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Vacaciones de estudiantes

Relato enviado por : herblay el 15/08/2005. Lecturas: 16749

etiquetas relato Vacaciones de estudiantes .
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Resumen
Tres chicos y tres chicas de vaaciones en Acapulco: todas las combinaciones orgiásticas imaginables.


Relato
1. Preparación

Una mañana en la que amaneció en mis brazos, Lucía me contó que ella y Tamara habían decidido irse a vivir juntas y despedirse por un tiempo de las vergas para ser solo una de otra. Me confesó que finalmente Tamara la había convencido de abandonar la bisexualidad pero que ella, a su vez, le había pedido una última sesión larga de despedida.

-Y para eso, mi rey –me dijo-, nos recluiremos cuatro días en el departamento que una tía mía nos prestará en Acapulco. Queremos tres vergas, pero nosotras pondremos las reglas. Tres vergas que acepten esa condición, la tuya, la de tu amigo Felipe y otra que tu elijas. Tres vergas y un tercer coñito, cuya elección es también tarea tuya.

-Entre las reglas –continuó-, están su obligación de pagar las comidas y de hacerse la prueba del sida y llevar el resultado. Nosotras colaboraremos con nuestros dius, para que no haya tu tía. También habrá reglas de puntuación que darán un ganador por sexo, que sería premiado el último día, y que tendrá por esclavo al perdedor del sexo opuesto durante dos semanas posteriores al regreso a México.

La propuesta me encantaba. Ya veía venir que Lucy y Tamara se casarían. De hecho, luego de cuatro o cinco encuentros triangulares, me habían excluido, aunque yo había podido estar alguna que otra vez con Lucy. Les debía mucho a ambas, las quería y las sigo queriendo, aunque hace años que no duermo con ninguna de las dos, y sabiendo, como sabía, que están locas como cabras, no me disgustaba la idea de colaborar en su despedida.

Esa misma tarde convoqué a junta a Felipe y a Roberto. Felipe, un rubiales con fama de conquistador, buen lector y amigo, punk y contracultural, estaba ahí (aunque no se lo dije) a expresa petición de Lucía, a quien le alborotaba la hormona. Bobby es mi más querido amigo, había vivido con él aventuras y borracheras sin par y sabía que me haría deudor de su gratitud eterna al invitarlo a tan desaforado evento, es alto y delgado, bien plantado aunque nada espectacular. El único impedimento serio era el dinero, pero era cosa de movernos y conseguir una lana.

Les conté la propuesta. Primero, se sorprendieron de que mi intimidad con Lucy y Tamara llegara a tanto, pues yo, como caballero que soy, no ando contando mis andanzas. Felipe nos contó entonces cómo, en un viaje de prácticas, había follado como loco con Tamara una noche en que las compañeras de cuarto de aquella, entre las que no estaba Lucía, por ("y es un cañón, una tigresa, mi buen, coge como una diosa", le dijo al Bobby, porque era obvio que no tenía que contármelo a mi).

Les dije que había otra condición: ellos debían conseguir a la tercera mina y yo no quería saber nada del asunto hasta que lo consiguieran. La elegida (o la que aceptó), fue Alicia, una güerita de buen ver, exnovia de Felipe, que estaba en primer año en otra carrera de la Facultad. Aceptó el juego, pero exigió que Lucy y Tamara la incluyeran en la definición de las reglas.

Finalmente, convenimos en que ellas se irían por su lado, en el coche de Lucía, y nosotros habríamos de partir por nuestra cuenta, pasar a la playa y llegar al departamento hacia las seis de la tarde del primer día, un miércoles. Así sería.

Ahora hay que hablar de esas tres preciosas y magníficas chicas:
Retomo otra descripción de Tamara: "Yo solía verla por los pasillos, chaparrita, delgada, con unos profundos ojazos negros que iluminaban sus rasgos indígenas y su larga cabellera de ala de cuervo. Tenía (tiene) unas caderas estrechas pero claramente femeninas, unos pechitos que apenas despuntan y unas piernas delgadas y bien torneadas, bajo un pubis pétreo y un duro y plano estómago". Hay que agregar algunos datos, que ya sabía o que supe en esos días: 24 años, 1:53 de estatura. Nunca nos dejó tomarle las medidas, aunque hay que decir que era más esbelta que Alicia.

