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Una Siciliana peligrosa

Relato enviado por : josemonello el 01/11/2016. Lecturas: 977

etiquetas relato Una Siciliana peligrosa   eroticos .
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Resumen
Resumen de Una siciliana peligrosa
El Padrino mafioso de Montelepre, recibe una singular oferta, liquidar a una familia con excepción del pequeño hijo. Marietta, la flamante y calculadora madrina del niño decide hacer la vida que siempre soñó y tras cobrar una pequeña fortuna, como tutora del niño, emprende un viaje en un lujoso trasatlántico con destino a Buenos Aires con la idea de gozarla. En el barco, una madura se engolosinó al verla con su bikini donde afloraban sus bellos púbicos en esta era de vaginas rapadas. La madura, casada con un viejo multimillonario, van por el mundo en búsqueda de aventuras sexuales inéditas utilizando los trasatlánticos como coto de caza. En ésta oportunidad vuelve al lugar con su marido y se estira en la silla de playa vecina a Marietta que a su vez intuyó la intención de Helga, la madura



Relato

Marietta, una siciliana peligrosa.

La orden de Don Celestino era drástica y los sicarios se rascaron la cabeza, pues hacía años que no ocurría nada parecido desde que sobrevino la pacificación de la mafia en la isla obligada a guardar sus formas impetuosas debido a la gran presión policiaca. Por lo tanto su negocio: “sicario a la cart” era requerido últimamente solo por los EEUU.

Liquidar a Don Mauricio Bandoleone y familia parecía una fantasía sacada de la novela “El Padrino” pero la orden era clara y se debía cumplir con el mayor sigilo en el plazo de 48 horas, aprovechando la misa del domingo. El único que deberá quedar vivo era el niño Peppino

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Ese domingo Don Maurizio miraba con orgullo a su único hijo varón, Giuseppe, Peppino en el cariño, se agachó, le arregló la corbatita y le dio un beso, detrás venía su esposa con sus dos hijas. Le tomó de la mano y se dirigieron a la iglesia Maria SS del Carmine para escuchar la misa.
Mientras escuchaban el tañido de las campanas de la iglesia, caminaban lentamente por Via Rosolino Pilo. Detrás de ellos dos personas no dejaban a otras personas acercárseles, por lo que iban solos. Ese hecho llamó la atención de Maurizio, algo estaba por ocurrir, lo presentía justo al momento en que viene la madrina de Peppino y le toma rápidamente de la mano adelantándose al momento que un coche se acercaba lentamente, Don Maurizio solo atinó ver una metralleta que escupía balas. Cayeron todos, Don Maurizio, la esposa y las niñas totalmente ensangrentadas. Uno de los sicarios desciende del automóvil, hace una nueva rociada de balas y se retiran.

Marietta no se dio la vuelta para ver el desastre, corrió con el niño y se perdieron en un callejón que daba a la parte de atrás de la iglesia.

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El albacea leyó el testamento, que era como esperaba Marietta, que se encontraba en compañía del niño. Ella asentía con fastidio a todas las indicaciones de las obligaciones que tendría a partir de ahora con el niño
―Y prepárese para hacer un viaje para sacar a su ahijado de Montelepre y si es posible también de Italia, porque no sabemos si esto es una vendetta, en tal caso querrán también liquidar al niño.
Nada dijo la mujer, porque eso se adecuaba a sus planes sin despertar sospechas. Su mente volaba por Sudamérica, su viaje soñado, su vieja ilusión de salir de la avara Montelepre, donde residía. Sabía que buena parte de la fortuna de Don Maurizio, ahora pasaría a sus manos y claro que debía llevarse al niño que sin embargo no lo consideraba una carga…todavía.

