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EL NUEVO VECINO

Relato enviado por : gustavo8000 el 10/12/2011. Lecturas: 2497

etiquetas relato EL NUEVO VECINO   Fantasías .
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Resumen
Les contaré cómo mi amiga Isabel acabó follando como una loca con su nuevo vecino, un chico que estaba buenísimo y que tenía un pollón descomunal, para que lo disfrutemos todos.


Relato
Hola, me llamo María, y les voy a relatar lo que le ocurrió a mi mejor amiga. Ella no se atreve a contarlo, pero yo creo que esta historia debería conocerla más gente y así disfrutemos todos, aunque sea una parte, de lo que le ocurrió a ella.

Isabel es mi mejor amiga desde la infancia. Tiene 31 años, morena, 1,65 de estatura, ojos verdes, delgada aunque muy bien proporcionada: un culete agradable y usa una 95 de sujetador. Vive sola en un piso en un barrio céntrico desde que se independizó de sus padres, hace cinco años. Trabaja y es una buena chica, pero no ha tenido suerte con los chicos… ¡hasta ahora!. Su último novio lo tuvo hará ya como dos o tres años y, desde entonces, nada de nada, sequía total. Así que, imagínense cómo estaba cuando le ocurrió lo que les contaré a continuación. Para mayor fidelidad en la historia, les transcribiré los datos importantes de nuestras conversaciones telefónicas o personales omitiendo los detalles que no son referentes a la historia en sí. Espero que disfruten, porque a medida que me lo ha ido contando yo misma me he calentado varias veces. Ya me dirán ustedes si les ha pasado lo mismo.
***
-(I) Hola María, ¿qué tal?
- (M) Bien, Isabel, ¿qué tal el día?
- (I) Pues qué quieres que te diga, chica. Estoy un poco triste: ha fallecido mi vecino.
- (M) ¡Oh! Ese señor viejito que vivía en frente tuyo…
- (I) ¡Sí, tía! Era tan majo… lo voy a echar de menos. Ahora ya no sé a quién le voy a pedir las cosas. Ya sabes que con lo despiste que soy, siempre se me olvida algo. Y era muy agradable charlar con él en el ascensor… pero bueno, así es la vida.
- (M) Sí, chica, ¡ya te digo! Oye, y ¿qué tal la otra noche, en la sala de fiestas? Aquel moreno que se te acercó, ¿eh? – le insinué con voz un poco picante.
- (I) ¡Buah! Nada de nada, se acercó el amigo a Julia, y él se quedó conmigo. Aquellos dos conversando y riendo sin parar, y éste no decía ni palabra. ¡Pero nada de nada!, ni siquiera, vamos al baño a follar o alguna barbaridad así….
- (M) ¡Ja ja ja ja! –reí – mira que eres bestia de vez en cuando.
- (I) Ay, chica, ¿qué quieres que te diga?, que estoy muy necesitada…, je je je
***
- (I) Hola María, ¿qué tal?
- (M) Hola Isabel, pues aquí liada con los chiquillos, que tengo a la pequeña mala y al mayor dando guerra.
- (I) Ah, pues no te digo mucha cosa. ¡Jooo, tía! Hoy he subido en el ascensor con el hijo de mi vecino, el que falleció, ¿te acuerdas?
- (M) Sí, es verdad, que falleció hace un mes. ¿Y qué tal, estaba bueno? Quizá sea tu próximo vecino…
- (I) Pues… ¡mal!, el hombre es mayor, feo y huele fatal. ¡Qué desagradable ha sido subir con él hasta el séptimo! Nada interesante, chica. Además, en el ascensor me ha mirado sin ningún recato el escote, mira que eso me da una rabia… de verdad. Pero claro, por cortesía a su padre, he entablado conversación con él, que el séptimo ya sabes que cunde lo suyo.
- (M) Sí claro.
- (I) Pues le he dado el pésame, y me ha contado que va a poner a la venta el piso. Tía, ¿tú no estabas pensando mudarte? Ay, ¡tía! ¿Te imaginas que fuéramos vecinas?
- (M) Ay, Isabel, sería genial, pero ahora no estamos para muchas historias. Carlos está en la cuerda floja en el trabajo y yo con la baja maternal por Clara, pues no podemos aventurarnos a cambiar de piso. Además, hay que reformar el piso entero, ¿no?
- (I) ¡Es verdad! Oooh, ¡mierda!. Cuando lo vendan, voy a tener reformas todo el día, con un jaleo tremendo, ya verás. Y yo que estoy mucho en casa… ¡vaya fastidio!
- (M) Pues sí,
- (I) ¿Y dices que Clara está enferma? ¿Qué es lo que ha cogido esta vez?...
***
- (I) Hola María, ¿qué tal?
- (M) Hola Isabel, pues bien, aquí me tienes, a ver si consigo aclararme con los deberes de Manuel. Ya ha empezado con unas cosas que no me entero. Estoy repasando con él, porque mañana tiene examen, pero es que ya sabes que las matemáticas no son lo mío, y Carlos no vendrá hasta las tantas…
- (I) ¡Puff! ¿Quieres que te eche una mano? Ya sabes que las matemáticas se me dan bien, si quieres me acerco a tu casa y le echo un vistazo…
- (M) No, no te preocupes, tengo que poder con las mates de un niño de 9 años, ¿no? ¡No creo que sea tan cazurra!
- (I) No, claro que no, mujer, je je je.
- (M) Y tú, ¿qué tal? ¿Cómo vas?
- (I) Bien, aquí aburrida en casa. ¿Sabes?, resulta que han vendido el piso de enfrente. Me lo ha dicho hoy la vecina del cuarto.
- (M) ¡Ah! ¿Y sabes a quién se lo han vendido?
- (I) Pues no, la verdad. Esta vecina no sabía nada. Pero bueno, a ver si me cruzo con la vecina del tercero, que ésa se entera de todo. ¡Sabe más que el Hola! Je je je
- (M) ¡Seguro! En todas las fincas hay alguna que lo sabe todo. Está la escalera, el ascensor, y la vecina cotilla, ja ja ja .