De Lucía: Muy morena, "[...] luce una espesa y ensortijada pelambrera, una naricita de botón, y unos labios gruesos, grandes y rojos, diseñados para mamar [...] es una chica generosamente dotada, quizá en exceso: 1.67 [de estatura] adornados con unos pechos grandes y redondos, con unos enormes pezones morados que, un día, por curiosidad medí, encontrándome con un metro y casi diez centímetros. No tenía, ni por asomo la cintura de sílfide de Tamara, pero el recubrimiento carnoso que la envolvía no demeritaba su figura, como tampoco lo hacía un culo desmedido, alegre de vivir, que con trabajo acomodaba en los mesabancos y que, enfundado normalmente en minifaldas negras o azules, solía atraer feroces miradas hacia sus gruesas pero firmes piernas. Un pimpollo estilo años cincuenta." Tenía por entonces 22 años, y sus medidas eran 110-76-106.

Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada: 82-58-80. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad en la secun, con un primo suyo, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9.

felipe, Rober y yo llegamos aquel miércoles a las seis de la tarde al departamento, una cosa hermosa, no cercana a la playa, aunque desde el balcón se dominaba la bahía, pues el edificio estaba inverosímilmente construido en las pendientes del Veladero. Un departamento muy amplio, bien amueblado y con tres recámaras. Nos recibieron vestidas, y nos hicieron sentarnos a la mesa:

-Hoy es día de descanso y preparacoión –dijo Lucía-. Cada quién dormirá con su pareja asignada, y está prohibido coger más de dos veces, y mañana, a las ocho en punto, empezamos. Mañana es mi día, yo mando.

Había que estar a las ocho en punto: todos bañados, bien aseaditos, y ligeros de ropa, pero no desnudos. También se acordó que yo llevara la minuta de los acontecimientos, lo que me permite reconstruirlos detalladamente.

Antes de salir a cenar nos asignaron las parejas de esa noche, diciendo que habríamos de portarnos como noviecitos. Y he de decir que el criterio fue de lo más equitativo: Felipe con Lucía, Roberto con Tamara y su servilleta con Alicia. La chiquita estaba entusiasmándome: tenía el pelo recogido en una cola de caballo, y llevaba un traje de baño de una pieza y sobre él, una minifalda de mezclilla, completando su atuendo con unos huaraches. Nos amontonamos en el vocho de Lucy, y desde ahí empecé a tocar su piel dura y suave, acariciándole los hombros descubiertos, las mejillas y la delicada curva de las pantorrillas.

Cenamos mariscos, bueno y ligero, y todos nos moderamos notablemente con la bebida, y apenas pasadas las diez estábamos Alicia y yo desnuditos, dándonos una ducha fría. Yo admiraba el sedoso vello rubio que cubría su espalda y la abundante mata de pelo que sombreaba su pubis, mientras la enjabonaba dulcemente. Nos secamos el uno al otro, y nos fuimos a la cama, donde la acosté boca arriba y besé sus labios vaginales, probé su clítoris hasta que me pidió que se la metiera, a lo que no me rehusé.

Me mecí despacio dentro de ella, con toda la intención de prolongar el momento, retrasando mi orgasmo hasta que alcanzara el suyo. Nos acostamos, y sus delicadas caricias hicieron que se me parara otra vez, y al pedirle "el segundo de la noche, reglamentario", fue al baño y luego de limpiarme la verga con una toalla húmeda, me lo mamó hasta hacerme ver estrellas. Finalmente, nos dormimos. Al día siguiente esperamos la hora prevista sentados en el balcón, viendo la límpida mañana acapulqueña.



