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Soy la zorrita de mi padrino

Relato enviado por : bareta el 11/02/2013. Lecturas: 3617

etiquetas relato Soy la zorrita de mi padrino   Amor filial .
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Resumen
Por problemas familiares, llegué a casa de mi padrino, que en un par de días, me combirtió en una verdadera putita.

Relato
Actualmente, tengo 19 años, pero cuando tenía escasamente 16, indignada, enojada y sentida, por los insultos, golpes y humillaciones por parte de mi padrastro, sin que mi madre intercediera por mi persona, en un receso escolar, se me hizo fácil tomar la decisión de huir de mi hogar, refugiándome en casa de mi padrino, que poco frecuentaba ó visitaba, pero que sabía de los problemas existentes con mi madre. La renuente, fue su esposa, quien de inmediato indicó que ella no quería saber, ni se metería en mi problema pero que acataría la decisión de mi padrino, quien aceptó con la condición de que solo fuera por unos días, para que se calmaran las cosas y hasta que él aclarara la situación con mi mamá.
Los dos primeros días, pasaron como si nada, pero al tercero y estando solos, después de bañarme, súbitamente, abrió la puerta del cuarto que me asignó, encontrándome totalmente desvestida, con lo que de inmediato comentó:
-¡Pero si mi ahijadita ya no es una niña, está hecha todo una mujercita!
Sorprendida, busque la toalla para taparme, pero estaba fuera de mi alcance y solo me cubrí con mis brazos diciendo:
-¡Hay padrino!, ¡No sea así!, ¿Porqué lo dice?
Se paró a un costado, junto a mí, suavemente me retiró los brazos del cuerpo y contemplando mi desnudez, expresó:
-¿Porqué?, pues porque ya tienes bien formadas tus chichitas y tus nalguitas, lo que no sé, es si eres quintito.
Junto con sus palabras, una mano se posó en uno de mis senos y la otra acarició mis nalgas, con lo que me excité rápidamente, pero haciéndome la ingenua, respondí:
-¿Qué es eso?
La mano que estaba en mi seno, bajó hasta mis recortados vellos vaginales y sobó mi concha, sacándome un leve pero delicioso -Ahhh-, al tiempo que indicaba:
-¡Que si ya ha estado un hombre aquí adentro!
Mi ranurita se comenzó a humedecer, al sentir el contacto y jugueteo de uno de sus dedos sobre mi erguido clítoris, por lo que trémulamente contesté:
-¡Hombre, no!, ¡Pero dos muchachos ya me metieron su cosita!
Con una mano agasajando mi coñito y la otra mis nalgas, empecé a estremecerme de placer, escuchando:
-¡Cositas!, ¡Entonces eran niños!, ¡Lo que este hoyito necesita es una buena verga!
-¿Si?, ¿Usted cree, padrino?, temblorosa inquirí.
Si retirar las manos de donde las había puesto, olfateando mí recién perfumado cuello, lo besó suavemente, con lo que terminó de excitarme y solo susurré:
-¡Hay padrino, no me haga eso, siento muy raro!
-¿Te gustaría una buena verga, ahijadita?
Cerrando los ojos, vibrando y disfrutando sus caricias, musité:
-¡Uuuuuuuuu!, ¡Ahhhhh!, ¡Nnn… o seeee!, ¡Nnnnnn… se!
Mis párpados entre cerraban mis ojos lentamente, mi coñito se empezó a contrae y ya estaba dispuesta a todo.
No supe si por mi dejadez, mis expresiones de placer o porque notó mi calentura, me llevó hasta la cama, me sentó en la orilla, se arrodilló frente a mí, separó mis piernas y antes de que se perdiera su cara entre mis muslos, dijo:
-¡Te voy a enseñar lo que es coger con un hombre!
Las ricas y deliciosas mamadas que me daba en toda mi rajita, hicieron que poco a poco me fuera recostando en la cama, ya mis abundantes jugos se mezclaran con su saliva entre mis placenteros -Ohhh-,- Ummm-, -Ahhh-, -Huyy-, y sin que notara el momento en que se quitó sus pantalones. Después de mordisquear mi clítoris, su cara empezó a recorrer mi cuerpo, chupando y besando, desde mi coño hasta mis senos, donde se entretuvo lamiendo y jalando mis pezones, cuando llegó al cuello, delicadamente lo besó junto con mis oídos, para ese entonces, ya estaba completamente caliente, me sacudí al sentir que algo extremadamente duro y largo tallaba sobre mi hinchada panocha, mientras mi boca buscaba afanosamente la suya, percibí que su mano acomodaba su verga en mi ya dilatado agujero, en el instante que nuestras lenguas se entrelazaban, con un pequeño empujón, me enterró la pura cabeza, lo que me produjo un leve y soportable dolor, al sentir el grueso trozo de carne abocardar mi intimidad, por lo que lo abracé fuertemente y él empezó a retozar en mi entrada preguntando:
-¿Le gusta la verga a mi ahijadita?
-¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, padrino, siiiiiiiiiiiiiiiii!, contesté palpitante y deseosa.
Mientras él seguía jugando en la puerta de mi coño, poniéndome cada vez más eufórica, yo empujaba mis caderas contra su cuerpo, con la finalidad de clavarme más su verga, pero solo lograba ponerme más ansiosa y ávida, por lo que pedí suplicante:
-¡Yaaaa, padrino!, ¡Por favor!, ¡Démela ya!
-¿Mi putita ya quiere toda la verga?
Sintiendo que mis líquidos escurrían entre mis nalgas rogué:
-¡Siiiii!, ¡Yaaaaa!, ¡Métala!, ¡Ya cógame!
