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Jamás subestimes a una madre por llevar puestos zapatos de tacón

Relato enviado por : Anonymous el 07/03/2016. Lecturas: 3218

etiquetas relato Jamás subestimes a una madre por llevar puestos zapatos de tacón   Fetichismo .
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Resumen
Antes de leer el texto de este relato, imaginad en lo insólito que resulta cuando la inmadurez y mediocridad física de un individuo, le conduce llegar a sus 32 años y seguir superado en estatura y fuerza por su propia madre.

Se hace hincapié en lo insólito de ser adulto y que los zapatos de tacón de una madre, sea de un tamaño varias tallas superior a las zapatillas deportivas de su hijo. Seguir él bajo el cuidado de ella debido a su fragilidad tanto física como emocional, por su comportamiento propio de edades de 14 ó 15 años. Y sobretodo recibir él mas de un guantazo de su madre, cuando éste cometiera alguna trastada, puesto que ella no solo es grandota y poderosa, sino de armas tomar.

En resumen, aunque tenga él 32 años, no hay diferencia ninguna a ser un niño de 10 años en la época en la que era habitual que los padres dieran algún soplamocos, cuando alguno de sus retoños se comportaba de manera indebida.



Relato
Soy un chico de 32 años, sin embargo, hace un mes se me presentó la oportunidad de comprobar la velocidad que desarrolla mi madre a plena carrera, cuando en plena calle me situaba yo a una distancia de unos 20 metros de mi madre, mientras ella me decía textualmente a modo de ultimátum: VEN AQUÍ AHORA MISMO, O SI NO, VOY YO A POR TI.

Mi madre a sus 51 años sigue siendo una mujer alta, corpulenta, enérgica y fuerte, y decidida, y a la vez, femenina y elegante, por lo que resulta bien poderosa que se hace respetar. En cambio, yo soy de esos chavales enclenques y algo cortos de estatura, y sobre todo en fuerza física desarrollada, siguiendo a mi edad de adulto superado en estatura y fuerza por mi madre. Por ello, encontré especialmente morboso y excitante, la escena del ultimátum.

Cuando tomo conciencia de llevar yo chándal y zapatillas deportivas, y simultáneamente ella con medias y zapatos de tacón, se me hizo de lo más irresistible hacer caso omiso a su ultimátum, y acto seguido, echar yo a correr.

La desventaja de mi madre sobre mí en lo que respecta a la velocidad a plena carrera, debido a las respectivas vestimentas de cada uno, fue precisamente la razón por la que el ultimátum se me hizo de lo más morboso. Sobre todo la razón de encontrar yo de lo más irresistible, la opción de desobedecer a mi madre echando a correr.

Contraponer la debilidad de mis piernas, con la desventaja de los zapatos de tacón de mi madre, es lo que alimenta en mí los fuertes deseos de ser perseguido, y de escuchar a mis espaldas el sonido de sus tacones, cuyos pasos emiten un potente sonido muy parecido al veloz martilleo de una apisonadora. Es un sonido muy erótico, el cual, delata que mi madre corre rapidísima a pesar de su inadecuando calzado.

Correr delante de mi madre significó para mí, una fuerte excitación sexual de verme a mí mismo como trataba de escaparme de ella, cuyo objetivo no era otro que el de evitar el recibir por parte de ella, un par de buenos bofetones ya en casa.

Respecto a lo que sucedió para que me diera aquel ultimátum en plena calle, era que no me dejaba ella salir de casa si no recogía mi cuarto, sin embargo, me llama un colega a tomar algo y decidí dejar de lado mis tareas, pero luego regresar a casa y finalizar dichas tareas. Se me ocurrió salir a hurtadillas de casa, pero pronto nota mi ausencia y mi desobediencia, y sale a la calle a buscarme hasta verme a esos 20 metros de mí, y lanzarme su ultimátum.

El resultado de caer en la tentación de provocar la carrera de mi madre con sus zapatos de tacón en plena calle, me costó 10 bofetones en casa. Obviamente fue más veloz que yo a pesar de llevar yo chándal y zapatillas. Y mucho más fuerte para llevarme ella a casa a rastras con suma facilidad.

Contemplaba la posibilidad de que mi ventaja en el calzado, no fuera suficiente para escaparme de mi madre. Pero me llevé una sorpresa al comprobar que fue muchísimo más veloz de lo que yo esperaba. Me cazó iso facto, como la rana cazando a la mosca con su lengua. ZAASSS, ya me tenía agarrado mi madre.

Tras varios meses de aquel percance, el cual, pude haberlo evitado si hubiera acudido a mi madre de inmediato tras su ultimátum, continúan mis deseos eróticos, basados en ser de nuevo fugitivo de mi madre. Sin embargo, estos deseos entran en conflicto cada vez que recuerdo los 10 bofetones de la palma de la mano de ella. Me entra temor recordando como mi madre es mucho más grande y fuerte que yo, y reparte bofetones como panes, por lo que me aleja totalmente de mi idea de provocar de nuevo otra carrera. No puedo olvidar cuando lloré mientras recibía los bofetones. Tuve yo que suplicar desesperadamente a mi madre, un poco de piedad para que no siguiera abofeteándome.

Mientras que me sigan faltando en mí los ánimos de provocar otra carrera persecutoria, obtengo placer erótico acudiendo frecuentemente al aseo a masturbarme. Mientras me masturbo, estoy recordando a mi madre abofeteándome, mi llanto y mis súplicas. Sobretodo recordando como me parecía yo a un niño de corta edad, el cual, se porta mal y recibe un castigo. No hay nada que me haga sentirme mas pequeño, que lo insólito de tener yo 32 años, y seguir con mi rol de niño de 10 años frente a mi madre. Este hecho, provoca en mí un continuo estado de excitación sexual.

Por ello, quiero por último señalar que no hay nada mejor manera de mirar mi pequeñez, que la de comparar mi modesto tamaño de mi pie enfundado en una zapatilla de deporte, con el de mi madre mayor al mío enfundado en un zapato de tacón. Como podéis ver, me he vuelto en un acérrimo fetichista desde aquel día de la persecución.

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