2. El día de Lucía.

A las ocho, estábamos los seis: Felipao en boxers, Rob y yo en playera y calzones. Lucía llevaba un salto de cama blanco, sin nada abajo, Tamara unas pantaletitas y una playerita de algodón, y Alicia top y chorts negros. Lucía dictó las reglas:

-Hoy habrá tres sesiones de fuerza, y empezarán a llevarse las puntuaciones para el cuarto día. Las sesiones durarán exactamente una hora, serán de 8:15 a 9:15, de 10:00 a 11:00 y de 12:15 a 13:15, con baño y descanso entre cada una. En cada sesión ustedes tres deberán dominar a una de las chicas, que debe resistirse y hacerles todo el daño físico que pueda o quiera. Ustedes no podrán golpearla ni lastimarla, sólo someterla. Las dos chicas restantes estarán esposadas al balcón, siendo testigos de todo y tomando nota de las corridas de cada uno de ustedes, cada una de las cuales será un punto a favor suyo y en contra de la chica. Ustedes deberán sortear los turnos para que cada uno, al azar, sea el jefe.

Se sortearon los turnos, siendo el orden al bat de las chicas Tamara, Alicia y Lucía; y el de nuestras jefaturas yo, Roberto y Felipe. Indudablemente la suerte me había favorecido, porque me daba a la más delgada de las chicas al principio de las rondas, cuando más leche cargaba. También me pareció lógico que Lucy, la más fuerte de las tres, impusiera un juego de fuerza, sin contar con que yo conocía sus impulsos violentos y sus extrañas fantasías.
Estuvimos viéndonos las caras unos minutos, hasta que poco antes de la hora fijada, Lucy sacó un par de esposas y, poniendo las llaves en un cajón, se encadenó al balcón junto con Alicia.

Al sonar la hora, nos abalanzamos sobre Tamara, y tras someterla, no sin trabajos (proceso que nos puso extremadamente calientes a todos), les ordené que le abrieran las piernas y se la metí sin contemplaciones, sacudiéndome con violencia, sin considerar, por primera vez en muchos años, quizá por primera vez sin más, los tiempos y ritmos de mi compañera, viniéndome en pocos minutos. Nos turnamos, gozando dos veces cada uno de nosotros la suave caverna de Tamara, y haciéndonos hermanos de leche, y tras la segunda vuelta, cuando ella era casi un trapo, les ordené que le dieran vuelta, que la obligaran a ofrecerme el ano, y ensalivando abundantemente mi verga, entré por primera vez en su estrecho orificio. Procediendo como la vez primera me sacudí sin contemplaciones, en el viejo mete saca, hasta alcanzar un tercer orgasmo. No hubo tiempo de más. Tamara nos miraba con furia controlada y nos fuimos a bañar, mientras Lucía y Alicia se encerraban aparte (calmando sus ansias, nos dijeron luego).

La hora de Alicia transcurrió de la misma manera, con puntuación Roberto 3, Felipe 2, yo 1. Y verdaderamente, con trabajos volvió a parárseme ante la resistencia de Lucía, quien le dejó un ojo moro a Roberto y varias marcas a los tres. De hecho, si no se hubiera resistido tanto, no creo que mi verga hubiese reaccionado, deslizándose violentamente por su bien dispuesta caverna. Esta vez las puntuaciones fueron Roberto 2, Felipe 2, yo 1. De modo que al concluir esa primera ronda, Roberto tenía 7 puntos y Felipe 6 y yo 5; por 7 negativos de Tamara, 6 de Alicia y 5 de Lucía.

Descansamos (yo dormí una profunda siesta) y bajamos a comer. De acuerdo con las puntuaciones, las parejas ficticias eran Roberto y Tamara, Felipe y Alicia y Lucía y yo. Los besos de Lucía, los besos en general, siempre han tenido poderosos efectos en mi organismo, de modo que, más que la siesta y los ostiones, fueron los largos y frecuentes besos los que a eso de las cinco, cuando estábamos en el departamento, me tenían listo para lo siguiente. Lucía volvió a hablar:

"Vienen tres rondas finales, que darán puntos de una nueva manera: por riguroso sorteo de entrada y luego por circulación a la derecha, ustedes demostrarán sus habilidades en el sexo oral, llevándose dos puntos el primero que haga llegar al segundo orgasmo a su chica correspondiente, y un punto los otros, si para entonces han obtenido un orgasmo de su chica. Si uno de ustedes no lo obtiene, será azotado dos veces con éste látigo por su chica, que a continuación deberá cogérselo. Si no hay erección, habrá otros cuatro latigazos.

