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Jugando con el inalambrico

Relato enviado por : yamilita el 11/05/2012. Lecturas: 4170

etiquetas relato Jugando con el inalambrico   Intercambios .
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Resumen
Tito tiene un signo de sexo en el cerebro. Así es, mi marido, siempre esta buscando cosas nuevas para nuestra cama y nuestra pareja.

Cuando me fue indagando sobre eso de intercambio de parejas, lo tuve que ir frenando de a poquito. Si le acepte jugar con consoladores, vibradores y otras cuestiones. ya alli comenzo la historia.



Relato



Tito tiene un signo de sexo en el cerebro. Así es, mi marido, siempre esta buscando cosas nuevas para nuestra cama y nuestra pareja.

Cuando me fue indagando sobre eso de intercambio de parejas, lo tuve que ir frenando de a poquito. Si le acepte jugar con consoladores, vibradores y otras cuestiones.

Quien le consigue esos equipitos, es un amigo de la oficina. Lo conocí hace algún tiempo, y hasta salimos en pareja con su señora. Yo se que quizás ellos pretendieron otra cosa, pero no paso de charlas y quedamos como buenos amigos, tanto que este años hemos salido dos veces a bailar juntos.

Hace poco, el amigo trajo una novedad que le enviaron de Europa, un masturbador femenino con mando a distancia. Mamasita que cosa que me resulto especial.

Es como una tanguita, que te la pones con elásticos ajustables, que tiene un triangulo como mariposa con cuerpo de gelatina que te calza justo en la pepa. Te la pones, y cuando accionas o accionan el remoto comienza a masturbarte vibrando justo sobre tu botoncito…… y te vuelve loca, o al menos a mi me derrite toda.

Tiene como siete ritmos diferentes, lo que me provoca variedad y me saca jugos importantes, y al ser inalámbrico mi marido juega con hacerme orgasmar en los lugares más exóticos.

A mi me gusta usarlo porque disfruto mucho, aunque acabarme en la confitería, o en el cine, ha sido cosa para mi extraña.

Su amigo Matías y la esposa Isabel, nos han vuelto a invitar para que salgamos a tomar algo con ellos. El sábado pasado quedamos de encontrarnos.

Tito, mi marido, insistió un poco para que me pusiera el arnés con remoto, y así lo hice.

Cuando nos encontramos, Isabel, para mi sorpresa me pregunto si tenía puesta la tanguita, y allí me enteré de que ella también la llevaba puesta.

El bolichito es agradable, con buena música y discreto.

Fue Matías, el que comenzó el juego, haciendo que Isabel se sonrojara por la acción del masajeador clitorial. Reímos por la ocurrencia.

Fue Tito también el que sin que yo pudiera impedírselo que comenzó a provocarme cortitas excitaciones, a lo que yo reclame a mi esposo, cordura.

Cuando me explico que era un juego, yo ya estaba húmeda y bien cachonda.

Así que cuando ellos propusieron jugar para ver quien lograba que su mujer acabara primero, yo solo atine a reírme. Isabel también parecía excitada y nerviosa.

Así que comenzaron a provocarnos con las vibraciones, ambas nos pusimos cachondas, pero así gozando no lograbamos llegar al clímax.

Fue tremendo, furibundo, brutal, ellos cambiaron de remoto, y por el solo hacho de saber que era Matías el que me estaba provocando eso, a través del control remoto explote sin miramientos viendo que a Isabel le ocurría lo mismo.

Ambas éramos mujeres calientes, cachontas y también trasgresoras, no había dudas.

Quede en una sola pieza, gimiendo e intentando contenerme, no se si por la vergüenza o la novedad.

Ya Matías pidió a Isabel que soltara el vibrador, que se puede separar del arnés, y una vez que lo tuvo, sin reparos se lo ofreció a Tito, para olfatear lo que había logrado. Este olfateo mirándome pero les dijo…..- Muy rico, muy rico.-- A ver Yamila, dame el tuyo para comparar…..

Yo algo celosa, lo saque pronto para poder marcar con mis olores la nariz de mi marido…… pero este muy suelto de cuerpo se lo ofreció a Matías.

Matías me miro, y no solo olfateo el vibrador, lo saboreo pasándole su lenguaza, hasta metérselo en la boca y chupar los restos de mis jugos.

- Exquisitos, puedo asegurar que son exquisitos….. pruébalos Isabel…. Y acto seguido le paso mi pequeño vibrador a su mujer para que esta también lo lamiera.

