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Violé a la prima de mi novia I ( CON fotos)

Relato enviado por : ViolatorSado el 04/02/2016. Lecturas: 9648

etiquetas relato Violé a la prima de mi novia I ( CON fotos)   No consentido .
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Resumen
Este es mi primer relato. Advierto que tanto este como otros que publicaré tienen violencia y sexo forzado en el cual en ocasiones alguno de los protagonistas sufre a manos del otro u otros; por eso los publico en la categoría de No Consentido. Si a alguien le ofenden o no le gustan estos relatos, ido atentamente que por favor no los lean.

La prima de mi novia está buenísima y yo no iba a desaprovechar la oportunidad de gozarla completita. Los nombres no son reales.



Relato
Esto que voy a contar sucedió hace unos meses. Tengo 25 años y tengo una novia muy bonita y de muy buen cuerpo llamada Camila de 23. Ella tiene unos pechos redondos y firmes, cintura pequeña y unas buenas nalgas redondas con unas piernas bien torneadas. Tiene una bonita cara, de ojos verdes y redondos, su cabello es castaño claro, aunque normalmente lo tiñe de rubio cenizo. Aparenta menos edad de la que tiene.
Camila es enfermera y vivía sola en un departamento que rentaba al norte de la Ciudad; ahí pasábamos muchas horas juntos y cogíamos continuamente. Era excelente la forma en que ella me mamaba la verga y cómo me dejaba culearla y cogérmela a la hora que fuera. Cuando la conocí era muy santurrona y no quería que cogiéramos, pero poco a poco la fui convenciendo y después ella era la que me pedía verga continuamente y me dejaba hacerle casi de todo.
Pero la relación empezó a hacerse monótona; aunque el sexo era sensacional, llegó un momento en que empecé a aburrirme porque siempre hacíamos lo mismo. Yo le sugerí hacer un trío con alguien o hacer juegos de roles o algo de sadomasoquismo o algo diferente, pero ella tenía una educación de cierta forma tradicional y no quiso hacerlo. Si fue difícil convencerla de que se dejara culear, lo demás fue prácticamente imposible.
Pero entonces llegó la novedad: Un buen día Camila me platicó que su prima Mirna llegaría a vivir con ella, pues deseaba estudiar en una Universidad que no tiene campus en la ciudad donde ella vive. No me gustó mucho la idea, pues eso terminaría con nuestra privacidad y así se lo hice saber a Camila, pero ella me dijo que no habría problema, que hablaría con su prima para que entendiera, porque al fin y al cabo el departamento era de mi novia y tendría que atenerse a sus reglas. No me agradó mucho, pero acepte; aunque debo confesar que llegué a imaginarme que ya estando las dos ahí, tal vez mi novia se animaría a hacer el trío.
Como Camila no me describió a su prima, el día que llegué al departamento de mi novia (yo tenía llave) y vi a su prima platicando con ella me quedé impresionado de lo sabrosa que está. Ella es de tez morena clara, tiene el cabello negro y largo y unos profundos ojos color miel grandes y hermosos.
El cuerpo de la chica es espectacular: tiene unas redondas y suaves tetas que hacen juego con sus nalgas también redondas y firmes, así como sus largas y torneadas piernas y su cara bonita, de facciones finas boca pequeña.
Mirna llevaba puesto un short de mezclilla y una blusa negra un poco escotada. Traté de no mirar mucho sus piernas cuando mi novia me presentó con ella y se levantó a saludarme.
- Hola, soy Mirna.
- ¿Qué tal? Me llamo Miguel.
- Mucho gusto.
- El gusto es mío, ¿cómo están?
- Bien, gracias, dijo ella.
No podía yo apartar mis ojos de su mirada, me pareció la chica más bella del mundo. Antes de ella yo pensaba que mi novia era la más hermosa, pero sentí que la superaba.
Solté la mano de Mirna, su saludo me había producido una sensación hermosa en todo mi cuerpo como nunca lo había sentido.
Me serví un vaso con jugo y me senté junto a Camila. Estuvimos platicando y tomando café los tres durante varias horas hasta que notamos que se había hecho de noche. Mi novia me dijo que me quedara, pues sería peligroso irme a esa hora, pero yo insistí en irme para dejarlas solas y que se pusieran al tanto. Camila me acompañó a la puerta, me despidió con un beso y me dijo que le daba mucho gusto que su prima y yo nos hubiéramos llevado tan bien.
