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Datos relato
:: Relato enviado por : Anonymous
:: Fecha envío: 11/09/2007
:: Lecturas: 2307
:: Título : Ellas me dijeron que no y no tuve más remedio...
:: Categoría : Masturbación. Otros Relatos de Masturbación

Resumen
Un programa fracasado con dos amigas provoca una tarde de pasión solitaria

Relato
Os habrá pasado muchas veces a vosotros, hombres y mujeres, que os despertáis un día con cierta idea fija. Idea fija que toma la forma de un hombre o una mujer con la que deseáis intensamente y al instante, encontraros enredados con piernas y brazos, respirando agitadamente en los prolegómenos de una follada histórica. Pues a mi me pasa de vez en cuando, en especial cuando se trata de una mujer con la cual no he tenido sexo por un tiempo debido a algún distanciamiento pasajero. Cuando pienso en algunos momentos pasados con ella, pues me vienen estas urgencias, Lo habitual es que se pueda concertar un encuentro para uno o dos días después y, mis queridos lectores, la urgencia es para hoy.
Hace dos o tres días, tenía esa fijación con dos lindas hembritas maduras, una de ellas de cuarenta y otra de un poco más de cincuenta. Son mujeres con las cuales el sexo es la máxima expresión de libertad y con quienes tenemos el tácito acuerdo de que si el otro no protesta, vale todo. Y no hemos protestado nunca. De allí a cumplir las fantasías de cada uno hay solo un paso. Si acaso un día Soledad se despertó con una fantasía de ser hombre y follar a su pareja, pues ese día me ha tocado perder y es mi querido ojito el que debe abrirse y cerrarse ante los embates del arnés que ella se coloca. Ya lo tengo entrenado pues como escribí hace un tiempo, no soy gay pero uso todo mi cuerpo en pos del placer. Y ese agujerito si que da placer. Marie es distinta, ella necesita que recorra una y otra vez todo su cuerpo y que me sumerja con mis dedos, mi lengua, mi nariz y mi pene en cada uno de sus rincones y a su vez ella goza restregándome su vulva, su clítoris y su ano por mis orejas, mi nariz y mi boca. De paso, meto dedo y mano por todos lados hasta reventar en orgasmos inacabables.
Decía que hace unos días, andaba yo con estas calenturas y procuré armar una tarde de sexo libre. Para hacerlo breve, las dos me dijeron que tenían compromisos con sus esposos y que no era posible hasta esta semana. Nada peor para una feroz calentura que un no por compromisos y no por falta de ganas.
No me tenía en mi mismo porque había fantaseado demasiado con ellas y estaba realmente muy caliente. Hasta que volví a algo que hacia un tiempo que no hacía. Me propuse filmar una sesión de masturbación a full.
Preparé mi cámara, le acoplé una buena luz al trípode para evitar las sombras, la coloqué en el lugar donde iba a colocar los juguetes y la enfoqué para que tuviera una imagen amplia pero lo más detallada posible. El protagonista de la película iba a ser mi ano, que ya se ponía tembloroso de emoción al pensar lo que se le venía.
Después de dejarme todo limpito por dentro y por fuera, me coloqué generosamente lubricante íntimo. Dejé que se absorbiera la primera capa y volví a colocar una segunda con lo cual mis dedos deslizaban deliciosamente en mi hoyito semidilatado y llegaban a tocar las sedosidades del interior. Sandy siempre me dice que le encanta introducirme sus dedos por la suavidad que siente adentro. Me encerré con llave en mi escritorio, pese a que no había nadie en los alrededores y me desnudé completamente, con excepción de una toallita corta que actuaba de falda para darle emoción al asunto.
Distribuidos estaban, mi paraguas de golf, con su empuñadura acanalada, la cachiporra vieja que encontré hace mucho, más gruesa y larga, una muñeca rusa de esas que contienen varias dentro de si misma, para tener variedad de grosores, el paraguas de mango curvo, ideal para trabajos desde arriba, todos los grifos y llaves del baño que si las habéis visto, nacen finas y se van ensanchando, frascos de champú de varios grosores y ya imposible de contener, mi lubricado ojito rogándome por ser penetrado. Separado tenía el juego de consoladores y dilatadores anales con que juego con las chicas. Bien provisto de lubricante para no lastimarme miré a mi alrededor y elegí al primer paraguas al que llevé frente a la cámara de video. Asegurándome el enfoque, me coloque frente a ella y dije: Luz, cámara, acción. Apoyé el mango en mi orificio, levantando un poco la faldita de toalla, y fui rozando mis nalgas hasta que lo sentí suavemente apoyado y presionando en la entrada. Fui aflojando de a poco mis rodillas mientras separaba mis nalgas con mis manos y comencé a sentir esa deliciosa sensación de penetración, ese roce en las paredes internas del ano que me excitan hasta las nubes. Cuando hubo entrado todo el mango, comencé lentos movimientos ondulantes con lo que mi paraguas fue rozando todo mi interior hasta hacerme sentir flojito. Era hora de aumentar el calibre. Tomé la cachiporra y asegurándome la buena filmación, la apoyé nuevamente y ya sentí una mayor tensión. Con mucha más calentura que antes, me penetré de una sola vez con el grueso falo y me moví más fuerte para sentir el roce interior. Fue indescriptible el placer que me produjo, haciéndome gemir pidiendo más y más. Lo dejaba entrar hasta donde chocaba interiormente y me la imaginaba a Soledad poseyéndome mientras imaginaba los duros pezones de Marie en mi boca. También esta expansión hizo resultar insuficiente el instrumento y pase a la etapa más exquisita. La penetración al límite. Mi primer visitante fue la muñeca rusa, que debe tener sus buenos cinco o seis centímetros de diámetro en la cabeza, aunque después se achica a unos cuatro. Apuntando bien la cámara, apoyé mi anito ansioso contra la cabezota rusa y empujando suavemente la fui sintiendo entrar. El primer punto pasó sin problemas, hasta la angostura, pero después venía lo bueno ya que el cuerpo es un poco más ancho que la cabeza. Comencé a sentir ese exquisito dolor suave, al dilatarse mi ano fuera de los límites habituales. La rusita iba entrando suavemente hasta que por temor a que se me fuera para adentro la dejé salir. Así jugué un rato hasta que mi calentura pudo más y mi ansioso ojetito clamó por el plato fuerte. Yo imaginaba, bañado en sudor, a mis dos amantes galopando enloquecidas sobre mí, bebiéndoles sus jugos, sometiéndolas y siendo sometido por ellas. No aguanté más y tomé el tubo del champú, que tiene un grosor más que importante, e introduciendo la tapa como guía dentro de mi afiebrado culito comencé a dar cortos empujones para que se fuera haciendo paso. Al llegar a la parte ancha, sentí como un clic y supe que el diámetro pleno había entrado por la puerta. Suavemente fui empujando y haciendo fuerza para afuera para sentir el vaivén hasta que sin poder aguantar más, me sacudí ferozmente la polla y entre gemidos y gritos de placer tuve un tremendo orgasmo. Esperé aquietarme un poco y comencé a dejar salir a mi fiel amigo con una sensación de tremendo placer y delicioso agotamiento. Las imágenes de mis amigas fueron borrándose y fui recuperando el aliento mientras mi agujerito se iba cerrando para recuperarse. La próxima será con las chicas. Pero esta vez serán sus culitos los que van a ser penetrados. Para ir bien calentito voy a repasar y ver cada detalle de la filmación que seguramente me calentará de nuevo para llegar en forma al encuentro.
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