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SEXO ANIMAL

dulces.placeres Relato enviado por : dulces.placeres el 05/11/2017. Lecturas: 786

etiquetas relato SEXO ANIMAL   Infidelidades .
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Resumen
Todas las mujeres con la que había estado hasta ese momento eran habían sido sumisas, delicadas, tenía que endulzarles los oídos, demasiadas caricias, pero no Matilde, ella era un volcán, era una asesina, una guerrera, no había forma de calmarla y más le daba más quería…


Relato
SEXO ANIMAL

Ya hace unos cinco años que terminé mi relación con Matilde, sin dudas lo mejor que pasó por mi cama…

Estaba llegando a mis cuarenta años, con una familia ya constituida, esposa, tres hijas, todo lo que un tipo normal podría narrar. Antes de mi señora, había estado con algunas otras chicas, novias, en fin, hasta acá nada raro.
Sandra, la madre de mis hijas es una buena mujer, no tengo reproches para hacerle, y nada hacía prever que llegaría a serle infiel
Fue cuestión del azar, no fue buscado, solo se dio…

Eran poco más de las dos de la tarde, había salido de mi trabajo y me dirigía a pie hacia el estacionamiento donde estaba mi coche, a unas cuatro cuadras, como lo hacía diariamente.
Ella iba caminando a pocos metros delante de mí, alta, delgada, enfundada en unos ajustados pantalones de cuero que le dibujaba un culo sencillamente perfecto, de lo mejor que había visto en mi vida, solo regulaba el paso para mantener la distancia y ver sus caderas moverse de lado a lado en una perfecta sintonía que llenaba mi vista.

Y pasó lo que tenía que pasar, la joven no notó unas baldosas flojas, uno de los finos tacos de sus zapatos pareció trabarse entre ellas, perdió el equilibrio, trastabilló, y fue a parar al piso quedando en cuatro patas…
La alcancé pronto y la ayudé a recobrarse, las palmas de sus manos lucían sendos raspones y sus rodillas se mostraban desnudas por la rotura del pantalón, incluso la izquierda parecía sangrar un poco y parecía dolerle bastante.
Pero intuí que más de dolerle el físico, le dolía la vergüenza, ella se puso de espaldas a la pared, su pantalón también se había roto entre las piernas dejando ver parte de su trasero, eso lo había notado al verla caer…
Fue entonces cuando traté de calmarla, saqué mi fino pullover y se lo día para que se cubriera, lo tomó y lo anudó por las mangas en su cintura cubriendo su trasero.

Su rostro de niña mezclaba sensaciones de dolor y agradecimiento, ella iba a tomar el ómnibus, por lo que me ofrecí a llevarla a su domicilio, era apenas unos minutos extra.
En el viaje me agradeció por lo que había hecho, me contó que se llamaba Matilde, que apenas tenía veinte y trabajaba atendiendo al público en una conocida cadena de comidas americana, a unas cuadras de donde yo trabajaba.
Al final, ella me agradeció y me despidió con un beso en la mejilla.
No supe por qué, pero en ese momento entendía que algo pasaría entre nosotros, el perfume que dejó en el interior de mi coche me embriagó y abrí las ventanillas para que mi esposa no notara dada, a quien por cierto, no le conté nada de lo ocurrido.
Dos días más tarde, hice lo que no debí hacer, fui a almorzar al lugar donde ella trabajaba, verla tras el mostrador con el uniforme de la empresa y una gorrita con visera me causó un tanto de gracia, parecía aún más joven de los veinte que me había confesado.
Ella me reconoció de inmediato, me recibió con una sonrisa y quería obsequiarme la hamburguesa grasosa que había pedido, cosa que no acepté bajo ningún punto de vista.
Pague en efectivo, Matilde me dio el vuelto y con él un papel enroscado, tenía el número de su celular…

Ese fué el principio de mi relación clandestina con ella, a espaldas de mi esposa, Matilde tenía apenas unos años más que mi hija mayor, era todo muy loco…
Como podrán imaginar, empezamos a frecuentarnos, una salidita, otra, una escapada, un beso, terminé enredándome con ella.
Obviamente no le dije a Matilde nada de mi esposa, ni de mis hijas, tenía que planificar muy bien mi vida para que nadie sospechara nada, ni mi familia, ni mi amante.