Desde ese día Mirna se convirtió en una obsesión para mí; esa misma noche me masturbé pensando en ella y no en mi novia como siempre lo hacía. Los días siguientes eran un martirio y a la vez un deleite para mí: un martirio porque era muy difícil para mí estar en la casa de mi novia y ver a su prima con sus diminutos shorts, minifaldas y pantalones embarrados, así como sus blusitas escotadas o sus ombligueras sexys que me hacían poner a mil y tenía que evitar que ambas se dieran cuenta. Un deleite por lo mismo, porque ver a Mirna con esa ropa tan sensual era algo así como un poema a la vista.
Camila notó un cambio cuando cogíamos, me dijo que yo estaba con más energía. No sabía que todo era gracias a su prima, pues cuando lo hacíamos yo me imaginaba que estaba con ella y no con mi novia.
Los días pasaron, los tres nos llevábamos muy bien; íbamos al cine, a cenar o de antro los tres. Yo fingía con mi novia que cada vez me obsesionaba más con Mirna, tanto que pensé en dejar a Camila y estar con ella o, si ella lo deseaba, que fuéramos amantes sin que su prima lo supiera. Incluso pensé que si ella no accedía a lo que le pedía tendría que forzarla a coger conmigo. El problema era que nunca podía estar solo con ella, siempre estaba Camila con nosotros.
Yo tenía la vaga idea de que le gustaba a Mirna, pues ella era muy cercana conmigo; me tomaba del brazo, se me acercaba al bailar y en alguna ocasión se durmió en el sofá del departamento acostada en mis piernas.
Habíamos llegado a un nivel de confianza tal, que, aunque yo estuviera en el departamento con Camila, cuando Mirna se bañaba salía únicamente en sandalias envuelta en una toalla y con otra toalla sobre la cabeza. Siempre que la veía así tenía una erección, por lo que trataba de no voltear y disimular con mi novia.
Estaba desesperado por coger con Mirna, pero, aunque ella se me acercaba mucho como ya comenté, no dejaba que yo avanzara más, pues hubo una vez en que los tres nos emborrachamos, Camila se quedó dormida en el sofá y Mirna se fue a su recámara. Yo la alcancé e intenté besarla; ella me rechazó y se ofendió diciéndome que ella no era así y que no podía traicionar a su prima y que no quería saber nada de los hombres, pues había tenido una horrible experiencia en su ciudad y que no estaba lista.
Ambos estábamos tomados, pero yo sabía lo que estaba haciendo. Me senté con ella en su recámara y le pedí que me platicara qué le había pasado. Ella se rehusaba, pero creo que el calor de las copas la hizo hablar:
- Salí huyendo de allá porque…
- ¿Por qué?, no te preocupes, estamos en confianza.
- ¿No le contarás a nadie lo que te diga?
- Claro que no.
- Camila si lo sabe, pero es como mi hermana, nunca me traicionaría.
- De acuerdo.
- Bueno, pues es que… allá en donde yo vivía en una ocasión me violaron.
Yo estaba asombrado con la confesión y no atinaba a decir palabra, hasta que por fin pude hablar.
- ¿Cómo dices?
- Si, por eso me vine para acá.
- ¿Cómo fue?, dime
- No quiero hablar de eso.
- Dímelo, ten confianza, le dije
- Está bien, pero por favor no le cuentes nada a nadie.
- No te preocupes.
- Fue hace dos años, yo regresaba de hacer una tarea de la escuela en la casa de una amiga. Eran las nueve de la noche. Yo pasaba siempre cerca de un callejón para llegar a mi casa y nunca me había pasado nada, pero esa noche cuando iba pasando ellos me jalaron hacia el callejón, ahí me rompieron la ropa y me violaron varias veces.
- ¿Gritaste?
- No, me taparon la boca y no pude gritar, me obligaron a hacer cosas horribles.
- ¿Cómo qué?, ella no se daba cuenta de que su relato me estaba excitando.
- Pues, cosas feas.
- ¿Qué cosas feas?
- Pues… me obligaron a chuparles el pene y me violaron por la vagina y vía anal.
