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Las aventuras porno de Agustín: Playa nudista

Relato enviado por : Recaredo Rey el 16/09/2011. Lecturas: 3997

etiquetas relato Las aventuras porno de Agustín: Playa nudista   General .
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Resumen
Mis experiencias sexuales en una playa con chicas desnudas y polvos a discreción.

Relato

Me llamo Agustín, tengo 42 años y doy clases de Lengua en un instituto de mi ciudad. Como el calor aprieta de lo lindo, ayer decidí ir a la playa, y como nunca he estado en una nudista, cogí el coche y puse rumbo a una que está a pocos kilómetros de donde vivo. Había poca gente y el sitio era paradisíaco. Me quité la ropa, y tan solo con la toalla me fui hacia la orilla. Había cuatro chicas de unos 18 o 20 años tomando el sol para tener sus cuerpecitos bronceados. No lo pensé dos veces y me coloqué muy cerca para alegrarme la vista. No fue lo único que me alegraron. Estaban buenísimas, tumbadas boca arriba y mostrando sin ningún pudor sus preciosos conejitos. Mi polla se movió involuntariamente, y aunque no se empinó sí que creció de tamaño considerablemente. Me eché sobre mi toalla boca abajo para que nadie notara mi excitación. Había una familia a unos 10 metros: una pareja de unos treinta y tantos años con su hija adolescente. Creo que las dos mujeres se dieron cuenta de lo que me pasaba porque no dejaban de mirarme. La niña le dijo algo a su madre, se levantó y dirigió sus pasos hacia donde yo me encontraba.

-Hola -me saludó-.Yo a ti te conozco. Eres Agustín, das clases de Lengua en mi instituto. Yo soy Lorena Sánchez, de 3º C.

Con eso sí que no contaba. Aunque no era mi alumna, me conocía. Como me levantara o me diera la vuelta me iba a ver aquello bien hinchado, y también sus padres. El caso es que la niña tenía un cuerpo fantástico, con unas tetitas muy bien puestas y unos pezones hinchaditos de lo más excitante. El coñito lo tenía sin pelo alguno, parecía un bollito, y de su rajita le salía un clítoris que estaba diciendo "cómeme". Contemplando todo aquello, mi cipote se agrandó aún más. La situación era de lo más embarazosa. No me quedó otra que incorporarme y saludarla. El pene lo tenía casi erecto. Nos dimos dos besos de saludo, y al hacerlo toqué levemente su pubis con mi aparato, que dio un respingo y se puso más tieso todavía. Ella seguro que lo notó, pero se hizo la despistada.

-¿Vienes mucho por aquí, Agustín? Mis padres y yo venimos casi todos los días. Nos gusta broncearnos por completo. Mira qué morenita estoy... y sin marcas.

-Sí, ya te veo -le contesté. Se te ve un cuerpo muy bonito. Ah, y es la primera vez que vengo a esta playa.

-Ya me lo imaginaba.

-¿Y eso por qué?

-Porque te has empalmado al ver a esas tías buenas ahí despelotadas. Suele ocurrir la primera vez, pero yo te voy a ayudar. Ven conmigo al agua.

Me cogió la mano y me llevó con ella dentro del agua, hasta cubrirnos por la cintura.

-Con el agua fría se te va a deshinchar en un momento -me explicó mientras me la cogía con su mano-. Le aplicamos agüita fresca por toda la superficie, frotando muy bien.

No sé si lo hacía inocentemente, pero la niña me estaba haciendo una paja en toda regla. Desde la orilla no lo veían porque ella se colocó de espaldas. Me la estuvo meneando casi dos minutos. Yo aguantaba por que aquello no explotara, pero finalmente salió un borbotón de semen tremendo.

-¡Profe, te has corrido! -dijo como haciéndose la sorprendida-. Bueno, verás como ahora la polla vuelve a su tamaño habitual.

Esperamos un minuto y salimos del agua.

-Ven, que te voy a presentar a mis padres.

Su padre estaba echando un sueñecito en la tumbona, así que me presentó a su madre, Raquel, una mujer deslumbrante, delgada, guapísima, una cintura maravillosa, con unas tetas perfectas y unos pezones erectos. El chochito lo tenía que daba gusto verlo: rasuradito, con una línea perfecta de pelitos, hinchadito el pubis, hinchaditos los labios, hinchadito el clítoris... Y otra vez se me empezó a hinchar el pene. No había manera de pararlo. Se quedó tieso, apuntando directamente hacia su raja.