Matilde era hermosa, ya les narré de su cola casi pornográfica, perfecta por donde la observara, todo le quedaba bien, de piernas de modelo, delgada, casi tan alta como yo, de vientre plano y de pequeños pechos, casi no tenía nada y ella me comentaba que le causaba cierto complejo, aunque para mí era perfecta como era.
De rostro un tanto ovalado, cabellos lacios castaños llegando a su cintura, ojos negros, y boquita deliciosa que tentaba al pecado.
Pero no era solo su físico que me atraía, era todo en ella, su forma de ser, su forma de hablar, de expresarse, las palabras que usaba y como la usaba, siempre me decía que la excitaba nuestra diferencia de edad, que veía en mí un tipo con experiencia, conocedor de la vida, que yo era un HOMBRE, y resaltaba eso, como queriendo diferenciarse de los jóvenes con los que había salido…

Las horas de sexo que compartía con ella eran terribles, jamás una mujer me hizo sentir lo que ella me hizo sentir, sin dudas fue lo mejor que me pasó en la vida, lo mejor que pasó por mi cama.
Siempre la llevaba a los mejores hoteles de la ciudad, íbamos directo al grano, sin vueltas.
A Matilde le gustaba que la mirara, le gustaba provocarme, solo me hacía sentar a un costado, y ella se enfundaba en lencería, sostenes, corsets, colaless, medias, porta ligas, tacos altos, botas, lo que imaginen, solía poner música y desfilaba como modelo, o se contorsionaba como prostituta de cabaret, o simplemente bailaba algún reggaetón sexi más propio de su edad, podía estar demasiado tiempo provocándome de esa manera en la que usaba su arma fuerte para atacarme, su culo, meneándolo de lado a lado.

Después íbamos a la cama, algunas veces le depilaba por completo su sexo y le chupaba la concha hasta que me suplicara que me detuviera, otras veces vendaba sus ojos, tomaba hielo entre mis dedos, y dejaba caer las frías gotas sobre su piel, sobre sus labios, sobre sus pechos, sobre su vientre, sobre sus piernas, sobre su raja y ella solo se contorsionaba calentándose más y más con el correr de los segundos, otras veces la ataba y solo la liberaba al terminar…
A ella por su parte, le gustaba chuparme la pija, solía llenármela con alguna mantequilla, o dulce, y solo chuparla hasta hacerme eyacular y mezclar los sabores, tragando todo como una perra.

Pero sin dudas lo mejor era cuando cogíamos, dejábamos la pasión de lado, sin palabras románticas, sin caricias, era sexo salvaje, sexo animal, gritos, transpiración, ella me enloquecía con sus palabras, me pedía que ‘la coja toda’, ‘que la coja duro’, ‘que la llene de leche’, ‘que le rompa la concha’, ‘que la mate’, era todo demasiado extremo…
Matilde se excitaba de tal manera que llegaba a mojar las sábanas, a veces metía los dedos en su concha y luego se los chupaba, eso me enloquecía, otras veces se los metía en su trasero y después me pedía que le rompiera el culo, que no la perdonara.
Me pedía que la tratara como a una puta, que no le tuviera piedad y que desatara con ella mis más bajos instintos…

Todas las mujeres con la que había estado hasta ese momento eran habían sido sumisas, delicadas, tenía que endulzarles los oídos, demasiadas caricias, pero no Matilde, ella era un volcán, era una asesina, una guerrera, no había forma de calmarla y más le daba más quería…

Y las cosas pasan porque tienen que pasar, vivía al límite, escondiendo mis secretos, a una y a la otra, pero sabía que no duraría por siempre. Una tarde de octubre nos habíamos amado con locura, loco, asfixiante, el borde del abismo, cuando terminamos estábamos exhaustos, ella encendió la tv del cuarto y me dijo que me bañara primero, así que tomé el lugar, un baño caliente y espumosos para coronar mi placer.
Al salir, ella estaba sentada al borde de la cama con mi celular entre sus manos, eso me paralizó, Matilde levantó la vista y me dijo pausadamente

Recién te llamaron, debes devolver la llamada cuanto antes, no la hagas esperar…

Ella se incorporó y pasó a mi lado camino al baño, aún estaba desnuda y olía a lujuria, dejando el móvil entre mis manos, para volver a decir

Por cierto, es muy bonita, te felicito…

La oí cerrar la puerta tras de mí, en ese momento sentí la tierra tragarme, la imagen del contacto de mi mujer, parecía observarme desde lo profundo del aparato, tragué saliva, la llamé y me excusé con ella.

