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EL DILEMA DE UN MILITAR. (la conciencia)

Relato enviado por : Anonymous el 18/07/2016. Lecturas: 4060

etiquetas relato EL DILEMA DE UN MILITAR. (la conciencia)   Gay .
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Resumen
Yo no sé cómo vive gente en este agite de ciudad, tuve que subir, a pie, los doce pisos del edificio porque el ascensor estaba dañado. Claro, ese esfuerzo es, para mí, irrelevante porque me mantengo en forma por el deporte y estoy acostumbrado al fuerte ejercicio diario en el cuartel donde presto el servicio militar. Subí saltando, de dos en dos, los escalones, cargando con mi pesado morral sobre la espalda. Cuando llegué, los músculos de mis piernas, duras y ágiles, apenas comenzaban a tonificarse, las sentí tensas.


Relato
ESTE ES MI PRIMER RELATO. Espero les guste y lo comenten estaré pendiente.
EL DILEMA DE UN MILITAR. (la conciencia)
Narrado por Alejandro, El militar de 21 años:
Yo no sé cómo vive gente en este agite de ciudad, tuve que subir, a pie, los doce pisos del edificio porque el ascensor estaba dañado. Claro, ese esfuerzo es, para mí, irrelevante porque me mantengo en forma por el deporte y estoy acostumbrado al fuerte ejercicio diario en el cuartel donde presto el servicio militar. Subí saltando, de dos en dos, los escalones, cargando con mi pesado morral sobre la espalda. Cuando llegué, los músculos de mis piernas, duras y ágiles, apenas comenzaban a tonificarse, las sentí tensas. En menos de dos minutos, y mi corazón apenas se aceleró. En todo caso realicé tres respiraciones profundas para normalizar las palpitaciones. Al llegar al descanso del piso doce me asomé a la terraza y contemplé, desde arriba, la agitada vida de esta ciudad. Había caído una lluviecita y las calles eran un caos, pero le había tomado afecto a esa ciudad que en algunos aspectos es apabullante, sobre todo para mí que provengo de un pueblito del interior. Miré hacia el este y, detrás del nudo de edificios de concreto, de calles y autopistas, vislumbré la mole alta y gris de la Torre Coltejer, imponiéndose sobre la ciudad. Recordé momentos de mi vida que fueron dichosos, que sucedieron, cuando viví, unos meses, en esos lugares donde me encontraba. Cuando yo tenía dieciséis años mi padre me envió a casa de su hermana, porque una noviecita que tuve en mi pueblo decía que estaba embarazada de mí. Yo sabía que el hijo no era mío y estaba muy tranquilo. En todo caso, aproveché para vivir unos meses en la capital.

La noche estaba húmeda y hacía algo de frío. Respiré profundamente y disfruté el aroma tan característico de la ciudad. Esperé hasta que los latidos de mi corazón de normalizaron. Toqué el timbre, mi primo Rafa abrió la puerta. Lo reconocí al instante, aunque había crecido muchísimo desde la última vez que lo vi cuando tenía como 3 o 4 años, hacía ya tiempo, cuando era casi un bebé. Ahora llevaba el cabello muy corto, de color cobrizo, con las raíces muy rubias. Me miraba con sus ágiles ojos negros. No parecía recordarme.

-¿No me reconoces? Soy yo, Alejandro –le dije.

Yo me alegraba mucho de verlo tan crecido y vivaz, y él, cuando al fin me reconoció, se emocionó visiblemente. Abrió los brazos, y yo también los míos, para abrazarnos. Salió enseguida corriendo a avisarle a su madre de mi llegada. Entré y cerré la puerta. Habían cambiado el color de las paredes del apartamento, ahora eran azul marino y ese color le daba un toque más moderno, algunos muebles más o un nuevo objeto en la decoración, pero era el mismo que yo recordaba. Me quité el pesado morral y lo puse sobre el sofá.
-Alejandro, ¿eres tú? –Exclamó mi tía, viniendo a saludarme –, bienvenido, pero, ¿qué haces aquí?, mi amor, estás irreconocible con ese uniforme. Pero qué alto y grande te pusiste y que buenmozo estás –. Me besó y me abrazó sinceramente contenta con mi llegada.

-Pasé por Medellín y quise venir a verlos –contesté tratando de resumir algunas de las preguntas de mi tía –, mañana salgo para mi casa, quiero ver a papá, a mamá y a todo el mundo por allá, tengo permiso en el cuartel solo por una semana. Vengo viajando, en autobús, desde la fronter, salí ayer en la tarde.

-Debes estar cansado del viaje. Aquí puedes quedarte el tiempo que tú quieras, esta es tu casa. Cuando tú viviste aquí te hiciste parte de esta pequeña familia que formamos Rafa y yo, y también tú, claro.

-Gracias, tía –respondí.

-Sí, quédate, quédate unos días –insistió Rafa.

-No puedo, allá en casa me están esperando y sólo tengo una semana libre. Ya compré mi pasaje para mañana en la mañana. Pero gracias por la invitación, otro día me quedo aquí más tiempo.

- ¿Tienes hambre? ¿Ya cenaste? –pregunto mi tía.

-Sí, tengo hambre, no he comido desde la mañana, no me gusta la comida que venden en la carretera. Pero antes quiero bañarme.

Hablé un buen rato con mi tía con quien había logrado estrechar lazos de amistad verdadera durante el tiempo que allí viví. No era frecuente que alguien accediera a su confianza ya que era una mujer sola a quien no le gustaba hablar de sus cosas. Algo pasó, no sé qué fue, que hizo que nunca quisiera regresar al pueblo. No sólo es que era tímida y reservada. Después que nació Rafa había tenido un sólo novio, pero este ni durmió en casa. Ella decía que jamás le pondría un papá a su hijo. Yo supe romper parte del pesado muro que ella había tendido hacia el exterior. Conmigo siempre fue diferente. Además de nuestra relación filial, pudimos establecer una relación de amistad. Aun así, yo mantenía muchas lagunas en cuanto a ella.


Mas esa noche no hablamos nada de eso, sino que yo conté sobre la vida en el cuartel y cosas de la finca donde vivíamos. Después de un rato mi tía se despidió, Rafa dijo que se iba a calentar algo, para mí, en la cocina, y me fui a bañar. Me desnudé y me miré al espejo. Los aromas del baño me produjeron una especie de nostalgia por la vida pasada. Reconocí un olor asociado a buenos momentos y sonreí a ese baño tan limpio y perfumado. Me coloqué frente al espejo. Todo me parecía familiar. Hice ejercicios isométricos hasta que mi pecho y mis brazos se ensancharon. Dejé de hacerlo porque mi pene agarró volumen, lo acaricié, un poco, antes de entrar en la ducha.


"Hazte la paja", pidió mi conciencia.

"No".

"Vamos, tienes varios días que no botas leche".

"No importa".


Me bañé con agua tibia y me enjaboné con uno de los perfumados jabones. Me lavé el cabello con delicado shampoo. Salí de la ducha y comencé a secarme con una suave y esponjosa toalla.


"¿No te la vas a hacer?"

"Ya te dije que no".

"¿Vas a salir a la calle?"

