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DISFRUTANDO DE MI TÍO

Relato enviado por : gustavo8000 el 09/09/2013. Lecturas: 6829

etiquetas relato DISFRUTANDO DE MI TÍO   Amor filial .
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Resumen
Mónica quiere hacer un viaje antes de empezar la universidad, pero sus padres no tienen dinero para financiárselo. Su madre le propone ir a vivir con su tío, que le ha conseguido un trabajo con el que podrá conseguir el dinero. Viviendo con su tío pronto se dará cuenta de que su tío le gusta e intentará por todos los medios llegar a tener algo con él…


Relato
Hola, me llamo Mónica, soy colombiana, y esto que les cuento me ocurrió hace seis años, cuando yo apenas contaba con 18 añitos recién cumplidos. Les contaré que, con esa edad, yo tenía muchas ganas de conocer mundo. Siempre había vivido en Barranquilla y apenas había viajado un par de veces a la capital. Tenía ganas de salir y explorar nuevos paisajes, nuevas culturas, vivir experiencias y conocer gente nueva, fuera de mi círculo habitual. Ampliar mis horizontes. Y pensé que el momento ideal sería justo antes de entrar en la universidad. Así lo había visto en muchas películas de Hollywood. Antes de centrarme en algo serio que definiría mi futuro porvenir, como era la universidad, me tomaría un año para recorrer el mundo y ampliar mis conocimientos y experiencias.
Eso decidí cuando finalizaba mi último curso antes de la graduación. Una noche senté a mis padres a la mesa y les planteé mi deseo. Mi padre puso el grito en el cielo, los ojos en blanco y salió de la habitación para volver a entrar al instante vociferando.
- ¿Pero tú estás loca? -gritó, asustándome un poco. - ¿Cómo te vas a largar por ahí durante un año? ¿Para hacer qué?
- Pues, no sé… todavía no lo he planeado bien. Pero para conocer mundo, vivir experiencias…
- Vivir experiencias… - repitió.- ¿Y cómo piensas financiar todo eso, eh?
Yo le miré con mis ojitos suplicantes. Casi siempre conseguía ablandarle y sacarle todo lo que deseaba con esa técnica, pero aquello era demasiado: mi padre no podía permitirse financiarme un año de viaje a todo tren. Por desgracia, usé una valiosa arma de forma inútil.
- Pues…, yo pensaba que tú… -le contesté lo más inocentemente que pude.
- Cariño mío, me temo que ni aún queriendo podría pagar ese viaje que quieres hacer.
Me di cuenta de la realidad. Mi viaje soñado se quedaba varado en el primer escollo: el económico. No lo pude resistir y empecé a llorar y salí corriendo.
No volví a tocar el tema con mis padres, puesto que estaba muy triste y, por más que le daba vueltas, no sabía cómo podría financiarme mi ansiado viaje. Sin embargo, la solución llegó por el camino menos esperado.: una semana después, mis padres me sentaron a la mesa y mi madre me dijo que querían hablar conmigo.
- ¿Todavía quieres hacer ese viaje antes de entrar en la universidad? – me preguntó. Se me iluminaron los ojos.
- ¡Claro que sí! – dije, entusiasmada. ¿Qué se le habría ocurrido a mi madre?
- Tu padre y yo hemos estado hablándolo…- dijo mirando a mi padre, con gesto serio. Se notaba que había aceptado a regañadientes.- A tu padre no le emociona la idea de que te vayas a viajar por ahí a conocer mundo, pero a mí no me parece tan mala. Aprenderás cosas que quizá no aprendas nunca en la universidad, en la escuela, o aquí en casa.
- Sí.
- Calla y espera a que acabe de hablar.- dijo seria. Callé dócilmente.- Sin embargo, como bien sabes, nosotros no podemos permitirnos pagar el coste de un viaje así. No obstante…, creo que tengo una solución intermedia que quizá te satisfaga, porque te dará la oportunidad de salir de casa una temporada.
