Mi casero, me proporciona el mejor sexo que jamás había tenidoHola, me llamo Lilia, tengo 19 años, soy de Villahermosa, Tabasco, morena, ojos claros y de cuerpo bien formado sin ser voluminoso, y sexualmente mucho muy activa (aunque mis padres me creen virgen). Cuando terminé el bachillerato, quería estudiar una carrera que en mi estado no se imparte, por lo que decidí radicar en a la Ciudad de México completamente sola, ya que mis padres no podían por cuestiones de trabajo y por mis demás hermanos. Mi madre me consiguió una habitación en una casona de la colonia Roma, propiedad de Don Daniel, que es amigo de un tío.
Acompañada de mi padre, después del riguroso recorrido por la casa, Don Daniel explicó sus condiciones:
-Bueno, soy viudo, tengo 51 años y vivo de mis rentas, Carlos, mi único hijo, es casado, y viene muy poco por aquí, las reglas de la casa, son simples, no me responsabilizo ni soy niñera de nadie, la sala, cocina y comedor serán compartidos, como cada habitación tiene baño, es mundo aparte en esta casa, los alimentos se los provee y elabora cada quién y como a la niña le entrego una llave, puede entrar y salir a la hora que ella desee, para traer visitas, será hasta las 10 de la noche y aquí no se hacen fiestas.
Mi padre estuvo de acuerdo y se regresó, Yo me instalé en una de las habitaciones que tenía la casa en la parte alta.
Entre la escuela, la tarea y los nuevos amigos, pasó una semana, ya me había acoplado a la ciudad y a la casa, las tardes que estaba en ella poco salía del cuarto, ya que noté dos situaciones, la primera, que Don Daniel, me desvestía con la mirada cuando subía las escaleras, procurando quedarse abajo para ver mis calzones, ya que usaba faldas muy cortas, y la segunda que me faltaban dos tangas y mi amigo nocturno (consolador) que con mucho trabajo y pena, había conseguido, en Tabasco. La primera, en lugar de coraje, me agradaba, pero la segunda, más que mi ropa interior, me disgustaba el no desahogar mi panocha, con lo caliente que soy. Me imaginé que el viejo morboso, se masturbaba con mis tangas, ¿pero para que rayos quería mi juguete?
Dos semanas después, estaba cenando cuando llegó al comedor preguntando: ¿Cómo está la pequeña zorrita? ¿Anda caliente por no tener su plástico vaginal? ¡Cuando lo quieras, te lo entrego en mi cuarto, pero primero te comes el mío!
No dije nada y se fue a dormir.
Yo por más que me quería consolar con los dedos, no me bajaban las ganas, al contrario, cada día me ponía más cachonda y necesitada.
¡Otra semana más! ¡Ya era un mes! ¡Ya me urgía!, y en la escuela, puros mojigatos o a la provinciana ni la pelaban.
Llegué a casa, me excité, ya que como de costumbre, vieron calzones y nalgas, al subir a mi cuarto. Me desvestí y quise quitar la calentura sobando y metiendo un dedo, en mi concha, sin lograrlo, ¡Necesitaba mi juguete!
Toqué en el cuarto de Don Carlos, cuando abrió, estaba en calzones, se le notaba un buen bulto debajo y en una mano traía una de mis tangas, dejó la puerta abierta y se metió, diciendo: -Te has aguantado mucho, pasa-.
¡No! ¡Lo que quiero, son mis cosas!
Y mostrando su verga, me dijo: -te las doy, cuando te entre esto-
Se veía muy buen, se me humedeció mi ranura.
¡No! ¡Déme mis pertenencias! Repetí.
-Mira, tú estás tan caliente como yo, no pretendo acusarte con tus padres ni mucho menos, pero eres bien putilla y te me antojas mucho-
De verdad estaba muy caliente y no me importó lo que pasara, ya se me había antojado.
¡Bueno! ¡Si me regresa todo! ¿Qué quiere?
Se bajó los calzones y sentándose en la cama, dijo: -Primero, mámalo-.
Aún con la toalla puesta, me hinqué y le propinándole unas buenas chupadas y lamidas a lo largo de su polla, la puse bien tiesa, y mientras él me sostenida de mis cabellos, escuchaba. –Que boquita- --Que buena mamadora- -Tienes un hociquito de puta-.