- ¡No me digas! ¿Y cuántos eran?, ¿te violaron juntos o uno por uno?
- No sé cuántos fueron, yo reconocí a tres. Primero tomaron turnos y me violaron uno por uno y luego me violaron de a tres juntos.
- ¿Y qué hiciste?
- Pues yo intenté golpearlos y correr, pero todo el tiempo me tuvieron sujeta y no pude hacer nada.
- ¿Y fue mucho tiempo?
- No lo sé, creo que fueron varias horas, no supe bien porque me desmayé y cuando desperté estaba en el hospital. Me dijeron que me encontraron tirada en la calle, desnuda, golpeada y sangrante. Me llevaron al hospital y desperté dos días después.
- ¡Vaya! ¿Y qué pasó con los tipos?
- Los denuncié, aunque me habían amenazado de que no lo hiciera; di los nombres de los tres que reconocí y los agarraron, pero cuando iba a ser el juicio sus cómplices empezaron a llamar a mi casa para amenazar de que si no retiraba la denuncia nos harían algo a mí y a mi familia. Incluso una vez en otra calle me rodearon varios tipos, se burlaron de mí diciendo que a mí me había gustado lo que me hicieron y que dejara las cosas como estaban y retirara la demanda o me volverían a violar ellos y otros más y me matarían y me descuartizarían y que también violarían a mi papá y a mi mamá.
- ¡Qué horrible! ¿Y qué hiciste?
- ¿Qué podía hacer? Retiré la demanda y me vine para acá el mismo día que ellos salieron libres.
- Hiciste bien. Bueno, aquí te vamos a cuidar, le dije para calmarla.
Esa noche ya no intenté nada con ella, pero empeoró mi obsesión, pues mi imaginación voló para llegar a ese momento en que un grupo de rufianes habían gozado con el perfecto cuerpo de Mirna y, en lugar de compadecerla, empecé a pensar “pues ya sabe lo que se siente, ¿no?” y decidí que lo mejor sería forzarla.
Mi oportunidad por fin llegó un día que mi novia me mandó un Whatsapp diciéndome que tenía que quedarse a trabajar toda la noche en el hospital y que ese día no fuera a su departamento porque no podríamos vernos.
Hice exactamente lo contrario, fui al departamento sabedor de que Mirna estaría sola. Primero pensé en hablar con ella y expresarle lo que sentía y convencerla de hacerlo conmigo; pero me imaginé que diría que no por lealtad a su prima y tal vez le contaría a ella de mis insinuaciones y de esa manera las perdería a las dos. Luego pensé en emborracharla y aprovecharme de ella; pero ya había comprobado que borracha tampoco me aceptaba y pensé que esta vez si se lo contaría a su prima, por lo que deseché esa idea. Mi última idea fue en que tendría que forzarla de manera anónima. Después de darle muchas vueltas al asunto decidí que esa era la mejor opción para disfrutarla sin consecuencias posteriores.
Así que primero pasé a comprar un aparato que distorsiona la voz; luego fui a mi casa y probé el aparto hasta que encontré una voz de hombre muy diferente a la mía. En una maleta eché lo necesario: un cuchillo, un pasamontañas, unas cuerdas, cinta de embalar, vendas y paliacates. Me vestí totalmente de negro y dejé mi auto en mi casa, pues no quería que nadie supiera que estaba en el departamento de mi novia, pues ya los vecinos me conocían y conocían mi carro; por lo que me fui en transporte público.
Llegué al edificio de mi novia a eso de las 9 de la noche, subí por las escaleras y no por el elevador para no encontrarme a nadie conocido; todo el tiempo fui cuidando que nadie conocido me viera. Afortunadamente a esa hora no hay mucha gente afuera de sus departamentos y como había llovido la gente no salía.
Cuando faltaba un piso para llegar al departamento me coloqué el aparato para distorsionar la voz, el pasamontañas y subí. Abrí con mucho cuidado la puerta de la escalera que da al pasillo del piso donde está del departamento, me fijé que no hubiera nadie y me dirigí a la puerta. Yo había analizado muy bien la rutina de Mirna: normalmente a esa hora se bañaba y luego se iba a su recámara a leer, por lo que supe que la tomaría desprevenida.
