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Marychuy, la tetona

Relato enviado por : nkosane el 17/09/2013. Lecturas: 4523

etiquetas relato Marychuy, la tetona   tetonas .
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Resumen
Desfloracion de mi hermosa ex novia María de Jesús (Marychuy para los cuates), ella tenía 18 años alta, delgada, pelo corto, una bellísima piel aceitunada, nalgas pequeñas pero paraditas y unas tetas de ensueño (tipo 36DD), mismas que hacia resaltar con playeras y blusas escotadas que a más de uno le provocaban una erección.


Relato
Marychuy, la tetona
Hace unos años tenía una novia muy hermosa llamada María de Jesús (Marychuy para los cuates), ella tenía 18 años alta, delgada, pelo corto, una bellísima piel aceitunada, nalgas pequeñas pero paraditas y unas tetas de ensueño (tipo 36DD), mismas que hacia resaltar con playeras y blusas escotadas que a más de uno le provocaban una erección. Yo 27 años, alto, ni feo ni guapo, un tipo normal pues.
Los dos vivíamos en una pequeña ciudad de Guanajuato, México. Yo trabajaba en una oficina y ella estaba en su último año de Preparatoria.
Por lo normal siempre teníamos fajes donde se pudiera, sabiendo que era virgen todavía no me la había cogido, pero un día por la tarde logre convencerla de acompañarme a mi oficina poniendo como pretexto que se me habían olvidado unas cosas. Nada más llegar y recoger lo que me faltaba y antes de cerrar la oficina, me acerque más besándonos en silencio, convirtiéndose ese beso fugaz en uno más pasional acelerando la respiración de los dos.
- Espera por favor Luis – me dijo entre temerosa y excitada.
- No te preocupes, solo dame un beso- le conteste.
Mis manos mientras tanto no se quedaban quietas acariciando su cara y su pelo, recorriendo su espalda hasta el brassier y bajando después a sus lindas nalgas atrayéndola hacia mí para que sintiera mi erección palpitante. Los besos en el lóbulo de sus orejas rindieron el fruto esperado ya que sus pezones se pusieron erectos rápidamente. Levante su playera y bese esos impresionantes senos que eran motivo de mis fantasías más cachondas. Ella mientras tanto solo cerraba los ojos y abrazando mi cuello me atraía a esos prodigiosos senos invitando a sacarle el jugo más preciado.
¡Por Dios! ¡Esos impresionantes senos eran fenomenales! ¡Duros, de una textura suave y un sabor delicioso!
Mi legua hacia círculos arriba de sus pezones y sobre el brassier el cual baje un poco para poder besarlos en directo. No pude aguantar más así que mis manos levantaron poco a poco su falta metiendo rápidamente una mano en su entrepierna mientras la otra seguía pellizcando sus pezones alternativamente. Sentí su entrepierna muy caliente, por lo que seguí acariciándola por encima de su tanga de satín por unos 5 minutos, pudiendo sentir que algunos de sus vellos escapaban de su pequeño calzón, hasta que al no existir objeción a mis caricias baje el brassier con cierta dificultad pudiendo ahora si apreciarlos en su completa magnitud. Sus senos brotaron con un bamboleo tal que mi mente se lleno (y se nublo) por tan espectacular vista.
Mis besos y chupetones iban de un seno al otro logrando sacarle suspiros más intensos.
- Ahhhhh! Ahhhhh – gemía con ternura en medio de su excitación mientras una de mis manos flotaba su vulva y caracoleaba entre sus vellos púbicos sintiendo como se iba llenando de humedad toda esa zona.
Con un movimiento me saque el pene de la cremallera, llevando su mano para que lo acaricie, cuando lo tuvo en su mano lo apretó de forma brusca, ya que al ser el primero que agarraba en directo no sabía cómo hacerlo, para lo cual yo sin dejar de besarla le guie para que me masturbara de forma delicada pero firme. Entendiendo lo que quería ella me lo pajeo con ganas por un tiempo.
Yo ya no pensaba en otra cosa más que en cogérmela de una y mil maneras, así que quitándome la ropa puse mi chamarra en el piso y le baje su tanga, a ella le desabotone los últimos botones de la blusa quitándosela e igual suerte paso con su brassier (con cierta dificultad ¡era tanta mi excitación!).
Tumbándola sobre mi ropa me puse de rodillas en medio de sus piernas y me dirigí a probar su rica vagina virgen, vi el miedo en sus ojos pero era más la excitación del momento.
- No debemos hacer esto, podría venir alguien – me dijo.
- No te preocupes, nadie vendrá a esta hora (8:30 pm) – le conteste.
- Es que me da pena que me veas y soy virgen.
- Eso lo sé, pero no te dolerá, te lo prometo.
Marychuy se cubrió con sus manos la entrepierna, le daba pena que mirara su pelambra, retire lentamente sus manos y aspire su delicioso y excitante aroma. Prontamente mi lengua acaricio sus labios vaginales deteniéndome por momentos en su pequeño clítoris. ¡Era fenomenal lo cerrado que estaba ese lindo huequito aun sin estrenar! Mis dedos habrían sus labios para que mi lengua penetrara lo más profundo que podía, saboreando su rica feminidad.
Le hice sexo oral por varios minutos mientras ella solo cerraba los ojos y apretaba la boca mojándose continuamente sus labios hasta que incorporándome lleve a su boca mi inhiesto pene, mirándome con cierto miedo ella comprendió lo que quería y abriendo su boca beso la punta del mismo, yo empuje un poco hasta sentir lo caliente del interior de su garganta, eso provoco que ella se retirara escurriéndole la saliva por la comisura de los labios. Me la chupo varias veces mientras yo sopesaba sus senos con mis manos.