- (I) ¡Sí! Ja ja jaj a
- (M) Uhmmm, ¿te imaginas? , ¿te imaginas si lo ha comprado una estrella de cine o un famoso?
- (I) ¡Hala! ¿Pero quién va a querer venirse a vivir aquí? Anda anda…
- (M) Bueno, no sé, famoso no sé, pero imagínate que está bueno.
- (I) Je je, eso estaría bien. Pero vamos, con mi suerte con los hombres, ya verás como viene un tío mayor y feo, viejo verde, que me mirará las tetas en el ascensor, como todos.
- (M) Bueno, en cualquier caso, no sería tan malo. ¡Piensa si te toca una familia con tres hijos, todo el barullo que tendrías!
- (I) ¡Uy, sí! No lo había pensado desde ese punto de vista. Casi me voy a alegrar de que no te mudes enfrente, María, jej eje. Vale, desde ese punto de vista, prefiero el viejo verde, ja jaja
- (M) J aja j aja. Oye, y hablando de viejos verdes, el chico ese que te está rondando, ¿ha vuelto a dar señales de vida?
- (I) ¡Qué va, tía! He dejado de contestarle a los mensajes, por pesado. Es que era muy baboso…
- (M) Yaa, pero no estaba muy mal, y se veía buena persona. Al menos podías haberte acostado con él… y darte una alegría al cuerpo, je je je. Y luego, lo mandas al garete.
- (I) Sí, tía, pero no sé. Me tendría que pillar muy cachonda, o muy borracha, para que pasara una cosa así.
- (M) Bueno, tú verás. Al final, es tu cuerpo, pero yo en tu situación, estaría subiéndome por las paredes. Ya hace tres años que cortaste con Marcos… - le recordé.
- (I) No me hables de él, por favor. No quiero ni oírlo mentar. Ah, pero… es que no te he contado…
-(M) Uy, ¡cuenta, perra!
- (I) Ay, no me digas eso… bueno, te cuento, hace un par de meses, me compré un … juguetito.
- (M) ¿Cómoooo?, ¡No me lo puedo creer! ¿Y no me lo has contado? ¡Te mato!. Isa, eres mi única fuente de historias morbosas y libidinosas. Mi matrimonio no iría tan bien si no fantaseara pensando lo que te podrías follar y yo no, ¿y me guardas esos secretitos? Mala amiga, ya te vale.
- (I) Vale, vale, tía, ¡no me machaques más! Je je je, pues me compré un vibrador. Jijiijij
- (M) Claro tía. Y qué tal, ¿mola? – le pregunté curiosa. Esos temas me excitaban.
- (I) Buenoooo, no es lo mismo, evidentemente, pero me lo paso bien. Hay que reconocer, que de vez en cuando, cuando llego muy caliente o cachonda a casa, pues lo cojo y me relajo un poco.
- (M) Ah,
- (I) Sí, ya le voy pillando un poco más el truco a su uso, y estoy mejorando, y bueno, ya he tenido un par de orgasmos que, ¡vaya!, Marcos no me hizo tan feliz nunca.
- (M) Y, ¿te lo has comprado muy grande, so perra? – reconozco tener un problema con los tamaños. Hablar de tamaños me sobreexcita una barbaridad.
- (I) ¡No!, es pequeñito. ¡Madre mía, no pasé poca vergüenza para comprarlo! El vendedor me miró con cara de, maja, ¿cómo te compras esto? Yo te la meto cuando quieras, je je je pero no era mi tipo, parecía un vicioso, je jej e
- (M) Ja ja ja, de verdad, me encantas. Mi vida sería tremendamente aburrida sin ti. A ver qué día me paso, y me dejas verlo, tía. ¡Ay!, qué morbo me dan esas cosas.
- (I) Pues cómprate uno, no son caros.
- (M) Claro. Y que me lo pille Carlos…
- (I) ¡Ja! A lo mejor, le mola la idea, y lo emplea contigo, uuuu.
- (M) ¡Uy! No, qué vergüenza. ¿Y si lo ven los niños? No, no, no. Además, ya sabes que con Carlos estoy contenta.
- (I) Perra. No me repatees que todas las noches te dan tu medicina…
- (M) Bueno, eso de todos los días… tú no sabes lo que es tener tres nanos en la casa, no tienes tiempo para ti. El sexo ya no tiene la frecuencia de antaño, pero seguimos con una buena relación, la verdad que no me quejo.
- (I) Me alegro mucho por ti, María. ¡No te quejes! Ya me gustaría tener uno así a mí.
- (M) Pues este no, mona, que es mío. Tú lo que tienes que hacer, hasta que te aparezca tu príncipe azul, es follarte todo lo que se mueva, y darle gusto a ese cuerpo serrano, je jej e –le piqué.
- (I) Claro, claro, como tengo cola…
***
- (I) Hola María, ¿qué tal?
- (M) Hola Isabel, pues aquí me pillas, estoy haciendo con Carlota un pastel de chocolate. Carlos se ha llevado a Manuel al parque, y la pequeña está durmiendo, así que estamos de cocineras.
- (I) ¡Ay! ¡Qué monas! Dale un besito de mi parte a Carlota, que hace ya días que no la veo, y que no me da un besito, je jej e
- (M) De tu parte.
- (I) Tía… estoy triste.
- (M) ¿Qué pasa?
- (I) Van a hacer reformas en el piso de enfrente. Estoy depre. Voy a tener jaleo durante al menos, cuatro meses, según me ha dicho un obrero que subía conmigo hoy.
- (M) Buenooooo, es lo que tiene. Pues nada, a ver si hay algún obrero choto que le pueda hacer un “apaño” a tus tuberías, ja ja ja!
- (I) Je je, muy graciosa. Ahora, cuatro meses de follón.
- (M) Venga, no te desanimes. En serio, ¿algún obrero cañón?
- (I) Qué va, son todos viejos, van sucios y mal olientes, y se les nota el aliento a carajillo. Vamos, ¡tipical spanish! Benito y compañía, je jej e
- (M) Bueno, pues nada, a seguir buscando. ¿Qué tal anoche?