-¡Ja,ja,ja!- se rio Raquel-. Parece que está señalando dónde quiere meterse.

-¡Vaya, qué vergüenza! Perdona, es que tienes un cuerpo de pecado, y este cacharro no tiene control remoto -me excusé como pude.

-No tienes que avergonzarte, Agustín. Al contrario, deberías sentirte orgulloso de ese miembro descomunal que tienes. Seguro que tienes un montón de chicas detrás de ti... y de tu polla ¡ja,ja,ja!

Su marido estaba roncando y no se enteraba de nada, y su hija Lorena se había puesto los auriculares para escuchar música, y ni siquiera se había percatado de que mi picha había vuelto a crecer.

-Pues estás equivocada -le contesté-. La verdad es que hace ya lo menos dos meses que no me como una rosca.

Raquel se me acercó para hablarme al oído. Mientras lo hacía, mi polla estaba en contacto con su pubis.

-Eso lo podemos solucionar ahora mismo, Agustín. ¿Ves aquellas dunas de arena de allí? Detrás no nos ve nadie. Ven conmigo y echamos un polvo.

Aquellas palabras terminaron por endurecer completamente mi miembro viril, que alcanzó también su máxima longitud. Raquel estaba igual o más excitada que yo. Tenía el chochito chorreando, y sin darnos cuenta, mi polla se deslizó hacia dentro, se coló en su vagina y con un movimiento lento e imperceptible comenzamos un coito. Con la punta del pene frotaba sus paredes. El marido seguía durmiendo y la hija seguía escuchando música. Una chica que estaba sentada por detrás se dio cuenta de todo y se nos acercó. Pensé que nos iba a pregonar. Pero estaba equivocado.

-Chicos -nos dijo acercándose a nuestros oídos-, tened cuidado que os pueden ver. Me voy a poner aquí delante como si estuviéramos hablando los tres.

Lejos de cortarme me excité aún más. La chica, con disimulo, tenía su mano puesta en mi trasero y lo acariciaba lentamente. Se ve que quería participar en el asunto. La otra mano la colocó directamente sobre mi polla.

-¡Coño! ¡Qué buena verga, tan grandota y tan dura y suave al mismo tiempo! -me susurró en el oído.

Yo mientras tanto, seguía con el mismo movimiento. Raquel aguantaba los gemidos a pesar de que se estaba corriendo, su chocho completamente mojado la delataba.

-¡Sácala, Agustín, que no puedo aguantar más! -me pidió excitada al máximo Raquel.

La otra chica sacó mi polla de la vagina de Raquel y la metió directamente en la suya con un movimiento maestro. No sé qué edad tendría (parecía muy joven) pero tenía mucha experiencia y maña en esto de sacar y meter. Tenía la vagina muy apretadita y mi grueso pene apenas podía moverse por dentro. La chica hacía unas contracciones que me volvían loco. Tanto es así, que en apenas un minuto me corrí dentro de su coñito, a la vez que ella. La saqué y nos fuimos los dos al agua a limpiarnos. Pero no pudimos evitar que un poco de semen cayera en la arena. Lorena se acercó entonces a su madre para hablar con ella y justo fue a poner su pie encima del semen.

-¡Qué asco! -gritó la niña-. ¡He pisado algo pegajoso!

Su padre se despertó con las voces y fue a ver qué había pisado su hija. Enseguida reconoció el líquido lechoso.

-¿Quién habra sido el cabrón? Seguro que ha sido ese tío que está en el agua -dijo señalándome.

Para entonces yo ya me había limpiado y la chica también. Mientras salíamos del agua para intentar aclarar las cosas, Raquel entró al quite:

-Cariño -le dijo al marido- , es que has debido de tener un sueño erótico porque te has corrido y el semen ha llegado disparado hasta aquí.

Avergonzado, el marido volvió a su tumbona, y Raquel me dijo al oído al pasar por su lado:

-Mañana aquí a la misma hora, y nos vamos detrás de las dunas...

Yo volví a mi toalla a sentarme, pero me duró poco el descanso. Una de las chicas, la que tenía más cerca, se dirigió a mí:

-Oye, por favor, ¿puedes ponerme un poco de crema protectora por detrás? Mis amigas están dormidas y no quiero despertarlas.

