Categorias

Relatos Eróticos

Ultimas fotos

Photo
Enviada por andamios

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita


Jodido, pero por mi mujer Cap. I…

Relato enviado por: Narrador el 19/3/2013. Lecturas: 12340
Etiquetas:   Anal
Relato completo

Mi esposa y yo somos una pareja algo fuera de lo común, y desde hace un buen tiempo, ocasionalmente tomamos, lo que nosotros llamamos un pequeño descanso, o sea si yo tengo una relación fuera, ella no se molesta, y viceversa.

Pero lo que me ha hecho mi esposa, no tiene nada que ver, con que nos acostemos con otras personas. Dentro de nuestra relación hay una cosa que a mí me encanta hacerle a María y es darle por el culo. Ya que tiene unas hermosas y bien paradas nalgas, que para serles franco, fue lo primero que me llamó la atención de ella cuando la conocí. Claro que también practicamos sexo oral, y cuanta rara posición se nos ocurre. Pero el año pasado para ser más exacto, a principio de noviembre del 2012, justo antes de las elecciones, en nuestra isla del encanto. Estábamos en nuestra cama, después de haberle comido sabrosamente su culo, hablando de política ella y yo.

Por razones que no voy a enumerar, ella apoya a los rojos, y yo a los azules. Bueno en medio de nuestra discusión o intercambio de ideas, como prefieran llamarle, María me aseguraba que los rojos iban a ganar las elecciones, mientras que yo opinaba lo contrario, que serían los azules los que volverían a ganar. En ese instante al momento de levantarse para ir al baño, María mostrándome descaradamente su bello, y abierto culo. Me propuso una apuesta, que si yo ganaba podía hacer con ella lo que me diera la gana, aunque realmente lo único que nos faltaba hacer era mantener un trío, pero con otra mujer, además de ella. Pero en el caso de que yo perdiera, me tocaría a mí complacerla en todo lo que a ella se le ocurriera, así fuera lo que fuera y por espacio de un par de meses.

Bueno, la realidad es que perdí, ganaron los rojos. Como a la semana de que hubieron pasado las elecciones, estando en la cama, mi mujer me recordó la apuesta, y yo le dije que sí, que ella había ganado, y tenía todo el derecho de exigirme lo que se le antojase. Fue cuando la escuché, decirme que le diera el culo. Yo la verdad es que me quedé bruto y sin idea. No entendí a que ella se refería, en principio. Después de que me lo volvió a repetir, y tomándolo a broma le dije, si como no, cuando tú quieras darme por el culo, lo puedes hacer. En ese instante la vi que sacó un juguete de los suyos, un consolador de doble cabeza, e introduciéndose frente a mí por todo su coño, se enterró parte de esa oscura cosa de goma, para después con unas finas correas ajustárselo a su cuerpo. Al terminar de hacer eso, María se paró frente a mí, con un buen pedazo de verga de goma colgándole de su coño. Yo me sorprendí al ver eso, al tiempo que ella con una sádica sonrisa en su rostro me dijo, bueno ahora te toca a ti, ponerte en cuatro patas.

Yo al principio comencé a negarme, pero de momento ella tan solo me dijo, bueno si no quieres cumplir con tu palabra, es tu problema, pero te juro que más nunca me vas a volver a tocar mi culo, ni mi boca con tu verga. Conociendo a María como la conozco, supe de inmediato que ella no estaba jugando, que lo que me estaba diciendo era bien capaz de cumplirlo. Yo resignado le dije Ok. Tú ganas, haz lo que quieras con mi culo. En ese momento su rostro, cambió por completo. Yo aun pidiéndole que no me fuera hacer daño, me fui colocando en cuatro patas, mientras que mi esposa suave y lentamente comenzó a pasar sus dedos por sobre mi esfínter, embadurnándolo con algo de vaselina. Así que a medida que ella fue haciendo eso, al mismo tiempo de manera lenta y suave, me fue enterrando alguno de sus dedos dentro de mi culo.

Yo me encontraba completamente recostado boca abajo, con mis piernas bien abiertas, mientras que ella continuaba haciéndome eso, y diciéndome que en un futuro cercano sería bueno que me depilase todo el cuerpo, en especial mis nalgas. Cosa que hasta esos momentos, jamás había pensado en hacer. Yo ya me estaba acostumbrando a sentir algunos de sus finos dedos, entrando y saliendo de mi esfínter, cuando me dijo que iba a terminar de introducirme el resto de su mano. Yo no lo podía creer pero no sentía ningún dolor, todo lo contrario, en cierta forma o manera para mí era algo bien agradable el que mi esposa me estuviera haciendo eso, con sus propios dedos.