"No, voy a quedarme aquí en la casa, estoy cansado".


Me anudé la toalla a la cintura y me coloqué de nuevo frente al espejo para seguir con los ejercicios isométricos hasta que mi pecho terminó por expandirse bien, mis brazos se pusieron duros, y los músculos de mi abdomen se enervaron. Me vestí y abrí la puerta para salir.

Salí vestido con un short militar y una camiseta blanca, sin mangas, que me quedaba bastante holgada y dejaba asomar mis pectorales. Mis hombros redondos y macizos descollaban mostrando en uno de ellos un tatuaje negro. Mi tía estaba en su cuarto con la puerta cerrada, al parecer ya se había retirado a dormir. Rafa me esperaba en la cocina. Fui hacia allá. Yo tenía hambre y la comida olía muy bien. Por la forma como me miró, y me miró hasta que casi me intimidé. Yo sonreí y me senté de inmediato.

- ¿Tú también vas a cenar?

- Si, yo ya cené pero otra vez me dio hambre –respondió él.

Comimos en silencio, uno frente al otro, me miraba por momentos como queriendo preguntar algo.

-¿Quieres más? –me preguntó, sosteniendo en la mano la jarra con jugo de un atractivo color casi rojo.

-Si, gracias.

Él me sirvió jugo, recogió los platos y fue a lavarlos. Me dio la espalda. Observé que tenía el cuerpo parecido al de papá, y al mío y de mis hermanos. Lo reconocí familiar.


-¿Y tú tienes novia? –me preguntó..

-No, novia no –contesté, y quedé pensativo.


"¿Quién va a tener novia metido en un cuartel? ¿Ah? Lo que sí tengo es a la andinita culona, está bien loquita por mí. Y si no a la otra, la morena de la costa que siempre me llama en mis licencias.

-¿Qué pasó con aquella muchacha que salió embarazada de ti? –preguntó Rafa.

-No vale, ese hijo no era mío, ella, después, dijo la verdad. Más tarde se empató con otro que tampoco era el padre de ese hijo. De él también salió embarazada. Ahora anda descuidada y gorda, se puso fea, cuando yo la conocí era muy bonita, delgada, y era bien jovencita. Pero no era virgen, claro, además yo me la tiré con condón, yo nunca me he tirado a una mujer sin condón. Mi papá los compra, para mí y para mis hermanos mayores. Y nos enseñó a ponérnoslos.

-¿Cómo los enseñó? –preguntó, Rafa, con cierto matiz ingenuo.

-Lo hizo en su dedo –respondí, escuetamente.

Terminó de fregar los platos y volvió a sentarse frente a mí.

-Me hubiera gustado tener un papá –comentó.

-¿Nunca más has sabido de él? –pregunté.

-No sé de él desde hace varios años.

Lamenté esa situación, bien delicada, pero tan común. Para mi esa vaina era inconcebible, yo tenía papá, y no me imaginaba como hubiera sido mi vida sin él. Comencé a pensar en una verdadera solución. Aunque mi primito no lucia traumado, al contrario todo ese aspecto moderno que los pelaitos de mi pueblo imitan de los citadinos. Mas todo en él era natural lo hacía lucir seguro y bastante maduro, irradiaba un ángel muy especial, una picardía disuelta en sonrisas y en miradas francas a través de sus inteligentes ojos.

-Estoy haciendo karate, ¿sabes? –dijo.

-¿En serio?, Yo también estoy haciendo, en el cuartel.

-Si quieres te hago el "kata" que estoy practicando, ¿lo quieres ver? También sé los números en japonés.

-Sí, sí.

Retiró los dos sillones a un lado y se dispuso con mucha seriedad, en medio de la sala. Yo me senté a observarlo. Rafa siempre había sido despierto y tenía ciertas dotes artísticas, era muy mimado por su madre, pero esto no lo hacía malcriado o melindroso. Al contrario, la madre lo consentía, pero no era un niño tonto, lo había educado con mucho cariño. Lo metía en canto, en baile, en pintura y en todo lo que se le ocurriera al niño experimentar. No sé si hizo tan bien el kata, yo apenas había recibido algunas clasecitas de karate, pero a mí me dejó asombrado de su talento y la fuerza que manifestaba. Rugía como un felino y sonaban sus músculos del fervor que trasmitía a la actividad. Me emocionó verlo tan ágil y tan sagaz, con elegancia feroz y ojos aguerridos como los de un soldado.

Con su viveza franca y los ojos vivaces me miró, escrutando lo que me había parecido la ejecución del kata. Había sudado algo y el levísimo bozo que le asomaba, estaba húmedo

-Casi eres un experto en karate –le dije – ¿Y desde cuándo lo estás haciéndo?

-Desde hace como tres meses.

-Me dejas sorprendido, lo haces muy bien, ya pareces muy profesional.

-Mi sensei dice que voy avanzando rápido.

-¿Y no haces dibujos, como antes?

-Claro, y también pinto. ¿Quieres ver los cuadros que hice?

-Sí.

-Vamos al cuarto.

Tomé mi morral y nos fuimos al cuarto. Me mostró uno cuadros que estaban colgados en el cuarto que alguna vez fue mío, había un retrato de su mamá y unos paisajes. Sin duda que Rafa era un muchacho con talento. Después observé bien la habitación, recordaba todo con afecto, ella era testigo de algunas travesuras de principios de mi adolescencia, y la cama, era la misma, aquella que podía contar historias mías. Rafa sacó una colchoneta de closet y la extendió en el suelo, al lado de la cama. Yo saqué, de un bolsillo de mi uniforme, el MP3 y me acosté allí a descansar. Estaba exhausto del viaje, y como cené bastante, me sentía algo pesado.

-¿Qué música tienes en ese MP3?

-Variada, tiene vallenatos, bachata, reggaetón… ¿quieres oírlo? También tengo el equipo.

-Ponlo sí.

-De una parcerito.

-¿Cuánto te costó?

-Me lo regalaron.

-Tremendo regalo. ¿Quién te lo dio?

-…una amiga.

-¿Tu novia?

- Algo así Rafa, algo así.

-Ah.

Conecté el MP3 al equipo y comenzó a sonar el reggaetón.

-No lo pongas a volumen alto, para no molestar a mamá.

Fui al baño y me lavé los dientes, preparándome para dormir.

-No, duerme tú en la cama –dijo Rafa, cuando regresé y me eché en la colchoneta.

-Yo estoy bien aquí, duerme tú en la cama –respondí.

-No, no, tú duermes en la cama, ¿qué crees, que voy a dejar que duermas en el piso aquí de mi casa? No, la cama es para ti.

-No, esto es suficiente para mí. Yo soy un soldado, esta colchoneta es mucho mejor que algunos lugares donde he dormido.

-No, no voy aceptarlo, pásate a la cama –insistió.

Al fin me pasé a la cama. Alojé mi cabeza en una suave almohada. Mi primo se quitó la ropa y quedó sólo vestido con unos calzoncillos blancos. Lo hacía como si nada, como si fuera lo más normal andar en calzoncillos. Y en verdad, recordé, eso era lo común cuando él era pequeño. Me cubrí con la sábana, cerré mis ojos, quería dormir, traté de olvidarme de él y de su presencia.