La chica era una rubia de piel blanquita. Parecía la más jovencita. Tenía las tetitas algo pequeñas, como si todavía tuvieran que crecerles más, y el conejito lo tenía con pelos pero muy cuidadito. Se dio la vuelta y me dio la crema. Eché un poco en su espalda y me puse a extendérsela lo más uniformemente posible. No me atrevía a ponerle en el culito, así que cuando llegaba al inicio de la raja volvía hacia arriba otra vez. Entonces me lo pidió:

-Ponme en el culito también, que si no me lo voy a quemar.

Dicho y hecho, le froté el culito con mi mano impregnada de crema. Lo tenía respingón y desde mi posición le veía perfectamente el coño, con el clítoris asomando. Yo iba avanzando a ver hasta dónde me dejaba llegar, le pasaba mi mano descaradamente por la raja, y como no decía nada, llegué hasta el agujero y con el dedo índice fui hurgando hasta que entró dentro. Se le escapó un gemido de gusto. El agujero se ponía cada vez más grande, y con la cremita estaba la mar de lubrificado. Con todo esto mi polla volvió a ponerse tiesa otra vez, llegando la punta a posarse en el agujerito anal. No me lo pensé dos veces. Comprobé que nadie nos estaba mirando y con un suave movimiento se la metí dentro con una facilidad increíble. Unos cuantos vaivenes y en apenas dos minutos volví a correrme (¡dos meses en el dique seco y en apenas media hora tres polvos!). Saqué mi polla del culito de la chica, y ésta, sin volverse me dijo:

-¡Ay, tío, vaya dedo que tienes!¡Me has vuelto loca!

No me atreví a decirle la verdad, que la había follado por detrás y tenía el culo lleno de esperma.

- Oye -la interrumpí-, ¿tus amigas no se despiertan?

- Imposible, las tres se acaban de tomar unas pastillitas y ni una bomba las despertaría.

- Y si me las follo... ¿tampoco se enteran?

- Haz la prueba, yo te doy permiso. A ellas no les va a importar. Es más, lo voy a grabar con el móvil y se lo voy a enseñar cuando se despierten. ¡Va a ser genial!

No podía desaprovechar la ocasión. Las tres estaban buenísimas. La primera, Jeny, una morenita con un conejo muy arregladito y unos pechos tiernos y pecaminosos que me pusieron de nuevo la maquinaria a punto. Fue muy fácil metérsela, estaba bien lubrificada posiblemente por algún sueño erótico. Estuve follándola más de cinco minutos. Fue delicioso. Decidí entonces cambiar, le saqué la polla a la morenita y se la metí a la de al lado, Amanda, una chica de pelo castaño, coñito depilado y unas tetas de ensueño, grandes y con los pezones infladitos que no pude evitar succionarlos.Ésta también estaba húmeda, parecía que se daba cuenta de estar follando. Otros cinco minutos y fui a por la tercera: Estela. Era la más atractiva, guapísima, de labios carnosos (en la boca y en el chocho), pubis también sin pelo alguno y unas tetitas hechas a la medida de mis manos. Sin embargo, me costó trabajo metérsela, tuve que trabajar para penetrarla totalmente, eso sí, conforme pasaba el tiempo mi polla se deslizaba mejor y entraba y salía de su coñito suave y placenteramente. Después de diez minutos de puro éxtasis no pude evitar que la bomba explotara. Creía que no me quedaba más esperma en el depósito y de allí salió leche caliente a borbotones. Le saqué el pene de la vagina y se lo metí en la boca para limpiarlo.

La chica que estaba despierta lo grabó todo.

-¡Ja,ja! ¡Ha sido genial! Cuando lo vean se van a partir de risa. Bueno, lo de limpiarte la polla en su boca ha sido demasiado... Eso no creo que le guste, eh. Bueno, machote, ¿y a mí cuando me vas a follar?

-¡Ja,ja,ja! A ti ya te he follado por el culo, putilla. ¡Ni te has enterado!

-¡Será cabrón! Pues ahora quiero por delante.

- Pues vas a tener que esperar un rato. Soy muy macho, pero es que van cuatro seguidos...

Fue entonces cuando me di cuenta de que mis penetraciones a las chicas habían sido contempladas por Raquel y Lorena y por la otra chica de atrás (me dijo que se llamaba Lea). Como su marido seguía dormido, Raquel se dirigió hacia mí un poco enfadada.