Pero al pasar un buen rato me dijo, bueno querido ya es hora, así que prepárate, para que sientas los que yo siento cuando tú me empujas tu verga por mi culo. La verdad es que me puse algo tenso, por no decir que bastante. María retiró sus dedos embadurnados en vaselina, y de momento que comienzo a sentir sobre mi abierto esfínter esa cosa algo dura, que ella usando sus caderas presionaba contra mi cuerpo.

A medida que ella me fue enterrando todo su juguete, lentamente comencé a sentir como ella me iba penetrando, con esa cosa. Lo cierto es que María tuvo mucha más consideración conmigo, que la que yo he tenido con ella. Ya que sin prisa alguna fue enterrándome todo eso, sin que sus manos dejasen de acariciar mi cuerpo, en especial mis nalgas, además me fue diciendo, lo rico que se sentía el ser la que lo estuviera haciendo, que ahora comprendía lo mucho que a mí me gustaba, darle por su culito a ella. Cuando sentí todo sus bien formadas y paradas tetas, al igual que su plano vientre, pleno contacto con mi espalda, supe que había terminado de enterrarme toda su verga de goma. Por un rato ni María ni yo nos movimos, como dándonos tiempo a que mi culo se acostumbrase a la presencia de ese duro intruso dentro de mí. Con su boca María comenzó a mordisquearme las orejas y la nuca, al tiempo que suavemente me decía lo sabroso que era para ella, mí culo.

Yo aun me mantenía quieto, con un miedo increíble a moverme, por temor a que me doliera. Pero a medida que María continuó acariciando de lado mis nalgas, besando y mordisqueando mi nuca, y diciéndome todas esas cosas. Yo comencé a relajarme, y lentamente al tiempo que mi esposa comenzó a moverse sacando toda su verga de goma, de mi culo. Yo tímidamente también, al igual que ella lo hacía cuando la tengo bien clavada con mi verga por su culo, comencé a mover mis caderas. Sus brazos me sujetaron pegándolos a mi cuerpo, pasando bajo mis axilas, tal y como yo en la mayoría de las ocasiones la agarró a ella. Y sujetándose de mis hombros, cuando su verga de goma estuvo a punto de salir de mi culo, María volvió a enterrármela completamente, y así continuó haciéndolo sucesivamente, sacando y metiendo su verga dentro de mi culo, una y otra vez, y cada vez con mayor fuerza y velocidad. Al tiempo que yo ya estaba moviendo mis caderas, con fuerza restregándolas contra su pequeño cuerpo de mi esposa, como buscando sentir más y más dentro de mi toda su verga de goma.

María al tiempo que me enterraba una y otra vez aquel enorme aparato de goma negro, ella por su parte, además como también tenía metido dentro de su coño, la otra mitad de su juguete, cada vez que disfrutaba de alguno de sus múltiples orgasmos, me clavaba sus uñas en mis nalgas, y me decía entre sus gemidos y resoplidos, lo sabroso que era todo eso para ella. Yo la verdad es que no pude contenerme, y a medida que mi mujer me daba por el culo de manera tan gratificante, comencé a masturbarme, procurando detenerme de cuando en cuando para no eyacular, pero lo cierto es que después de un buen rato, no pude aguantarme más, y finalmente me vine.

María continuó dándome por el culo, salvajemente. Hasta que al fin completamente agotada, se quedó completamente quieta sobre mi cuerpo. Luego sentí como extrajo todo su miembro de goma de entre mis nalgas. Dejándome recostado, boca abajo sobre la cama, con mis piernas y culo bien abiertos. Mientras que ella se fue al baño, y seguramente mientras se daba una buena ducha, aprovechó el momento para limpiar muy bien, tanto su coño como su juguete. Cuando ella salió de la ducha, se acercó a la cama y dándome una ardiente nalgada, me dijo. Mi amor quiero que lo volvamos a repetir en otra ocasión, y fue cuando dejó caer esa cosa que estaba usando como verga, frente a mi cara. Lo cierto es que al principio me pareció mucho más grande, largo y grueso de lo que en realidad era. Mentalmente lo comparé con mi verga, y resultó ser un poco más pequeño y delgado que el mío propio. Pero cuando lo tenía completamente dentro de mi cuerpo, llegué hasta pensar que eso era tan grande largo y grueso, como el de un caballo.