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Marietta efectivizó todos los bienes que pudo, porque los más costosos tenían clausulas que favorecían solamente a Peppino cuando cumpliera su mayoría de edad. Depositó la inmensa cantidad de dinero en una cuenta que luego será transferida al destino que ella indicara.
Siguiendo instrucciones del Juez, se la arregló para que Peppino no figure como pasajero y emprendieron el viaje con destino a Buenos Aires en el trasatlántico Andrea Doria.
Si bien viajaban en segunda clase, la nave era espectacular y Marietta ahora podía realizar todos sus sueños. Por fin, su problema económico dejó de ser un problema. Ahora se podía considerar una mujer rica y eso, gracias a Don Celestino…¿Don Celestino?... Ella lo había probado todo pero siempre fracasaron todos sus intentos por lograr un bienestar económico. Se había casado por dinero con un señor mucho mayor que ella al que había exigido mucho sexualmente hasta que le provocó la premeditada muerte. Pero se llevó un chasco a la hora de la lectura del testamento el cual dejaba todo a sus hijos del anterior matrimonio y a ella solamente una inmunda casita.

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Un año atrás Don Maurizio le convocó en su lujosa oficina y le dijo:
―Doña Marietta, Ud. sabe el respeto que le tenemos mi esposa y yo y nos gustaría que fuera la madrina de nuestro hijo Giuseppe.
―Sería para mí un orgullo, Don Maurizio―Respondió la mujer calculando lo que podría ganar siendo la madrina de tan acaudalado niño.
―Ud. debe saber, que el único heredero de toda mi fortuna es justamente Peppino y en caso de que algo nos ocurra a mi o a mi esposa, Ud. será la custodia del niño hasta que cumpla los 18 años, edad que podrá hacerse cargo de la mayoría de mis bienes. Pero mientras tanto se le asignará una cantidad mensual además de una gran cantidad en efectivo que podrá usarlo a voluntad.
Dos meses después, Marietta era la flamante madrina de Peppe y estaba pergeñando algo que solucionaría sus problemas económicos para toda su vida. Se llegó hasta la casa de Don Celestino y le llevó un canasto de hermosas frutas de estación que tanto gustaban al Padrino. Existía una buena química entre ellos y con su aspecto de niña tímida le dijo:
―Padrino, como Ud. sabrá, soy ahora la madrina del niño y quisiera proponerle un negocio. Lo único que tengo es esta casita―mostró la foto del coqueto chalecito―haré la escritura a su nombre como pago de sus servicios. Ud. sabe a qué me refiero―Marietta bajo el rostro mirando al suelo.
―Sí, me imagino, ¿Solamente a Don Maurizio?
―A todos, con excepción del niño, osino no heredo nada―dijo siempre con el rostro mirando para abajo.
― ¿A todos?, Doña Marietta, el precio por liquidar a una familia es elevadísimo, habrá una tremenda investigación que en estos casos siempre conducen a mí persona.
―No tengo más dinero.
―Por esta vez podemos hacer otro arreglo en virtud a la amistad que nos une.
―Está bien, donde quiere hacerlo Don Celestino.
― ¿Qué le parece en mi nuevo chalet?, así lo conozco por dentro.
―Correcto, lo espero a las 10 de la noche, cuando los vecinos duermen.
El anciano posa una mano en la blanca pierna de Antonietta, ésta separó un poco las piernas permitiendo la entrada de la mano que llegó al fondo encontrando el lugar libre de braga, produciéndole una erección y posterior mareo. Se arrodilló torpemente al momento que ella abría las piernas cuanto podía.

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Uno de sus sueños se estaba haciendo realidad, la travesía por el océano en un trasatlántico de la categoría del Andrea Doria.
Su camarote de clase B era espectacular ni se le ocurría pensar lo que sería el de la clase A, ni le interesaba.
―Quiero que me entiendas una cosa, Peppino, no me gusta hablar mucho, cuando no te respondo, no es que este molesto contigo. ¿Entiendes?
―Sí, madrina, yo también soy así.
―Creo que nos llevaremos bien. Otra cosa, estoy acostumbrada a dormir desnuda y no pienso cambiar mi costumbre porque estás presente. Así que tendrás que aguantar eso hasta que nos ubiquemos en tierra firme y ver donde viviremos. ¿Capisci?
―Capisco, madrina.
― ¿Tienes malla? Iremos a la piscina.
―No tengo.
―Está bien, iremos a comprarte una y luego volveremos a cambiarnos.