- (I) Buff, para olvidar. Solo se me acercó un tío en toda la noche, y solo me dijo sandeces, sin dejar de mirarme las tetas. Y encima, Jessica, la de presupuestos, ligó. Con lo fea que es, se ligó a un tío que estaba bastante bien, para más inri.
- (M) Seguro que le prometió allí mismo sexo salvaje.
- (I) Seguro.
- (M) Haz tú lo mismo –le inquirí.
- (I) J aja. Sí, pero bueno, lo haré si el tipo que se me acerca está tan bueno como aquel, y tiene una conversación al menos de neandertal o superior, je je je, porque vamos…
- (M) Pues sí, también tiene razón… ay, chica, qué ganas tengo de que eches un polvo…- suspiré.
- (I) ¡Ja! Pues yo, ¡más!, evidentemente, ¿pero por qué dices eso?
- (M) Je je je, por que cuando lo hagas quiero todos los detalles.
- (I)Ah, pilla, por el interés te quiero Andrés…
***
- (M) ¡Tía!
- (M) Hola Isabel, ¿qué pasa?
- (I) Tía, ¡no te lo vas a creer! ¡Me ha tocado la lotería!
- (M) ¿Que te ha tocado la lotería? ¿Cuánto?
- (I) No, la lotería no, es un decir. Pero es que… ¡he conocido a mi futuro vecino!
- (M) Uhhm, por tu tono de voz, debe estar muy bueno…
- (I) Je je je. Te cuento. Llego hoy al patio, y cuando entro, me veo allí a un chico alto, bien plantado, guapetón.
- (M) ¿Cómo iba vestido? –pregunté. ¡Quería todos los detalles!
- (I) Pues muy bien, la verdad. Zapatos y pantalón sport, pero arreglado, y camisa ajustada. El tío debe estar de gimnasio, pero no ciclado. Debe tener entre 25 y 30, lleva barbita y ¡está como un queso!
- (M) ¿Bien vestido? Ah, lo siento chica. Ya lo sabes, entonces o está casado o es gay.
-(I) Jo tía, cómo me chafas el plan. Pues te cuento, me meto en el ascensor, y me dice, ¿a qué piso vas?, al séptimo, y me dice, igual que yo. Me quedé un poco extrañada, pero cuando salimos del ascensor, me dice, ¿vives aquí? Sí, ¿por?, y me dice, porque soy tu nuevo vecino.
Tía, me saludó con un apretón de manos, una sonrisa deliciosa. Se disculpó por los ruidos de la mudanza y me dijo que si necesitaba cualquier cosa, que ahí estaba.
- (M) ¿Y tú qué le dijiste? ¡Échame un polvo! Ja j aja.
- (I) Sí, ¡claro! No, qué va, le dije que lo mismo, que cualquier cosa que quiera, que me lo diga, y me metí en casa. Jo, tía, está buenísimo. Te prometo que me puse super húmeda pensando en que me meta un polvo increíble.
- (M) Uhhhm, ya veo, tu “amiguito” que vibra ha tenido faena, ¿no? –le pregunté, con sorna.
- (I) Ups, pues sí, ja ja j aja. El día que te lo cruces, me darás la razón. Wow, pedazo choto que tengo de vecino…
- (M) Pues nada chica, te veo espiando por la ventana… -añadí, divertida.
- (I) Buff, no estoy tan desesperada…
-(M) No, qué va…
- (I) Perra…
- (M) ¡Te quiero! Bueno, te dejo, que tengo aquí a Carlota que quiere meter el pastel al horno. Un beso, chao.
- (I) Chao.
***
- (M) Hola Isa, ¿qué tal?
- (I) Hola María, aquí me tienes, cocinando unos spaguettis rápidos, a ver si me vuelvo a poner a trabajar, que voy con retraso con el proyecto.
- (M) Ah, muy bien, ¿y qué les vas a poner?,
- (I) Uff, pues algo de queso y poco más… no tengo mucho tiempo.
- (M) Hija, qué sosa eres de vez en cuando. Ponle tomate, o atún, o cebolla pochada, un poquito de nata, un poco de orégano, ¡dale un poco de alegría a tu vida!
- (I) Uff, no sé, ya sabes que no soy nada cocinitas. Por cierto… hablando de cocinitas, mi vecino, el bombón, debe ser un cocinitas. El otro día salía un olorcito más bueno de su casa…
- (M) Ah, ¿sí? Pues dile que te invite a comer. Luego le dices que tú eres el postre, je je.
- (I) Ya, claro, así de fácil. María, parece el hombre perfecto. Está que cruje, pero sin pasarse de musculatura, viste bien, tiene un buen empleo y usa un perfume más embriagador… cuando subo con él en el ascensor, me dan unas ganas de tirarme a sus brazos…
- (M) Pues, hazlo. ¿Te has enterado de si tiene novia?
- (I) Pues creo que no, porque no he notado presencia de mujeres en su casa.
- (M) Pues entonces, o está soltero o es gay.
- (I) Tía, no creo. Ahora, si es gay, ¡menudo desperdicio! Bueno, ¿y tú qué te cuentas…?
***
- (I) ¡Tía, tía, tía!
- (M) Hola Isa, ¿qué te pasa?
- (I) ¡Tengo un cotilleo interesante!
- (M) Cuenta, cuenta, que estoy ávida de novedades en mi vida. Si quieres te aburro con las historietas de Carlota…
- (I) Je jeje, no te preocupes. Ya te cuento yo. Tía, la vecina del tercero, la cotilla del barrio, me ha dicho que mi vecino… ¡está soltero!
- (M) Uhhmmm, ¡qué bueno!. Pues nada, guerra sin cuartel. A por él.
- (I) Ya te digo.
- (M) Mañana, en el ascensor, un botón menos en la blusa, je jeje.
- (I) ¡Buen truco!
- (M) Y a ponerse el perfume caro. Jolín, gástate un poco , a ver si te lo calzas.
