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Inesperadamente hice lo que nunca ( CON fotos)

bareta Relato enviado por : bareta el 09/10/2015. Lecturas: 10503

etiquetas relato Inesperadamente hice lo que nunca ( CON fotos)   Jovenes .
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Resumen
Experimenté con un maduro hombre y con mi prima lo que jamás había echo.


Relato
Con la fija idea de tener relaciones sexuales, mi prima Rosa a y yo, acudimos a casa de Raúl, uno de sus tantos amigos, donde se realizaría una reunión de compañeros escolares, lógicamente, para no llegar esa noche a nuestro hogar, dijimos que era una pijamada de chicas. Extrañamente, estando en la reunión, llegó el dueño de la casa, que a pesar de ver entre el caos y el desorden, la gran cantidad de alcohol y cervezas, no dijo nada y se recluyó en su recámara. Después de varias horas, solo quedamos Raúl, David, Rosa y yo, que al notar a David y a Rosa entrabar muy acaramelados a un cuarto, Raúl me llevó al suyo, donde calientes y ganosos, con rápidos y ansiosos movimientos nos desvestimos uno al otro, sin demora se colocó un condón y me puso boca arriba sobre la cama, me separó las piernas y subiendo su cuerpo sobre el mío, entre fallidos piquetes, finalmente con un atinado empujón logró atravesar mi yoyo, empezaba a disfrutar su febril saca y mete, cuando sentí su estremecimiento por su rápida eyaculación, se zafó jadeante y se acostó a mi lado diciendo:
-¡Ya acabé, voy al baño!
En la total obscuridad del cuarto, me quedé pasmada por su actitud, ¡Él había terminado cuando apenas me comenzaba a poner caliente!, molesta y completamente desnuda, me puse la almohada sobre la cara ocultando mi frustración, minutos después escuché abrirse la puerta, mi enojo, impidió quitarme el cojín del rostro, pero al notar que volvían a separarme los muslos chupeteando deliciosamente mí depilado biscocho, especulé -¡por lo menos me hará correr con una buena lamida!-, la rica y suculenta mamada, me excitó, haciéndome olvidar mi rencor y aún sin quitarme la almohada, permití besarme las chiches y jalonear mi endurecido pezón, mientras era dilatado mi rosado bombón por un maravilloso dedo entre mis ahogados -aaaaah, aaaah, aaaah-. Noté que el varonil cuerpo se acomodaba entre mis piernas, sin apoyar su mole sobre mi cachondo cuerpo, emití un quejumbroso -aaaaaaaaaaay-, al sentir ensanchar mi panocha, con una potente y certera embestida, hundiendo el obeso y expuesto glande entre mis carnosos y ensalivados labios vaginales, de inmediato pensé -¿Obeso y sin protección?-, al mismo tiempo en que hacía a un lado el cojín, me daban otro empujón, haciéndome tragar un buen trozo de magra carne, enmudecí entre el deleite del rico garrote y la sorpresa, al ver en la penumbra, que nada más y nada menos el que me estaba parchando, ¡era el padre de Raúl!, viendo mi asombro y desconcierto, intempestivamente dio otra fuerte arremetida provocándome un largo y rico -oooooooooooouuuch-, y haciendo que sus greñas tallaran mi tersa concha, atenazando sus brazos, con boca y ojos desmesuradamente abiertos y curvando levemente la espalda, recibí el largo y majestuoso camote hasta el fondo, sin poder decir más y completamente empalada, escuché:
-Ssssssssssssshhh chiquita, sssssshhh, y esperó a que me amoldara al excesivo grosor.
Notando que mi cuerpo se relajaba, sutil y paulatinamente, comenzó a sacarlo, haciendo vibra mí ser entre placenteros -oooooouuhh, oooooouuhh, oooooouuhh-, era la primera vez que lo metían sin látex y con ese descomunal tamaño, por lo que la inesperada y deliciosa cogida con el ardiente contacto natural, estimuló mi fogosidad, y dejándome llevar por el deseo y la pasión, cerré los ojos sintiendo el suave saca y mete y escuchando:
-Asiiiiiiiiii pequeña, asiiiiiiiiiiiiiii, apriétala para que la sientas mejor, ¿Te gusta?