Saqué el cuchillo y abrí con mi llave muy despacio, tratando de no hacer ningún ruido. Entré en el departamento y escuché el sonido del agua cayendo en la ducha y la radio, pues Mirna siempre lo escuchaba al bañarse; me alegré de que tuviera esa costumbre porque así no me escuchó.
Me fui a su recámara y me escondí detrás de la puerta abierta; escuché como dejaba de sonar el agua de la regadera y como apagaba la radio. Empecé a sudar, nervioso apreté los puños; la oportunidad había llegado y ya no había marcha atrás.
Escuché como sus pisadas se acercaban a la recámara, la dejé entrar, ella no me vio y en cuanto dio pasó la puerta me abalancé sobre ella. Con un brazo le rodeé los brazos y la cintura y con la otra mano le tapé la boca. El factor sorpresa fue esencial, pues ella no supo que sucedía. La radio cayó al piso rompiéndose.
La sostuve con fuerza y la hice sentir el filo del cuchillo en la cintura. Le dije:
- No hagas ningún ruido o te mueres
- Mmmmmggggg, dijo ella.
- Obedece y no te pasará nada ¿entiendes?
- Mjm
Ella movió la cabeza afirmativamente y entonces me sentí dueño de la situación. Volví a habar para engañarla y que no se resistiera:
- No te voy a hacer daño, solo quédate quieta y obedece y todo irá bien. Si te resistes o gritas te clavaré el cuchillo en tu lindo pecho ¿entiendes?
- Mjm.
- No te muevas, le ordené mientras le destapaba la boca y la soltaba para agacharme por la maleta donde llevaba las cosas.
En ese momento la toalla que envolvía su cuerpo cayó al suelo. De inmediato me vino una erección al ver aquél cuerpo moreno totalmente desnudo, con unas formas perfectas y armoniosas. Ella hizo por agacharse a recogerla y yo se lo impedí pisando la toalla.
- Quédate así. No te muevas
Ella obedeció, vi como temblaba, no sé si de frío o de miedo, colocó sus manos juntas con sus brazos tapando sus pechos y con voz muy queda dijo:
- Por favor, no me haga nada, le daré lo que quiera, pero por favor no me dañe.
- Claro que me vas a dar lo que quiero y no te haré daño, no te preocupes, le dije.
Saqué una venda y se la coloqué en los ojos. Ella no hacía ni decía nada, solo temblaba.
Luego saqué una cuerda, me acerqué a Mirna y le tomé el brazo derecho y se lo coloqué en la espalda, hice lo mismo con el izquierdo y procedí a atárselos.
- Por favor…, dijo ella
- ¡A callar!, le dije en un tono imperativo, ¡No me hagas amordazarte!
- No, está bien…, dijo y se quedó callada.
Una vez que la tuve atada le quité la toalla de la cabeza y la hice caminar hacia la cama. La cargué y la acosté boca arriba. Me quité la ropa, pero no el pasamontañas y me subí a la cama. Empecé a acariciarla por todo el cuerpo y sentí como ella tragaba saliva.
- ¿Cómo te llamas?, le pregunté para que creyera que estaba con un desconocido.
- Mirna, me dijo con voz muy baja.
- Muy bien Mirna, dime ¿eres virgen?
Ella no respondió, se quedó callada y yo repetí la pregunta:
- ¿Eres virgen Mirna?
- No, respondió mientras los colores se le subían al rostro.
Su respuesta no me sorprendió, pues yo sabía su historia; pero lleno de morbo quise que siguiera hablando:
- ¿Ah no?, ¿Y lo has hecho muchas veces?
- No, solo una.
- ¡Vaya! ¿con un solo individuo?
- No, con tres, me dijo.
- ¿Cómo es que lo hiciste con tres? ¿al mismo tiempo?
- No, bueno si, lo que pasa es que…
- ¡Eres una puta!, interrumpí.
- ¡No, no, lo que pasa es que… me violaron!
- ¿Ah sí? ¿Cuántos fueron?
- No lo sé…
- ¿Todos juntos o uno por uno?
- Primero tomaron turnos uno por uno y después juntos de tres en tres.
- Bueno, ya sabes cómo es esto entonces, le dije; me quité el pasamontañas, pues sudaba a mares y metí una pierna entre las suyas para obligarla a abrirlas.
