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La agricultora… ( CON fotos)

Relato enviado por: narrador el 3/7/2017. Lecturas: 9500
Etiquetas:   Trabajo
Relato completo

Cuando del banco me ordenaron ir a evaluar la finca de una clienta, no me esperaba encontrarme con semejante mujerona. Lo digo no tan solo, por el tremendo cuerpazo que se gasta la señora, ya que no es obesa, sino más bien corpulenta, pero muy bien formada. Pero además de eso, me sorprendí al ella decirme que trabajaba sola en la finca, al principio lo dude, ya que todas las parcelas estaban produciendo, y al preguntarle por la maquinaria que usaba, se puso a reír. Y sin decir nada agarró algo parecido a un tridente, y en un dos por tres, cargo dentro de un carretón un montón de heno. Pero no conforme con eso, tras cargar la carreta, soltó la herramienta, y se dirigió al frente de aquel carromato, y sin más ni más se puso a jalarlo, ella sola, hasta que llegó a un potrero, y de la misma manera que llenó aquel carretón, se subió y lo comenzó a descargar, para alimentar a unas de ovejas, y al mismo tiempo que iba tirando el heno, quizás ella no se dio cuenta, pero algunos de los botones de su sucio y viejo vestido se abrieron, y a medida que iba paleando el heno, se le levantaba. Permitiendo que yo me diera cuenta de que bajo aquellos trapos, ella no usaba más nada, por lo que sin querer, y luego queriendo, permanecí viendo su peludo coño, así como sus grandes tetas completamente al aire. Sin yo hacer esfuerzo alguno de mi parte, estaba más que impresionado, aunque no era una jovencita, ni muy hermosa que digamos, pero ese peludo coño me cautivó. Cuando terminó de descargar aquel carretón de heno, se bajó mientras que cerraba los botones que se le habían abierto, y sin hacer ningún aspavientos. Y continuamos hablando sobre la finca, y el préstamo que ella iba a solicitar. Al llegar a la casa, me ofreció café, y tras darme una tasa con aquel fuerte café. Me dijo, si quiere podemos seguir hablando, mientras me doy un baño, si no le molesta. Yo no vi nada malo en ello, ya que pensé que ella se metería a ducharse, mientras que yo hablaba con ella al otro lado de la puerta. Por un momento entró a una de las habitaciones, y al poco rato salió únicamente enfundad en una toalla, que prácticamente apenas y la cubría, diciéndome. Sígueme que el baño está afuera, y esa es una de las cosas que voy hacer, cuando me den el préstamo. Yo sencillamente la seguí, al patio trasero de la pequeña casa. Cuando sin más ni más la señora se quitó la toalla, colgándola en una rama, quedando completamente desnuda, y como si yo no estuviera presente, comenzó a sacar agua con una lata, de una barrica llena de agua, para de inmediato echársela encima de su cuerpo, al mismo tiempo que me siguió diciendo. Bueno el préstamo no es solo para hacer un buen baño, sino también para comprar un pequeño camión, algunas máquinas y herramientas que me hacen falta, para seguir haciendo que esta finca produzca. Yo a todas estas, no le quitaba ojos de encima, en especial de su peludo, y oscuro coño. Mientras que ella de lo más tranquila se dedicó a enjabonárselo, al igual que lo hizo con sus tetas, y con sus peludas axilas, diciéndome en un tono de voz bien sensual. Yo la verdad es que no se mucho de eso de pedir préstamos, pero si hay algo en lo que me puedas ayudar, te recompensaré como quieras. Realmente la cuenta de la señora, se encontraba más que calificada para que se le otorgase el préstamo. Pero el verla así, lavándose su coño, y la manera en que me habló, hizo que mi sangre comenzara a hervir, con el deseo de clavar mi verga en aquello. Así que tratando de ocultar mi erección, con mi maletín, lo único que se me ocurrió decirle fue. Bueno hay algunos pequeños detalles, que pudieran impedir, que se le otorgase el préstamo. Tales como una relación de gastos, el valor de la maquinaria, así como los gastos anuales de nómina. Cosas que en ese momento, me fui inventando, sin dejar de mirar sus peludo coño. Ella sonriendo tras de terminarse de quitar todo el jabón de su cuerpo, sin tan siquiera agarrar su toalla se me acercó lo suficiente, como para darme cuenta de que además de estar tan sabrosa, era bastante más alta que yo. Ya que mi cara le quedaba justo a la altura de sus grandes tetas. Fue cuando me dijo, en ese tono de voz que me enloquecía. Si quieres podemos seguir discutiendo, todos esos pequeños detalles dentro de la casa. Ella pasó frente a mí moviendo cadenciosamente sus caderas, ya en ese instante mi centro de atención se desplazó a sus bien formadas y firmes nalgas. Las que fue moviendo provocativamente, a medida que iba caminando, ya en dirección a su habitación. En mi vida me había pasado algo semejante, pero en esos momentos por acostarme con ella era capaz de hacer cualquier cosa, o decir cualquier mentira. Yo me detuve un momento frente a la puerta de su cuarto, para dejar mi maletín sobre una de las sillas de su pequeña mesa de comedor. Pero al entrar, lo primero que veo es a ella recostada sobre su cama, con su coño, y las piernas bien abiertas, mientras que con uno de sus dedos, juagaba enrollándoselo con su oscuro pelambre, al mismo tiempo que con los dedos de la otra mano, me hacía señas para que me acercase a ella. Sin decir una sola palabra, me fui quitando mi ropa, a medida que me iba acercando a ella, hasta que me quedé completamente desnudo, y con el miembro bien erecto. Yo me fui trepando sobre su cama, acercándome por sus pies, y cuando mi cara estuvo a la altura de su coño, ella colocó sus manos sobre mi cuello, y sin mucho esfuerzo de su parte, hizo que enterrase mi cara sobre su abierto y peludo coño. Aún olía a la fragancia del jabón con el que se lo había lavado, así que yo me dediqué por un buen y largo rato a chupar los labios de su vagina, así como su delicioso clítoris, a medida que ella no paraba de gemir intensamente, restregando mi rostro contra su sabroso coño. Cuando de momento sentí un caliente chorro líquido que salió de su coño, al tiempo que ella parecía que sufría una especie de ataque. Del cual se recuperó de inmediato, yo estaba tan deseoso de ella, que no esperé a que me dijera nada, y de inmediato le salté encima, dirigiendo mi parada verga a su peludo, y caliente coño, por tiempo indefinido. Luego de eso fue ella la que golosamente se dedicó a mamar mi verga, para luego yo ensañarme con sus bien formadas y firmes nalgas, al decidirme a darle por su sabroso culo, mientras que ella no paraba de pedirme, una y otra vez, que le diera más, y más duro Yo sé que llegué a eso de las diez de la mañana a su casa, pero después de que seguimos manteniendo todo tipo de relaciones, cuando salí de la casa, ya había comenzado a oscurecer. Desde luego que el banco le aprobó el préstamo a la agricultora….