Por mi mente pasó velozmente -¡A mis 18 años me estoy dejando follar por uno como de 50!, pero el placer que estaba sintiendo desechó el pensamiento y abrí los ojos lentamente, con mirada perdida y antes de juntar mis labios a su boca en un impulsivo beso, respondí:
-¡Siiiiiiiiiiiiiiii, muuuuuuuucho!
Él siguió bregando en mi vaina y recostó su velludo cuerpo sobre mi pecho, sus pelos raspando mis tetas me alborotaron, me zafé del beso e inconscientemente salió de mi boca -oh my god, que deliciosa veeeeerga, asiiiii, asiiiiii, démela tooooda-, sus hábiles movimientos me enardecieron, sin aguantar, moviendo lenta y temblorosamente mi cara de un lado a otro hasta que la agité alocadamente, gimiendo -así, así, hay Diooos, así, así, que riiiico, me ven…, haay, haay, me ven…, me ven… goooooooooooo-, al explotar en un desconocido y desacostumbrado orgasmo, oprimiendo con fuertes espasmos internos el ya ajustado chorizo, que mantenía zarandeando mi cuerpo con sus frenéticas arremetidas.
Percibiendo que mi jadeante respiración amainaba y yo continuaba disfrutando la bombeada, se zafó abruptamente a pesar de mis protestas, y dijo:
-¡Prende la luz!
Obedientemente, con las piernas temblorosas y a tientas, encontré el apagador y lo accioné, lentamente giré la cara y lo vi recostado sobre la cama, boca arriba y con las piernas y brazos abiertos, observando mi enclenque cuerpo, dijo:
-¡Mámalo!
En ese momento contemplé la colosal y endurecida víbora que momentos antes, impensadamente la había recibido entre mis piernas, era venosa, prieta, no muy larga pero sí rechoncha, sin parecido alguno a las pequeñeces que ya me habían clavado, al verla brillosa, intuí que mis jugos la tenían bien lubricada, y la verdad, tampoco había chupado una, simplemente me la dejaba meter.
Dócilmente me acerqué a la cama, me subí en ella gateando y dije sonriendo:
-¿Cree que me quepa eso en la boca?
-¡Ya la tuviste abajo!, ¿te lastimó?
Recordé que al clavar su glande, tuve un leve dolor, pero pensando que lo había soportado hasta que lo hundió por completo y que me había hecho dichosa, volví a sonreír y sujetándolo entre mis manos, dije:
-¡No, pero no entiendo cómo me cupo, es enorme!
Por instinto, me aboqué por unos minutos a mamar, besar y lamer, el duro tronco, ocasionalmente, chupé las grandes bolas que le colgaban, pero la tupida melena me hacía cosquillas en la cara, pero aún así me fascinó degustar el viril miembro y recibir por primera vez en la boca, el cálido néctar de su fugaz corrida.
Con mi boca ocupada y entretenida, escuché:
-Aaaaaay pequeñita, que rico mamas, lo haces como una experta putita, ¿Coges mucho?
Sin poder hablar, solo me encogí de hombros, por lo que insistió:
-¿Cuántas veces te has dejado follar?
Mi mano soltó el palo y con los dedos indiqué el número y vi de reojo su expresión de asombro al decir:
-¿Cuatro?, pero entonces….
Acariciando mis cabellos, comentó:
-Con razón estás tan apretadita, y continuó disfrutando mis mimos.
Instantes después, me colocaba de “a perrito” sobre el colchón, arrodillado detrás de mi trasero y sacudiendo mi cuerpo con sus empujones, mi babeante monito atendió nuevamente el impetuoso tallar del señor. Mientras me bombeando por el coño, intempestivamente sentí que uno de sus dedos, hurgaba mi agujero trasero, espantada de que intentara atornillarme por ahí, indiqué:
-No, no, ahí no, por ahí nunca…,
-Tranquiiiiiila, tranquila putita, no te lo voy a meter, pero te voy hacer llegar al cielo, ¿Quieres?