Tiempo después mi amante volvió al cuarto principal, refregándose su larga cabellera con una toalla de gran tamaño, me mantuve a la expectativa, esperando una catarata de reproches, pero ella se mantuvo calma y dijo

Siempre lo supe, sabes, tus modales, tus secretos, tus horarios, siempre lo supe…
Y entonces… ahora que lo sabes… supongo que será el principio del fin…
Está bien por mi… no tienen por qué cambiar las cosas entre nosotros…

Realmente ella parecía no incomodarse, cosa que me llamaba demasiado la atención

La amas?
Si la amo…

En los minutos que siguieron tuve que contarle sobre mi vida, sobre mi mujer y sobre mis hijas, le dije la verdad, que para mí todo había empezado con ella como un juego, pero que amaba la forma en que cogía y lo perra que era, que se había transformado en una droga de la cual no podía escapar.

Pasaron los días, contrariamente a lo imaginado Matilde se puso más puta aun, ya no tuve que ocultar mi anillo de compromiso, por el contrario, se transformó en un objeto de perdición para ella, mostró un lado cínico por así decirlo, me dijo que no tenía nada contra mi esposa, pero disfrutaba que por su culpa yo me metiera los cuernos, se excitaba con todo eso, aún recuerdo como se mojaba y como se ponía cuando le narraba que estando con Sandra solo pensaba en ella, y que cuando le hacía el amor solo pensaba en ella, y que cuando le chupaba la concha imaginaba que se la chupaba a ella, y que cuando la cogía imaginaba que la cogía a ella…

Con ella era solo coger, coger y coger, se me estaba yendo la vida en Matilde, había descuidado mi trabajo, a mi mujer, a mis hijas, solo pensaba en ella.
La relación se tornó enfermiza…


Esa noche me había ido a dormir como de costumbre, como todas las noches, Sandra estaba concentrada leyendo una novela, sin decir nada, al acostarme a su lado, cerró el libro, lo dejó sobre la mesa de luz junto a los lentes de lectura, me miró fijamente a los ojos y con una tranquilidad pasmosa me dijo:

Como es ella?
Qué?
Lo que escuchaste… como es ella?
Ella? Quién? De que hablas? – en ese momento tragué saliva y sentí morirme –
Debe ser joven, bonita, cierto? debe ser muy buena en la cama…
Sandra que te pasa?
Shhhh! No digas nada…

Mi esposa puso su mano en mis labios, para que solo me callara, unas lágrimas brotaron de sus ojos y corrieron por sus mejillas y en ese momento me sentí la peor de las personas, un bastardo, ella suspiró profundamente, desvió su mirada hacia la nada, se encogió de hombros y solo monologó pausadamente…
Hace rato que me di cuenta, pero te veo tan feliz que no quería tocar el tema, estás tan cambiado, pareces otro hombre, seguramente te enloquece, muchas veces me he preguntado que de te da ella que no te doy yo, que tiene ella que no tengo yo, es un martirio constante. Sabes… cuando me tocas, cuando me haces el amor, solo pienso en ella, viene mi mente como un fantasma, cuando beso tus labios no puedo evitar imaginar donde lo has puesto, donde la has besado, donde la has comido…

Sandra hablaba con el alma, a corazón abierto y sus palabras me desgarraban poco a poco…

Imagino que todo debe ser perfecto con ella, pero sabes quien tiene las manos rasgadas de refregar tus ropas? Sabes quién se desvela por preparar tus comidas? Sabes quien espera despierta cada noche esperando que llegues? Sabes quien responde con una sonrisa a cada excusa por tu ausencia? Sabes quién habla con tus hijas cuando tú no estás? Sabes quién llora en silencio escondida por los rincones?

Ella no esperó ni quiso respuesta de mi parte, apagó la luz del velador y se acurrucó en mi pecho buscando mi protección como hacía cada noche, solo susurró en la oscuridad del cuarto antes de dormir.

Yo quiero verte feliz, y si tu camino es junto a ella, bien, te dejaré partir, solo quiero que tomes una decisión, porque me duele compartirte, yo no puedo seguir así…


Como terminó la historia? como suele terminar, elegí mi familia. Me senté a hablar con Matilde y la puse al tanto de todo lo que pasaba, le pedí que se olvidara de mí, de todo, la borré de mi vida, borré todo contacto con ella, borré todo lo vivido, borré cada segundo se sexo.
Fue duro, muy duro, y me animo a decir que fue más duro para mí que para ella.

Hoy la relación con Sandra ha cambiado, somos matrimonio, cierto, pero no me ha perdonado, solo sabe que pasó y convivimos con ello, como podemos, en nuestra intimidad el fantasma de Matilde sobrevuela nuestra cama, amenazante, hiriente…
De Matilde no supe más nada, más de una vez pasé por el frente del local de comidas rápidas donde ella trabaja, me mordí los labios y seguí caminando, sería un error volver a encontrarla…


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