en busca del segundo. Consiguió pillarlo. Entonces se quitó el pañuelo de los ojos. El primero era Hugo, y el segundo uno de los mellizos, Pablo.

--El primero que se corra, que deje sitio a uno de nosotros, que nos quedamos con las ganas.







Los chicos ya habían empezado a acariciarla para ponerla un poco a punto. Le untaron con mucha crema el agujero del culo y le empezaron a meter dos dedos por los agujeritos. Alicia estaba ya a mil. Entonces, padre e hijo al unísono, empezaron a meterle el rabo por los agujeritos. Consiguieron meterle parte y Alicia chillaba de dolor.

--Me duele mucho, sacádmelo, por favor...

--Aguanta, pequeña, aguanta –le decía Mario cariñosamente al tiempo que le acariciaba el clítoris.

Mario dirigía a los dos y cogiendo impulso se metieron hasta el fondo quedándose quietos los dos para que la chiquita se acostumbrara a esas dos magníficas herramientas. Entonces, Pablo le metió su verga en la boca y los otros dos empezaron a moverse muy despacio. Poco a poco, se le fue pasando el dolor y cada vez le gustaba más. La verga de Pablo cada vez crecía más y más hasta que estalló. Alicia se tragó todo el semen. Eso le hizo tener un orgasmo a ella, lo cual siguió que los hombres que le estaban dando, se corrieran. El primero en salir fue Mario, aunque enseguida Alicia sintió que otra verga penetraba en su culito. Al rato, Hugo salió de ella, se apartó y otro se puso en su lugar. Alicia ya no podía más, había tenido un montón de orgasmos, y estaba tremendamente agotada. Cuando pudo recuperar el aliento, se dio cuenta de que tenía otros dos espectadores. Flavio que estaba en una silla de ruedas, pero con el pene totalmente tieso y Arturo, también desnudo y excitadísimo.

--Sé que queréis hacerlo también, pero dejadme descansar un poco, chicos –les dijo Alicia a los recién llegados.

--Está bien –dijeron los dos jóvenes.

Alicia los miró a todos. Todos era guapos, pero los que mejor estaban en su opinión eran Mario, el padre y Flavio, el que estaba en la silla de ruedas. Como tenía el pene totalmente empinado, se dio cuenta de que lo tenía mucho más grueso que los demás.

--Se está haciendo tarde. ¿Tienes mucha prisa por llegar a casa?

--No, mis padres no están el fin de semana. Aunque sobre las diez de la noche mamá llamará para saber cómo estoy. Tengo que estar en casa para esa hora.

--Tengo una idea –dijo César. Alguno de nosotros podría llevarte hasta tu casa, esperar contigo hasta la llamada de tu madre y luego volver aquí y pasar con nosotros toda la noche, muy calentita, ya que por las noches hace frío y tomando rica leche.

Alicia dudó. Los demás la instaron a aceptar, y al final asintió. Tenía una inmensa curiosidad por probar la inmensa verga de Flavio, no quería separarse de esos hombres tan apuestos.

Le dieron la ropa a Alicia, se vistió y también se vistió Arturo, con el que todavía no había hecho nada. La acompañó a su casa y Alicia se metió al baño. Necesitaba una ducha. A los pocos minutos, se metió Arturo. Empezaron a besarse a acariciarse y al momento, él le metió su verga por el coño. Se corrieron bajo el agua. Después de secarse, Alicia preparó unos sandwiches para los dos y los comieron mientras esperaban la llamada de su mamá. Cuando ésta se produjo, Alicia habló un rato con ella y se despidieron hasta el domingo por la noche. Todavía era viernes. Volvieron a la casa del bosque abrazados, ya que estaba oscuro.

Cuando llegaron, Flavio quería hacer un 69 con Alicia. Ésta aceptó y Hugo la penetraría por el ano. Se tumbaron en la cama de Flavio, ya que este no podía tumbarse y levantarse del suelo y Alicia se tumbó sobre el chico. Éste le mamó primero las tetas puntiagudas y después poniéndose los dos cómodos, hicieron un genial 69. La verga de Flavio no entraba entera en la boca de Alicia. Después de varios orgasmos, el chico le dio la vuelta y le metió de un golpe aquella suave, gorda y dura polla. También sintió a Hugo meterle la suya por el ano. Los orgasmos que tuvo fueron tremendos. Tanta leche fluir por su interior, la volvía loca. Cuando estaba en plena follada con los dos chicos, Mario entró en la estancia y le clavó su polla en la boca.





--Mmmmm, así mi niña, así... qué rico mamas nena, chúpamela toda con tu lengua pequeña, aaahhh, toma mi leche cielo, tómatela toda –le gritaba Mario apretando la cabeza de la chica contra su cuerpo. Así tuvieron otros inmensos orgasmos. Luego la chica se desplomó al lado de Flavio.

Alicia se despertó sintiendo unas manos acariciar todo su cuerpo. Eran las de Flavio. Fuera estaba muy oscuro.

--¿Cuánto he dormido? –preguntó a su compañero de cama-. ¿Y los otros?