-¡Aja!, contesté.
Con mi cuerpo tembloroso y sacudido al sentir la inaugural profanación de mi orificio anal, con lo que breves minutos, me tenía delirantemente vibrando y disfrutando de la nueva experiencia, al estar clavada por el conejo y manoseada por el culo, sin demora, me hizo agitar mis nalgas rítmicamente hacia él y sollozar exaltada -asiiii, asiiii, que riiiico me hace, asiiii, me encanta su verga, siga así con su dedito, siga.., siga, asiiiii, haaaay señor, que riiiiico, aaaaay-.
-¿Te gusta?, cuestionó.
-¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me gus…, gus.., ta mu…, mu…, choooooooooooo, me encan.., taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanta,
El fuerte, largo y exquisito orgasmo, me hizo apoyar la cara sobre la cama resoplando visiblemente, tras unos segundos, sentí que se estremecía y pretendió destrabarse, por lo que velozmente me erguí, poniendo mi espalda sobre su pecho, mi mano lo sujetó de una nalga y con trémula mirada pedí:
-Nooooo, no lo saaaaaaaque, deme su crema, quiero sentir su lechiiiiiiiiiii.., asiiiiii, asiiiiiii, toda, toda , démela tooooooooda, asiiii, que rica lechita..
Los briosos chorros y el cálido néctar en mi interior me provocaron otro pequeño orgasmo, que disfruté contrayendo mi coño y exprimiendo hasta la última gota del palpitante fierro.
Acostados sobre la cama y acurrucada en su regazo, mientras el señor consumí un cigarro, escuchamos incomprensibles murmullos tras la puerta, en seguida tocaron levemente diciendo:
-¿Papá?
-¡Pasa!, indicó el señor.
Al aparecer en la entrada Raúl y Rosa, avergonzada, busque cubrir inútilmente mí desnudo cuerpo, sin inmutarse, el chico indicó:
-¡Ves, te dije que no se había ido!
Rosa se me quedó viendo estupefacta, y solo pudo balbucear:
-¡Pero.., al ver afuera a Raúl, pensé que te habías ido!, es que.., ¡no pensé que estuvieras… ¡,
-¡Retírate Raúl!, ordenó el señor a su hijo.
Raúl, salió y cerró la puerta, Rosa aún atónita tartamudeando y mirando fijamente la decadente longaniza del señor, dijo:
-¡Bueno, estos son un par de mensos!, pero.., ¡no pensé que tú.., y el señor.., ¡
-¿Se te antoja?, preguntó el maduro hombre.
Rosa sin responder y viendo alternadamente a mis ojos, a los del señor y al suculento pito que se iba endureciendo, insegura y sin hablar, movió la cara afirmativamente, con lo que me recorrí hacia un lado, luego lo hizo el señor, que golpeado levemente la cama junto a él, la invitó a subir, mi prima, se quedó inmóvil y recelosa, por lo que me animé a decir:
-¡Pero nosotros estamos encuerados, ¿no te vas a desvestir?
Sin terminar de comprender y aún con cara de asombro, dudosa se rascó la cabeza, se quitó la ropa lentamente y se acostó junto al señor, quien mirándome, dijo sonriente:
-¡Si no quedaste satisfecha con David, yo te quito las ganas!
Como respuesta, Rosa simplemente le sujetó y el señor se ladeó hacia ella dándome la espalda, siendo lo único que veía, me quedé inmóvil un rato, logrando escuchar por parte de Rosa leves -huuuy, aaaah, uuumm-, con lo que imaginé , que le estaba dando una buena dedeada, momentos después, el señor jaló la almohada donde descansaba mi cabeza, su movimiento me obligó a bajar del colchón y colocarme a los pies de la cama, por lo que pude ver que el señor, metía enrollado el cojón bajo las nalgas de Rosa, rápidamente me arrodillé en el suelo, con los codos sobre el colchón y mis manos deteniendo mi barbilla, me dispuse a observar cómo se iban a coger a mi prima, que con sus piernas dobladas, las nalgas levantadas y el rasurado surco, empapado y expuesto, pudiendo comprobar sus ansias, al notar que se contraían y dilataban ambos agujeros. El cuerpo de él, me tapó la visibilidad momentáneamente, al treparse sobre ella, pero luego, pude mirar que la gorda tranca se untaba de jugo vaginal, al ser frotada a lo largo de toda la rajada y sobre los dos orificios repetidamente, mientras Rosa gemía temblorosamente -aaaaay, aaaaay, aaaaay-. Por las colgantes huevos, no me percaté del momento en que el plátano se deslizó abocardando a Rosa, hasta que las velludas bolas comenzaron a golpetear el trasero de mi prima, denotando que ya la tenían completamente atornillada, entre fuertes sollozos de placer.
