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Un Padrastro...Ejemplar

Relato enviado por : manuelmonroe el 01/07/2009. Lecturas: 24003

etiquetas relato Un Padrastro...Ejemplar .
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Resumen
Con esta narración quiero demostrar que no siempre una aprende las cosas de la mejor manera y que los sentimientos y emociones nos juegan una mala pasada. Los antecedentes son, que mi mamá se había juntado a otro hombre, Roger, que a mí entender, era muy fogoso lo cual contrastaba con la actitud de mi mamá. ¿Qué por qué lo sé? Bueno más de una vez...


Relato
Con esta narración quiero demostrar que no siempre una aprende las cosas de la mejor manera y que los sentimientos y emociones nos juegan una mala pasada. Los antecedentes son que mi mamá se había juntado a otro hombre, Roger, que a mí entender, era muy fogoso lo cual contrastaba con la actitud de mi mamá. ¿Qué por qué lo sé? Bueno más de una vez presencié –espié- sus momentos íntimos y en ellos él siempre “llevó la voz cantante” y siempre discutían sobre las posiciones para singar. Me encantaba de Roger que sabía alegar para convencer, demostrando pericia, conocimiento y práctica. Todo un “machoman”.
Yo, Margaret, me aproximaba a mis primeros dieciocho años y desde un tiempo, ya lejano, todo había empezado a revolucionar mi vida. Mi cuerpo, en constante y dialéctica ebullición, cambiaba inexorablemente llevándome a torbellinos de imágenes y pensamientos que martirizaban mi mente y mi adolorido cuerpo. Ya no era virgen ni interna ni externamente, ni física ni emocionalmente. Sabía y conocía muchas cosas en lo atinente a la relación macho-hembra. Pero, saber y conocer, es muy distinto a comprender. Y peor que ello es aprender mal. En resumidas cuentas, no tenía experticia en lo concerniente a mi sexualidad y sus circunstancias. Mi estructura ósea y muscular estaba consolidándose como una mujer prometedora, ya no era una pazguata. Me desarrollaba armoniosamente y era objeto de grandes halagos y elogios: unos recordables y otros no tanto. Era una mujer con todas las letras no una mujercita como algunas veces, desafortunadas, me decía mi mamá. Morena de tez, ojinegra y de frondosa y sedosa cabellera; mis hermosos senos guardaban una perfecta proporción con mi cintura, bastante reducida que permitía que mi trasero destacara, no por mis redondas y prietas nalgas, sino por lo bien contorneado. Toda la estructura corpórea la sostenía un par de piernas, estilizadamente definidas y mejor ejercitadas. Si…si, sé que piensan que estoy describiendo a una miss, pero prefiero pecar de inmodesta a sufrir el terrible agobio de que no sepan cómo soy. Finalmente diré que en la universidad era todo un espécimen si no impresionaba por mi cuerpo llamaba la atención con mi look, la palabra que mejor me describe es “despampanante”.
Tenía…tuve un enamorado que en lugar, de permitirme o permitirnos, disfrutar de toda la sensualidad y sexualidad que una hembra como yo pudiera brindarle y que él como un hermoso padrote, porque la pinta la tenía. Sin embargo, en corto diré que el problema básico y fundamental era su precocidad eyaculatoria. No pretendo dar clases de moral y sexual ni de ningún orden, pero es justo declarar que las mujeres y los hombres tienen diferentes tiempos pre-coitales y que para cumplir una satisfactoria culminación, lease, un monumental orgasmo y una excelente eyaculación, debe, inexorablemente, cumplirse estas “normas copulativas”. El colofón llegó cuando en nuestro último contacto intimo, si se puede llamar así, estaba de espalda desnuda y me tomó por las caderas y entremetió su preciosa verga, porque al Cesar lo que le toca, entre mis nalgas y no había llegado a tocar mi coronita trasera cuando el raudal líquido seminal se desbordó y chorreó por todas mis nalgas y piernas. ¡¡Horrible!!...por decir lo menos. Hasta allí llegamos.