- (I) Pues también es verdad.
- (M) Joder tía, gástate algo de dinero en ti, que lo tienes. Y lo que no tienes es a un tío que te eche los polvos que necesitas. Así que, ¡a por él, Isa!
-(I) Je je je, síi….
***
- (I) Hola María,
- (M) Hola Isa, ¿qué tal?
- (I) Bueno…
- (M) Uy, qué tonito, ¿qué pasa?
- (I) Nada, que estoy depre. ¿Te acuerdas de mi vecino?
- (M) ¿El bombón?
- (I) Sí. Ayer subió conmigo en el ascensor… acompañado,
- (M) ¡Ah! ¿De una mujer?
- (I) Síii. ¡Qué planchazo!.
- (M) Pero cuenta mujer, ¿cómo era la acompañante?
- (I) Pues, no era su madre precisamente. ¡Qué desastre!
- (M) Mmh, ya, ¿era guapa?, ¿no?
- (I) ¿Guapa? Estaba buenísima. Vamos, por una chica así me hacía yo lesbiana. Pelo oscuro y liso, perfectamente arreglado, era muy guapa, alta y vestida con un traje ajustado, de noche, que le hacía un cuerpo muy esbelto. Guapísima, lo que yo te diga. Además, me miró con una cara de desdén, la muy puta…
- (M) Ja ja ja, alguien está celosa…
- (I) Sí, ríete, perra. Pero es verdad, él estuvo tan amable como siempre, pero ella me miraba como una gata en celo,
- (M) Claro, eres la vecina, y estás tremenda, como para que no te mire mal…
- (I) Sí, pero eso no es todo. Acabo de descubrir que mi dormitorio está pared con pared con el suyo.
- (M) ¿Y eso?
-(I) Pues porque deberías haber visto cómo temblaba la pared anoche. Jo tía, ¡cómo debe follar ese hombre!. Estuvieron media noche con la pared retumbando, y la muy perra esa jadeaba y gritaba como si la estuviesen matando. Te prometo que tuve un orgasmo solo de oír e imaginar lo que estaban haciendo.
- (M) ¡Caray con el bombón!
- (I) Pues sí. Desde entonces… pues que le he tenido que cambiar ya varias veces las pilas a mi vibrador, tía. Estoy como perra en celo, no paro de tener fantasías con mi vecino.
- (M) Es lo que hay. Vamos, sal esta noche con las del trabajo y fóllate al primero que se te cruce, je jeje.
- (I) Lo intentaré. Gracias por los ánimos…
***
- (M) Hola Isa, hace varias semanas que no sé nada de ti ¿qué tal vas?
- (I) Mal. Madre mía, ayer mi vecino volvió a dar otro recital. En cuatro meses ha subido media docena de mujeres diferentes. Eso sí, todas han gemido como verracas en la cama, durante toda la noche. ¿Qué les dará? Te prometo que gritan frenéticas del placer que les está dando. Ay, ¡qué envidia! Voy a tener que comprarme otro vibrador nuevo, porque este no tiene suficiente potencia. Tía, yo quiero sentir eso…
- (M) Y yo que me invites a una sesión de esas tan espirituales. Menudo semental, ¿no?
- (I) Ay, sí, tía. Puff, no hago más que suspirar pensando en lo que pasa al otro lado de la pared.
- (M) Jolín con el vecinito. Y tus planes de ayer por la noche, ¿no salieron?
- (I) Pues no, el tipo con el que hablé la noche pasada era simpático y mono y tal, pero no se dignó ni a acompañarme más allá de la discoteca. Ay, querida, es lo que hay. No hay hombres galanes, solteros y que quieran dejar de serlo a partir de los quince. Hiciste bien en agarrar bien al tuyo desde chica.
- (M) Que te quiten lo bailao, maja. Que yo probé esta polla y ya no cataré ninguna más. Mientras que tú, si te espabilaras un poco llevarías más catadas que vinos un sommelier, que estás de muy buen ver, lo que pasa es que no te lanzas.
- (I) Pues también tienes razón, chica. En fin, ya llegará. Bueno, te dejo, voy a ver si me voy a la China y me quito de la cabeza al semental de mi vecino.
***
- (I) Hola María, ¿qué tal?
- (M) Hola Isabel, muy bien. Aquí peleándome con Carlota para que se coma toda la comida, que ahora dice que las lentejas no le gustan, cuando siempre se las ha comido… y tú, ¿qué tal?
- (I) Bien. Aquí en casa, soñando un poco.
- (M) Uy uy uy. ¿Y eso?
- (I) Ayer me quedé sin sal… ¡y se la pedí al vecino!
-(M) ¡¡¡ Uuuuuy!!! ¿Sí? ¿Y? ¿Qué pasó? Vamos, quiero todos los detalles…
- (I) Bueno, pues me puse toda mona y con un buen escote…
- (M) Ay, Ay, pisando fuerte. Que les den a todas las pelandruscas que se ha trajinado antes, que esa es mi chica.
- (I) Sí, eso. Pues me fui y llamé. Y… ¡oh! Ese hombre no tiene desperdicio: me aparece con su barba bien recortada, con unos ojos que funden el titanio, una sonrisa profidén, vestido con un delantal negro de diseño, todo arreglado él de sport por debajo, y me dice, ah, hola vecina, qué guapa vienes. Yo casi me quedo sin habla y con la boca abierta, pero conseguí reaccionar. Ah, hola, vecino, bonito delantal, ¿estás cocinando? Huele muy bien.
- (M) ¡No me digas! ¿Te invitó a comer?
- (I) No, me temo que no. Me dijo que estaba haciendo pasta, con una receta italiana que le dieron cuando había estado en Roma. Ha estado en roma, tía.
- (M) Un poco pedante para una conversación de patio, ¿no?
- (I) Quizá. El caso es que le dije que muy bien, que si me podía prestar un poco de sal. Claro, me dijo, pasa, estás en su casa. Tía, tiene una casa preciosa, parece de diseño. Debe ganar bastante pasta. La cocina la tiene al lado de la puerta, como yo, por lo que no pude cotillear mucho.