Metió sus manos bajo mi espalda y apoyándose de mis hombros, con un primer movimiento, fuerte y duro, de sus caderas, se deslizó en mi interior, haciéndome vibrar, apretar los ojos y abrir la boca excesivamente, al engullir una buena parte de su verga, en el siguiente ataque, lo enterró hasta el fondo, sintiendo como que unas enormes bolas golpeaban en mi trasero, ya estaba bien ensartada, mis brazos no dejaban de abrazarlo, instintivamente subí mis pies sobre sus muslos y al sentir como me llenaba de carne y de placer, con los deliciosos tallones que me proporcionaba, tuve un rico y prolongado orgasmo, emitiendo un tenue -Ooooooooooooooouuuuuuuuuuuuuuucccccchhhhhhhhhh-, frenética, los apretaba contra mi cuerpo y lo besaba, él continuaba con sus enérgicas fricciones, sacando y metiendo su verga dentro de mi cueva, de repente en una sacada, se detuvo un instante, dejando apenas la punta adentro, observó mi palpitante mirada, de un sopetón, lo hundió potentemente hasta el fondo golpeando mi panocha y haciéndome exclamar desde lo más profundo de mi ser un -–Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyy papá, ¡Que riiiiiiiiiiiiiiiico!, con otra exquisita corrida. Las fuertes raspadas no cesaban, luego inició unos deleitantes movimientos circulares con su cadera, provocando que nuestros vellos se frotaran y se entrelazaran. Minutos después, se zafó por completo, con lo que de inmediato reclamé:
-¡No!, ¡No!, ¡No se quite!, ¡Sígamelo dando!
-¡Tranquila!, ¡A mi putita, me la voy a coger hasta que grite de gusto!
Me enderezó, volviendo a quedar sentada en la cama, hasta ese momento, conocí la majestuosa y fabulosa verga que me había tragado, larga y deliciosamente gorda, la tomé entre mis manos y como si estuviera rezando me la llevé a la boca, apenas si me entraba, pero disfruté dándole deliciosas mamadas,
Me hizo hincar sobre la cama, también en la orilla, de espaldas a él, me inclinó la cabeza hasta que la recargué sobre la colcha, dejando bien levantado mi trasero, después separando mi labios vaginales, succionó los jugos que brotaban de mi rajada y subiendo a lengüetear y ensalivar mi culo, dijo:
Acomodó su verga y con otra arremetida, perforó nuevamente mi coño, los tallones no se hicieron esperar, pero junto con ellos, me propinó una serie de fuertes nalgadas con las que me hizo estremecer de dicha y exclamar:
-¡Síga!, ¡Siga!
Sin previo aviso y estando humedecido mi culo con su saliva, clavó un dedo en su interior y empezó a moverlo, un plácido y satisfactorio -Ohhhhhhhhhhh-, salió de mi boca, sintiendo por dentro, como se rozaban ambos aguijones. Atiborrada en mis agujeros íntimos y con los movimientos que se hacían en ambos, frenéticamente enloquecida, extasiada y agitando la cabeza de un lado a otro, comencé a vociferar:
-¡Así padrinito!, ¡Que rico me coge!, ¡Que sabrosa verga tiene!, ¡Hay papá!, ¡Humm!, ¡Ohhh!, ¡Que rico siento!, ¡Siga!
¡Fuerte!, ¡Deme fuerte!, ¡Siga, Siga, ma… ma… ma… aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssss!, y volví a tener otra profunda y sustanciosa venida.
Me quitó el dedo del culo, volvió a nalguearme, yo estaba frenética y bien estimulada, no me importó, cuando sus manos atenazaron mis chiches y apretándolas, preguntó:
-¿Quiere mi putita mi leche adentro de su coñito?
-¡Si, padrinito!, ¡Échela adentro!, ¡Lléneme con sus mocos!, ¡Désela toda a su putita, padrinito!, conteste
-¿Eres mi putita?
-¡Si padrinito!, ¡Soy su putita!, ¡Haga feliz a su putita!, ¡Solo para usted, es mi coño y mi culito!
Sus embestidas se volvieron más fuertes, sus dedos pellizcaron mis pezones y se comenzó a sacudir cuando sentí que chorros y chorros de ardientes mocos saturaban mi cavidad vaginal, tras su exuberante corrida, se zafó y se quedó parado temblorosamente, yo me giré, quedando de a perito frente a él, su verga completamente embadurnada con la confusa mezcla de nuestro néctar, empezaba a declinar, acerqué mi boca y mis labios al limpiar su pito, paladearon el delicioso sabor de los jugos vertidos por la esplendorosa cogida que me había dado.
Días después, tras discutir con mi madre y mi padrastro mi futuro, importándoles un sorbete mi vida y agradeciendo que no tuvieran que batallar conmigo, accedieron a que me quedara a vivir con mi padrino. Como la esposa de mi padrino, poco estaba en casa y pensando que tendría sirvienta gratis, no puso objeción.
Desde ese tiempo, mi padrino, con fe y esmero, le da verga su putita, perdón ¡A su ahijadita!, que se ha vuelto bien ganosa y caliente. Como me da tan rico y delicioso, siempre estoy dispuesta a lo que quiere, hasta dejarme coger por su mejor amigo, mientras mi padrinito observa como disfruta y goza su pequeña putita, el tener la verga bien enterrada, que ya le rogué que me la metiera por el culo, pero esas, son otras historias.

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Comentarios enviados para este relato
pro2001 (12 de February de 2013 a las 04:24) dice: eres una super puta que rico has de cojer mamita


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