--Has dormido unas cuatro horas, yo también y los otros se fueron a descansar –dijo sin dejar de acariciar su cuerpo.

--Ufff, parece que me ha pasado un camión por encima.

--Con el trote que has tenido desde que has llegado a esta casa, no me extraña –le contestó Flavio riéndose y aumentando el ritmo de sus caricias.

La chica ya empezaba a moverse y a gemir de placer. Entonces se montó encima y la penetró de una estocada. Al poco rato apareció Javier que se había despertado con el ruido de la pareja. Flavio se dio la vuelta sin salir del coño de Alicia y Javier le metió la verga por el ano. Después de varios orgasmos, Alicia se volvió a quedar dormida.

A la mañana siguiente, cuando se despertó, algunos ya se habían ido. Sólo quedaban en casa, Flavio y Hugo. Desayunaron los tres y luego Alicia y Hugo se fueron a bañar a la poza. Después de un rápido folleteo, volvieron a casa.

Al mediodía, regresaron los demás de sus quehaceres. Mario preguntó a Alicia si la llamaría su madre esa noche. Alicia dijo que no.

--¿Estás bien? –preguntó Mario a Alicia

--Un poco dolorida.

--Siendo virgen como eras ayer y después de todo el trajín que has tenido, es normal –dijo abrazándola-. Nos gustaría que estuvieras aquí hasta el domingo por la tarde.

--Aunque nos gustaría que te pudieras quedar para siempre con nosotros –dijo César-. Sería bueno tener una hembra tan bonita y ardiente para siempre. Esos polvos pasajeros no me gustan demasiado.

--¡Eh! No pensarás quedártela para ti sólo, ¿verdad? –preguntó Flavio.

--No. Sería la mujer de todos. También compartimos a las pibas las otras veces, pero resulta tan escaso...

--¿Y tú, qué opinas, Alicia? –preguntó Mario

--¿Por qué no la llamamos definitivamente, Blancanieves, aunque no seamos los siete enanitos? –dijo Hugo.

--Acabo de entrar en este mundo del sexo pero, me encanta. Y lo de Blancanieves, me gusta –le dijo a Hugo-. Y me encantaría quedarme con vosotros. Hasta ahora pensaba que me casaría, que tendría uno o dos hijos y así pasaría la vida hasta la muerte. Pero eran ilusiones de chiquilla. Pensando en príncipes y cuentos de hadas.

--Bueno, aquí tienes siete príncipes –le contestó Pablo-. Te podemos dar todos los hijos que quieras y lo de los cuentos de hadas...

--Di mejor, seis príncipes y un rey, ya que estamos –contestó Mario.

--Papá... –protestaron los chicos.

--Y si tienes mucha ilusión por casarte, también te podrás casar con uno de nosotros, por lo menos sobre el papel, porque no dejarán que te cases con todos –dijo Hugo riéndose-. Ah, y jamás pasarías frío, eso te lo aseguro.

--No sé... Me gustaría, pero...

--Bueno, de momento quédate hasta el domingo –dijo Mario-. Después te vas a tu casa y si al cabo de un mes más o menos ves que quieres venir, hazlo.

--Y si con todo lo de estos días te quedaras embarazada, ¿cómo crees que reaccionarían tus padres? –preguntó Arturo.

--Me echarían de casa.

--¿Seguro?

--Sí. Se lo oí decir a mi madre hace poco. Hablaban de una conocida que se había quedado embarazada con diecisiete años y eso que tenía novio. Mi madre comentó entonces que si a mí me pasaba eso, que me echarían de casa. Que no soportaría semejante humillación. Si por casualidad dentro de unos días noto veo que no me viene la regla, me compraré un test de embarazo y si es positivo, me marcharé de casa.

--Entonces, si es el caso, te vienes aquí. Lo digo en serio –dijo Mario.

--Está bien.

Así pasó el fin de semana. El domingo al atardecer, Mario la acompañó hasta cerca de su casa. Allí la abrazó con fuerza y la morreó durante un rato. Luego se fue. Alicia entró en su casa y al poco tiempo llegaron sus padres.

Unos días más tarde, estaban la madre y la hija haciendo compras en el pueblo. Entraron en la tienda. Hugo y César, aunque disimularon delante de la gente. La madre le dijo a Alicia que no se le ocurriera entablar ninguna conversación con esos chicos. Alicia le preguntó la verdadera razón.

--No son buena gente.

--¿Han hecho algo malo?

--No, que yo sepa, no. Pero no tienen muchos estudios, viven en el bosque. Y según comentan, se llevan a su casa mujeres de mala vida.

--Son muy guapos. Mi ideal de chico es el mayor de los dos que están ahí –comentó Alicia, más que nada para fastidiar a su madre-. Me encantaría que alguno de ellos fuera mi futuro marido. Mis hijos serían preciosos.

--¡¡¡Alicia!!! –se escandalizó su madre-. Ni se te ocurra pensarlo siquiera. Además, tu futuro marido lo elegirás entre los hijos de los amigos de tu padre.