- (M) Oh, lástima.
- (I) Pero, María, es que está muy bueno. Y también cocina… porque mira que olía bien… ¿Tiene algún defecto ese hombre?
- (M) ¿Que no está contigo?
- (I) Vete a la m… bueno, vete bien lejos. ¡Menuda puñalada trapera!
- (M) J aja ja. Bueno, por lo menos, sabe que existes, ¿no? Te miró el escote...
- (I) Sí, pero no de manera babosa. Me recorrió de arriba abajo, sin ocultarse, de manera muy limpia. Me gustó, me encendió, no me dio asco.
- (M) Vamos, que va sobrado.
- (I) Síi, tía, ¡vaya mierda! Control de la situación, cero absoluto.
- (M) ja ja ja. Pues nada, consuélate con el chaval ese que te está rondando, a ritmo de tortuga. Hazle una encerrona y fóllatelo rápido o vas a acabar haciendo alguna locura.
- (I) Sí, tía, creo que sí.
***
- (M) ¿Isa? ¿Estás bien?
- (I) Sí, ¿por?
- (M) Porque he estado llamando así como cincuenta veces a tu fijo y otras tantas a tu móvil, y no me lo coges.
- (I) Ah, perdona. Mi móvil se quedó sin batería y acabo de llegar a casa.
- (M) Me dejaste muy asustada con tu mensaje de ayer por la noche. Lo he visto esta mañana: llámame mañana cuando estés sola, tengo algo que contarte. Y luego, no te localizo. Me has dado un susto de muerte. ¿Estás bien? ¿Estás enferma o algo?
- (I) No, estoy bien. Bueno, estoy la mar de bien. Enciérrate en el baño porque te vas a correr del gusto cuando te cuente lo que me ha pasado esta noche.
- (M) ¡Uy! ¡Eso suena a polvo! Me traslado al baño. Quiero todos los detalles, la historia romántica y la tórrida desde el principio, ¿eh?
- (I) Allá va: Ayer salí con las amigas del trabajo, ¿vale?
- (M) Sí. Eso me lo comentaste. ¿Conociste a algún chico?
- (I) Mmmh, sí. Estuve media noche charlando con un chico, bastante mono, un pelín joven, pero mono. Me invitó a una copa y tal, y estuvimos hablando. Las chicas viendo el panorama, como ya están entrenadas, y yo no le hice ascos al chaval, pues me fueron dejando más a solas con él.
- (M) ¡Bien por las chicas!.
- (I) Sí. Y al final, me empecé a poner caliente, porque el chico era guapete, y la copa me estaba haciendo un poco de efecto. Me arrimé lo más que pude con la excusa de la discoteca, ya sabes,
- (M) Sí,
- (I) Y por fin, ¡el chico se lanzó a besarme!
-(M) Bien, has ligado en la discoteca. ¿Y por eso me das semejante susto? Mala amiga…
- (I) ¡No! Espera. Nos enrollamos, me metió la lengua hasta la campanilla, como quien dice, me sobó el culo. Tía, estaba todo duro, ¡empalmadísimo!. Uhhmm, qué recuerdos, me puse súper húmeda.
- (M) Ay, sí, qué recuerdos de la disco… Bueno, y os fuisteis de allí echando pestes, ¿no?
- (I) Pues no, tía. Resulta que llevaba en el coche a todos los amigos, y me dejó plantada por hacer el reparto correspondiente.
- (M) ¿Será capullo? ¿No se daba cuenta de que eras follable?
- (I) Oyee…
- (M) Perdón, pero es la realidad. Tenía que haber pasado de los amigos y haberse ido contigo a follar.
- (I) Ya… pero no lo hizo.
- (M) Oh, cuánto lo siento.
- (I) Pues yo no. Te sigo contando. Total, que se fue y me dejó más caliente que las brasas. Cabreada, me fui a mi casa. Y al llegar…
- (M) ¿Qué? Por Dios, no me hagas pausas teatrales, que estoy en ascuas…
- (I) Al llegar, me encuentro en el portal a mi vecino, que volvía de fiesta también.
- (M) ¿El bombón semental? ¡Qué bueno!, pero espera, ¿acompañado?
- (I) Mmmh, ¡no!. Me dice, uy qué pronto has llegado esta noche, así lanzándome una broma. Sí, le digo, es que hoy no ligué, le contesto entre risas. Yo tampoco, me dijo él. ¡Tía, qué flojera me entró en las piernas! Total, que tiro a buscar las llaves de mi casa, y no las encuentro. Él, amablemente, buscó sus llaves y abrió la puerta, dejándome pasar. Venía súper guapo, tía, y a mí, que iba con un poco de alcohol en la sangre, me dieron ganas de tirarme en sus brazos y comérmelo a besos. Entramos los dos y yo seguí buscando las llaves, ya mosqueada. Seguí buscando durante el trayecto del ascensor, sin poder prestar mucha atención a su presencia. Al final, llegamos al rellano y se despidió de mí, mientras rebuscaba en todos los recovecos de mi bolso las puñeteras llaves… ¡las benditas llaves!
- (M) ¿Y qué pasó? Jolín, tía, no sé qué será, pero ya me estoy poniendo caliente solo de la expectación.
- (I) Pues nada, el chico se metió en su casa. Yo me quedé buscando las llaves y maldiciendo mi mala memoria, porque me las había dejado dentro de casa: Me iba a tocar despertar a mis padres e ir a buscar las llaves de repuesto.
- (M) Buenooo…, pero si tus padres viven a dos minutos…
- (I) Sí, pero los tenía que despertar, y seguro que mi padre me regañaba por descuidada. Total, que en esos derroteros estaba, cuando oigo la puerta del vecino hacer un ruido y abrirse de nuevo. Y me dice: esto… estaba pensando… ¿esta mujer habrá podido entrar?, y he salido a asegurarme que estabas bien.
- (M) Ay,¡ qué mono!.