- Soy todo oídos.- dije entusiasmada. Seguro que mi madre había pensado en todo.
- He hablado con tu tío Pedro en Cali. Te ha conseguido un trabajo de camarera durante las vacaciones. Aprenderás lo que es el trabajo estando allí y ganarás plata para sufragarte tu viaje después del verano. Vivirás en casa de tu tío y le ayudarás cuidando la casa, que seguro que el pobre la tiene muy desastrada. Con eso aprenderás lo que es tener que organizar una casa.
Medité todo aquello. Visto así, el viaje ya no parecía tan divertido. Tenía sus responsabilidades, pero en el fondo, era lo que estaba buscando. Vivir nuevas experiencias. Y con el dinero que ganara podría realizar mi viaje soñado. Mi madre me leyó el pensamiento y sonrió.
- Creo que esta solución es viable para nosotros y se ajusta bastante bien a lo que quieres hacer, ¿no?
- Sí. Sí!.-le dije ilusionada. Es una gran solución mamá –dije, dándole un abrazo.
- Bueno, pues ve preparando todo lo que te llevarás a Cali y organizándote algo de tu viaje, porque en cuanto acabes el curso te irás inmediatamente a casa de tu tío, para empezar a trabajar en seguida.
Y así fue. Un mes después viajé a Cali y llegué a casa de mi tío Pedro. En realidad, casi no lo conocía, pues apenas nos visitaba una vez al año en casa, y no era muy comunicativo. El casi nunca hablaba conmigo porque era muy pequeña. Incluso, apenas sí hablaba con mi madre, que era su hermana.

La casa de mi tío estaba hecha un desastre cuando llegué. Mi tío era soltero y apenas pasaba tiempo en casa, y no se molestaba mucho en cuidarla, así que mi llegada le vino muy bien. Me afané mucho. Acababa de llegar y estaba llena de ilusión por tomar la responsabilidad de cuidar aquella casa así que, en un par de días, la dejé impoluta. Mi tío se quedó sorprendido y muy contento al ver la casa tan ordenada. Noté que mi tío estaba contento de que estuviera allí: aunque no hablaba mucho, creo que le agradaba mi compañía. Y le gustó mucho ver toda la casa bien ordenada, aunque no encontrase nada de nada y tuviese que preguntarme dónde estaba cada cosa.
Solo había un sitio que no había tocado todavía: su habitación. Por ahora no me había atrevido a hacerlo: Ahora que yo también estaba en la casa, se había convertido en su espacio personal y debía respetarlo Sin embargo, un día entró y pude observar a través de la puerta que la tenía muy desordenada. Unos días después, decidí entrar en su cuarto para ordenárselo.
El cuarto estaba totalmente desordenado. La cama sin hacer, libros y papeles por todos lados, ropa sucia tirada, los cajones sin cerrar… vamos, un auténtico desastre. Me armé de paciencia y empecé a arreglarlo, como había hecho con el resto de la casa. Al barrer bajo la cama saqué unas revistas y al fijarme, me di cuenta de que ¡eran unas revistas pornográficas!. Decidí dejarlas allí por ahora, a falta de hablar con mi tío dónde quería que se las guardara. Cuando llegó y le pregunté dónde guardarlas, se puso rojo como un tomate, y muy azorado, me cogió las revistas de un zarpazo.
- Dame, ya las guardo yo.- dijo hoscamente. Luego se volvió y más calmado, añadió.- Pero gracias por ordenarme el cuarto… hacía tiempo que no lo veía tan ordenado.
Al día siguiente entré en su habitación para hacerle la cama y ordenarlo de nuevo. Recordé entonces lo rojo que se puso mi tío al entregarle aquellas revistas de adultos. En el fondo, es lógico, pensé: mi tío era un hombre adulto y solo, y no debía tener a nadie con quien satisfacer su deseo sexual, por lo menos que yo supiese. Era lógico que se masturbara y tuviera ese tipo de revistas en casa. Al fin y al cabo, era su casa y podía hacer lo que quisiera. Creo que esa fue la primera vez que pensé que mi tío se masturbaba, aunque no le di mayor importancia y volví a mis cosas.