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Al volver Anonietta se desviste delante del niño al que miraba con seriedad, el niño se dio la vuelta y a su vez se desnudó y se colocó la malla. Antonietta sin embargo dejó su bikini sobre la cama y fue al baño y volvió desnuda sin el menor empacho. Sus grandes pechos sin embargo la delataban pues tenía los pezones erectos. Peppino miraba al suelo con educación.
Se ubicaron en una de las piscinas de bajo fondo, pues ninguno de los dos sabía nadar.
El chico se metió inmediatamente, en tanto que Marietta se estiro en una estirilla para tomar sol. Quería cambiar su look, Buenos Aires la esperaba con sus apuestos porteños.
Marietta no pasaba desapercibida para nada, no porque fuera una mujer hermosa sino porque de su bikini aforaba un rosario de negros bellos púbicos. Ella quería aparentar indiferencia pero nuevamente los pezones le traicionaban pues marcaban escandalosamente también esa parte de su bikini, señal que estaba excitada.
Una hermosa mujer de unos 48 años al pasar frente a ella levantó levemente los lentes de sol para mirar mejor el espectáculo, minutos después vuelve en compañía de su marido, que tenía sus añitos. Ambos se sientan en los sillones de playa que estaban a lado de Marietta que captó la mirada insistente de la mujer y eso la puso a 1000.
Marietta acusó la atrevida mirada de la mujer adoptando a su vez una pose mas desafiante que solo podía captar ella. Inmediatamente, la atrevida se llevó la mano a uno de sus pechos haciendo círculos con el dedo en su pezón. Marietta respondió con un lento descenso de su mano izquierda introduciéndola en su prenda inferior.
La madura, que estaba extendida de costado mirando a Marietta, hizo lo propio con mucho disimulo para que la cosa quede entre ellas dos.
Peppino se acercó y le pidió:
―Madrina, voy un rato a aquel puesto a servirme una pizza.
―Está bien.
La madura atrevida, al escuchar que hablaban en italiano le dice en el mismo idioma pero con acento alemán:
― ¿Su hijo?
―No, mi ahijado. ¿Su padre? ―preguntó a su vez sentándose como para emprender un coloquio
―No, mi marido
―Ah, sí claro, disculpe
―Estoy acostumbrada, mi hija.
― ¿viaje de placer?
―No, vamos a radicarnos a Buenos Aires… ¿y ustedes? ―pregunta a su vez.
―Nuestros viajes son siempre de placer, aunque ya se volvió rutinario. Nosotros viajamos en primera pero nos encanta la cubierta de segunda, es más relajante y se ven cosas más lindas, como en este caso.
― ¿Cuál caso? ―pregunta ingenuamente.
―Tú
―No sabía que era “un caso” ―dijo riendo
―Yo me llamo Helga.. ¿y tú?
― Marietta. Es un placer.
―Igualmente. Te estás quemando mal, si no buscas sombra estarás al rojo vivo.
―Tienes razón―dijo levantándose.
―No quieres almorzar en nuestro camarote, lo haremos a la carta.
― ¿Será que me dejarán subir a primera?
―Vendrás como invitada mía.
―Está bien
― ¿Quieres llevarle a tu ahijado?
― ¿No sería mejor que vaya sola? El ya estaba comiendo pizza.
―A mi me encantaría que vengas sola. ¿Vamos?
―Espere le daré algunas instrucciones―Al rato vuelve y dice―Ahora si podemos irnos.
―Vamos.―dice Helga al momento de tomarle del brazo
― ¿Y tu marido?
―Se quedó dormido, ya se irá cuando le pique el sol. Adelantémonos nosotras y haremos el pedido de comida.
Abre la puerta y antes de cerrar pone el letrerito “non disturbare”
Al entrar al camarote, Marietta se queda con la boca abierta, era un coqueto departamento de tres ambientes. Un baño con hidromasaje, una cocina-comedor y el dormitorio con una extensa cama con espejos en el techo y a ambos costados.
―Que sugestivo el dormitorio―expresa Marietta
―Sí, es cierto, yo insistí en ello porque a la hora del sexo me encanta observar mis poses.
―Por lo visto tienes mucho sexo con tu marido, Helga
―Sí, especialmente cuando hacemos trío, el siempre hace el papel de perro, se pasa lamiendo y cuando el tercero es un negro entonces le hago gozar un ratito, acuérdate que él es el que financia todo, ja ja ja.
―Tengo mucho que aprender de ti, Helga
―Te enseñaré encantada.
Luego del opíparo almuerzo, Helga le invita al dormitorio.
―Ven, querida, te pondré crema para esas quemaduras, sino mañana no te podrás mover. Tengo una crema especial. Acuéstate, tesoro, ya vengo.
Al volver, Helga se queda con la boca abierta viendo a su nueva amiga, extendida boca para abajo totalmente desnuda. Eso le encantó.
―Veo que te pusiste cómoda, mi amor.
―Temo quedarme dormida.
―Si lo haces, puedo propasarme contigo.
―Te lo autorizo.