"Terminada esa ronda, seremos nosotras las que deberemos extraer de sus penes una nueva ración de leche, si es que es posible, teniendo para ello diez minutos de sexo oral. La primera que lo obtenga tendrá 2 puntos y la siguiente 1. La tercera, o todas, si no lo logramos en el tiempo estipulado, recibirá o recibiremos 2 latigazos propinados por su chico correspondiente. En estas dos rondas, cada orgasmo será un punto a favor para quien lo alcance.

"Y finalmente, también por riguroso turno, queremos ver como actuarían ante una virgen. Fingirán que la chica que les toca lo es, y fuera de la vista de los otros chicos, seducirán y cogerán a su chica. Las otras dos niñas fungiremos como sinodales, y al final de las tres rondas, les daremos sus dos y un punto respectivos, llevándose un punto más la chica que lo haya hecho con aquel que obtenga los dos puntos".

Se sortearon las posiciones, y quedó la primera pareja integrada por Lucy y yo; la segunda por Tamara y Roberto y la tercera por Felipe y Alicia. Eso fue excelente para mis bonos, porque Lucía tiene el orgasmo fácil y yo conozco muy bien sus puntos débiles, de modo que sin voltear a ver lo que hacían los otros, la acosté boca arriba, le abrí las piernas flexionándole las rodillas, puso una almohada bajo su pubis, para situarlo a mayor altura, y empecé a trabajarla. Primero recorrí con mi lengua todo su sexo, dándole unos suaves tirones a sus vellos; luego hendí mi nariz en sus partes más blandas e introduje mi lengua, con fuerza, en el interior de su vagina, mientras le empezaba a acariciar los bordes del ano con mi dedo índice, mientras, con la otra mano, le masajeaba suavemente el clítoris.

Cuando esta actividad empezó a hacerla vibrar, pasé mi lengua a su clítoris, que, por si no lo he dicho, está bastante desarrollado, e imprimí un movimiento circulatorio sobre toda su superficie, mientras mis dedos índice y medio entraban y salían de su vagina. No tardé en obtener su primer orgasmo, anunciado por un largo aullido y por la generosa inundación de su vagina. Mi pito, al que yo creía absolutamente agotado, estaba otra vez bien duro, y mientras aumentaba el ritmo y la violencia del movimiento de mis manos, empecé a succionar con fuerza el clítoris de mi negra, obteniendo casi inmediatamente un segundo orgasmo.

La acaricié un poco, dándole unos lengüetazos a sus dulces jugos, y me paré a preguntarle a los otros cómo iban. Tamara rechazó a Bob, en tanto que Alicia le pedía a Felipe que no parara, y llegó pronto a su segundo orgasmo, aunque tarde para ellos. Era claro que el conocimiento de las respectivas parejas había contribuido a los resultados, que se apuntaron así: Pablo, Felipe y Roberto, empatados a siete puntos; Lucía, 3 puntos negativos; Alicia 5 y Tamara 7. Tamara no se tentó el corazón a la hora de atizarle a Roberto.

A continuación se hizo la rotación correspondiente, Roberto y Alicia y Felipe y Lucy escogían sus rincones, mientras Tamara me sentaba en la orilla de un sofá, y haciendo con su pequeña mano derecha un canalito que subía y bajaba por la parte inferior de mi verga, empezó a mordisquearme el glande y a darle besitos a la puntita, mientras con su mano izquierda me acariciaba los huevos. Desde donde yo estaba veía la prisa con la que Lucía engullía la verga de Felipe que, dicho sea de paso, era el más grande de los tres presentes, y oía, detrás de mi, los suspiros de Roberto. Los gruesos labios de Lucía subían y bajaban de la punta a la base (le cabía toda, no se cómo, pero entraba en su boca toda la verga de Felipe), a un ritmo cada vez más rápido, mientras Tamara pasaba de sus maniobras preeliminares a un movimiento parecido al de Lucía, pero más suave, y sin avisarme, conocedora de mis gustos, deslizó su dedo índice hasta el fondo de mi ano. Si el movimiento de Lucía, que seguía con marcado interés, reproducía el de una vagina ansiosa, el de Tamara era fabuloso: subía y bajaba por mi hijo predilecto con mucha mayor lentitud, mientras su lengua me acariciaba ya la base de la verga, ya el nacimiento del glande, y luego no se que más, porque cerré los ojos y dejé de analizar las cosas, estallando poco después.