Tras haberla hecho enloquecer y provocarle un orgasmo, yo me recorrí hacia un lado de la cama, al ver que el señor, acomodó a mi prima de a “cañoncito”, luego le ensalivó el asterisco trasero y separando sus nalgas dijo:
-¡Esta vez si te voy a inundar el culo, Rosita!
Asombrada por la revelación, comprendí que no era la primera vez que la montaba, pero omití más pensamientos al ver que Rosa, arqueaba la espalda emitiendo un largo y placentero –huuuuuuuuuuuuuuuuuuuy papá-, al ser traspasada por el chiquito fácilmente. Después , Rosa tras haber tenido otro rico orgasmo, con los glúteos colorados por las constantes nalgadas que recibió estoicamente durante los rigurosos empujones que zarandearon su cuerpo, admitió los chorros de penetrante semen que el agitado señor le depositó en el culo.
El señor, resoplando se tumbó boca arriba sobre la cama, yo, queriendo reconfortar a Rosa, que se había quedado hincada y con la cara en la cama, la acaricié, recorriendo mi mano por su corta cabellera y su espalda, y sin querer, la hice estremecer viendo que de sus dos aboquillados aberturas empezaba a emanar gran cantidad de viscosa mezcla.
El señor se había ido a su cuarto, Rosa y yo, solas y tranquilamente acostadas en la cama de Raúl, mirando al techo, dije vagamente a modo de excusa:
--La verdad, me dejé coger por el señor sin pensarlo, Raúl se echó conmigo un “rapidito” y solo me dejó caliente.
-¡Me imagino, así me pasó hace un mes!
-¿Con Raúl?
-¡Sí, por eso elegí a David, pero fue igual!, ambos son solo un par de chavos precoces.
-¿Cuántas veces has estado en esta cama con el señor?
-¿Aquí?, ¡Ninguna!, ¡En la suya, una y fue hace un mes!
-¿Qué te dijo?
-¿El señor?, ¡Nada!, yo fui la que se metió en su cama diciendo -¡Tengo ganas de una buena cogida!
-¿Y?
-¡Me encantó lo que hizo!, creo que hoy te confundió conmigo.
-Pues que bueno, a mí también me gustó y pudo aguantarnos a las dos!
-¿Crees que ya descansó?
-¿Porqué, prima ?
-¡A ver si nos quiere echar otro palito!
-¡No juegues, Rosa!, ¿Con ambas?
-¿Qué, no te animas?, ¿Ya sabe que nos encanta el garrote!
-¡A ti!, ¡Bueno, el de él sí, entiende que a mí no me han cogido mucho!
-¿No te gustaría que te diera por atrás?
-Es que.., yo…, la verdad, se me antojó cuando te lo metió a ti, ¡pero lo tiene muy grandote!, ¿Si me lastima?
-¡No, solo te pones flojita y verás que lo aguantas!
-¡Somos un par de putas, Rosa!
-¡Ni modo!, ¿te animas?
A hurtadillas entramos a la recámara del señor y esa fantástica noche, hice inesperadamente lo que nunca, tener una obesa verga adentro, mamar un pito, ver que se cogieran a Rosa, que me reventaran el culo y hacer un trío disfrutando un delicioso cachondeo con mi prima.
No fue la única ocasión, dos meses después, sin que estuviera Raúl, el señor nos invitó a su casa, ufanándose de follarse a sus 59 años, a dos jovencitas calientes y putas de 18.



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