Días después, mientras arreglaba su cuarto de nuevo, encontré dónde había guardado sus revistas, ahora correctamente ordenadas y bien ocultas bajo otros papeles. Me invadió la curiosidad. Saqué una de ellas, la abrí y empecé a hojearla. Aunque en aquellas revistas solo salían mujeres, reconozco que ver aquellos cuerpos desnudos me excitó un poco. Abrí varias más y empecé a observar un patrón bastante definido: a mi tío le gustaban las mujeres jóvenes y muy delgadas. Como yo. Aunque, por aquel entonces, no lo asocié. Sin embargo, empecé a pensar que mi tío se pondría muy caliente viendo aquellas revistas. Me vino a la cabeza la imagen de mi tío masturbándose. ¿Cómo lo haría?... ¿cómo la tendría?, y aquello empezó a ponerme caliente. Borré mi idea de la cabeza y seguí con mis cosas.
Una semana más tarde, volví a curiosear las revistas de mi tío y observé que había una nueva. Al mirar la portada, me sorprendí mucho: ¡la chica de la portada se parecía mucho a mí!. Pasé las páginas hasta llegar al reportaje de la chica de la portada y las hojas estaban manoseadas y arrugadas. Incluso daba la impresión de que había caído algo sobre ellas y que las habían manchado, y luego se habían intentado limpiar. ¿Se habría corrido mi tío sobre aquellas hojas?? Pensé, calenturienta. Pero… ¡aquella chica se parecía a mí!
Dejé allí la revista y salí de allí a toda prisa para volver a mi cuarto. ¿Acaso le gustaría a mi tío?. Me sentí extraña al pensar en ello, pero sin embargo, me excitó mucho. Pasé varios días fantaseando con la idea de que pudiera gustarle a mi tío, y notando que me calentaba mucho el asunto hasta que, finalmente, me di cuenta de que lo que estaba deseando realmente era gustarle a mi tío pero, ¿qué podía hacer? Decidí que lo iba a conquistar, y al mismo tiempo, me calentaría yo. Y esa noche empecé a elaborar mi plan para conseguirlo.
Al día siguiente, me puse unos pantaloncitos muy cortitos, de esos que dejan ver hasta el pliegue del culo, para empezar a provocarle, y una camiseta de tirantes. Muy poca cosa, como de andar por casa. Cuando llegó, casi se le salieron los ojos de las órbitas. Había conseguido el efecto deseado: mi pobre tío no sabía dónde meterse. Sonrojado, apenas me miró y me dirigió unas pocas palabras y y se fue a dormir pronto. Mi plan había salido a la perfección: se había fijado en mí.
Un par de días después, volví a ponerme un conjunto semejante, pero esta vez sin sujetador debajo. A mi tío casi le dio un infarto cuando volvió a casa por la noche, y me vio así, pero no dijo nada. Nuevamente, esa noche apenas me miró y habló muy poco, azorado como estaba. Yo tampoco estuve muy comunicativa, pues también estaba un poco azorada. Con la excitación de la situación, se me habían puesto los pezones durísimos, y eso hacía que se me marcaran debajo de la camisetita mucho más de lo que yo deseaba, pero no podía controlarlo.
Al finalizar la cena, mi tío no se levantó y me tocó recoger la mesa sola, un poco extrañada, porque siempre me ayudaba. Sin embargo, cuando yo iba a la cocina él se levantó y se fue al baño, y tuve la sensación de ver cierto bulto en su entrepierna.
Esa noche, al acostarme, no pude quitarme aquella imagen del bulto en la entrepierna de mi tío camino del baño. ¿habría ido a aliviarse de la erección que le habría provocado yo?. Imaginarme eso fue demasiado para mí. Totalmente mojada en mi casa, me masturbé por primera vez en mi vida, mordiendo la almohada para ahogar los gritos que me vinieron durante un prolongado orgasmo.