"Como me gustaría, ahorita mismo, tener, en esta cama tan blandita, a la andinita, ¿ah? O aquella negra bembona de la costa."

"Sí, en verdad…

"Incluso con la viuda del Caprice rojo, ¿recuerdas? La que me pagó por estar con ella, un rato, en un hotel. Tú no querías que yo fuera."

"¿Y sí quería matarte? Tú ni la conocías", intervino mi conciencia.

-¿Qué matarme?… Tres veces la maté yo a ella, y después quedó contenta, le saqué el MP3 y me dio plata.

"Eso no se debe hacer, no es dinero limpio".

"Hasta me llevó a comer pizzas, y me dio su número de teléfono."

"Sí, yo siempre recordaré eso."

"Un día de estos la voy a llamar".

"Ah. Ya. Te vas a meter a puto. ¿Vas a volver a vender tu cuerpo?

"Ya deja el drama".

"Entiendo. Voy a morir joven. El resto de tu vida estarás sin mí.

"No es por dinero, vieja, A mi me gustó la cucha. Era cuarentona, pero me gustó mucho cogerla. Tiene un buen culo, y se entrega todita, sin lloriquear como lo hacen la mayoría con esta verga que me gasto.

"No le cobres entonces. Si te gusta tanto!!…"

"Está bien, no le cobraré. Pero si me quiere regalar algo, acepto".

"Es tu vida".

"¿Tú nunca olvidas, conciencia?"

"No, no puedo. Hago mi trabajo".

"Por una vez no importa".

"Sí importa".

"Conciencia, me quiero hacer la paja, para poder agarrar el sueño".

"Sí, háztela".

"No, Rafa se daría cuenta".

"Suavecito".

"No, se va a dar cuenta, va a creer que soy un pervertido. Además, no quiero llenarme todo de leche".

"¿En el baño entonces?"

"No".

"Así es la vida, hermano, por una sola noche no te vas a morir".


-¿Apago la luz? –preguntó Rafa.

-Si, por favor –respondí.

-¿Te importa si dejo la lámpara del escritorio encendida? Quiero estudiar un rato –comentó.

-¿Tienes exámenes?

Estoy de vacaciones pero me quedó una materia y voy a presentarla antes de entrar a clases.

-¿Hasta cuándo estás de vacaciones? –quise saber.

-Hasta mediados de septiembre.

-Te queda más de un mes de vacaciones –calculé.

-Si.

-Entonces estudia, a mi no me molesta la luz, a mi no me molesta nada. Hasta mañana, quiero dormir, estoy cansado.

Tranquilo quedé, pero no conciliaba el sueño tan deseado. Talvez me hacía falta el ruido del autobús para dormir, o es que estaba tenso por el viaje. Pasó un largo rato. Intenté poner la mente en blanco y respirar profundamente, lo hice por varios minutos.

-Alejandro –llamó, mi primito, con suavidad.

Iba yo a responder, pero me detuve para me que creyera dormido. Otra vez intenté conciliar el sueño y respirar, poner la mente en blanco. Pasó un buen rato y casi me dormí.

-Ale.

Fingí el sueño más profundo que jamás nadie tuvo. Por sus pasos y movimientos percibí que Rafa se acercaba. Yo, un soldado, sé estar alerta. Pronto sentí que me desarropaba.

Si en verdad hubiera estado dormido ya me hubiera despertado, y talvez Rafa tuviera una mano apretándole el cuello. Respiré profundamente, tratando de no reír, y simulando el sueño más pesado. Me levantó la camiseta hasta el ombligo. Trató, pero no le fue fácil, elevar la elástica del short y se conformó con palpar suavemente, sobre la tela, mi verga, que se puso durísima. Abrí los ojos, él volteó a mirarme y quedó como paralizado ante el terror de verse descubierto.

-Perdón, es que yo soy... un estúpido, eso es lo que soy –argumentó mi primito, como excusa, casi llorando.

- ¿No primo, no llores, yo sé que es por tu edad que te sientes curioso, qué edad tienes Rafa?

- 11 –respondió Rafa.

- Bueno, es normal que tengas todas esas dudas, pero está mal que toques a alguien de tu mismo sexo, y está aún peor que toques a un adulto–me cubrí de nuevo con las cobijas, y le revolqué el pelo en señal de broma y cariño.

Se fue a su colchoneta con sus libros, y después de sentarse habló:

-En la clase de educación sexual la Miss nos dijo que a los hombres nos salen pelos en el pene y las axilas, como a ti, sólo quería verte, perdóname primo y por favor no le cuentes a mi mamá.

-Claro que no Rafa!! Yo entiendo lo que me dices.

Me preguntaba cuanta falta le hacía un papá a ese niño, pobre chico. Traté de dormir nuevamente pero no lo lograba.

-Alejo, estás despierto?

-Si, estoy despierto, ¿qué pasó?

-A ti te salen pelos por todos lados?

-Si, pero en la cara me rasuro y abajo me los corto muy a ras cada 8 días. – me sentía en la responsabilidad de explicarle algunas de esas cosas, otras ya las descubriría cuando crezca- pero hace días que no me corto los pelos de abajo, en el cuartel uno no se fija mucho en esas cosas primo.

-Y por qué no te los cortas ahora? Yo quiero ver.

-No, claro que no, esas cosas que se te ocurren niño. - lo dije en tono de regaño para que dejara de hablar de eso… al instante me vuelve el sentimiento de culpa, quizá yo le estaba poniendo un tono de malicia a algo que realmente no lo tenía. - Rafa?... ¿Primo? - susurré.

-Ah? - respondió en un tono acongojado.

-Por qué quieres ver cómo me corto los pelos? - quería descartar alguna situación inadecuada con mi primito, lo último que quería era meterme en un lío.

-Porque nunca he visto una persona grande sin ropa, bueno sólo a mi mamá, pero no a un hombre, lo siento primo por pedirte eso, no pensé que estuviera mal.

-No primo no está mal. Discúlpame por mi reacción, solo qué me tomó por sorpresa. Dime, ¿quieres ver cómo me corto los pelos?

Saltó de una a la cama y casi gritando en su susurro dijo:

-Siii!!

Le pedí que fuera por unas tijeras, una escoba y un recogedor. Yo mientras tanto me senté en la silla cerca a la luz de la lámpara.

-Es mejor que, antes de comenzar, cierres la puerta con llave. Y, mejor aún, voy a poner musiquita para estar más relajado.

Marqué y comenzó a sonar la música por las cornetitas.

-Ya la puerta tiene llave –respondió, después que, con un dedo, me señalara la puerta.

¡Ah primito para precavido! Se sentó expectante en el piso, mientras yo un poco sonrojado me empecé a bajar mis shorts hasta las rodillas, dejando a la vista mi pene morcillón, tupido de un espeso pelambre y mis güevas colgadas por el calor. Empecé a cortar con cuidado ayudado por la luz de la lámpara, pasado un rato se acercó y quedó en cuclillas justo en medio de mis piernas.

-Puedo cortar el pelo que te falta? Por fa, por fa, primo. - con una cara suplicante.

