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HERMES

dulces.placeres Relato enviado por : dulces.placeres el 25/06/2016. Lecturas: 2975

etiquetas relato HERMES   Dominacion .
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Resumen
Hice todo tal cual me ordenó y cuando estaban por llegar empezó la sorpresa, me alcanzó un pequeño delantal de cocina y me dijo:

- Mis colegas están por llegar, desnúdate por completo y ponte esto
- Estás loco? que te pensas que…

No alcancé a terminar de protestar porque Hermes cerró mi boca con una terrible bofetada que a punto estuvo de bajarme los dientes, me reincorporé en silencio sin atreverme a mirarlo, limpiando con mi mano el hilo de sangre que corría de mis labios… y agregó:

- Por cierto, ponte esos zapatos tacos altos que te compré me gusta cómo te quedan…



Relato
HERMES


Conocí a Hermes por un tema laboral, hace no muchos años, aspiraba a ingresar en una importante empresa en el área recursos humanos y él fue quien me hizo un par de entrevistas, un tipo mayor que yo, de mirada seria e inquietante, delgado, de cabello prolijamente recortado y engominado, con una barba candado que acariciaba de una manera que me incomodaba. Mi primera impresión fue la de estar ante un tipo frío, con alma de hielo, sin sentimientos.
El fue quien influyó a la empresa a decantarse por otra joven, me lo dijo personalmente antes de saludarme en la puerta del hotel donde se entrevistaba con las postulantes.
En ese momento no lo tomé más que como una experiencia y uno de los tantos ‘no’ que obtendría en mi vida.

Pasaron unos meses, hasta que al fin conseguiría el mismo tipo de empleo pero en otra empresa, y Hermes ya era recuerdo, pero el destino a veces se empeña en juntar gente…
Entre todas las actividades de mi nuevo empleo, tuve que ir a unas jornadas de capacitación donde que se dictaban en la facultad de San Vicente, y ahí nuevamente me encontraría con él, solo que ya no como ‘posible empleada – posible jefe’ sino como ‘colegas’.
Fui yo quien en un break fui a su encuentro y me puse a platicar con él, mi orgullo herido necesitaba que ese hombre viera que ahora estábamos al mismo nivel y jugábamos en la misma liga, pero él no me recordaba y adivinó sin suerte un par de veces mi nombre. Esto me enfureció, el darme cuenta que el mantenía un aire de superioridad sobre mí, a pesar de que yo creía otra cosa, era más que evidente que no estaba a su altura.

Por eso me llevaría menuda sorpresa cuando al terminar la jornada se acercó para invitarme a cenar, acepté un tanto dubitativa, pero al fin y al cabo esas tres noches en San Vicente estaría sola y sin nada importante que hacer.
Así comenzaría nuestra relación, en esa cena charlamos de todo un poco y lo que más me atraía de ese hombre era su lado oculto, percibía en sus palabras un tipo duro, frío, intuyendo secretos que jamás llegaría a conocer, barreras que jamás me dejaría pasar y eso me excitaba.
Después de varias copas terminamos en su cama, hicimos el amor, fue muy bueno, de lo mejor, pero al terminar me pidió que me cambiara y me fuera a mi hotel.
Imaginan la situación? a las tres de la mañana, sola, en el frío de la noche, su falta de caballerosidad me hizo sentir humillada.

Y una cosa llevó a otra, el tenía como un imán que me atraía a él y más me daba más quería, y mantenía una facilidad asombrosa para dejarme a un lado cuando quería, tenía la adrenalina de vivir en una montaña rusa, arriba y abajo, permanentemente, sin descanso, sin respiro…
Hermes me dejaba en claro que solo se trataba de sexo, y eso es todo lo que me daría, y aún sabiéndolo me fui a vivir a su casa, éramos más que amigos, menos que pareja. Pero a pesar de todo había mucho de él que no conocía, pasaba horas leyendo libros que cuidaba celosamente, ó hablando por teléfono con gente que yo no conocía. Más de una vez le supliqué que me contara, que compartiera, que me haga parte de eso tan oculto, pero el solo respondía que no estaba preparada, y mantenía ese témpano en la sangre, desposeído de una sonrisa, de un poco de amor…
Era raro, convivíamos, pero no había amor, al menos de su parte…

Hace quince días me miró y con todo adusto preguntó:

- Estás dispuesta a cruzar la barrera?
- Si! claro que estoy dispuesta!