Helga con mucha delicadeza y con parsimonia colocó la pomada en la espalda de Marietta que la fue extendiendo a todo lo largo hasta llegar a las hermosas nalgas, frenándose ahí, ese era uno de sus atracones y deseaba darle largas. Volvieron sus diestras manos acariciando la espalda. Abruptamente pasó a los pies y siguió el lento pero placentero trabajo de masajear las contorneadas piernas. Paró para anunciar.
―Me permites que me desnude también.
―Claro que si
―Ahora sí.
―Tienes un atractivo cuerpo.
― ¿Qué es lo que más te gusta de mi cuerpo?
―Tus pechitos hermosos, me dan agua a mi boca.
―Ya te darás el gusto, en seguida, ahora duérmete que tengo trabajo que hacer.
Marietta no se hizo rogar, abrió sus piernas y simuló dormirse. Mientras Helga seguía el trabajo de piernas, estaba amasando suavemente los muslos. Estaba pasando uno de los mejores momentos de su vida, se daba cuenta que Marietta era una mujer de pocos kilómetros recorridos y eso le calentaba, pero lo que le ponía incandescente era ver todas esa cantidad de bellos púbicos sobre esa piel blanca. En este momento tenía a tres centímetros de su boca unas nalgas maravillosas cuyo canal confluía con su apetitosa vagina. Acercó aún más su rostro y sacó su enorme lengua sin frenillo, que le daba una extensión de 10 centímetros, prácticamente un pene. Comenzó a lengüetear en la parte más alta de la nalga, su golosa lengua se introdujo en el canal y comenzó a descender, escupiendo para mesclar los jugos. Hizo uso de su larga lengua y depositó saliva en la puertita del ano, introdujo una parte de su lengua para abrir el agujerito que estaba muy apretado, sin embargo siguió bajando, dejando al dedo índice el trabajo de introducción. Mientras la lengua descendía en busca de jugos mas nutritivos, el índice embadurnado de pomada se introducía con facilidad en el ano. Le daba la impresión, sin embargo, que la niña no era virgen por ahí, mejor.
Marietta simulaba estar dormida, tenía curiosidad por ver esa lengua inmensa que le estaba calentando más que un pene. En ese momento sentía que su vagina se impregnaba de flujos al momento que arribaba la misteriosa lengua que todo lo absorbía.
Helga tragó todo lo que pudo y luego la temible lengua empezó a introducirse en la caverna vaginal, 2 cms… 4…5 ya tenía media lengua adentro y era el momento de mostrar su arte enloquecedor.
Marietta sentía la penetración como si fuera el pene de un negro que le entraba y entraba. En ese momento la lengua presentaba su número excepcional, el movimiento interno y las peripecias que hacía era para enloquecer de placer.
Helga terminó su actuación y se dedicó a cogerle con su lengua, la introdujo totalmente haciendo movimientos rítmicos.
Marietta nunca había disfrutando tanto, por más que no tuvo mucha actividad sexual en su vida y no por santa sino por falta de oportunidades, esa lengua que hacía malabarismos dentro de su vagina lograron muy pronto un orgasmo explosivo escupiendo un liquido viscoso que llenó la golosa boca de Helga que tragó a discreción al momento que todo su cuerpo experimentaba el temblor que anunciaba su orgasmo. Jamás había disfrutado tanto de una sesión lésbica. A esta mujer no la debería dejar escapar.
―Ven, ahora nos meteremos en la bañera de hidromasaje, nos relajaremos y luego almorzaremos liviano y dormirás la siesta mientras yo juego contigo.
―Está bien, hazme lo que quieras.
―Te mostraré unos juguetitos que tengo mientras esperamos la comida, espera―Helga bajó un pequeño maletín y lo abrió―Con estos chiches me entretengo una o dos veces por semana. Este se llama “las dos cabezas del mosntruo” ―Se trataba de un largo y duro pene negro de dos cabezas.
― ¿Cómo funciona esto?
―Cuando te voy a coger me coloco primero adentro y luego te lo encajo a ti, como lo hago con mi marido, ya verás cómo te gusta. A propósito de mi viejo, si es que viene le haremos participar. Acuérdate que es el que paga. ¿no tendrías problemas?.
―Para nada, me pasé cogiendo con viejos toda la vida, es hora que yo le monte a uno, ja ja.
―ja ja, te tomaras la vendetta, además no nos molestará porque mientras hacemos lo nuestro él hará su función de perro y se pasará lamiendo.
―Genial, hasta ya me está calentando, me encantaría humillarlo, si no te opones.
―¡Eres brava, siciliana!. No habrá problemas, ese será su rol, incluso, si quieres putearle en italiano, lo puedes hacer…total no entiende nada fuera del alemán.
―Realmente todo eso me calienta bastante, me tuve que tragar por muchos años el maltrato sexual de los viejos… ahora llegó mi turno.
―Entonces quitaré el letrerito de “non disturbare”
―Sí, hazlo.