-¡No parcerito, que tal me cortas y me dejas sin familia, jajajaja!!!- lo dije en tono de broma para que no pensara que me enojaba.

-No te voy a cortar, te lo prometo, yo se usar bien las tijeras, ya ves que se me dan las artes manuales.

Un poco titubeante accedí, pensando en que no había malicia en el acto, yo era como su hermano mayor y le estaba mostrando como recortarse los pelos cuando creciera. Y realmente de mi parte no había ninguna pretensión.

"Conciencia, es ya un hombrecito y debe aprender, pero aconséjame, esta vez te necesito más que nunca ".

Pero mi conciencia no apareció por allí, yo creo que se había ido.

Rafita empezó a cortar mis pelos y lo hacía bien. Mi pubis lo había dejado a ras, como a mí me gustaba verlo.

-Ahora siguen tus pelototas, jeje- y sin pena alguna fue agarrando mi verga para levantarla, abrió mis piernas, empezó a recortar los pelos agarrando mi escroto, lo cual hizo que inevitablemente pusiera erecta y palpitante mi verga. Me sentí incómodo así que traté de cubrirme, pero ya Rafa se había percatado de las nuevas dimensiones que había tomado mi paquete, eran 23 cms de polla, con ganas de escupir leche por todo lado.

-Jeje primo tu pipí se puso duro, te dio frío? ¿Por qué se puso tan grandota?

-Porque hace días que no tengo relaciones sexuales y ando cargado primo, pero tu ahora no entiendes de eso.

-Pues explícame, si no entiendo quiero que me expliques.

Me levanté, me sacudí los pelos que tenía encima, me subí los shorts y mientras recogía los pelos del piso le explicaba a Rafa:

-Cuando los hombres crecemos acumulamos leche en nuestros testículos que necesita ser escupida por el pene, para eso los hombres tienen relaciones sexuales con las señoras, sus novias o sus esposas. ¿Ya te quedó claro?

-Y hace cuánto no escupes tu leche?

-Como un mes primo, casi un mes.

-Y puedes sacarla por tu pipi ahora?, yo quiero ver cómo es la leche de tu pipi.

-Rafa, no estaría nada bien eso, ya estamos hablando de cosas de sexo, y es mejor que eso lo aprendas a su debido momento, yo me iré a acostar y tu harás lo mismo.

Fui hasta el baño para votar en el inodoro los pelos que había recogido, pasé a la cocina, me serví un vaso de jugo, me lo bebí despacio sentado en el comedor, pensando en todas las cosas que le haría a Rudy, la vecina que siempre me buscaba cuando iba a mi casa. Volví al cuarto, me dispuse a acostarme y veo a Rafa dormido sobre la cama, ni siquiera se había metido en las cobijas, así que suavemente lo moví por los hombros, esperando se despertara.

-Rafa!!!...Rafa!!

- Qué pasa?- estaba desubicado

- Levántate y métete en las cobijas.

- Cómo así, y tú donde vas a dormir?

- Pues en la colchoneta, no te preocupes

Inmediatamente se sentó y dijo,

-Primo mira mi colchoneta está llena de mis libros y mis lápices de colores, por eso no me quise acostar en ella, para no tener que organizar todo eso a esta hora. Acuéstate aquí en este lado y yo duermo al rincón.

Se acomodó, y al notar el desorden que había armado en esa colchoneta, decidí acostarme en la cama también, pasado un tiempo me quedé dormido, de repente una pesadilla, me estoy ahogando, no puedo respirar, una sensación desesperante, por fin me desperté sudando y agitado, que susto tan hijueputa, al abrir los ojos veo la razón de mi pesadilla: Rafa está dormido encima de mi, sobre mi pecho con sus piernas a lado y lado de mi torso, como cuando era un bebé. Lo desperté moviéndolo y hablándole.

-Ummmmmm… ummmmmm.. qué pasó?- respondió aún adormilado.

-¡Que te dormiste muy cómodo sobre mi pecho, y me estas asfixiando, levántate, vamos!!

Al levantarse quedó sentado justo sobre mi verga, que en cuestión de segundos se puso a mil, palpitaba fuerte entre mi abdomen y sus nalgas. Fue tan evidente que, al darse cuenta, Rafa se quitó de encima y dijo riendo:

-Jajaja Alejo se te paró el pipi otra vez, jaja quiere que le saques su leche. – diciéndolo como si fuera una broma de niños.

-jajajaja, ya no te rías, mejor acuéstate a dormir ya.

-Por qué no le sacas la leche a tu pipi? Yo quiero ver porfa primo mayor. Siii?

-No se puede Rafa, para sacar la leche toca tener sexo con una mujer, meter mi pene en su vagina y entonces así sale mi leche. - buscaba con esta respuesta cortar cualquier pretensión que tuviera este niño.

-Ash, y de dónde sacamos una novia para ti a esta hora? - Dijo resignado.

-Así es primo, así que a dormir y a olvidar el tema.

-¡Y si me dejas ver tu pipi nada más!!!, solo para ver como es, eso sí lo puedes hacer Alejo, di que si porfis, porfis, porfis.- lo decía mientras me movía por los hombros.

Sabía que seguiría insistiendo, así que pensando que quitármelo de encima y que se le pasara su intensidad accedí a que me viera mi entrepierna. Quizá la vería y ya se acostaría a dormir pero que equivocado estaba.

-Está bien pero ya no molestas más.

De un brinco fue corriendo al escritorio y encendió la lámpara del escritorio que daba una luz tenue al cuarto, volvió a la cama y bajó mis shorts, estaba nervioso, sus manos le temblaban, recostó su cabeza sobre mi abdomen y viendo hacía mi verga flácida empezó a acariciarla con sus dedos como si fuera un hámster, en pocos minutos sentía muy dura mi verga y él soltó una risita:

-Jeje tu pipi me llenó de babas la nariz, se creció mucho y se mueve jejeje.

-Pues aléjate para que ya no te tuque la cara Rafita y ya no la toques mas vale?

-Por qué no Alejo? Yo quiero seguir jugando otro ratito.

Siguió tocándola con sus dedos. Y preguntó:

-Qué es esa babita que sale de tu pipí?
-Es líquido preseminal, sirve como lubricante para poder tener relaciones con las señoras.

-Y a qué sabe esa baba?

-Sabe mal, es salada, sólo le gusta probarla a las mujeres.

-Yo quiero probarla- al decir esto pensé que pasaría los dedos sobre el liquido y lo llevaría a su lengua, pero lo qué hizo me dejó frío. Estaba chupando la punta de mi glande como si fuera un tetero. Yo levanté la cabeza y lo alejé con mis manos.

-Mentiroso, no sabe mal, y no sólo le gusta a las mujeres, a mi me gustó como sabe.

Yo estaba estupefacto, no sabía que decir. Él por su parte volvió a pasar su lengua por mi cabeza para limpiar el precum, mis piernas se tensaron y volteé hacía atrás los ojos, estaba extasiado con lo que hacía Rafa, me estaba succionando el precum y lo hacía como esperando en le saliera más y más, como si fuera un tetero que le daría su leche.

-Primo quiero saber a qué sabe la leche de tu pipí. Sácale la leche, yo se que tu puedes sacarla por fa.