Con lo que oía y por el placer de tener un buen trozo de carne en mi boca, mi coño, estaba completamente húmedo y esperando recibirlo, cuando me tuve que tragar un chorro de caliente leche, que por la cantidad, se escurría por la comisura de mis labios.
Me levanté y tirando de la toalla, le mostré completamente mi cuerpo, que acariciando y bajando sus manos, desde el cuello, hombros, pechos, cintura y trasero, llegó a mi concha que sin estar totalmente rasurada, (dejo un poco de vello en la parte superior) mostraba, aunque hinchada, lo erecto de mi clítoris entre de mis labios vaginales, invitándolo a masajear y jugar con mi botón, provocándome unos deliciosos –Aaaaaahhhh- -Uuuummmm- -Riiiiiiiiiiiiiiiico-.
Delicadamente me recostó en la cama, agarró mis tobillos y los puso junto a mis nalgas casi en la orilla, dejando mis piernas en V, se arrodilló y metiendo su cara entre mis muslos, degustó mi mojada rajita, introduciendo ocasionalmente su lengua en mi hoyito, dilatándolo, con lo que me indujo a tener un buen orgasmo entre mis -¡Así! ¡Así! ¡Que rico! ¡Que sabroso mama! ¡Siga! ¡Así! ¡Así!
Me acomodó por completo en el lecho, separó mis piernas, apunto su verga sobre mi ranurita, con la boca empapada y entrelazando nuestras lenguas, comenzó a enterrarlo lenta y pausadamente.
Sentía la gloria, con cada centímetro que se empotraba y con sus movimientos que friccionaban mis paredes internas me ocasionaba exclamar –Oooouuu- -Quiero más- -Aaaaahhhh- -Démelo ya-.
Y me dijo: -La pequeña putita, quiere todo-
¡Sí! ¡Todo! ¡Por favor! ¡Todo! ¡Lo quiero bien adentro!. Contesté suplicando.
¿Qué es esta niña? ¿Una putita?
¡Sí! ¡Soy una putita! ¡Lo quiero todo! ¡Soy una gran puta y me encanta coger! ¡Soy su puta! ¡Cójame!
Y cuando imploraba, me dio un fuerte empellón, clavándomelo hasta el fondo, estremeciendo todo mi ser, al sentir que me topaba hasta lo más profundo de mis entrañas, me convulsioné con otra excelente corrida emitiendo un largo –Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm-.
Aletargada y con el cuerpo totalmente relajado, no me fijé, que se zafó, me dio media vuelta y me salivó el culo, hasta que sentí la punta de su pito en mi agujero trasero, con lo que inmediatamente respingué diciendo:
¡No! ¡Por atrás, no!
Sujetándome de los hombros e inmovilizándome, dijo: ¡Tranquila! ¡Tranquila!
-Es que por atrás, no lo he hecho!
¡Tranquila! ¡Verás que te va a gustar!
Lo clavó todo y sin miramientos, quedándose quieto unos segundos, percibiendo el apretón que le suministraba, por mi estrechez. Sentí que me desgarraba, que me rompía, que me partía en dos, las lágrimas no se hicieron esperar, tuve que morder la colcha para no gritar de dolor.
Luego inició sus tallones y con el roce, el padecimiento poco a poco se convirtió en una delicia, un reverendo placer, hasta tenerme en éxtasis, con lo que empujaba mis nalgas contra él para que profundizara más. Al notar mis arqueos, me soltó los hombros y metió una mano hasta mi bulba, estimulando mi pimpollo y provocando otro orgasmo vociferando -Cómaselo- -Rómpalo- -No lo saque-
¿Verdad que te gusta, putita?
¡Me encanta! ¡Me fascina!
Y me inundó con una exuberante dosis de ardientes y exquisitos mocos, mi bisoño y recién desflorado culo, apretándome de las nalgas, para que con mis contracciones, le extrajera hasta la última gota de su placentero néctar que me surtía su verga.
Aún con la polla dura y yo en mi posición, boca abajo, la sacó de mi ano y la volvió a sumir en el coño con un leve –Oouuch- de mi parte. Varias veces la sacó y metió, pero ya estaba decayendo.
Cuando se separó de mi surco, se tumbó en la cama, con su polla a medio colgar, diciendo:
-La putita se puede llevar su juguetito-
Me aproximé a su pito y chupando con renovados bríos, dije:
¡Me importa un comino el plástico!, ¡usted, ya tiene una piruja y yo una verga, todas las noches!