-(I) Sí, la verdad es que sí. Le digo, con cara inocente, sexy a la vez, que me debía haber dejado las llaves dentro. Pensaba irme a buscar a mis padres cuando él me dijo, bueno, si quieres, puedes llamar desde casa… o si quieres puedes dormir aquí, a mí no me importa, estoy solo y tengo una habitación libre.
- (M) ¡No!
- (I) Sí, tía, tal y como te lo cuento. Me puse roja como un tomate. Mis padres están a un suspiro, pero tía, ¡me callé! Y le acepté la propuesta.
- (M) ¡Ay! Madre mía cómo me estoy poniendo de caliente mientras me cuentas esto. ¡Qué tía!. Sigue sigue, no pares.
- (I) Sí tía, tranquila, que vas a acabar con media mano dentro de tu coño, ja j aja. Le acepté la proposición porque mi vecino bien sabes que me pone súper caliente, y que no sé cuántos orgasmos he tenido pensando en él al jugar con mi vibrador. Me hice la pensativa un rato, claro, pero finalmente, acepté como a la desesperada, je jej
- (M) A veces me sorprendo de ti, je je je. ¡Menuda profesional!
- (I) ¿Profesional? Ja ja. Bueno, sigo. Entré en la casa, y me la enseñó toda: la distribución es semejante a la mía, pero con un gusto exquisito. Parece que se lo haya decorado una decoradora profesional: no muy recargado, bastante diseño, aunque acogedor. El chico me indicó cuál era mi habitación. Al cabo de un momento volvió con un pijama, y me dijo, es mío, te vendrá un poco grande, pero creo que te servirá para esta noche. Gracias, le dije yo, atontada.
- (M) J aja ja, se lo habrás mojado bien, ¡seguro!
- (I) Mala amiga, déjame continuar. Pues nada, el chico ya se despidió de mí, y se fue a su cuarto, un poco más adelante. Como en mi casa, un pasillo largo, primero la habitación de invitados, o sea, la mía, luego el comedor, y el despacho, uno a cada lado, y al final, su habitación y un cuarto de baño.
- (M), Sí, como el tuyo, me hago una composición.
- (I) Bueno, el chico me dejó, se despidió y se fue a dormir, indicándome que estaba como en mi casa. Así que nada, me puse el pijama, pero me venía enorme y se me caía por todos lados.
- (M), je je je.
- (I) Pues nada tía, que pasé del pijama y me quedé en ropa interior. Antes de meterme en la cama, decidí ir al cuarto de baño, así que allá que me fui. Y tía, cuando llego y paso por su habitación…
- (M) Síi, cuéntame, que me tienes cardíaca ya…
- (I) Cuando paso por su habitación, tía, ¡tenía la puerta entreabierta!, y no pude evitar echar un vistazo…
- (M) Sí. ¿Y qué viste? – (por este entonces, yo ya estaba frenética. Tirada en el suelo de mi baño, con las piernas bien abiertas y tocándome con ganas. Con el teléfono enganchado en la oreja, ya estaba muy húmeda).
- (I) Ufff, tía. Lo recuerdo ahora y me estoy poniendo caliente otra vez. Él estaba de espaldas, y se quitó la camiseta, dejando ver una espalda bien definida y musculosa, ya te dije que estaba de gimnasio, pero sin estar ciclado. Al ir a dejar la camiseta, se giró y le pude ver por delante, con unos abdominales y unos pectorales perfectamente definidos.
- (M) ¡Caray!
- (I) Sí tía, está tremendo.
- (M) ¿Y no entraste a saco en la habitación y le dijiste poséeme, o algo por el estilo?
- (I) ¿Pero me dejas contarte, o no?
- (M) Sí, tía, perdona, es que estoy ya con ganas de más acción. Me tienes ya con dos dedos dentro de mí, cabrona.
- (I) ¿Con dos dedos ya? Ufff, pues vas a acabar con la mano entera, j aja ja. Bueno, pues bien, aquello era más de lo que podía soportar, tía, sin empezar a calentarme y fantasear, solo que esta vez lo estaba viendo en vivo y en directo. Entonces, el chico se quitó los pantalones, de espaldas a mí y se puso un pijama. Tía, tenía un culito blanquito, pero bien prieto, unas piernas delgadas y musculosas, ¡un dios!, lo que yo te diga.
- (M) Ufff,
- (I) Sí, tía, eso pensaba yo. Estaba a mil, pero no quería que me pillara allí observándole, así que me metí al baño. Qué bueno que estaba tía, de verdad. Del calentón que llevaba, decidí darme una ducha. Tía, ¡qué loca estoy! Igual que él me había puesto a mil, decidí hacer lo mismo: dejé la puerta entreabierta mientras me duchaba, para ver si lo provocaba un poco. Y me metí y me di una deliciosa ducha caliente, pensando en que era observada por mi potente vecino…
- (M) Ah, cabrona, ahora cada vez que me meta en la ducha, voy a tener un sueño húmedo…
- (I) Yo me quedé totalmente relajada con la ducha, aunque evidentemente, seguía excitada.
- (M) ¿No acabaste en la ducha?
- (I) No tía, quería acabar tranquilamente entre sus sábanas.
- (M) Qué guarra eres, perra.
- (I) Sí, je je je. Pero sigo contándote. Al salir de la ducha, miré otra vez por la puerta entreabierta, pero no lo vi y esta vez no me paré más que lo necesario para echar una ojeada, no fuera a ser que me pillase curioseando. Así que regresé a mi habitación y me preparé para dormir con mi ropa interior (llevaba lencería esa noche), en vez de con su pijama, que me venía enorme.
- (M) Sí claro, así tendrías más libertad para jugar, perra.
- (I) Sí, pero entonces me acordé que no había hablado con él sobre la hora a la que se levantaría mañana. Así que, me acerqué de nuevo a su habitación. Parece ser que el chico no escuchó que me acercaba, acostumbrado a estar solo en el piso. Y tía…
- (M)¿¿¿ Qué??? Ufff, cabrona, sigue, me tienes a mil…
-(I) Al asomarme a su habitación…
- (M) ¿Siii?