Mi respuesta fue más por curiosidad femenina que por otra cosa, en realidad no sabía de qué se trataba y estaba dando un salto al vacío, pero estaba decidida a llegar al fondo de este laberinto.

Por la noche fuimos a comer a lo de una pareja amiga suya, como siempre todo fue muy escueto, con pocas palabras, solo lo necesario.
Fuimos hasta el domicilio de tito y Mariana, al menos así me los presentó, para sentarnos a la mesa y llevar adelante una cena muy amena, nada anormal, no entendía de que se trataba y eso me incomodaba, estas personas eran amables, todo parecía como una reunión de viejos amigos, pero todo cambiaría en unos segundos, luego del postre…

Hermes se incorporó sin mediar palabra y se dirigió donde estaba sentada Mariana, llevó la mano a su bragueta y ante mi incrédula mirada sacó su pija afuera, mi primera reacción fue levantarme encolerizada, que se proponía este degenerado? dónde me había traído? quien era esta gente? asquerosos!...
Pero no pude preguntar nada porque tito al ver mi reacción me tomó con rudeza de mi brazo y con voz amenazante:

- Qué te pasa basura? Sentate ahí, mirá y aprendé, quien mierda te pensas que sos?

Asustada, y sintiendo que mi brazo se quedaba sin circulación volví a mi lugar, en silencio, agaché la cabeza, avergonzada, no quería ver, pero tito me tiró con firmeza del cabello, obligándome a mirar.
Mariana parecía resignada, Hermes le metía una y otra vez la pija en la boca, hasta el fondo, no permitía que se la chupara, solo la cogía por la boca, la joven tenía arcadas a lo cual solo recibía una bofetada como reprimenda, él le apretaba la nariz con sus dedos forzándola más y más, llevando la situación al límite de lo tolerable, pronto toda la verga de Hermes se introducía en lo profundo de la mujer, no solo eso, hasta le metía ambos testículos en la boca.
Ya no me avergonzaba mirar, es más, sentía un inusual cosquilleo en mi cuerpo, en mi intimidad, disfrutaba con su sufrimiento, no salía de mi asombro.

Pronto la saliva chorreaba por los labios impotentes de la mujer y rodaban lágrimas negras por sus mejillas arrastrando el rímel de sus ojos, su rostro se enrojecía por la limitación de su respiración, Hermes se contrajo, gritó y percibí como largaba todo su semen en lo profundo de Mariana que seguía sumisa e indefensa. Al fin sacó la pija de la boca de la mujer, inspeccionó sus dientes y su lengua, solo para asegurarse que hubiera tragado todo, por último la obligó a comer una nueva ración de postre.
Me quedé observándola, toda desalineada, lamentable, como obedecía sin chistar, todo siguió como si nada hubiera ocurrido.

De regreso, no abrí la boca, recordando cada segundo vivido mientras miraba por la ventana del coche, el tampoco hablaba, no hacía falta, me había iniciado en un juego perverso al que debería jugar.
Y en referencia a lo que sigue, no tengan pena ó lástima por mí, porque fue la experiencia más loca y excitante que me tocó vivir, Hermes me había elegido, había visto algo en mi que no ve en cualquiera…

Yo sabía que esa experiencia había sido el comienzo de ‘algo’ y que tarde ó temprano ‘algo’ pasaría. Unos días más tarde, la semana pasada para ser más precisa, Hermes me dijo que tendría una reunión de trabajo en casa, por la tarde, que preparara café, leche, tostadas, quesos, dulces y que también agregara algunos jugos de frutas.
Hice todo tal cual me ordenó y cuando estaban por llegar empezó la sorpresa, me alcanzó un pequeño delantal de cocina y me dijo:

- Mis colegas están por llegar, desnúdate por completo y ponte esto
- Estás loco? que te pensas que…

No alcancé a terminar de protestar porque Hermes cerró mi boca con una terrible bofetada que a punto estuvo de bajarme los dientes, me reincorporé en silencio sin atreverme a mirarlo, limpiando con mi mano el hilo de sangre que corría de mis labios… y agregó:

- Por cierto, ponte esos zapatos tacos altos que te compré me gusta cómo te quedan…