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Mientras almorzaban, ambas totalmente desnudas, Marietta pela una larga banana, se levanta y se colocó debajo de la mesa de cuclillas: Helga, adivinando la intención de su pervertida amiga, se estiró para adelante y abrió todo lo que pudo ambas piernas, ofreciendo ambos agujeros dispuestos para ese tipo de penetración.
Marietta, eligió la vagina, utilizando dos dedos a modo de pinza, el flujo no tardó en llegar, mojó la punta de la banana y la introdujo totalmente. Seguidamente, metió la lengua invitando a pujar la banana a su amiga que iba consumiendo a medida que salía el cítrico impregnado de flujo vaginal.
―mmm…¡que sabroso!... no te imaginas lo rico que es.
― ¿Cierto?... me dejas hacerlo a mi ahora, pero yo deseo hacértelo por atrás.
―Ok, espera, que primero te limpio bien el coño a lengüetazos.

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Adolf, esposo de Helga, se dirigió a su camarote con ganas de que su mujer le ponga la pomada contra la quemazón que se había agarrado.
Golpea la puerta y abre Helga que le anuncia a sottovoce:
―Tenemos carne fresca, querido―Sonrió Adolf, sabía a qué se refería―Entra despacio al dormitorio porque ahora duerme, está todo conversado, harás lo de siempre, lo que más te gusta.
Adolf entra al dormitorio y lo que vio es el manjar más rico de su su vida. En esta época de vaginas afeitadas, una peluda sobre piel blanca se cotizaba alto en el reducido círculo sexual que ellos estaban acostumbrados. Sabía que su esposa estaría que arde por la misma razón, hace años que vienen rezando para que esto ocurra y ahora, por fin…
― ¿Es una prostituta?
― ¡Noo! Pero es una siciliana proveniente de un pueblito de mala muerte y bastante degenerada, no tanto como nosotros pero nos servirá. Estoy segura que nunca tuvo relaciones con mujeres.
― ¿Hablaron de precios?
―No, nada de dinero hemos hablado, ella está acá por calentura y nada más.
Hace más de 15 años que el matrimonio hace esos viajes constantes en busca de nuevas aventuras cada vez más complicadas. Los trasatlánticos se convirtieron en su coto de caza y por ello descendían en segunda a menudo y en todos sus viajes. Helga siempre encuentra algo apetecible, como en este caso. Casi siempre le cuesta una pequeña fortuna organizarlo pues deseaban evitar las prostitutas o los prostitutos y por ello debían agasajarlos y llenarle de regalos carísimos. Este era un caso anormal, la siciliana enganchó de entrada y no esperaba nada a cambio.
― ¿Puedo lamerle?
―Claro que sí, mi amor y después harás lo que te digamos, sabes que si no te portas bien te castigaremos.