- (I) ¡Sorpresa!
- (M) ¿Quéee?
- (I) Tía, no te vas a creer lo que vi: el tío estaba semirrecostado en la cama, con los ojos cerrados, y ¡con la polla entres sus manos!, meneándosela despacito, gozando de hacerse una buena paja.
- (M) ¡Ufff! ¡No! ¿De verdad? Tía, me vas a hacer reventar…
- (I) Pues no te queda por disfrutar, monina. Y ahí estaba yo, tremendamente caliente viendo como se meneaba la polla, cuando, crriick, va y la puerta rechina.
-(M) ¡Ja j aja ja! ¿No me digas que te pilló?
- (I) Va y el tío abre los ojos y me ve, asombrado, en la puerta.
- (M) J aja jaja ja. ¡Qué bueno!
- (I) Sí, ríete perra, me gustaría verte en la situación. Me puse como un tomate. Él se tapó rápidamente, balbuciendo, esto yo… lo siento… no te oí. Mi cara amenazaba con ponerse en ebullición, lo siento, debí llamar primero, es lo único que pude decir. No le quitaba la vista al enorme bulto que se escondía bajo la sábana. Esto… solo quería saber a qué horas te levantas mañana, para no molestar…
- (M) Aaah, mmmh,
- (I) Me dice, pues no sé, ¿sobre las once va bien? Duerme todo lo que quieras. El tío estaba súper rojo, azorado, por la pillada que le había dado. Le digo de acuerdo, gracias.
- (M) ¿Y? ¿Qué pasó? Cuenta, mmmh, estoy a esto de correrme.
- (I) Pues nada, me volví a mi habitación.
- (M) No me jodas.
- (I) Sí, tía, ¡me volví a mi habitación! Tía, pero es que la imagen de aquel pollón no me la podía quitar de la cabeza.
- (M) ¿era muy grande?
- (I) A la primera impresión, sí. No había tenido mucho tiempo de vérsela, pero entre sus manos así lo parecía.
- (M) Aahh, cabrona. Me corrí.
- (I) J aja jaja. ¿Ya? Uhhhmmm, creo que vas a tener doble premio hoy, je je je.
- (M) ¿Pero hay más?
- (I) Si todavía no ha empezado la acción…
- (M) Joder…
- (I) Pues como te decía, me volví a la habitación, me metí en la cama, y empecé a tocarme para bajar aquel calentón que llevaba…
- (M) Lógico,
- (I) Sí tía, pero ayer… se me cambió el chip.
- (M) ¿Qué?
- (I) Pues que se me cruzaron los cables. No lo quería en mi imaginación, sino que lo quería en carne y hueso. Esta vez estaba en su casa, tía, no al otro lado de la pared, y quería ser la protagonista de la sesión de gemidos nocturna. Así que, no me lo pensé dos veces, me levanté de nuevo y me fui directa a su habitación, en lencería…
- (M) ¡No me fastidies! ¿Volviste para calzártelo?
- (I)… y entré en la habitación sin llamar. Él estaba con la polla en la mano, y se volvió a tapar como pudo, desconcertado. Pero tía, estaba en celo, poseída, como quieras decirlo…
- (M) mmmh, sigue joder, sigue, que voy a empalmar un orgasmo con otro…
- (I) Estaba caliente como un volcán, y dispuesta a hacer todo lo necesario para que mi vecino me diese un buen polvo. Así que me acerqué hasta la cama y… ¡me tiré encima suyo!
- (M) ¿Así, sin más? ¡Joder, tía! ¡Qué envidia!
- (I) Le di un sonoro beso y le dije, ven y sacia mi fuego con tu polla, vecino…
- (M) ¡Aaah! Tía, ¡estás loca! Joderrrr… mmmmh,
- (I) Ah, ¡tía! Y ahí fue donde descubrí, cuando me devolvió el beso, que él también estaba a mil y que se había fijado en mí desde hacía un montón de tiempo. Me dijo, tú tampoco estás nada mal, ya te había echado el ojo desde hacía semanas, no sabía cómo conseguir acercarme a ti y ya tenía ganas de hacerte varias cositas, me decía, mientras me devolvía los besos con muchas ganas.
-(M) Mmmhf, ¡qué bueno!,
-(I) Entonces, bajé la mano por debajo de la sábana, buscando su polla. ¡La quería toda para mí ya! Así que tiro la sábana para atrás y… ¡zas! ¡Polla a la vista!
- (M) Vamos, tía, dime cómo era de grande, mmmh…
- (I) ¿Podrás resistirlo?
- (M) Joder, Isa, me tienes ya chorreando, no te andes con tonterías, ¿era tan grande como pensabas?
- (I) María…. No había visto una tan grande en mi vida. La agarré con las dos manos y todavía me sobresalía un trozo de polla, era gruesa y bien hermosa, venosa, y con un capullo que solo de verlo daban ganas de comérselo,
- (M) Aaaaargh, ¡cabrona!.... mmmh…. Dame un segundo, joderrrr, qué bueno…
- (I) Ya llevas dos, ¿no? Je je je,
- (M) Ya sabes lo que me pone que me hables de pollas gordas y grandes, no lo puedo resistir.
- (I) María, eres alucinante. Pues empecé a menear con mis manos aquel pollón interminable, y me giré y empecé a hacerle una mamada. El tío puso cara de satisfacción, mientras me metía su capullo dentro de la boca. Era tan gordo, que apenas sí pude metérmelo en la boca, pero no pude comerme mucho más. Jolín, me hubiera gustado tragarme entera aquella tranca, pero me era literalmente imposible.
- (M) mmmmh…
- (I) Se la chupé lo mejor que pude, tía, con él no quería quedar mal, y puse todo mi empeño. Parece que dio resultado, porque el tío empezó a jadear pronto, estaba disfrutando de lo lindo.
- (M) No te jode, tonto es… je je je
- (I) Y en eso, me coge con una mano en volandas, como si nada, y me pone sobre él, quedándose su cara entre mis piernas.