Entré en razón y lo moví de encima de mí, subí mis shorts, y le dije en tono fuerte:

-Basta de estas cosas Rafita, ya esto se ha pasado al algo sexual y no está bien, yo soy un adulto y tú eres apenas un niño. Además, ya te dije que mi pene escupe leche solo con mujeres no con niños.

-Está bien primo, no te molestes, que tonto soy, tu no tienes por qué hacer nada de eso, es mi estúpida curiosidad y quería explorar para conocer el cuerpo de una persona grande.

-Bueno, pero ya a dormir.-dije mientras me cobijaba de nuevo.

-Primo pero puedo seguir preguntando?

-Está bien enano, ¿qué quieres saber?

-Tu pene es grandote, a mi me va a crecer así también?

-No se, tal vez si, por genética, pero ya en unos dos años vas a empezar a desarrollarte.

-Quisiera ser una señora para poder sacarte tu leche y saber como es, jajajaja, juguemos que yo era una señora y así tu me muestras qué es lo que hacen.

Lo decía en tono de chiste, pero al parecer no era ni siquiera consiente de las barbaridades que hablaba este niño. Empezó a abrazarme su mano sobre mi pecho y me dijo al oído, en un susurro que me estremeció,

-Primote la babita que me comí hace rato, sabía rico, yo quiero probar a qué sabe esa leche de pipí también por favor, y ya nunca te vuelvo a pedir nada.

-Y cómo quieres que la saque?, No se puede.

-¿Tengo una idea, juguemos que yo era una señora y que te saco tu leche, va?

En ese momento sentí curiosidad por saber qué tanto sabía mi primito de este juego del que hablaba, volteé la cara para verlo y le dije:

-Y cómo quieres jugar si tu no eres una señora?

-Pues tu me dices qué hacer, y así ya voy sabiendo como es que sale la leche de los pipis.

Pensé en seguir, un poco temeroso, sabía que entraría en un juego sin retorno, que podría ser muy peligroso para mi. Pero pensando que en algún momento mi primo se asustaría y echaría para atrás decidí seguir, buscando darle una lección a su curiosidad, pero de nuevo me estaba equivocando, quien recibiría una sorpresa sería yo. Empecé entonces a jugar con mi primito Rafa:

Puse una mano sobre su cabeza y acaricié la textura suave de su corto cabello. Bajé a la nuca y palpé la seda dorada de los vellitos que recién nacían. Le puse la mano en el hombro y la dejé resbalar por su delicada piel de su brazo. Aprecié el suave abultamiento sus bíceps. Lo tomé por la mano y lo atraje para que se acostara a mi lado.

-No tienes miedo, ¿verdad? –pregunté, porque lo vi temblando.

-No mucho.

-No tengas miedo. Solo vas a tocarme, ¿no es lo que querías?

-Si.

-Hazlo, pues.


Otra vez dirigió su mano a tocar mi pene a través del short.

-¿Quieres que me baje el short nuevamente? –propuse.

-Sí –su voz sonó entre ahogada y ansiosa.

Me bajé el short y me saqué la camiseta. Mi miembro es hermoso, yo lo he comparado y así es. Además, muchas me lo han dicho. No sólo lo grande y lo grueso, sino lo recto, la suave piel, la bien formada cabeza rosada buscando elevarse levemente de la línea longitudinal, coronado por una pelambre que mi primo había podado esa noche. Me bajé los calzoncillos, dejé que Rafa me lo viera, y tragó grueso.

-¿Te gusta? –le pregunté estirando todo el prepucio hacia atrás.

Mi pene parecía un poste por lo vertical, erecto a más no poder, el prepucio quedaba replegado. Rafa no le quitaba la mirada. Su pene también se notaba erecto, él lo acariciaba a través de su blanco calzoncillo.

-¿Ah? –respondió, casi asustado.

-Tócalo, pues. - Pensé que en ese momento se arrepentiría, por lo nervioso que se veía, sin embargo, se animó y me empezó a acariciar.

Más que caricias fue una exploración completa de toda la parte frontal de mi cuerpo. Yo me acosté y quedé en reposo para que él conociera en mí todas esas cosas que le fascinaban en un hombre. A veces volteaba su mirada hacia mi cara y continuaba. Quise dar dinamismo a la situación y me senté en la cama descansando mi espalda sobre la pared. Él siguió acariciándome, buscando entre los vellos de las axilas, las piernas, el abdomen, recorriéndome todo, hasta los pies. Su caricia era suave, apenas un leve roce de sus dedos, o de la palma de su mano. Cuando me tocara el turno, mi caricia sería más impetuosa, le marcaría. Quería meterle mano y dedos por todas sus rendijas secretas. Averiguar acerca de su virguito culo.

Deslicé mis manos por sus piernas hasta las nalgas. Encajé mis dedos en la elástica del calzoncillo, subió las caderas y se lo bajé hasta sacarlos por los pies. Luego volví sobre las piernas, lo contuve entre mis manos por las nalguitas, lo levanté y lo atraje hacia mí, colocándolo sobre uno de mis muslos. Su pene estaba bien paradito, se masturbaba suavemente. Su cara era muy risueña. Moví la pierna para que cabalgara. Mi pene se encabritó de la excitación que producía sentir sus nalguitas desnudas saltando en mis muslos, a caballito. Moví la pierna a los lados para colarme al calorcito que se alojaba entre ellas. Le tomé por las nalgas y se las abrí para hacer rozar mi pierna directo en su culito. Y él mismo comenzó a frotarse contra mí. Sus ojos brillantes, y la expresión de su cara, denotaban la lujuria. Se notaba tan ardiente que su expresión perdió la grácil actitud infantil. Después de disfrutar un rato de esa situación lo elevé en el aire, con mucha sutileza y deposité el centro de su lampiño culito, justo sobre el tronco de mi verga erecta.

-Restriégate aquí.

La situación era excitante, sentir los labios de su culo besando mi pene de arriba abajo. La mirada de Rafa me trasmitía que estaba gozando de verdad y eso lo hacía más delicioso. De allí surgió un abrazo muy fuerte. Él se apretó a mí muy fuertemente, abrazándome, y seguía trabajando su culito, moviéndose enardecido contra mi tronco de verga. Y yo lo meneaba rítmicamente invitándolo a que siguiera cabalgándome. Imaginé estarlo penetrando profundamente. Y le fui besando tiernamente la delicada tez de su cara sus mejillas y su frente, para caer por la nariz a sus labios. Cerré lo ojos y recordé su boquita, la lengua rojita, por la chupeta que a menudo llevaba en la boca. Comencé a lamerle los labios y él pronto los entreabrió. Le fui metiendo lengua y todavía encontré restos del dulce sabor.


-Como te pusiste de fuerte –afirmó Rafa midiendo, con sus manos, mis hombros y mis bíceps y asombrado por la facilidad con que lo elevaba en el aire.

-Yo siempre he sido fuerte –contesté.

-Pero no tanto como ahora. ¿Quién te hizo ese tatuaje?