Sin chistar fui a mi cuarto, me desnudé y solo me puse el delantal y esos zapatos negros, el rubor corría por mi rostro, mi desnudez me avergonzaba, solo tenía cubierta la vagina pero mis pechos y mis glúteos estaban al aire, a su vez, lo cierto es que mi vulva se mojaba con la excitación.
Cuando tocaron la puerta el me mandó a recibirlos, imaginen el cuadro, dos perfectos desconocidos y yo desnuda, sentía hervir mi sangre, ellos lo tomaron con naturalidad, incluso casi ignorando mi presencia.
Pasaron un par de horas, los tres sentados a la mesa redonda, discutiendo temas laborales mientras merendaban lo que había preparado, estaba reducida a una mera mucama y Hermes me trataba como tal, no podía dirigirle la palabra y solo me acercaba si me lo ordenaba, parada a un costado, a la espera de sus caprichos. Sentía los pies cansados soportando mi peso sobre esos altos tacos. Tan solo cuando me acercaba a servirles alguna infusión, uno de los caballeros gustaba apretar mis pezones, mientras que el otro acariciaba sutilmente mis piernas, por la parte interior de las mismas…

Empezaba a oscurecer, estaba sirviendo una taza de té cuando uno de los tipos se incorporó y al pasar por detrás de mí sentí apoyar su mano en mi espalda haciéndome reclinar hacia adelante, para no perder el equilibrio debí apoyar mis manos en la mesa, por lo que mi rostro quedó frente a frente con el de Hermes quien seguía ignorándome, mi vulva apoyada al filo de la mesa y mi trasero disponible para el extraño que estaba a mi espalda.
Apenas pasaron unos minutos, apenas unos instantes bastaron para sentir su pija invadiendo mi intimidad, violándome bajo mi consentimiento, lo sentía entrar y salir, una y otra vez, sus carne invadiendo mi cuerpo, y me encantaba, digan lo digan, no me importa.
Me aferraba fuerte al mantel que cubría la mesa, sentía mis pechos bambolearse por los embates que recibía desde atrás, su verga me llenaba por completo, me hacía gemir, deseaba sentir su semen caliente y gozaba mirando fijamente a Hermes que hacía oídos sordos a toda la situación.

El tipo me aferró por los glúteos y sentí sus jugos llenándome, provocándome los más pervertidos y sucios orgasmos…

Cuando se retira, y aún sin recuperarme el otro toma su lugar, siento como sus dedos se introducen y juegan en mi interior, con la mezcla de leche y mis propios jugos para luego enterrarlos en mi culo, lo que provocó una protesta de parte, parecía no aprender la lección, solo conseguí que Hermes levantara la mirada y me recrimine con la vista, de reojo vi que el tipo a mis espaldas sacó el cinto que sostenía su pantalón, lo enrolló en su mano derecha y me dio un latigazo que hizo saltar mis lágrimas, sentí la piel de mi nalga derecha afiebrarse de inmediato, con un dolor al límite de lo tolerable, pero solo fue el primero de cinco…
Con mis nalgas maltrechas, con un dolor indescriptible, soporté que el segundo tipo me diera una buena sesión de sexo anal, lo sentí estirar mi esfínter y hacer de mí su esclava, sin voluntad, totalmente sometida, y estaba enloquecida, me sentí una puta en mano de esos sádicos…

Mi rostro enjugado en lágrimas mezcla de dolor y placer contemplaban desafiante a Hermes, no pensaba arrodillarme ante ellos y demostraría quien era, llevando el juego al límite, lo dejé hacer hasta que me llenó el otro agujero de leche…

Cuando terminó y se sentó nuevamente, mientras acomodaba sus prendas Hermes preguntó:

- Tienes hambre?
- No, no tengo apetito…
- No importa, quiero que metas tus dedos en tus agujeros y tomes todo el contenido…

No perdí tempo, ante la mirada de los tres, metí los dedos en mi raja y en mi culo, buscando y escarbando, llevando toda la leche que tenía dentro a mi boca, lamiéndolos y metiéndolos hasta la garganta, hasta dejarlos satisfechos…

Como dije antes, el no me ama, yo no lo amo, pero tiene un imán que no me deja alejar, sé que me hace mal, sé que me hace daño, pero él me eligió entre todas, el busca una mujer diferente, una mujer especial, y YO soy esa mujer.


Si te ha gustado la historia y eres mayor de edad puedes escribirme con título ‘HERMES’ a dulces.placeres@live.com

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