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Jaque mate a la primera

Relato enviado por : manuelmonroe el 24/06/2009. Lecturas: 21016

etiquetas relato Jaque mate a la primera .
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Resumen
La reunión se desarrollaba de lo más normal, todos hablábamos del mismo tema: el amor. Pero él seguía con su mirada fija en mí. Sabiéndome observada, intenté aplicar una de las reglas de la seducción: si la mirada sigue al objeto de deseo, el pez mordió el anzuelo. Esa era una de las reglas que mi amiga Teresa solía referirme siempre.


Relato
La reunión se desarrollaba de lo más normal, todos hablábamos del mismo tema: el amor. Pero él seguía con su mirada fija en mí. Sabiéndome observada, intenté aplicar una de las reglas de la seducción: si la mirada sigue al objeto de deseo, el pez mordió el anzuelo. Esa era una de las reglas que mi amiga Teresa solía referirme siempre. Me puse de pie -y todo mi metro setenta más los tacones- me acompañó. El blazer pegado a la cintura resaltaba mis caderas. Con pasos seguros, firmes y sensuales –cual yegua fina- fui a la mesa de bebidas y hasta allá llegó la mirada de aquel galán. Estaba abriendo una de las pequeñas botellitas de vino cuando lo sentí llegar, rodeando la mesa y en posición opuesta me dijo:
- La elegancia que le acompaña hoy supera con creces a la anterior.
- ¿A la anterior? ¿A qué se refiere? –Le respondí mirando directa y desafiante sus ojos negros.
- ¡Oh!, perdone lo inatento, mi nombre es Héctor…Héctor Vergara… de Vergara y Asociados. La verdad es que la vi en la reunión que ofrecieron en el Instituto D`amore, pero por lo visto usted no lo notó –fue muy galante y me tendió la mano.
Si, recordaba aquella reunión, pero de eso hacia tiempo…mucho tiempo. Y mal podía recordarlo. Aunque a decir verdad, su estampa era como para no pasara inadvertidamente. Me igualaba en estatura.
- Ah si…si recuerdo perfectamente, ¿Estaba usted allí? –Mentí como una bellaca.
Tendí la mano y sentí la fuerza y rudeza de sus manos contra la suavidad de las mías. Elogió mi nombre, Vicki Victoria. No transcurrió mucho tiempo para que se diera término a la reunión, al menos se presentaron algunas conclusiones sobre el tema y se dio luz verde a la exposición de libros. Realmente habíamos aprovechado el momento, lucíamos como viejos conocidos. Esto siempre ocurre cuando se aplican métodos y formas relacionales similares, él sabia lo que quería y, por supuesto, yo también.
Discutimos brevemente dónde terminar la velada, su apartamento estaba distante de allí, en cambio, el mío no superaba las cinco manzanas. Le di la dirección me besó en la mejilla y susurró algo que no entendí pero igualmente sonreí. Nos marchamos.
Evidentemente que llegué primera al apartamento, una porque tomé un giro que acortó la ruta y otra porque lo que me había dicho al oído era que llevaría vino. Recordaba sus carnosos labios y su enorme boca. Su cuerpo era atlético, no se si estaba yendo muy lejos pero, qué más podía ser aquel encuentro sino una cita carnal. Decidí tomar una ducha tibia para no matar la enervación que ya sentía. Cuando terminaba de ajustar, mi diminuta pero elegante tanga, sonó el timbre, pero debía espera dos timbrazos más porque eso era lo acordado. Ya sabemos: la inseguridad. Tiempo que aproveché para locionar y aromatizar mi sedosa piel. Llevaba un ligero y sedoso vestido que terminé de arreglar justo cuando finalizó el tercer timbrazo. Abrí y me volvió a besar, ésta vez no fue en la mejilla sino en mis entreabiertos labios. Sorprendida y aturdida no reaccioné como correspondía pero ya tendría la oportunidad. Sentí su aliento dulce y almendrado, era por el licor que había tomado mientras compraba el par de botellas.