-Un indio en el Amazonas. Se hizo mi amigo, por unos días, y me lo tatuó. El dice que es étnico, no se hace con aguja sino quemando la piel con un cuchillo al rojo vivo, sólo se lo hacen a los indios, y como mamá es india pura… Lo negro es ceniza de la corteza de un árbol, con otras cosas. Es la marca del jaguar.

-Debió dolerte ¿no?

-No podía ni gemir, pero fumé antes una droga para poder soportarlo.

-A mi no me gustan las drogas.

-A mi tampoco pero eso fue algo especial, como una fiesta, una ceremonia que se debía cumplir para poder ser su hermano.

-Es raro, nunca vi un tatuaje así –dijo, palpándolo con sus dedos –. ¿No te duele?

-Ya no, puedes darle duro, es parte de mi piel.

-Es arrechísimo.

-Tengo otro tatuaje aquí –dije, señalando hacia mi pene.

-¿Dónde?

-Aquí abajo, tienes que buscarlo porque es muy pequeño, tal vez no se vea con esta luz.

Con esa treta bajó a buscar, pero cuando iba a preguntar dónde, le puse la punta de mi verga en los labios. Él rió, tomó en su mano el tronco y estiró hacia atrás el prepucio para dejar la cabeza de mi pinga bien destapada. Saco su lengua y lo rozó. Abrió sus labios y le metí el pene en la boca. Sentí como lo recibía, con deleite y alguna destreza, lamiendo cada centímetro de la base a la punta. Lo mantuvo en su boca mas no logró tragarlo más de la mitad. Yo no esperaba que hiciera mayor cosa y tampoco insistí. Tomándolo por las axilas lo elevé. Acaricié su torso, sus axilas, pellizqué suavemente sus tetillas planas para que tomaran turgencia en la puntita, quería mordérselas. Besé su cara, primero suavemente, sintiendo, con mis labios, toda su tersura. Humedecí sus labios y él los abrió. El beso fue largo y suave. Entre boca y lengua bajé a los hombros y pasé a atraer su cuerpo contra el mío. A partir de la espalda una mano recorrió y apreté sus turgentes nalgas. Sumergí el dedo entre las nalgas, se lo acomodé en la rajita del culo y apreté.

-Yo quiero que me hagas todo lo que haces a una señora –me avisó al oído.
-No sabes lo que estás diciendo primito. Estás seguro?

Rafa respondió besándome el cuello y uniéndose mucho a mí. Empecé dándole indicaciones, si quería jugar a ser una señora, lo le mostraría hasta donde él quisiera.

-Dobla los brazos y apóyate en los codos... Trata de hundirte más y descansa la cabeza y el pecho en la almohada –yo iba detrás indicándole, acariciando su espalda y palmeando suavemente sus nalgas –, ahora para el culito hacia mí –lo halé por las caderas –, hunde un poco la espalda y busca esto – lubriqué mi dedo en saliva y se lo puse en el culito, hundiendo e indicando la dirección en la que debía buscar –. Para más el culito.

Todo hasta que me puso el culito bien en pompa. Le eché un poquito más de saliva. Crucé mis piernas entre las de él y las abrí para llegar a la altura y poder embocar el culito desde abajo, y así le puse la cabeza de mi pene en toda la rendijita. Lo dejé allí un buen rato, sólo para que lo sintiera. Mientras, le acariciaba la suave piel de la espalda y captaba entre mis manos el volumen pequeño de sus glúteos. ¡Que bueno estaba ese culito! Le separé las nalgas y empujé un poquito. Mi pene botaba babita por la punta.
Tomé el tubo de lubricante de mi morral y volví frente a ese culito,

-Listo, ahora déjame ver a que sabe –dije.

Cuando pude tocar ese culito tierno, lo separé un poco con los pulgares y le clavé la lengua. "¿Qué es esto?" Me pregunté. Estiré con mis pulgares para cerciorarme ¿Dónde está el culo? Si esto es tan cerradito que no cabría ni una moneda pequeña. Toqué con el dedo para cerciorarme. "Este culito es demasiado",

-Vas a tener que relajarte bastante –advertí.

-¿Va a dolerme? –preguntó, algo inquieto.

-¿La primera vez dolerá un poco?

Bajé mi lengua y comencé a ocuparme en distender la estricta estrechez de ese pequeño ano. A fuerza de lengua se lo saqué. Se lo lamí como me dio la gana. Le di frotamientos con el pulgar para ablandarlo. Y aproveché para meter mi lengua en esa cuevita que me gustaba tanto. No aguantaba y mientras mi lengua descansaba le besaba las nalguitas con textura de seda. Y se las mordía suavecito, sobretodo por debajo, donde tenían más carnita. Pero el huequito del culo me seguía llamando, y acudí de nuevo, le separé las nalgas con mis manos, estiré con los pulgares y volví a meterle lengua a ese culito con sabor e chupete de fresa.

(En este punto ya no era yo quien actuaba, me sentía una bestia, como poseído por algo que nunca antes había experimentado. Así que seguí enceguecido por esa arrechera que me enardecía por dentro y de la que sólo Rafa era culpable.)

Me costó meterle el dedo medio por lo tenso que estaba, pero al fin entró y comencé a masajearlo suavemente por dentro para que se fuera acostumbrando. Embarré mi dedo índice después con bastante lubricante, comencé a hundirlo también entre la saliva que se depositaba en el culito. Lo hundí lentamente hasta tocar el volumen de su próstata y ahí lo dejé, ya tenía dos dedos completamente adentro y apenas lo soportaba, así que acariciaba solo esa bolsita sin movimientos fuertes. Él gruñó de placer, o de dolor, cuando se sintió penetrado por mis dedos. Intentó elevar su espalda para masturbarse, pero yo lo detuve y lo hice acostar completamente sobre la cama respingando sus nalguitas y seguí con mi labor, volví a meter los dedos, sin embargo, siguieron sintiéndose apretados en su recto; comencé a moverlos circularmente y a abrirlos con suavidad hacia arriba y hacia abajo. Saqué los dedos. El culito de mi primo estaba rosado y evidentemente dilatado, tanto que los movimientos de contracción que hacía me ponían peor de lo que ya estaba. Unté más lubricante en mis dedos y volví a hundirlos, persistía algo de tensión pero sin duda resbalaron suave, decididos, hasta la próstata.

-Ya va, ya va, que siento que me voy a mear.

-Seguramente ya vas a acabar.

-No, no, aun no, después.

-¿Cuándo? –pregunté.

Respondió reculando, buscando por sí mismo. Siendo así, yo me dispuse, le saqué los dedos y sostuve mi pene sobre su húmeda entradita suspendido ayudado con mis brazos, sin moverme, esperando que, si así lo quería, él mismo se lo encajara. Sin duda que lo intentó. Él iba subiendo sus caderas y con sus manos iba conduciendo mi verga babeante, yo firme suspendido pero sin imponerme.

-Abre bien tus nalgas con las manos –le recomendé.

-No puedo –dijo Rafa recostado sobre la cama y elevando sus nalguitas, mientras su cara volteaba hacia mí, con una cierta súplica –. Hazlo tú, anda, métemelo tú –pidió.