- (M) ¿Y?...
- (I) Tía, literalmente, casi me arranca las bragas. Me las quitó con avidez, y se me puso a comer por ahí abajo… ¡qué delicia! Tiene una lengua espectacular, que pronto me hizo ponerme a chorrear.
- (M) mmmmh…, sí, sí, ¿qué más?
- (I) jugó con su lengua por mi clítoris, y lo alternaba con sus dedos entrando y saliendo de mi vagina, dos deditos que me hicieron subir a las estrellas,
- (M) Ah, joder, tía, como te odioooo…
- (I) Tía, qué vergüenza, ¡me corrí en su cara!
- (M) ¡Noo!
- (I) Sí, tía, como te digo, y además no fue poco. Tuve un orgasmo tremendo y una corrida brutal, que le dejé mojada toda la cara. Me moría de la vergüenza, pero luego me dijo que le encantó. Es que hacía tanto tiempo que alguien no me hacía algo tan bueno…
- (M) Te quedarías como nueva, je je je
-(I) Sí tía, la verdad es que sí. Al ver que me había corrido, muy gentilmente, me dejó descansar. Me depositó suavemente en la cama, y se giró para abrir una mesita de noche, de la que sacó un condón extra grande, ¡tía! ¡Extragrande!
- (M) ¿Pero cuánto le medía?
- (I) Ah, eso te lo digo después, que si no te corres otra vez, perra ninfómana! Jaj a ja
- (M) Mala amiga…
- (I), Total, que se enfundó su manguera…
- (M) Uuuu, alguien va a ser taladraaada…. Je je je
- (I) Síi, ¡Yo! Je je je. Me tumbó en la cama, y empezó con la clásica postura del misionero. Se me quedó con su cara a un palmo de mi cara, tía, estaba en el paraíso, te lo prometo, porque el tío es súper atractivo. Mirándome con cara divertida, empezó a metérmela…
- (M) Siii….
- (I) Poco a poco, notaba cómo se iba metiendo más y más, la notaba como si llenase todo mi espacio, sentía que todo mi interior palpitaba, una sensación increíble. Y el tío seguía metiendo más y más, ¡aquel delicioso castigo parecía no tener fin! De verdad, nunca me habían cogido igual, nada que ver con Marcos, mi ex.
- (M) Tu ex no era ninguna maravilla, según creo recordar…
- (I) No se puede comparar. Entonces, empieza a metérmela, y sacármela. Primero muy despacito, luego, poco a poco, aumentando el ritmo. Joder, el tío sabía perfectamente lo que se hacía, tenía controlados los tiempos, y yo no, tía, iba a la deriva. El folleteo me estaba poniendo a mil, y él estaba tan ricamente, dándome, aguantando y controlando con una sonrisa divertida en la cara, mientras a mí me hacía subir a las estrellas.
- (M) mmmh…
- (I) Oleadas de calor subían por mi cuerpo, y pronto pasaron a ser como descargas eléctricas, como rayos recorriendo mi cuerpo, que dieron lugar a un segundo orgasmo, más intenso y duradero que el anterior…
- (M) mmmmh…. Qué bueno…
- (I) Entonces, va y me la saca. Yo estaba jadeando, sin aliento, recuperándome del orgasmo, pero él estaba como si nada. Me hizo ponerme de lado y me dice el tío, bueno, ya hemos hecho los preliminares, ahora vamos a darle caña… Tía, ¡que llevaba dos orgasmos ya!
- (M) Qué mala me estás poniendo Isa, ¡quiero que me lo presentes! Con ese tío le pongo los cuernos hasta a mi querido Carlos…
- (I) Tus ganas, monina… pues como te decía, el tío llegó y me puso de lado, y se puso detrás de mí. Empezó a bombearme, a meterla y sacarla en toda su longitud… madre mía, es que no te puedo expresar lo que sentía, pero que me puso a mil, es poco. Y entonces ocurrió.
- (M) ¿El qué? ¿Se corrió?
- (I) No, tía. Se me puso a decir cosas al oído. Que si llevaba tiempo pensando en mí, que me veía en el ascensor y era una tortura, que si había discutido con la chica que subió conmigo en el ascensor porque se puso celosa, porque me había mirado de un modo que no le había gustado…¿te acuerdas de la pendeja aquella de la que te hablé de ella? Y que se había dado cuenta de que era verdad, que tenía ganas de hablar conmigo pero no sabía cómo entablar la conversación… todo eso, dándome cada vez más fuerte. Y entonces…
-(M) ¿Entonces?
- (I) Aquello fue demasiado para mí: tuve el tercer orgasmo de la noche!
- (M) Mmmh, joder…
- (I) Sí, él entonces ya me la metía con ganas. Ahora sí estaba encendido, y yo… yo…
- (M) ¿Quéee?
- (I) Empecé a berrear como oía desde el otro lado del tabique, en mi cuarto. ¡Lo conseguí!
- (M) Aaaah, ¡cabrona!, me volví a venir… ya no doy más de mí, me has dejado exhausta.
- (I) Exhausta me dejó a mí, que estuvo media noche dándome a tope, y he pasado la noche más intensa de mi vida! Solo te digo que perdí la cuenta de los orgasmos que llevaba…
- (M) Joder tía, no puede ser… préstamelo un fin de semana…
- (I) Tus ganas, nena. Lo que sí que haré… es dejarte las llaves de mi piso el próximo fin de semana que montemos escándalo.
- (M) Fenomenal.
Y con esto, termina el relato de mi amiga y de su noche salvaje con su vecino guapo y dotado. Yo ya estoy esperando que llegue el fin de semana para ir a su casa y estar al otro lado del tabique, escuchando a mi amiga. Quizá después se lo cuente también otro día, o les contaré de mis noches con Carlos, mi esposo. Pero eso ya es otra historia. Espero que voten el relato y dejen sus comentarios, diciéndome qué les pareció.

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Comentarios enviados para este relato
gatocaliente (10 de December de 2011 a las 06:22) dice: no tienes correo nena para conocernos


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