Hoy doy gracias a la Internet y a mi amiga Cleo, que me introdujo en ese mundo virtual…y claro a la destreza que he demostrado en el manejo de esa herramienta hoy puedo disfrutar de gratos y profundos orgasmos virtuales. Espero haber brindado una buena descripción de mi persona, ahora voy con mi personalidad.
Dejé sentado que no veía una entrelazada relación entre mi mamá y mi padrastro, Roger. Tanto que más de una vez noté como Roger, así le llamo yo, me miraba y se “entusiasmaba” con ni cuerpo. Una vez lo vi sobarse su entrepierna con fruición, cuando me peinaba frente a mi peinadora, en mi cuarto. Claro la puerta entreabierta, y como vestido tenía una “batita transparente”, reconocí que tenía que ser de piedra para no erectarse. Así que los ojos de mi padrastro se perdían viéndome cuando caminaba, -uso la falda arriba de las rodillas-, de tal manera que no es extraño para mí que amigos y otros muchos machos, babearan al verme contonear las nalgas al caminar. Indudablemente que mi padrastro no se iba a quedar a atrás. Empecé a notar que me deseaba como mujer, eso avivó mis fantasías que incorporé a mi mundo virtual.
Pero quien si tenía un mejor acople con él, digo Roger, era Carolina. Carolina era una joven mujer aindiada, con un bonito color de piel acanelada, que ayudaba en los quehaceres de la casa. Una casona que de solo recorrerla uno se cansaba. Por ser grande tenía muchos espacios o recovecos que permitían -a uno o dos- esconderse por tiempo prudencial y no ser encontrado. Yo misma lo había experimentado cuando mis primos venían los fines de semana y jugábamos “al escondido”, tiempo ha…de aquello.
Una tarde gris –así dicen los poetas-, por culpa de las protestas universitaria llegué temprano a casa, como lo hice a pie, no hice ruido alguno, y cuando me dirigía a mi cuarto. ¡Real, no virtual! fue mi sorpresa al ver por la ventana de la cocina a Roger con el torso desnudo y jadeando. Me acerqué con disimulo y sin hacer ningún ruido y pude ver la escena completa. Roger tenía embutida toda su enorme verga entre las nalgas, que me parecieron mas grandes desnudas, de Carolina, quien en cuatro patas luchaba –me pareció eso- por zafarse de aquel bellaco que la penetraba con pasión. Él con los pantalones arrollados a la rodilla y ella con la falda levantada a la cintura. Quedé inmóvil por momentos y parada en un lateral de ventana de cocina, vi y oí como gimoteaba y se balanceaba por la cogida que le daban. Si disfrutaba y lo hacía con placer. Enseguida comparé, todo en la vida se hace por comparación, aunque algunos odiemos las comparaciones. Comparé como sosamente coge a mi mamá y como estaba enérgicamente cogiendo a Carolina. No aguantaba, aquel tronquete entrando y saliendo en aquel diminuto orificio me enloquecía, robótica y temblorosamente empecé a restregar mi abultada vulva y mi mojada y lubricada vagina. Se me fueron los tiempos, cuando con el índice acariciaba mi clítoris y con el anular masajeaba mi punto G, al punto de dejar caer mi morral. Me detuve en el acto…esperé…nada sucedió. Aquel par estaban jadeando y contoneándose, presagio y predisposición para llegar o tocar el cielo.
Me fui tan sigilosa como cuando llegué, pero mi interior estaba rebullendo desde mi cuarto ni los oía y ellos menos a mí.
Con aquella visión en mi mente retomé mi vértice que mojado “pedía a gritos” satisfacción. Aparté mi braguita y con mi método índice-anular froté, me contorsioné, gimoteé y finalmente solté el grito de culminación, en mi mente, la escena se difuminaba, ahora ella continuaba inclinada hacia delante pero su raja estaba mojada y brillante por la cascada de semen que bajaba desde su arandela rectal y él, Roger, con su fláccido miembro, también brillante y goteante detrás de ella…esperaba…o se deleitaba con la obra cumplida. Sentí como mi sexo se abrió y dejó caer mi líquido íntimo.