Yo miré la preciosura de cuerpo que se me ofrecía, Sus blancas nalguitas elevadas y entreabiertas, resguardando un culo tan apretadito y delicioso, de textura tan suave. No pude negarme, mi conciencia ya me había abandonado. Me recosté entonces a su lado y lo abracé en cucharita, puse mi brazo bajo su cuello y con mi mano izquierda dirijo mí ya lubricado pollón justo en el pocito, en su entradita. Amoldé mi abdomen a su espalda. Empujé un poco mi tronco hacia delante, y le besé los pelitos incipientes que bordeaban su nuca. Sonreí porque Rafa como que en serio no sabía lo que estaba pidiendo. Lo apreté entre mis brazos y se lo empujé un poquito, nada más para que tuviera completa su lección. Gimió como una carajita pero yo no lo solté. Apoyé mi mentón en su hombro y volví a empujar contra él con algo más de fuerza.

-Ay, ay. No, no, mejor no –gritó ya.

Yo terminé por reír pero no retrocedí. Incliné mi boca sobre su oído, y dejé quieto mi cuerpo, mi cabeza había entrado pero estaba muy apretado.

-¿Ah?- dije en burla

-Me dolió mucho sácala por faaavor, - lo dijo en un grito ahogado y una lágrima a medio salir

-Es que hacer eso no es fácil. Yo podría metértelo más pero te rompería. Y si te doy como debe ser tendríamos que correr al hospital con un culo manando sangre –susurré a su oído – Si quieres te dejo hasta ahí...- Le dije retrocediendo un poco.

-No, no te quites, quédate quieto sin moverte, me gusta que me tengas apretado, me siento seguro.

Llevé mi mano a tocar sus mejillas, mi dedo pulgar se movió a acariciar el borde de su labio inferior.


"Conciencia, tú eres testigo".

Empecé después de unos minutos a empujar hacia delante y hacia atrás en un vaivén cada vez más rápido, Rafita como por instinto empieza a respingar su culito hacia mi verga para recibirlo con más placer, voltea su cara y sin dudarlo le planto un beso con lengua apasionado, como no se los he dado a ninguna mujer. Me animo y empujo un poco más, mi sorpresa, ya la mitad de esos 23 cms están adentro, Rafa quiere zafarse, yo se que es para gritar, así que agarro su cabeza para que no pueda dejar de besarme y ahogar su grito de dolor en un beso lleno de lujuria que no debería estar sintiendo. Me quedo quieto por unos minutos mientras lo beso, hasta que lo suelto.

-Alejo creo que me rompiste me dolió mucho.

-Pero sigue doliéndote?

-No ya me duele un poquito menos.

-Ven te hago olvidar un poco el dolor- Lo acerco con ímpetu y lo beso como sabía que le gustaba, halándole los labios suavemente, era una completa mujercita ese Rafa. Pasados el rato el empieza de nuevo el mete y saca de mi verga en su culo.

-Primo me sigue doliendo mucho, pero quiero complacerte.

Esas palabras calaron tanto en mi, realmente se estaba esforzando, ya había visto a más de una vieja lloriquear con esta verga también. Asi que sin más se la saco de una vez, sabiendo que estaba muy cerca ya, con ese par de caderasos que me había dado mi primito. Me recosté al espaldar de la cama y le dije:

-Ven, pues, toma tu lechita, anda, no que la querías probar? dije.

Se arrodilló entre mis piernas abiertas. Le coloque una mano sobre la nuca y lo atraje. Entre sus suaves lenguazos, sus húmedas chupadas a mi glande y ayudado por mi propia masturbación, obtuve un largo orgasmo que sacudió hasta la última hebra de mi cabello. Derramé, copiosa la leche, tanto que me sorprendió, fueron varias buenas oleadas de líquido, cada una de ellas acompañadas de infinito placer. Las primeras gotas las boté en su boca, el resto se disparó sobre su nariz y sus mejillas, las últimas salpicaron su pecho. Finalicé y él me miró azorado, se puso de pié, en su cara resbalaba su sudor y el semen blancuzco y espeso. Sabía qué hacer con el que mantenía en su boca, lo tragó y me mostró una sonrisa pícara, lo hizo y luego tosió. Sentí como si lo hubiera bautizado,

-Sabe muy raro, pica –comunicó entre la tos.

Tomé una toalla y le limpié la cara y los labios.

Nos Acostamos y él extendió su cuerpo de espaldas, se pegó a mí, lo abracé, y así me dormí.


Desperté cuando escuché el sonido de la puerta al abrirse, era mi tía, ya vestida y arreglada para salir a trabajar, estaba muy perfumada. Ya el sol entraba por la ventana. Me aterroricé porque creía que, a mi lado, bajo la misma manta, dormía, desnudito, Rafa. Pero no, él ocupaba la colchoneta, desarropado boca abajo y en calzoncillos.

-Sólo entré para despedirme de ti porque me voy a trabajar y cuando regrese puede que no estés aquí ya –comunicó mi tía.

-Así es tía, mi autobús sale a las 10 de la mañana –contesté, todavía asustado.

-Entonces le das mis saludos a todos por allá. Me gustó mucho que hayas venido.

-A mi también me gustó venir, tía.

-Vuelve pronto, ¿sí?

-Esta bien, tía.

-Chao, te quiero –dijo, y cerró la puerta.

Mientras esperaba que mi tía saliera para subir a Rafa, otra vez, a la cama, lo miré, estaba profundamente dormido sobre la colchoneta en el suelo. Quería bajarle esos calzoncillos y revisarlo a ver si de veras lo había lastimado así que bajé sus calzoncillos, abrí sus nalgas, vi su ano y estaba rojo e inflamado, como era de esperarse, se curaría con un par de medicamentos y ungüento, pero para eso quizá del dolor le tenga que contar a mi tía, me asusté mucho, además quería seguir jugando con este niño, me había enamorado de este mocoso. Así que, de pronto una gran idea surgió en mi mente, cruzó como una luz que ciega. Le di un manotazo a mi conciencia que me impedía levantarme de la colchoneta, y salí lanzado a abrir la puerta de la habitación. Me anudé, antes de salir, la sábana a la cintura porque estaba desnudo.


-Tía –llamé en voz alta –, espera, quiero hablar algo contigo.

-¿Qué, mi amor? –respondió ella.

-Quería pedirte que le dieras permiso a Rafa para que se vaya, conmigo, a Monagas, sólo durante estos días en que yo voy a estar allá. Después yo mismo lo traigo.

-No. Alejandro tú sabes que no voy a dejar que Rafa ande solo por ahí –respondió ella.

-Ya él está creciendo tía, debes darle mayor libertad ahora que está de vacaciones. Además, no va a estar solo, va a estar conmigo y con mi familia, que es suya también.

-No, no, Rafa no ha debido pedirte que intervinieras. Él sabe que no le voy a dar permiso.

-Rafa no sabe nada, tía, yo no le he dicho.

-No me pidas eso, Alejandro.

-Tía, a mi me parece que él necesita la guía de una figura masculina porque él no tiene padre. Allá en casa está mi papá que seguro lo recibe como a un hijo, y están mis hermanos que ya son hombres, y estoy yo, en nuestra casa él podrá llenar ese vacío que tiene –argumenté, en voz muy baja.