- Si ella fuera de mente abierta, seguramente que te dejaríamos saborearlos directamente, dijo Tito, para ponerme mas furiosa y descontrolada.

- - Yo tengo la mente como la tengo y no estoy para esas cosas, al menos por ahora, dije, como para no ser tan grosera.

- Pues, esperaría mil años, para saborear de nuevo tus jugos, dijo Matías.

Hablamos de lo que había pasado, con aquel juego, donde yo tuve que admitir que me había excitado mucho mas con el mismo artefacto, tan solo en manos de otro que no fuera mi marido. Ellos sacaron de eso explicaciones filosóficas que yo no quise escuchar.

Así que entre cabildeos, ideas, reflexiones y copas, nos retiramos de aquel bolichito.

- He amigo, tu no estas en condiciones de conducir y yo tampoco….. así que caminemos.

Era real, ambos estaban en copas, mejor dicho, los cuatro estábamos algo empinaditos.

Caminamos y a las pocas cuadras, Tito propuso pasar la noche en el Motel del Centro, cosa que aceptamos al unísono, pues nuestras casas quedaban bastante lejos.

Ellos en la pieza 23, nosotros en la 24.

Nos duchamos y pusimos cómodos en la cama, dispuestos a jugar a pesar de las copas.

Sentimos los golpecitos en la puerta, seguro que eran ellos, dije….. Y así era.

Entraron, y yo tapada con la sabana, los salude extrañada.

- Mira amigo, dijo Matías, que yo no pueda saborear los jugos de tu mujercita, no significa que tu no puedas saborear los de la mía, además hemos venido, por que Isabel quisiera ofrecerte ese honor.

- Será un placer, respondió Tito.

Están borrachos, me dije, pero quede tan absorta y confundida, que no atine a decir ni ah.

Isabel se recostó en la cama, y pude ver como ella misma abría sus piernas, tomaba los labios de su vagina, abriendo su sexo para que mi marido la viera y fuera por ella.

Tito se inclino y perdió su cabeza entre las piernas de Isabel, la que pronto revoleaba los ojos como poseída, sintiendo lo que mi marido sabia hacer, pues era un experto en chuparme la concha.

El atrevido de Matías, saco su polla para dársela a mamar a su mujer, así completaban un trencito los tres.

Tito perdido entre las piernas de Isabel. Isabel abierta de piernas abrazada a las piernas de su marido chapándole el pingo….. y Matías mirándome con una cara de goce que me enternecía…… tanto, que retire la sabana, abrí mis piernas y lo deje acercarse lo que pudo, el resto me acerque yo para que comenzara a comerme el coño.

Lo hacia riquísimo, y verlo allí entre mis piernas, tener a la vista su pijota a la que a mi temperamento conmovió, con su grosor, tamaño y textura.

Acaricie primero sus brazos, luego su cabeza, y cuándo estaba por llegar al clímax, lo vi. moverse ágil saliendo de las manos de su mujer para arrodillarse entre mis piernas.

Fue un instante de incertidumbre, pero tan fugaz que no llegue yo a recapacitar, pues cuando quise sacar conclusiones ya la tenia toda adentro.

Se movio, fornicandome, y le respondí con movimientos prendiéndome de su humanidad.

En mi tercer orgasmo, fue que mire al costado, donde mi Tito, prendido de las caderas de Isabel, la clavaba en posición de perrito. Nada le preocupo que estuviera yo allí despatarrada, ensartada por su amigo, más bien, que lo excitaba pues la emprendía fogosamente contra las nalgas de su amante.

Matías me puso en cuatro, y me la dio desde atrás, quiso probar el hoyito, pero no se lo di, igual acabo como loco fornicandome con furia.

Ese fue el final de aquella visita. Se fueron a su cuarto.

Mi marido me abrazo, me beso con gusto a concha de otra mujer, y penetro mi cuevita recién cogida por su amigo.

Lo abrace fuerte mientras me llenaba.

- Te gusta esto, verdad, hijo de mil putas, te gusto verme cogida por tu amigo, verdad?

- Vos bien sabes, que siempre quise que gozaramos todo lo que se pueda gozar.

- Pero no tenés miedo que me vuelva una puta?.

- Al contrario, te quiero bien putita, para probar miles de variantes.

Aquellos chirimbolitos vibradores que traía de vez en cuando, fueron pasando a desuso, y comenzamos a jugar con conchas y vergas verdaderas.

Eso mejoro nuestras vidas.

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