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nadie sabe por que son las cosas

bareta Relato enviado por: bareta el 4/3/2013. Lecturas: 2116
Etiquetas:   Confesiones
Relato completo
plácidamente y por necesidad cojo, pero lo disfuto como sea-Cariño ¿Cogemos?
-No, vengo cansada
-¡Cansada o cogida!
-¿Quieres a saber?
-¡Sí!
-¡Cogida!
-¡No seas puta!, ¡Te doy todos los días!
-¡Ya te dije, soy ninfómana!
-¡Entonces eres puta!
-¡Eres pendejo, es lo mismo!
-¡No, las putas cobran!
-Las putas reciben algo por dar placer, yo, doy algo para que me den placer.
-¿Estás complacida?
-Por hoy, ¡Sí!, pero nunca satisfecha.
-¿Gozaste?
-¡Realmente eres bruto y zonzo!, ¡Sí!, ¡Lo gocé!
-¿Qué te hicieron?
-¿Detallado o rápido?
¡Como quieras!
A mis 35 años, sabes que me gusta usar cortas falda, medias no patys, hilo dental en lugar de tanga o calzón, para estar siempre dispuesta cuando me den ganas, también sabes que todas las noches cojo contigo, pero por lo menos una vez al día tengo la necesitad de tener una verga en mi agujero, pues te diré como me cogieron hoy, intempestivamente y delicioso.
Sin saber quién era, en el elevador de la oficina, quedamos un señor de unos cincuenta y tantos años y yo, bajando hasta el sótano o estacionamiento y escuché:
-¡Que buen trasero tengo frente a mí!
Sin molestarme, al contrario, con ganas y sin importar la edad, forma o tamaño, se humedeció mi coño y dije:
-¿Quieres atrás o adelante?
Asombrado, solo alcanzó a balbucear:
-¡Ambos!
Sin que aún se abrieran la puerta de elevador, la enorme mano de aquel tipo, ya estaba bajo mi falda hurgando en mi mojada y ávida rajada, apreté los dientes por la rápida y tosca agarrada. Bien sujeta por una mano de mi panocha, la otra sujetando mis cabellos y provocando echar mi cara hacia atrás, arrinconada en una esquina del pequeño cuadrilátero, simplemente de un tirón desgarró la delgada tela que ya estaba enterrada entre los inflamados labios vaginales y dijo:
-¿De verdad me voy a poder coger a esta rica putita?
-¡No sé si pueda, pero yo si quiero!
La puerta del elevador se abrió, el estacionamiento sin alma alguna, afianzada de los pelos, me introdujo al fondo, entre la pared del elevador y el primer coche estacionado. Olisqueando la escasa tela sostenida en una mano, mi cabellera sin solar entre los de la otra, mi espalda se recargó bruscamente en la cajuela del coche y dijo:
-Delicioso coño me voy a coger.
Nunca pude ver el tamaño de la verga que iba a entrar, soltó mis pelos y mientras con una mano me agarraba ambas muñecas echándolas tras de mi cabeza, sus piernas abrían las mías y la otra mano manipulaba en su bragueta, preguntando:
-¿Dejada, ganosa o puta?
-¡Todo!, ¿Platicas o coges?
No esperó más, sentí en mi agujero la dura punta de su pito, en el primer ataque, aunque dilatada, con el empujón quedé con los pies al aire y la cabeza apenas se enterró con un leve –Huuummmm-, con el siguiente me lo tragué por completo.
Con la deliciosa verga y sus tallones, me corrí entere un plácido, -Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh-, luego una buena dosis de leche lo anegó, me giró y ya boca abajo, con el trasero su disposición, el magnífico trozo de carne retozó en mi culo que también se llenó de leche.
Escurriendo los jugos de ambos y sin calzones, me subí al coche, el asiento está algo manchado, yo sigo escurriendo por todos lados.
-Si me vuelves a golpear, hago que te deje, dile que se acomode para que me acueste, ella si cobra, yo disfruto.