-Tú también te fijaste que él como que... –comenzó a decir mi tía.

-¿Cómo que qué? –pregunté, en vista que ella no terminaba.

-Que él como que es...

-¿Gay? –pregunté yo, diciendo lo que mi tía se resistía a pronunciar.

-...sí.

-No, quizá lo que tu percibes en él, es porque le falta esa figura fuerte de un hombre que le pueda mostrar las cosas de la vida como son, y quien más que nosotros: la familia para estar con él.

-Yo he tratado de ser también su papá, pero sé que es mentira.-dijo mi tía agachando la cabeza queriendo ocultar sus lágrimas

Mi tía y yo habíamos hecho buena amistad durante el tiempo en que yo había durado viviendo en su casa. Yo sabía algo de ella y utilizaría cualquier arma para lograr que Rafa se viniera conmigo. Estaba asustado por lo mal que se veía el culito de Rafa, además estaba enloquecido por mi primito quería mostrarle cosas al carajito, no precisamente cosas malas, pero sí la vida, la vida de verdad, tal como él quería que se la mostraran. A través de los ojos de un tipo adulto que lo respetara, y que no le produjera ningún trauma, ahora o en el futuro. En fin, llenar vacíos que una mujer no puede, por más que quiera, ocupar.

-Lo que digo es que tú no puedes arrastrarlo a él en esa adversidad que le tienes al pueblo, tía. Él tiene derecho a conocer a su familia.

-No, no, pero es que no…, no.

-Tía, yo sé que has sido buena madre, pero él tiene vacíos que tú nunca podrás llenar.

-Sí, sí, yo sé, pero todavía no, cuando sea más grandecito.

-Tía, dale algo de libertad, él ya es un hombrecito, no sé si te habrás dado cuenta. Hay cosas para que las que ya le llegó la edad, tú debes entender. Y yo soy su pana, además de ser su primo, y lo quiero como si fuera mi hermano. Lo puedo ayudar en ese aspecto ¿O prefieres que otra persona lo ponga pila?

-¿Tú dices que Rafa no sabe nada del viaje?

-No, no sabe, a mí se me ocurrió fue ahorita.

-Tal vez él no quiera ir, lo tengo en karate y pronto habrá competencias, él está entrenando mucho, está bien interesado. No creo que pueda ir.

-Si quieres le preguntamos.

Sin pensarlo caminé hacia el cuarto y ella me siguió.

-Además, él aplazó una materia y debe presentarla, ahora en septiembre.

Abrí la puerta de la habitación y vi que Rafa seguía en la misma posición. No le costó terminar de despertar. Yo lo miraba con mis ojos risueños intentando que entráramos en una misma onda. La madre, al parecer, intentaba hacer lo mismo. Su mirada buscaba respuestas en ambos, sus ojos se movían inteligentes y astutos, entrecerrados para captar todo mejor.

-¿Qué pasa? –peguntó, al fin.

-Es que Alejandro inventó un viaje sin contar con nadie.

-Que si quieres irte, conmigo, esta semana, para Monagas, para la finca de papá.

Rafa se levantó de la colchoneta como si un resorte lo hubiera propulsado. Andaba en calzoncillos e hizo lo mismo que yo, se anudó la sábana a la cintura.

-Claro que quiero, mamá, me tienes que dejar. No busques excusa.

-Un momento, eso no es así. No he decidido nada.

-Mami, anda. Yo nunca salgo de aquí sino es contigo y con tus amigas. Déjame ir, no me va a pasar nada.

-Rafael David –dijo mi tía, con sobriedad –, usted raspó una materia, ¿o no lo recuerda?

-Mamá, pero yo la voy a pasar, ya he estudiado, y puedo estudiar más.

-Ay, no sé.

-Tía –intervine –, déjalo ir. Le va a hacer bien.

-Está bien. Está bien –dijo al fin –. Yo me voy a quedar con el corazón en la boca, pero lo voy a dejar ir. ¿Cuándo lo traerás?

-La semana que viene.

-Ay, Alejandro, ¿tú lo vas a cuidar bien? –preguntó, ansiosa, mi tía.

-Tía, tú sabes que sí.

-Sería la primera vez que me separo de él, desde que nació.

-Le va a hacer bien un poco de libertad.

-Bueno, disculpa, pero ahora tengo que irme, ya estoy retrasada, y tengo que bajar a pie porque los ascensores están dañados. Y tú, Rafael, prepárate tú mismo el equipaje que es quien quiere viajar, ya casi se tienen que ir.

Rafa salió corriendo para el baño.

-Les dejé el desayuno en la nevera.

Acompañé a mi tía a la puerta y cuando regresé, el cuarto estaba vacío, Rafa seguía en el baño. Yo me reía solo. Toda una semana de vacaciones con este niño tan travieso, que además era mi primo, que era tan vivo y que me gustaba tanto. En eso noto que mi conciencia está sentada en la cama con cara de vaca amarrada.


"¿Volviste?", pregunté, satíricamente.

"No tengo más remedio, mientras viva, que estar contigo", respondió mi conciencia, muy enojada.

"Lo voy a tratar bien, verás", le comuniqué.

"Sí, se nota. Él tiene vacíos que no puedes llenar…", dijo en tono de burla. "Sí, yo sé que vacíos son esos",

"¿Y también sabes con qué se los quiero llenar?"

"Pervertido".

"Mojigata".

"Preso puedes ir. Allí sí me vas a decir mojigata, cuando estemos viviendo en la cárcel."

Yo me puse los calzoncillos, me senté a su lado, en la cama, y me dispuse cortarme las uñas de los pies.

"Es que me gusta demasiado el pendejito, conciencia. Es algo que no voy a poder controlar, yo lo sé. Y yo también le gusto a él."

"Es peligroso."

"Sí."

"En casa se debe ser muy cuidadoso. Si papá se entera de algo así…

"Me mata a coñazos".

"¿Y con los hermanos? Hay que tener mucho cuidado."

"Sí."

"Y mamá le va a caer a preguntas. Y ella es vivísima, le puede sacar algo."

"Rafa no es estúpido, él sabe cómo es todo. De todas formas, yo lo pongo pilas en el camino".

"¿Por qué no te haces su amigo, sinceramente? Él de verdad, necesita una figura masculina a quien seguir, sin que intervenga el sexo"

"No, conciencia, es que él también quiere".

"Sí, eso es lo peor".

"Eso es como un potro desbocado en plena sabana, conciencia. Eso nadie lo va a poder parar."


Calculé que mi tía debía ir bajando los doce pisos y me asomé a la ventana para verla salir del edificio. La mañana también había amanecido húmeda y aun así el ajetreo ya se hacía dueño de las calles. Hice ejercicios de tensión dinámica para mis brazos y pecho, luego para el abdomen. Abajo, mí tía salió a calle. Al darse cuenta de que caía una lloviznita abrió el paraguas y caminó hacia la estación del Metro. Oí que Rafa abrió la llave de la ducha y me imaginé el agua fresca cayendo sobre su cuerpo dorado. Me quité los calzoncillos y los lancé hacia el cuarto. Me acerqué a la puerta del baño, la encontré sin llave y la abrí.


CONTINUARÁ…?

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