Cuando llego el momento me separe colocándome de rodillas entre sus piernas, apunte mi pene a su lubricado agujero, di un pequeño empujón, lo que hizo que Marychuy tratara de escapar deslizándose por el piso con un gesto de dolor, no deje que esto pasara y tomándola de los hombros me tumbe completamente sobre ella y volví a empujar haciendo círculos con mi cadera y así empecé poco a poco a penetrarla. En una de esas y gracias a la presión de mi cadera logre romperla, dando un pequeño gemido y con sus ojos fuertemente cerrados ella trataba de controlar mis embates con una de sus manos en mi cintura, tratando de alejarme de ella por el dolor que sentía, mientras otra de sus manos se apoyaba en el muro de la pared para evitar deslizarnos en el piso. Nuestros calientes alientos se confundieron en uno solo, mientras yo sentía lo apretado de su vagina que envolvía mi pene y la dureza de sus pezones y sus senos en mi pecho. Me incorpore un poco para mirar cómo se perdía mi pene entre su abundante vello púbico color castaño. Era delicioso lo estrecha que era y lo mucho que se bamboleaban sus grandes senos mientras yo empujaba mi pene ya cubierto en ese momento con una capa de nuestros líquidos lubricantes, lo cual facilitaba que mi penetrara ahora si hasta el fondo. Los dos gemíamos sin importar que alguien nos oyera desde la calle.
- No por favor, no, no- decía, ya con todo el garrote dentro de su ser.
No quise cambiar de posición porque me encantaba sentir sus senos en mi pecho amortiguando mi cuerpo con mis embestidas.
Era delicioso.
Nos besábamos enredando nuestras lenguas y moviéndonos en sincronía mientras nuestras caderas chocaban una y otra vez.
Tomándola de las caderas la flote contra mis bellos púbicos flotando su clítoris con cierta dureza, lo que hizo arrancarle un gemido que retumbo en la estancia donde estábamos y ¡que era la recepción de mi oficina!
Jajajaja ¡quién iba a pensar al siguiente día que una noche antes se habían desflorado a una tierna chica!
Mis manos no se cansaban de amasar y pellizcar sus pezones con una calentura no sentida hasta entonces. ¿Condón? ¡Ni me acorde de eso!
Sacaba todo mi miembro viendo la crema de sus fluidos cubriéndolo y apuntando a su tierna “panocha” se lo introducía hasta el fondo más y más.
No podía durar mucho ese acto así que mis movimientos se aceleraron, logrando que ella, apretando mi cintura con sus piernas, explotara aprisionándome con fuerza dentro suyo con su ex virginal vulva.
-Ahhhhhhhhh gggggrrrrsss ummmmmmmmmmm - se escuchaba decir a ella al sentir como expulsaba fluidos de su ser, mojándome el pene todavía más y escurriendo hasta nuestra ropa en el suelo.
Me concentre ahora en mi placer, con movimientos rápidos alternándolos con lentos y lengüetazos a sus pezones y besos a la parte inferior de sus senos, sintiendo como me iba acalambrando más y más. Mi dedo medio reptó atrevidamente para acariciar en forma circular el orificio de su ano, lo que provoco que se arqueara hacia mí con cierta extrañeza, pero solo fue un acto involuntario.
- ¡Aaaaaahh estas bien rica! ¡¡¡Como me lo aprietas!!!! – casi le grite a punto de mi orgasmo.
- ¡Ya! ¡Ya! ¡Vente! ¡Dameloooooooooo! – me dijo ella.
Contento por esto y sabiendo que yo no podía acabar dentro me retire a punto de venirme.
Mi pene expulso tanto semen y con tanta fuerza que una parte cayo en su vientre y otra más salpico su cuello y sus hermosas tetas gigantescas.
Me derrumbe sobre ella, deliciosamente aprisionado por sus sudorosos muslos y sus senos en mi cara.
Así estuvimos unos minutos mientras yo seguía acariciándole ahora con ternura sus esplendorosas chiches.
Incorporándonos con dificultad nos dimos un beso mientras recogía su ropa y buscaba papel higiénico en su bolsa para limpiarse los restos de mi semen en su pelambre y las gotas que escurrían por su cuello y sus tetas.
Apresuradamente se dirigió al baño por mas papel al no ser suficiente el que traía (nunca pensó que ese día pasaría eso), regresando con un buen puño. Se limpió frente a mí con una sonrisa en el rostro y sus ojos brillantes.
La ayude a ponerse su ropa y al existir ahora la confianza para hacerlo, le planté un par de besos en cada cachete de sus nalgas mientras le subía su tanga.
- ¿Qué haces? – Me dijo
-Nada, nada – Le conteste, maquinando la forma de estrenar su culo en un futuro.
Termino de ponerse su ropa y fue nuevamente al baño, al regresar y mirándome con preocupación me dijo:
- Oye, todavía sigo sangrando.
- Es normal, se te pasara en unos minutos - le conteste.
Ya vestidos y tomados de la mano, salimos a la calle mientras una pareja de enamorados que estaba enfrente se nos quedaban viendo con envidia ya que con seguridad habían oído todo nuestro encuentro.
En el camino nos besamos repetidas veces y yo apretaba con ambas manos sus tetas sorprendiéndome como cabían en ese brassier que era inútil para contenerlas.
La llegue a su casa despidiéndonos con un beso lleno de calentura y con la certera de que a partir de ese día nos esperaban más noches de encuentros llenos de placer y sexo.
Al llegar a mi casa no pude contenerme pajeandome una y otra vez al ser mucha mi excitación por el momento vivido.
Años después y luego de múltiples encuentros de este tipo, nos separamos por diversas circunstancias, pero sé que dejo una huella imborrable en mí, así como yo deja una marca en su vida por siempre.



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