- ¡No, por favor!
Coloqué mi verga hinchada en la entrada de su panocha y empecé a empujar.
- ¡Nooooiiiigggghhh!
Me empiné hacia adelante, aplastándola con mi cuerpo y le tapé la boca con una mano.
- ¡Mmmmppppfff!
- ¡Sssshhhhhh!, silencio, disfrútalo como lo hiciste con los tipos aquellos, le dije.
- ¡Mmmmnnnggghhhh!
La empalé por completo, mi verga entró hasta el fondo y me sentí maravilloso. Su panocha estaba más apretada que la de Camila.
- ¡Qué rica estás mamacita!, le dije con mi verga adentro.
Esperé un par de segundos y luego empecé a moverme. Metí y saqué mi verga de ella despacio, disfrutándola con calma, mientras lamía su cuello y sus tetas.
- ¿Lo estás disfrutando?, pregunté
- ¡Mmmmmfffff!
- Qué bueno mamacita, porque aquí vamos a estar toda la noche.
- ¡Nnnnngggg!
- Mejor no hagas ruido, porque no te entiendo, me burlé de ella.
Empecé a cogerla con más fuerza, entrando y saliendo de su panocha sin compasión, disfrutándola.
Duré un buen rato cogiéndola ante los sollozos y quejas de ella que no paraba de moverse tratando de zafarse de mí.
Después de un rato sentí que me venía y empujé mi verga con fuerza hasta adentro de ella mientras gemí de placer:
- ¡Aaaaaahhhhh, que ricooooo, así, putitaaaaa!
Mirna se retorcía como tratando de que yo sacara mi verga, pero no logró nada. En cambio yo logré una total satisfacción al someterla y venirme dentro de ella.
Antes de salirme le dije:
- Te voy a destapar la boca, pero nada de gritar o aquí quedas.
Ella movió la cabeza afirmativamente. Pude notar que lloraba y le dije:
- No llores. Disfrútalo que apenas empieza.
Le destapé la boca y no gritó. Saqué mi verga aun chorreante y embarré semen en sus muslos perfectos.
Me levanté de la cama y contemplé su maravilloso cuerpo. No podía desaprovechar la ocasión, apenas eran las 10:05 p.m. y yo pensaba estar toda la noche con Mirna, cogiéndomela todas las veces que pudiera, pero mi verga estaba totalmente flácida, había descargado chorros de semen dentro de ella y sabía que no me recuperaría pronto.
Tomé un pañuelo y cinta de embalar y me acerqué a ella.
- Abre la boca, ordené.
Mirna obedeció y metí al pañuelo hecho bola, después la amordacé con la cinta de embalar, dándole varias vueltas a su cabeza para que le fuera imposible gritar.
- Te vas a quedar quieta mientras me recupero y seguimos jugando, le dije.
- ¡Mmmmmnnnffff!, suplicó ella.
Una vez que terminé de amordazarla la volteé boca abajo, le solté las manos y la hice que las levantara por encima de su cabeza y se las até a la cabecera de la cama. Luego me aseguré de que la venda de los ojos estuviera bien puesta y no se cayera; después tomé su pierna izquierda, le até una cuerda al tobillo, me agaché y aventé el otro extremo de la cuerda por debajo de la cama hacia el lado contrario; me pasé a ese lado y tomé su pierna derecha; con la misma cuerda le até el tobillo, estirando bien la cuerda para que le fuera imposible cerrar las piernas.
- No te vayas, ahora vuelvo, le dije y me salí de la recámara dejándola atada, vendada y amordazada.
Caminé desnudo por el departamento, fui a orinar al baño y luego fui al refrigerador y tomé una cerveza para refrescarme; fui a la recámara de Camila y me acosté en su cama. Me puse a pensar si lo que hacía era correcto… y me quedé dormido.
Desperté sobresaltado, todo estaba a oscuras, excepto la tenue luz que entraba desde la sala del departamento y que todo el tiempo había estado prendida. Era la única luz encendida, pues no prendí la de la recámara de Mirna, porque con la puerta abierta había entrado suficiente luz para contemplarla.
Vi el reloj despertador de mi novia: las 11:47 p.m. ¡Vaya que me dormí!, pensé y fui a ver cómo estaba Mirna.
