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El diario secreto de Bety 06

Relato enviado por : ivloguer el 28/06/2013. Lecturas: 1341

etiquetas relato El diario secreto de Bety 06   Confesiones .
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Resumen
Que tal diario, tengo curiosidad: tú tienes pitito o tajito como yo ?
Tal vez las separaciones entre teclas sean muchos tajitos y te agrade sentir como tecleo.



Relato
El diario secreto de Bety 06

Día 29)

Que tal diario, tengo curiosidad: tú tienes pitito o tajito como yo ?
Tal vez las separaciones entre teclas sean muchos tajitos y te agrade sentir como tecleo.

Es increíble todas las cosas que aprendí estos días, sé que a los hombres les gusta mirarnos la bombachita, que el dedo índice está hecho a la medida para rascarme cuando me pica allí abajo y que al conejito le encantan los besos en la boca.
Creo que ya sé todo en esta vida, pero tal vez existan cosas nuevas para aprender aun.

Hoy me escapé en clase de lengua, pedí permiso para ir al baño pero me quedé casi toda la hora hablando con mi amiga Priscilla. Ella es más grande y creo que sabe más cosas que yo.

Creo que le gusta más hablar con mujeres que con varones, me contó que el maestro de mates la quiso tocar pero no se dejó, en cambio yo sí la puedo tocar.
Por el papito también se deja tocar, pero le pide cosas. Cuando le conté que ayer le mostraba la bombachita a mi papito pero sin pedirle nada me dijo que era una tontita. Ella hace eso para que le den golosinas y ahora estaba detrás de una bicicleta.

Su mamá no estaba para ponerle la medicina supongatorio y le tocaba a su papito hacer eso.
A su papito le decía Manpara pq le gustaba espiarla cuando se bañaba y dejaba la mampara del baño corrida adrede.
Manpara diciendo que no sería tan bruto como mamá metiéndole esa cosa por atrás, le mostró un tarro de crema para manos explicando que debía lubricarle el agujerito para que no le doliese.
Ella ya sabía que se enloquecía por mirarle la cola cuando se agachaba y apropósito lo hacía para que le den caramelos, pero ahora era mucho más grave, debería bajarse la bombachita y dejarse tocar la cola y hasta el agujerito para hacer caca, eso valía una bicicleta por lo menos.

El problema era hacerlo sufrir y casi rogar para conseguir eso, por tal razón se ponía la pollerita más corta que tenía y una bombachita algo floja para mostrar parte del conejito cuando se agachaba.
Haciéndose la inocente malcriada mencionaba haber visto una bicicleta muy linda mientras levantaba algo del piso dejando la cola en pompa y apenas cubierta, o se agachaba con las piernas abiertas para que se le vea la bombachita con el conejito asomando.

Cuando llegó la hora de aplicarle la medicina, el pobre papito transpiraba aunque hacía frío, recostándose de panza sobre sus piernas mencionaba la bicicleta mientras el padre le alzaba la pollerita para dejar al descubierto la floja bombachita.
Al hombre le temblaban los dedos al separar la tela sin necesidad de bajarle la prenda, se olvidó de la crema mientras le acariciaba las nalguitas pero al final las separó para ponerle crema en el anito, le ponía por demás, casi en toda la canaletita trasera olvidando que debería pasarla solamente en el agujero de hacer caca.
Mientras sentía la cápsula entrándole despacio en el culito, al hombre se le hizo una mancha en el pantalón de la emoción y dejó el dedo empujando un poco para que no se escapase el supongatorio.

Mientras Priscilla me contaba esto se me hizo una manchita a mí y le mostré la bombachita riendo, no terminó de preguntarme si quería unos besos en el conejito y yo ya me había bajado la prenda. Sabía que me chuparía la conchita con las palabras correctas, mi conejito se había convertido en conchita.
Era una genia con la lengua y los labios, me lamía allí abajo haciéndome temblar hasta que apoyó el dedo en mi anito, sería un asco porque hago caca por ese agujerito pero se sentía lindo.
Empujaba un poco y entró la uña mientras ella preguntaba si me gustaba sentir un dedo en el culito, debería escribir todo un diccionario por los nombres que tienen las cosas según la ocasión, pero sí, era lindo el dedo en el culito aunque molestaba un poco, era como hacer caca hacia adentro.
Me quería aguantar para que Priscilla me siga pasando la lengua como un helado, pero exploté viendo todos los colores y también los colores que no existen.

Le pregunté si le dolía luego de ponerse el supongatorio pero me dijo que era una tontita, que el supositorio era chiquito y no dolía nada. Al decirle que tenía ganas de ponérselo yo, prometió que mañana traería la medicina.

La última hora era de mates y no me perdería la clase del abuelito, le hacía algunas señas durante la clase pero me ignoraba, creo que ya no me veía linda. Cuando terminó la clase le pasé el papel con las cuentas para que revise y aproveché para tocarle la mano, me miraba serio diciendo que luego hablaríamos a la salida.
En la acera lo quise tomar de la mano pero me rechazó y caminamos hasta el auto.
Ya adentro del vehículo le pregunté si estaba enojado conmigo y se le cambió la cara de malo, me aconsejó que no hablemos en la clase y que lo tratase como a un desconocido si había personas viéndonos.