La noche siguiente, volví a preparar la misma situación. A la hora de recoger, mi tío volvió a quedarse sentado. Cuando iba a levantarse para ir al baño, lo paré en seco.
- Tío, espera. Déjame pasar al baño para darme una ducha antes de irme a dormir.
Dejé los platos en el fregadero y volví a mi habitación para coger una toalla y algunas cosas más y me fui a ducharme. Para añadir más leña al fuego, esta vez dejé la puerta del baño entreabierta. Desde la ducha era incapaz de saber si mi tío estaría mirándome por la rendija de la puerta, pero solo de imaginar que pudiera estar haciéndolo, e incluso masturbándose al verme, me puso tan caliente como para hacer hervir el agua. Parecía que mis pezones querían salirse de mi cuerpo de lo duros y tiesos que estaban, y al pasar la esponja por mi entrepierna notaba sensible cada centímetro de mi cuerpo. Tuve un orgasmo increíble solo de ducharme. Al salir, pasaba hacia mi cuarto con apenas una toalla cerrada justo por encima del pecho, tapando lo justo para no ser indiscreta. Mi tío se fue a dormir nada más salí de la ducha, extrañamente pronto.
A esa altura de las vacaciones, me di cuenta de que mi tío ocupaba todos mis pensamientos. Quería ser suya a cualquier precio. Empecé a plantearme abordarlo de alguna manera.
Repetí aquel procedimiento varias noches más. Ropa ajustada, marcando culo y pezones, recogida de mesa y ducha con la puerta entreabierta. Después, caminaba solo con la toalla hasta la habitación. Una noche, dejé la puerta entreabierta, mientras me cambiaba y me ponía un camisón sexy, esperando ser observada por mi tío. Sin embargo, cuando salí, mi tío ya no estaba en la sala. Su habitación estaba cerrada pero se veía luz por debajo de la puerta.
Sin embargo, esa noche quería ir más allá. Astutamente, esperé un ratito y entonces abrí la puerta de golpe, sin llamar, gritando.
- ¡Tío!, ¡he oído un golpe!
A mi tío no le dio tiempo a taparse. Desnudo en la cama, intentaba taparse su miembro empalmado con las manos.
- ¡Oh! – exclamó él.
- ¡Ah! – exclamé yo. Observé que no tenía alrededor ninguna de sus revistas. - ¡Tío…, te estás tocando!
- Esto, sobrina, verás…- balbució él, azorado.
- Pero no has usado ninguna de tus revistas guarras… -dije con cara inocente. – ¿Qué es lo que te excita tanto?
El se quedó mirándome sin saber qué decir, pero su cara de deseo me lo confirmó sin lugar a dudas. Yo era la respuesta. No necesité nada más, se me nubló la razón y me acerqué a él.
- Tío…, teniéndome aquí al lado..., ¿por qué no me has avisado? – dije con mi mejor cara de ángel.
Mi camisón se deslizó suavemente hasta el suelo quedándome desnuda delante de mi tío, con una tanguita que apenas tapaba nada de mi cuerpo. Ahora podía contemplarme desnuda, con mis pechos duros y erguidos. Me acerqué, cogí sus manos y las puse sobre mis pechos. Al dejarlas allí, su miembro viril quedó totalmente al descubierto. Apenas pude ahogar un grito al ver semejante herramienta: era venosa, grande y bien gruesa. Yo apenas había visto un par de vergas antes, pero no tenían nada que ver en comparación con la de mi tío. ¡Era enorme!
No perdí el tiempo y puse mis manos sobre ella: estaba caliente, dura, y palpitaba al contacto con mi mano.
- Esta noche yo te daré placer.- le dije mirándolo a los ojos, - pero me tienes que enseñar, yo no tengo experiencia. Soy tu alumna.-añadí, sonriéndole.