Entré a su recámara y estaba tal como la dejé. Hice un buen trabajo y no pudo zafarse. Solo de verla se me paró la verga de nuevo y supe que era el momento. Me subí a la cama y le dije:
- Ya regresé para que sigamos disfrutando.
- ¡Mmmmnnngggg!
Abrí sus nalgas, coloqué mi verga en la entrada de su ano y empecé a empujar.
- ¡MMMMMMFFFFGGGGG!
- Espera, ya entra, le dije.
Pero el ano estaba demasiado apretado y no podía meter mi verga. Entonces recordé que Camila guarda lubricante en el cajón de su buró; así que me bajé y fui rápidamente a la recamara de mi novia; saqué el lubricante y regresé a donde estaba Mirna. Con un dedo tomé lubricante y se lo coloqué en el ano; ella dio un brinco, pero no pudo moverse mucho. Entonces volví a la carga: con ambas manos le abrí el culo y empujé mi verga con fuerza, penetrando poco a poco ese apretado ano rosado.
- ¡MMMMNNNGGGGG!
- Calla, calla, que apenas empiezo.
- ¡MMMMFFFFFFGGGG!
Mi verga dura penetraba inclemente el ano apretado de Mirna. Empujé despacio hasta que la empalé por completo. Una vez que estuve así me quedé quieto y le dije:
- ¡Cómo me gustaría tenerte así siempre!
- ¡MMMFFFFF!
Ella estaba totalmente tensa, apretaba su ano como tratando de sacar al intruso que tenía adentro, pero eso hacía que yo sintiera más rico.
- ¡Así, así, mueve el ano putita, me gusta cómo me lo estás haciendo!
Ella dejó de hacerlo. Entonces yo empecé a moverme; metí y saqué con fuerza mi miembro del culo apretado de la prima de mi novia ante el sufrimiento de ella, que con cada embestida se quejaba:
- ¡MMMFF!, ¡MMMFF!, ¡MMMFF!
Yo, por el contrario, estaba disfrutando como nunca, pues ni el culo de Camila estaba tan apretado. Estuve a punto de decírselo a Mirna, pero callé a tiempo, antes de que me descubriera.
Me recosté encima de ella y metí mis manos debajo de su cuerpo para apretarle las tetas y hablarle al oído:
- ¡Qué ricura eres putilla, cómo desearía haberte cogido antes, cuando eras virgen! Ya me imagino esos cabrones como disfrutaron con tu cuerpo; lo mismo que ahora voy a hacer yo.
- ¡MMMMMNNNGGGGGHHHH!
El culo de Mirna apretaba tan rico que sentí que me vendría pronto. Ella volvió a hacer le movimiento de apretar y soltar involuntariamente, seguramente porque deseaba sacar mi verga o que no entrara. No le dije nada, para seguir disfrutando de ese movimiento que m estaba volviendo loco.
Fueron minutos de intenso placer. De repente sentí que me iba a venir, pero era muy pronto, así que saqué mi verga totalmente y traté de pensar en algo diferente para no venirme y poder disfrutar del cuerpo de Mirna durante más tiempo.
Cuando sentí que me calmaba volví a penetrarla, ella volvió a apretar el ano y volvió a quejarse inútilmente y yo volví a disfrutar enormemente.
Varias veces me detuve cuando sentía que estaba a punto de venirme, me tranquilizaba y volvía a violarla por el culo sin misericordia. Después de un largo rato me vine, soltando otra vez grandes chorros de semen dentro de su recto. Ella intentó rechazarlo, pero le fue imposible; me vine con todo el placer mientras gemía en su oído:
- ¡Aaaaaahhhh, que rico culo putita, que rico lo aprietas, te voy a dejar toda mi leche adentro!
- ¡MMMMMFFFFFF!
Terminé, saqué mi verga aun con semen y me tiré a su lado en la cama.
En ese momento podría haberme ido, pero no quería desaprovechar la oportunidad de cogérmela varias veces, pero también mi verga estaba cansada. Vi que apenas eran las 12:33 a.m. Mi plan original era salir de ahí como a las 2 o 3 de la madrugada, así que tenía tiempo aún, pero no sabía qué hacer en lo que mi miembro se recuperaba.
Se me ocurrió una idea macabra, que contaré en la continuación de este relato.



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