--¿Qué?

--Lo que has oído. Cuando te llegue la hora, elegirás entre Quique, Pedro, José y Alberto. Y no se hable más del tema. Todavía eres muy joven.

Alicia no habló más. Al cabo de unos días, tuvo que comprarse el test de embarazo. Y se puso azul. La prueba dio positivo. Al cabo de unos días, tiró "sin querer" un papel en el carro de compra de César. En ella ponía que estaba embarazada. Y que se iría de casa. Dos días más tarde, habló con Mario y Arturo. Les dijo que el fin de semana siguiente volvería a estar sola.

--¿Sigues queriendo volver con nosotros?

--Sí. Os echo mucho de menos.

--¿A nosotros o a nuestras pollas? –le preguntó Arturo bromeando.

--A vosotros y a vuestras hermosas y tremendas pollas.

--Nosotros también te hemos echado mucho de menos. Y a tus calentitos agujeritos... ni te cuento.

--De todas formas -le dijo Mario a Alicia con la mirada seria-, te acompañaré a un médico para que te vea. Será en una ciudad un poco alejada, pero es mejor.

--Está bien. Esta semana, durante tres días voy a estar sola en casa de cinco a siete y media de la tarde. Si queréis, puede venir alguien al borde del bosque y le voy pasando algunas cosas para que las lleve a casa, si no os importa.

--Te lo íbamos a proponer.

Para cuando llegó el fin de semana, no había mucho más que pudiera llevarse. Dejó una carta para sus padres y se marchó al bosque con sus hombres. Cuando llegaron a la casa, Alicia se sorprendió. Habían hecho un añadido a la casa.

--Es que como va a aumentar la familia en los próximos años, queremos estar prevenidos. Cada uno tiene su habitación particular, y tú también tendrás la tuya.

--¿Y tendré que dormir sola en mi cama? –preguntó haciendo un mohín.

Los demás se echaron a reír.

--Si no quieres dormir sola, siempre tendrás algún voluntario para acompañarte en tu cama. O si quieres dormir en las otras camas, también serán compartidas.

--Está bien. Y ahora tengo ganas de polla. Llevo mucho tiempo sin una y no aguanto más.

Todos se ofrecieron voluntarios. Uno se tenía que quedar sin mojar en ese primer momento. Y Blancanieves que así la llamaron desde entonces, propuso que el que se quedara solo, esa noche sería la pasaría exclusivamente con ella. Una noche solo con ella. Aceptaron y entre ellos hicieron un pequeño sorteo. Y el que se quedó para la noche fue Mario el padre. La desnudaron entre todos y enseguida empezaron a tocarse y acariciarse. Javier se colocó debajo de Blancanieves, detrás de la chica estaba Arturo. Ella masturbaba con las manos los penes de Javier y Hugo y Flavio y César se alternarían metiendo sus penes en la boca de la chica. Fue una orgía genial.

Después de cenar, ella estaba cansada y Mario la llevó a la habitación en brazos. Se tumbaron en la cama y Mario empezó a acariciarle el cuerpo suavemente mientras le daba besitos por toda la cara y los lóbulos de las orejas. Luego pegó su boca a la de la chica y la besó profundamente. Luego siguió bajando la boca hacia los pechos. Tenía los pezones erectos. Se los mamó golosamente, sin prisa.

--Mmmm, deliciosos. Te han crecido desde la última vez.

Ella le besó también como él le había hecho anteriormente. Cuando llegó a las tetillas del hombre, Mario se estremeció. Luego, la chica se dio la vuelta para que hicieran el 69. Después de tomarse mutuamente sus jugos, Mario le dio la vuelta a la chica, siguió acariciándole con los dedos el clítoris a la vez que le metía un par de dedos de cada mano en la vagina y el ano. Mientras, Alicia no había dejado de tocar el pene de su amante de turno. A los pocos minutos, ya volvían a estar los dos a mil. La hizo sentarse con la espalda apoyada en el cabecero de la cama, le hizo pasar las piernas por sus costados y entonces la penetró hasta el fondo. Entró deliberadamente, muy, muy despacio, sintiendo cada roce de las suaves y ricas paredes de la vagina de la chiquita en su grueso pene. Luego fue aumentando el ritmo. Blancanieves no tardó en correrse. Mario eyaculó seguidamente sus torrentes de rico y caliente semen lo que ella tuviera otro inmenso orgasmo.





Y así pasaron los años. Dormía con todos. A veces con dos o tres a la vez, otras con uno solo, pero nunca volvió a dormir sola en la cama. Alicia-Blancanieves, tuvo nueve hijos, de ellos tres niñas para deleite de los hombres de la casa. A medida que iban naciendo los niños, la familia iba agrandando la casa. Mandaba fotos de los niños a sus padres pero nunca los volvió a ver. Cuando Alicia-Blancanieves cumplió la mayoría de edad, se casó con César, más bien por efectos legales, porque en realidad tenía siete maridos y los adoraba a todos.

Y fueron felices y comieron perdices.
 

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