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Marietta estaba realmente dormida y soñaba que el padrino Don Celestino le estaba lamiendo la entre pierna, le encantaba ver a los poderosos postrados a sus pies. Sentía que su lengua subía lentamente y llegaba a su vagina donde esperaba un clítoris sobresaliente. La boca de Don Celestino se hizo con tan preciada prenda y la absorbía con frenesí. En su sueño ella tomaba la cabeza de Don Celestino y la dirigía como quería.
― ¡Chupe, Don Celestino, chupe!―decía en sueños mientras tomaba la cabeza de Adolf.
Helga no se perdía detalle, era muy importante el goce de su marido, porque dependía también de ello para que todo continúe igual. Todavía no era momento de intervenir. Marietta estaba haciendo un buen trabajo, dirigiendo la cabeza de su marido, llevando su boca donde deseaba.
― ¡Meta lengua, Don Celestino, no pare!
Adolf, no podía creerlo, tenía la erección de un joven de 20 años. Helga tampoco podía creerlo y ¡sin viagra!. Quería intervenir para aprovechar, pero temía estropearlo por lo que siguió observando. Se acostó a lado de ellos en sentido contrario a Marietta observando el espectáculo que prontamente la puso muy caliente, deseaba colocarse de cuclillas para que ella se la chupe pero hizo esfuerzos y no participó.
De repente Marietta abre los ojos y al ver sus ojos de espanto debido al susto que le causaba un desconocido apostado entre sus piernas, pero nada dijo al observar a Helga sonriente que le giñaba el ojo. Se dio cuenta que su marido había creado ese inusual sueño, por lo que se le ocurrió seguir con la comedia. Aprovecharía para que le haga todo lo que quería y que nunca se había humillado en pedirlo.
―Don Celestino, chupe un rato estas tetas y luego baje otra vez―mientras hablaba se apretaba sus pechos y sus pezones lucían erectos. Adolf, en el papel de Don Celestino, no se hizo rogar. Subió a los enromes mamones y se dio su atracón. Al rato Marietta ordenó:
― ¡Ahora vuelva abajo y chúpeme el ano, rápido!
El viejo se apresuró en hacer lo que le decía, ese era el papel que debía hacer, el de esclavo sexual resignado a los bajos instintos de las personas que concurrían a los encuentros sexuales en los que normalmente va de cuatro patas, lamiendo, chupando, absorbiendo líquidos y a veces excrementos, como este caso que Marietta deseaba orinar y para ello tenía que acabar con la comedia. Se sentó y separó la cabeza de Adolf .
― ¡Dese vuelta, boca para arriba! ―Helga tradujo y el alemán obedeció.
―Abra la boca, viejo idiota! ―Helga tradujo exactamente al alemán y al abrirla emerge el líquido caliente que penetraba en su boca acostumbrada a tragar deposiciones. El resto lo distribuyó por la abultada barriga que formó un charquito en su baja panza donde veía erecto el inmenso pene de Adolf.
Sin cambiar de posición Marietta bajó y se lo incrustó en su vagina, mostrando su traste que se movía acompasadamente.
― ¡Helga, necesito llenar mi boca, párate acá! ―La alemana se paró poniendo su vagina en la boca de la nueva amiga y tomando la cabeza se metió la nariz en la concha mientras se contorneaba.
De repente, sobrevino el milagro, la eyaculación del viejo que gritó victoria, hacía más de 10 años que no gozaba tanto. Se levantó, se dirigió al baño y dejó a las mujeres en el momento que Helga se metía una de las cabezas monstruo en la vagina señal que estaba por romperle el culo a Marietta.
Fin de la primera parte.

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