- Oye, guapo, que te has follado a media playa y a mí me has dejado con la miel en los labios. No puedo a esperar a mañana, estoy demasiado caliente, así que ven conmigo detrás de las dunas, vaya que se despierte el cornudo ese que tengo de marido.

A unos 60 metros había unas dunas calientes y onduladitas como el cuerpo de esta tía tan sensual y cachonda. No fue difícil que se me empinara. Durante casi media hora estuvimos follando en todas las posturas que podíamos: de lado, de espaldas, de frente, por detrás, por arriba... Raquel se corrió lo menos diez veces. Gemía y gritaba sin miedo a ser escuchada y sin tapujos. Cuando el placer y el gusto era tan intenso que no se podía soportar, me corrí dentro de su coño que inundé de leche hirviendo. Tal era la magnitud del polvo que cuando volvíamos le salía semen del chocho y le chorreaba por las piernas. Nos metimos en el agua para lavarnos bien. Cuando salimos su hija le preguntó:

- Mamá, ¿no habrás estado follando con el profesor?

- Vamos a hacer un trato, Lorena, tú no le dices a tu padre que he estado fornicando con Agustín detrás de las dunas y yo no le digo que le has hecho una paja dentro del agua.

- ¡Ja,ja,ja! ¡Trato hecho!

Por fin, pude echarme en mi toalla a descansar. Me lo había merecido después de tantas penetraciones y cinco polvos. Bueno, al menos eso pensé, porque de repente la chica de al lado se me sentó encima con su chochito encima de mi polla.

-Venga, machote, que mi coño quiere conocer a tu verga, ja, ja, ja...

En apenas unos segundos mi pene se volvió a convertir en un palo tieso que se clavó como una estaca dentro del chumino de la chica. Se llamaba Leda. Era una rubita guapísima, y sus tetitas se movían excitantemente con el meteysaca del coito. La visión de esos flanecitos unido al morbo de estar follando en público con una adolescente hizo que me corriese antes lo debido, y claro, el palo se empezó a venir abajo.

-¡Oye, tío, que yo todavía no me he ido, eh! -dijo como enfadada Leda.

-Lo siento, es que me has excitado mucho y la leche ha salido demasiado pronto.

-¡Pues haces una recarga y me follas otra vez! ¿Está claro? -dijo gritando nerviosa.

Al oír los gritos de la chica se despertaron sus amigas y el padre de Lorena. Jeny le gritó:

-¿Qué estás haciendo con ese hombre, guarrilla? ¡Tendrá poca vergüenza la mocosa!

-Pues lo mismo que habéis hecho vosotras: follar.

-¡Qué asco! -gritó Estela-, ¡tengo la boca pastosa y huele a semen!

-Claro, como que después de follarte se la ha limpiado en tu boca.

-¡Será cerdo el tío! ¡Te la voy a cortar!

El padre de Lorena también intervino enfadado:

-¡Eh, gentuza, para hacer guarrerías os vais detrás de las dunas!

-¡Pues a tu mujer se la ha follado ahí mismo! ¡Y tu hija se la meneado dentro del agua!

-¡Te vas a enterar, hijo de puta! -dijo mientras cogía el palo de la sombrilla.

Leda me liberó la verga que la tenía aprisionada en su vagina para enseñarles el móvil a sus amigas.

-¡Mirad lo que he grabado! Mientras dormíais el muy cabrón os ha violado, y a ti, Estela, te ha llenado el chocho y la boca de semen.

Una de las chicas, Jeny, sacó una navaja que llevaba en la bolsa de la playa. Viendo que las cosas se ponían muy negras, me levanté rápidamente y eché a correr. Las cuatro chicas y el padre de Lorena me persiguieron. Afortunadamente, yo corría más. Cuando se dieron cuenta de que no podían alcanzarme me gritaron:

-¡Te vamos a quemar el coche!

En efecto, se volvieron y desde lejos pude ver cómo rociaban mi coche con gasolina y lo hacían arder. El coche era lo de menos (estaba casi para desguace), lo peor era cómo iba a regresar a mi casa, completamente desnudo, sin dinero, sin móvil... Me senté en la orilla, vigilando que no regresaran y pensando cómo iba a solucionar el problema. Me venía bien refrescar mis ideas... y mi paquete.

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