Le describí ligeramente mi departamento y de por qué lo había adornado con aquellos cuadro eróticos de J. Ranul pintor autodidacta que conocí en un tour por el Caribe. Alabó mi lado erótico-sensual, eran unos bocetos eróticos realizados pirográficamente. Recorrimos el diminuto y moderno espacio consumiendo un par de copas del agradable vino francés. Sostenía la puerta de la recamara aún, cuando me besó tiernamente pero esta vez estuve menos tensa, Héctor pareció relajado. Lo sentí más seguro y emprendedor. Solté la puerta y con un fuerte abrazo lo apreté contra mi cuerpo. Estábamos en igualdad de condiciones, cada quien sostenía una copa en su mano derecha. Imagínense abrazarse y apretarse amorosamente con un brazo. La solución fue que me pegó a la pared y pude sentir que no estábamos solos, entre el y yo se interponía una presencia conocida por él y que yo ahora descubría. Jadeando y entrelazados en un abrazo nos fuimos a la sala. Nos sentamos y seguimos charlando y tomando vino.
Nos contamos los resúmenes de nuestras vidas. Lo importante y determinante resultó ser que ¡éramos libres y sin compromisos! No creo en una fuerte atracción a primera vista, creo en la atracción sencilla. Pero cuando se llega a no querer separarse de la persona y sentir la necesidad de tenerla, es como para no creerlo. Y juro que eso lo sentía yo.
Iba y venía con copas de vino. Lo veía e imaginaba su cuerpo atlético entre mis piernas. Las suyas parecían fuertes pero las mías tenían entrenamiento. Evidentemente los vapores del excelente vino estaban dando sus frutos, yo deliciosamente me dejaba llevar por aquel sopor vinícola. Trajo tragos y tomamos. Un trago largo, como largo el abrazo y beso que siguió. Yo me recliné y el descansando sobre mi, saboreo mi boca… cuello… nuca… yo…yo seguía el ritmo. Se me subió el vestido y dejó al descubierto parte de la frente de mi bulto vulvario que el diminuto bikini intentaba cubrir. El lo vio, lo acarició, lo besó y me dijo:
- Estás hirviendo. Es hora… me doy una ducha tibia y enseguida estoy contigo.
Se levantó pero no pudo ocultar el enorme bulto que crecía debajo de su pantalón, que por muy negro que fuera el mismo permitía adivinar su contenido. Se fue a la ducha, bajé la intensidad de las lámparas, lavé una par de copas y las rellené con licor de almendras. Siempre me ha gustado ese sabor cuando consumo sexo. Y recordé que a él también. Pasé por la ducha abrí la puerta y le dije que estaría en el cuarto, a través del cristal pude apreciar que en ese momento enjabonaba su miembro. Arriba… abajo… con delicadeza y con las dos manos abrazaba su arma cárnica. Cerré y fui al aposento saboreando morbosamente la copa con el licor. Abrí la boca lo que pude e intenté meter la copa en ella. Lo logré y satisfecha encendí unas lamparitas giratorias y de múltiples colores. El escenario era sensual, igual al desarrollado en el tapete árabe que me servía de cabecera de cama. He de decir que la cama no era tal. El colchón está colocado directamente en el piso de parquet rodeado por un marco de madera que permite colocar cosas: teléfono, que aproveché desconectar, florero, despertador –lo puse a las seis-, agenda telefónica y las copas. Me desvestí y dejé ver mi conjunto interior. El espejo reflejaba mi hermoso cuerpo, mi trasero siempre llamó la atención de hombres y mujeres. Más de una me invitó a disfrutarlo y de hecho en una pocas ocasiones lo hice, me gustó.
Lo oí llegar y sentí aquellas manos acariciándome con delicadeza desde atrás, llevaba una toalla alrededor de la cintura. Me giré, y sin dejarlo de mirar a los ojos, lo abracé al cuello y él lo hizo por mi cintura que atrajo hacia su cadera. Sentía como palpitaba su urgencia, que recostaba y restregaba contra mi bulto, embriagado, delirante y humectado. Ayudé bajando mis bragas y el desabrochó mi sostén. Me levantó y al tratar de colocarme suavemente en el colchón -la toalla no resistió, cuando se inclinó cayó al piso-, por primera vez lo vi “en vivo y en directo”. Se incorporó y la vista desde abajo era impresionante. Estaba orgullosa. Tomó una copa y al libar el líquido pude perfectamente comparar el redondel de la copa con el de su miembro, ganaba con creces el último. Lo halé por el brazo y con un beso chupé el licor que quedaba en su boca. Estaba encima de a mi. Mi entrepierna apretaba su urgencia que el intentaba introducir en mi abultado reducto. Le dije:
- Espera… déjame hacer.
Giré mi cuerpo horizontalmente ciento ochenta grados y quedé con mi cabeza en su entrepierna y viceversa. El tomó otro trago y humectaba y chupaba mi roseta con el licor, era la forma de manifestar su acuerdo y agradecimiento por estar allí conmigo. Es indescriptible el dulce ardor que el alcohol produce, máxime que al chupar y re-chupar, lo meloso se incrementa. Yo hacía lo que podía, recordaba la copa y mentalmente calculaba, pero no podía avanzar más allá de la mitad de aquel tronco cárnico. No me quedaba otra que chupar su redondel y exterior, que con sus venas repletas de sangre enervante pedía a gritos descargar. Él entendió cuando moví mi cadera en círculo alrededor de su boca. Ahora el que giró fue él. Abrí mis piernas para recibirlo, esperaba que ansioso lo introdujese sin miramientos. Pero no, fue sumamente paciente, tierno y considerado, y poco a poco fue entrando en aquel triángulo rapado, que como una flor húmeda, en lugar de dejar libar su secreción se disponía a extraer y escurrir aquel tronco enhiesto. Nuestras bocas intercambiaban los jugos que habíamos succionado antes. Sentía su aliento caliente, mojado y oloroso a mi sexo. El succionaba mi boca como antes lo hacía con mi clítoris. Disfrutar no es la palabra adecuada, era mucho más que eso. Mucho…mucho más…
Lo sentía profundo…bien profundo…vigoroso…vibrante…nos dejamos llevar y con un movimiento sincronizado bien acompasado y mejor ejecutado –cual extraordinaria sinfonía- entramos en la vorágine orgásmica envolvente.
¡Oh divinos dioses! Que impotente me siento al no poder describir el placer. Éramos movimiento puro. Respirábamos al unísono. Nuestros cuerpos danzaban pegados. Indisolubles. Inseparables. Reíamos. Llorábamos. Éramos felices. Y de pronto, dentro de aquel remolino nos arqueamos espasmódicamente. Abrí mas…empujó mas…y… Recibí su hirviente crema perlina una vez…otra vez…y otra… y otra…
Todo, y todos, estabamos húmedo… mojado…empapado. Si, empapada tenía mi roseta, mi entrenalgas y las sabanas, también habían recibido lo suyo. El lo sabía, tanto que al sacarlo de la gruta delantero presionó un poco en la trasera. No lo logró. Entendí y levanté mis piernas, abrí delicadamente mis nalgas, dejando paso franco a mi ya mojada, rosada y estrecha abertura.
Entendió y, con mejor dedicación que por delante, con precisión de relojero suizo, avanzó, lenta pero firmemente. Respiraba jadeantemente en mi oreja, sé que estaba calculando y midiendo su avance. Relajé mi esfínter y él se retiró un poco, pero ya el enorme domo me atravesaba. Yo empujé hacia arriba, ofreciéndole confianza. Levantó su cabeza, me besó e introdujo su lengua en mi boca tan profundamente para aliviar un poco el dolor que producía el deslizamiento del tronco de carne a lo largo del canal. Sentía como manaba de mi vulva rapada la crema depositada y que era recogida por el miembro de Héctor que, en su ir y venir, sabiamente permitía retroalimentar la lubricación del acoplamiento. Indecible. Sin comentarios. Se incorporó tomó mis caderas las levantó y empujó, sentía su colgajo presionado contra mis nalgas, que yo intentaba inútilmente abrir más. Empujó…empujó… y yo le acompañé en aquel momento divino. Nunca había sentido satisfacción por allí, aun cuando no era la primera vez. Sensacional…sensacional. Ayer cumplimos dos años reuniéndonos, religiosamente, tres veces por semana.
Fue eso…¡jaque mate…a la primera!

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Comentarios enviados para este relato
Saltarin_Apasionado (9 de July de 2009 a las 22:22) dice: BUEN RELATO. PERO SE TE OLVIDO QUE ESTA PARTE ES PARA LOS RELATOS CORTOS !!

vuelanet (27 de May de 2010 a las 07:19) dice: mal relato, fuera de contexto esa fantasía...


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