Aquella imagen no la podía quitar de mi mente, cada día era mas intensa. Y, como toda obsesión, irrumpía en mi mente, abrupta e incongruentemente impacientándome y exacerbando su carácter mórbidamente morboso. Porque, ahora me comparaba con mi mamá y con Carolina. ¿Coño! Yo le llevaba ventaja. Si a ellas se las cogía sabroso conmigo debería ser la locura. ¿Tener sexo con mi padrastro! Mas de una vez me masturbé con ese pensamiento en mente hasta que se dio.
- ¡Buenas tardes…y eso tú aquí…y a ésta hora!… ¿Qué raro? -me dijo, sorprendido.
También mostré sorpresa pero, en mi interior sabía que la realidad me obedecía, porque había cuadrado
La escena para liberarme de Carolina que había ido a su casa por tres días, mamá trabajaba por la tarde, y mi padrastro de vuelta temprano a casa, lo oí decir
- Violeta, mi amor, hoy vendré temprano.
No fui a la universidad y mientras me excité virtualmente, es decir, por computadora. Me duché con agua tibia para no apagar la excitación, me froté todo el cuerpo con una mezcla de loción y aceite ligeramente perfumado con feromonas. Iba cubierta por un top sin brasier, era mi costumbre. La falda corta…cortadora del aliento y el gran secreto sin bragas pero olorosamente agradable a sexo puro, sin aditamentos. .
El talante que traía era el de un hombre sin problemas.
Era viernes y los viernes tomaba unas copas, imagino que para cogerse a mi mamá, porque ella es de fecha fija. Los viernes…porque se levantará tarde y nada del “polvo del gallo”.
Se fue a la ducha y salió afeitado y perfumado, pensé…será que este hombre tiene la misma idea que yo. Después pasó a la entre-sala para ver la televisión, la parte más fresca de la casona. Y justo allí estaba yo haciendo la que revisaba revistas de moda. Estaba sentada frente a él, claro que podía ver mis piernas descubiertas más allá de las rodillas. Se sirvió una copa de licor y me ofreció una. Cuando me la vino a entregar noté que en la entrepierna del pantalón presentaba una joroba. El licor almendrado me animó a pararme e ir a buscar otra revista, sentí mi falda metida entre mis nalgas, no hice nada por sacarla, tomé la revista con una inclinación de cintura más pronunciada que lo acostumbrado, creo que fue perfecto el panorama que le brindé. Después supe que el había sentido un corrientaza cuando vio mis nalgas semiabiertas y mi depilado coñito. En televisión sonaba un comercial con música de merengue pegajoso, yo en una mano la copa y en la otra la revista dancé y giré en vuelta completa y me mostré cuan desnuda estaba. El me animó y sirvió otro trago. Sonó el teléfono:
- Aló, si…¡hola Violeta! –Sonaba amoroso- Bueno mi amor así será –colgó.
Era mi mamá que había decidido quedarse en casa de su mejor y única amiga. Más de una vez habían discutido por ese comportamiento, decidir a última hora quedarse fuera. No lo noté disgustado por el incidente. Yo bailé, girando mas violenta, me había tomado la segunda copa de una.
- Ven bailemos…ven… -lo decía convencida de que no lo haría.
Pero me equivoqué. De un salto estaba abrazada a él, tanto que sentí aquel “tronquete que entraba y salía en el orificio de Carolina”. Ahora lo sentía en vivo y directo. Las bocas se buscaron y encontraron. Nos abrazamos tiernamente pero apasionadamente. Dejó caer su mano derecho y fue derecho a mi entrenalgas, pensé quiere comprobar que no tengo braga. Por mi parte no necesitaba tocarlo ara comprender que el tampoco cargaba nada debajo su pantalón. Bueno…me refiero a ropa interior porque si que portaba “su arma de reglamento”. La música terminó y levantándome en sus brazos me llevó al cuarto matrimonial, el más cercano. Me dejó en la cama y comenzó a bajarse el pantalón. Me despojé del top y la falda. Se acostó a mi lado y colocó su miembro entre mis piernas, ¡Increíble! aquello asomaba al otro lado de mis piernas, que no son precisamente delgadas. Nos besábamos denodadamente, gimiendo y acariciándonos como colegiales que por primera vez sienten vibrar su cuerpo ante una sensación desconocida y embriagante.