Mi tío tragó saliva. Estaba muy excitado, no sabía por dónde empezar. Traté de tranquilizarle.
- Tengo todo el verano tío, ¿qué te parece si me enseñas como mamártela rico?
Él asintió con la cabeza. Se tumbó en la cama, y yo me dispuse entre sus piernas. Con voz ronca, me dijo.
- Lámela primero por fuera, con suavidad, pero con abundante saliva, para que se quede mojadita.
- Está calentito.- Subí mi lengua por su tronco, duro y venoso, interminable. Me paré en su punta, gorda y rosada mientras notaba como él se excitaba a cada caricia de mi lengua.- Qué delicia de pene tienes tío – le dije inocentemente, lo que le excitó todavía más. Me indicó entonces que lo metiera en mi boca. Primero, solo la punta, luego un poco más.
Se incorporó un poco sobre la cama y me cogió la cabeza y fue empujándome con delicadeza para tragarme todo lo que pudiera. Para sorpresa de los dos, conseguí comerme sin gran esfuerzo la mitad de su verga y llegué hasta los dos tercios, hasta que noté como ya su punta tropezaba con mi garganta. Mi tío no cabía en sí de gozo, al ver su polla enterrada casi por completo en mi garganta. Contenta yo también por mis progresos, empecé a meterla y sacarla de mi boca, cada vez más rápido, notando la excitación de mi tío en aumento. Solo de verlo gozar me había puesto tremendamente húmeda, y notaba cómo mis fluidos recorrían ya el interior de mis muslos.
De repente, mi tío me hizo parar.
- ¿Qué pasa tío? –le miré preocupada.
- Me voy a correr. No aguanto más. ¡Me has hecho una mamada increíble!
- Déjame qué acabe… - le rogué.
- Pero…
- ¡Tío!, ¡quiero aprender! – insistí. Sin dejarle decir nada más, volví a meter su polla en mi boca, todo lo que pude, y empecé nuevamente con el juego del mete saca de su verga en mi boca, saboreando aquel palo caliente y jugoso. Me gustaba chuparlo, sorberlo con fuerza como si fuera un helado que se fuera a derretir.
Mi tío volvió a alcanzar su climax. Su respiración se aceleró y empezó a jadear de placer. De repente, me agarró la cabeza con energía y me hundió su verga todo lo que pudo en mi garganta. No podía respirar. El empezó a estremecerse y noté cómo su verga convulsionaba en el interior de mi boca. Un instante después, noté chorros de espeso líquido inundando mi boca hasta llenarla toda y empezar a salirse por la comisura de mis labios. Mi tío se estaba corriendo, y copiosamente, dentro de mi boca.
Unos segundos después, mi tío aflojó la presión y sacó la verga de mi boca, dejándome respirar. Su polla estaba totalmente bañada en sus fluidos y yo tenía la boca también llena de ellos. Paladee un instante el sabor más íntimo de mi tío y luego me lo tragué.
Sin que él me dijese nada, volví a coger su polla, todavía bien dura, y le limpié todos sus restos de leche lamiéndola con delicadeza.
Aquella fue la primera noche de muchas con mi tío donde disfruté mucho y aprendí todavía más. Sin embargo, en ninguna otra ocasión, ni mi tío ni ninguno de los hombres con los que he estado hasta la fecha, se ha corrido como él lo hizo aquél día.
Con mi tío estuve un par de meses más hasta que recaudé suficiente dinero como para iniciar mi deseado viaje. Quizá algún día me anime a contarles más cosas de todo lo que aprendí con él. Por lo pronto, espero que esta parte les haya gustado. Si así es, no olviden votarlo bien y dejar algún comentario, me gustará mucho leerlos.

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Comentarios enviados para este relato
tim_drake11 (9 de September de 2013 a las 22:23) dice: que bonito relato, tienes la maxima calificaciones, excelente y excitante


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