Le estaba por decir que se case conmigo y podríamos hablar a la vista de todos, pero no me dejó hablar. Me agarraba la cara entre las manotas para besarme primero dulce y después con furia, parecía enojado pero no estaba enojado, solamente me quería besar así de fuerte y me dejé hacer mansita.
Cuando se calmó le informé que me picaba el conejito y me estaba gritando que quería unos besitos también, el maestro me dijo que era una putita preciosa y me enojé. Que me dijese tonta pasaba, pero esas palabrotas horrendas no.
Creo que no me escuchaba conduciendo hasta un callejón oscuro donde me pidió que me ponga de rodillas en el asiento mirando hacia atrás, era muy incómodo y no se cómo pensaba besarme el conejito así pero me levantó la pollerita por detrás y ni se asustó que tenía la bombachita llena de osos, me la bajó un poco y metió la cara en mi cola.
Ahora percibía que sí me podía dar besitos allí abajo, solamente que la lengua también la pasaba entre mis nalguitas, era un paseo mucho más largo pero me gustaba.
Cuando me empezó a gustar mucho más, se me convirtió el conejito sabiendo que ahora me estaba chupando la conchita. El maestro no sabía hacerlo tan bien como mi amiga Priscilla pero estaba más entusiasmado, me lamía mucho más rápido y antes de darme cuenta estaba temblando y casi se me escapa algo de pipí.

Me acomodó la ropa a gran velocidad y nos fuimos de allí como escapando, no se a qué le tenía miedo pero el pobre temblaba y a mi ya se me había pasado el temblor.
Le pedí que nunca más me llamase putita ni tontita, mi nombre es Bety. Me dejó en la esquina de casa y casi no me saludó al bajarme.

Yo quería una computadora para mí solita, no tener que escribir este diario en la máquina de mi papito y recordé lo que contaba Priscilla, si ella conseguía una bicicleta yo podría conseguir una PC.
Me puse a revolver mi ropa pero no tenía polleritas demasiado cortas, lo más parecido era una camiseta larga que me tapaba un poco la cola pero se veía un triangulito de tela por adelante, por suerte sí tenía bombachitas viejas que me quedaban flojitas.

Resignada me puse eso riendo porque el conejito asomaba diciendo que le daba frío, que se aguante y todo sacrificio sea para conseguir una máquina.
Mi mamá estaba dando vueltas limpiando cuando me tiré en el suelo para leer uno de mis libros, casi no me di cuenta cuando papito vino a sentarse en el sofá pero era evidente que deseaba mirarme la cola. Me preguntó si no tenía frío con esa ropa tan cortita y le mentí diciendo que no mientras me acomodaba la bombachita que se me metía entre la cola.
Mencioné que si tuviese una computadora propia en mi habitación podría hacer mejor las cosas del colegio, tosió mientras decía "--veremos--" y se levantaba del sillón para ayudarme con la molesta prenda. Miraba para todos lados si no estaba mi mamá y después me acomodó bien la bombachita que se me enterraba en el medio de las nalguitas, era medio torpe el pobre con esos dedazos tan grandotes y le costó dejarme la bombachita bien.
Tironeaba la camiseta para taparme bien pero creo que solamente quería tocarme la cola mientras yo me imaginaba la computadora nuevita.

Esa noche me subió a sus piernas para mirar la tele, pero en el sillón también estaba mi mamá y no se le puso dura como antes, se hacían mimitos entre ellos pero me acariciaba un poco las piernas cuando la besaba a ella, no entiendo eso, debería besarme a mí.

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Día 30)

Hoy tuvimos gimnasia y entré antes de la hora, Barto estaba acomodando unas cosas y apenas me vio me agarró de la mano para llevarme a un cuartito del fondo.
Yo sabía que los hombres cambiaban la cara de malo cuando no había nadie y se ponían todos buenitos, lo mismo ahora y se agachó diciendo que me extrañaba pero no podía hablarme si había gente.
Quedé pensando si estaría apestada o algo así feo que las personas no querían ser vistas conmigo, pero no importa. Le tironeaba los pelitos de las piernas y el pedía que no le hiciese eso que se ponía loco, por suerte yo no estaba loca al no tener las piernas peludas como él.
Por fin le pude contar que ya había aprendido a besar y a respirar al mismo tiempo pero el muchacho no se animaba a probar, me tenía agarrada por la cintura y me miraba mientras se le ponía dura. No sé porqué a todos los hombres se les pone dura al mirarme, debe ser por que soy tan linda.
Claro que yo ya sabía que no tenía ganas de hacer pis, el pitito se le ponía así de tanto verme.
Al final no se decidía y le enseñé cómo se besa sin respirar por la boca, el estaba agachado y sin querer le dí una patada entre las piernas, creo que le pegué en el pitito duro porque se quejaba de mucho dolor.

Tuve que reconocer que era una bruta por ser tan torpe, para que me perdone le hice unos masajitos donde le dolía, creo que le hacía doler más todavía al apretarle el pito duro porque ponía los ojos en blanco y respiraba agitado. Entraron más chicos y se fue corriendo, siempre se va corriendo Barto, no entiendo porqué.

La bruja de gimnasia nos hizo correr como siempre y terminé muerta, por suerte habían duchas con agua casi hirviendo y me encantaba quedarme bajo la lluvia, ya habían salido todas pero a mi amiga Priscilla también le gustaba la ducha caliente. Siempre la había visto cuando nos bañábamos después de gimnasia pero ahora verla desnuda era diferente, me gustaba mirarla y que ella me viese desnuda también. Nos abrazamos debajo del agua y se sentía lindo cuando me pasaba la mano por todo el cuerpo mojado.

(continuará)

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