- Eres hermosa…eres hermosa…-murmuraba a mi oído.
Aquello me enervaba más y más. Yo no hablaba, solo hacía y me dejaba hacer. Besó mis senos y los acarició con la mayor ternura posible, parecen de porcelana y siguió bajando. Entendí a dónde iba a parar. Así que me incorporé en la cama e invertí las posiciones y le puse mi área secreta en toda su cara y, simultáneamente tomé aquel tolete y lamí con soltura y calma al comienzo pero, frenéticamente, a medida que él hacía lo mismo con mi coño. No lo había visto mamar cuca como me lo estaba haciendo, digo, en los momentos que espié. Por mi parte tampoco había dado una chupada como ésta. Yo logré orgasmiar y el se aguantó y retuvo su eyaculación. Cansada por las contorciones y balanceos arriba de Roger y adolorida porque con sus manazas tenía sometidas mis caderas y me inmovilizaba para que lograra el orgasmo clitórico y vaginal mas sensacional. Descansamos un rato.
Roger fue por más licor. Trajo la botella y las copas y en ningún momento bajó su arma. Tomamos los tragos y él dejó caer el líquido color caramelo en mí pubis sentí como bajaba hacia mi coñito, ardía suavemente y siguió hacia el culito, fue allí cuando abrió mis nalgas y a partir de mi redondel anal comenzó a chupar el licor hasta la frente de la vulva pasando por mis gruesos labios vulvales –interno y externo-. El placer era maravilloso, indescriptible e inenarrable. Después de esto la muerte, decía una amiga. Fue tanto el placer que suspendí la mamada que le estaba obsequiando a Roger. Me entregué y el entendió que estaba en las fronteras del orgasmo. Ágil y enérgicamente se incorporó se colocó entre mis piernas levantó mis caderas con sus manazas emboquilló su miembro en mi vulva abierta y ansiosa, con precisión introdujo la cabeza y sentí como su corona abría mi vagina y se internaba en las profundidades mas recónditas de mi ser. El golpeteo de entrada y salida lo sentía hasta la entrada de útero. Molestaba un poco pero después se tornó agradable y placentero. Con maestria se agitaba y oscilaba dentro de mí. Acompañé su ritmo hasta que creí desvanecerme del placer. Recordaba la escena con Carolina y noté que mi culito se abría y cerraba al ritmo de mi orgasmo vaginal. Yo apretaba fuerte mi vagina y Roger lo sentíó. Era prueba de haber acabado. Yo coloqué mis piernas sobre sus hombros y dejé libre la zona trasera. Percibió mi mensaje y sacó lentamente el miembro vibrando por la erección y la cercanía de su eyaculación. Yo me ensalivé la mano y la pasé por mi culito, no hizo mucha falta porque aquella barra cárnica no encontró ninguna oposición, salvo la entrada, que tuve que ser fuerte y aflojar el redondel anal para que la enorme joroba de su pene pasara sin mucho daño. Dicen que con paciencia y salivita… Empujaba…y empujaba. Al fin sentí que sus testículos hinchados golpeaban mis nalgas. Me dijo, amablemente y consoladoramente:
- Ya…ya… ya entró.
Así había sido todo estaba adentro. Sentí que ahora su envergadura se movía mas lubricadamente, fue cuando caí en cuenta que con los empujones del pene presionaba mi vagina y la exprimía, haciendo que los jugos segregados salieran, los cuales iban directamente al lomo de la barra cárnica, permitiendo una mayor y mejor lubricación del canal rectal. Lo hundía…lo hundía cada vez mas con mas soltura ahora lo acompañaba en el meneo de caderas, me apoyaba en mis piernas y empujaba hacia arriba y el hacia lo contrario sin perder el ritmo. Las fronteras del climax estaban cerca, comencé a frotarme el clítoris, húmedo y resbaloso, con suavidad. Siempre había imaginado acabar por la vagina, por el culito mientras una regadera de semen me bañaba internamente. Y estaba al borde de ello. El movimiento se tornó cadencioso, armonioso pero seguro y completamente dirigido a lo que buscábamos, el climax. Su voz gutural y entrecortada se oyo:
- Soy tuyo…so…soy tuyo –parecía sufrir.
Yo apuré mi frotación clitórica y le susurré:
- Yo…tam…también.
La presión rectal fue total. Explotó su glande dentro de mí recto como burbuja de suave crema batida que desde lo profundo, como tsunami, se devolvía buscando salida. Levanté mis piernas y clavé mis talones en sus nalgas duras, tensas y las presioné contra mi pelvis. Mi deleite trasero no opacó el delantero, mi vagina se contraía y con ella el esfínter, en una lucha por ser mas rápido, la una mas que el otro. Sus gemidos casi bramidos se dejaron oír estruendosamente, contraía su abdomen con cada expulsión de semen. Éste golpeaba mi interior y se expandía buscando salida. Uno…tres…siete contracciones y vomitadas hizo antes de caer encima de mi, exhausto.
Mis imágenes, de Roger con Violeta y de Roger con Carolina, se desvanecieron como por arte de magia. Estaba libre de aquella tortura que como recuerdo atávico no me dejaba vivir. Allí estábamos transmutando todos los egos mutantes que nos atormentaban. Porque después de descansar y limpiar sabanas y poner nuevas, por estar manchadas por los residuos secretados por mis aberturas, sin obviar las de Roger.
Me contó que -muchas veces pensaba en mí y las pocas visiones que tenía de mi cuerpo- para excitarse y cogerse a Violeta y a Carolina. Eso a él le creaba un conflicto de fidelidad. Pero y aquí vino la proposición que me enloqueció y con firmeza me dijo:
- ¿Sabes lo qué es trío, Margaret? –su voz la sentí lejana.
Me incorporé en la cama sorprendida aunque, a la distancia, creo que el sorprendido fue él cuando abrazándolo y besándole profundamente le dije si y que con quién lo ibas a realizar. Riéndose me dijo:
- ¡Coño! Te pregunté que sí sabías lo que era un trío, no qué si lo querías hacer –se burló de mí.
Discutimos por largo rato sobre el tema, una vez que regresamos de la ducha pero no estábamos en el cuarto matrimonial, regresamos a mi cuarto. Este también era un deseo que quería cumplir, cogérmelo en mi propia cama. También era obligado, porque el colchón de la otra cama debía secarse. Él dijo en tono jocoso que hacía tiempo que le faltaba una almidonada al colchón. Siguiendo con lo del trío la idea era hacerlo con Carolina que era de mente mas abierta que mi mamá. Y él quedó a cargo del encuentro.
Seguimos tomando aquel licor y comimos bocadillos que preparó con esmero, sabía lo que hacía. Se hizo de noche y ésta entró por mi ventana como gran invitada. A partir de ese momento, la ventana nos sirvió como pantalla televisiva que permitió que las estrellas se asomaran y fueran testigo de aquellas escenas de tierno y apasionado amor…amor carnal.
También testificarán que hacia la medianoche, cuando todas ellas estaban agolpadas en el cielo y titilaban al mismo ritmo que palpitaban nuestros corazones. Nos vieron dormir placidamente: cansados, exhaustos y agotados sexualmente hablando. Entrelazados de brazos y piernas, y juro por las estrellas que así amanecimos.

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Comentarios enviados para este relato
manuelmonroe (4 de July de 2009 a las 15:10) dice: Estimados amigos, por cuanto el comentario de Saltarin Apasionado es falaz y artero. Además de anónimo es por lo que me retiro de la página. ¡Adelante!...

Saltarin_Apasionado (3 de July de 2009 a las 01:13) dice: TU RELATO ES MAS LARGO QUE LA BIBLIA !! POR LO VISTO ES BOLA.

tiriloncito (22 de July de 2009 a las 05:25) dice: no hagas caso de comentarios mal intencionados,tu relato es muy bueno, sigue adelante, saludos.

christe (16 de October de 2009 a las 15:39) dice: Excelente relato y muy bien escrito. Te felicito. Aguardo más en el futuro.

coronelwinston (1 de July de 2009 a las 20:36) dice: !Muy bien Manuelmonroe! !Muy bien coño! Así me gusta leer relatos. Con fondo, historia, conversación y excitación. Y con una buena redacción. Has logrado todo. te felicito por elloy te mando mis saludos y un puñetero EXCELENTE.


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