En lo que terminaban los diez minutos, Tamara y yo nos acostamos sobre el sofá, y alivié su excitación con un enérgico masaje en el clítoris, mientras ella me acariciaba suavemente. Antes de los diez minutos terminó Roberto, último de los tres, y cómo le dimos su punto, indultamos a Alicia de los latigazos correspondientes. Felipe y yo quedamos con ocho puntos, y a Roberto se le quitaba uno, quedando en siete; mientras Lucía quedaba con dos puntos malos, y Alicia y Tamara con seis.

Se sorteó el orden en que pasaríamos a una de las habitaciones, y mientras Felipe lo hacía con Tamara, Roberto y yo nos quedamos en el balcón, viendo como se ponía el sol detrás de los acantilados que forman la punta occidental de la bahía. Luego pasó Roberto con Lucía y cuando estaba adormilándome en mi poltrona, me tocó ir con Alicia. Perdí, porque la verga nunca quiso pararse, de manera que las caricias quedaron en suave apapacho, hasta que finalmente Lucía dijo que time out, y que todos fuéramos abañarnos para bajar a cenar. Roberto fue el ganador de la serie, cerrando el día con nueve puntos, mismos que Felipe, por siete míos. Lucía era la clara ganadora del día, con un punto malo, por seis de Alicia y Tamara. Por puntuación alternada, las parejas de esa noche seríamos Lucía y yo, como al medio día; Roberto con Tamara y Felipe con Alicia.

Lucía y yo nos bañamos juntos, y nos enjabonamos el uno al otro, abrazándonos y besándonos, y salimos como a la media hora, ambos de huaraches, y ella con una ligera maxifalda y una blusa de algodón, sin sostén ni bragas. Sus besos hicieron, otra vez, el milagro de la resurrección de la carne, y en la penumbra del restaurant yo jugaba con mis dedos dentro de su vagina, y acariciaba su clítoris, de modo que al volver al departamento, sin preocuparme por el día siguiente, hicimos el amor como una pareja de casados, sin prisa, casi rutinariamente. Verdaderamente, me estaba enamorando de ella.



3. El día de Alicia.

A las ocho de la mañana del viernes, ligeros de ropa, como la víspera, estábamos los seis en el comedor. Ese día tocaba a Alicia poner las reglas del juego, y empezó a dictarlas:
"Por acuerdo de las tres, la mañana de hoy será de relativo descanso. Iremos a desayunar con calma, pasearemos en la playa, ya ahí abordaremos a chicas y chicos guapos diciéndoles que hemos hecho una apuesta, y que tienen que juzgar quién de los tres varones o chicas besa mejor, para lo que les vendaremos los ojos, si aceptan, y los besaremos por riguroso turno, los tres del sexo opuesto, y el chaval tendrá que dar su voto. Los votos se alternarán, y en cuanto el primero de los seis llegue a diez votos, se acaba la cuenta. Ese se llevará cuatro puntos, el de más votos del otro sexo tres, el segundo de cada sexo uno, y el tercero nada. Finalmente, a partir de ahora, los aparentes noviazgos se harán por turno, así que yo voy con Felipe, Roberto con Lucía y Pablo con Tamara".

Así salimos esa mañana, rumbo a la zona de revolcadero y el princess, donde nadamos y retozamos, y ya alto el sol, con la playa llena de turistas, empezamos la cacería de besos. Recuerdo uno en particular, a una españolita, alta, rubia, verdaderamente atractiva, vestida con un diminuto biquini y un pareo, que me besó como deben besar las diosas, y que, además, votó por mi. Lucía debería entrar a un torneo de besos, porque cuando obtuvo su décimo voto, Tamara llevaba seis y Alicia tres, por siete de Felipe, seis míos y cinco de Rob. Nos fuimos a comer, mientras Felipe consolaba a Alicia diciéndole que, en realidad, sus besos eran de lujo.

La puntuación iba así: Lucía, dos puntos buenos; Tamara, cinco malos y Alicia, seis malos. Felipe, nueve; yo ocho y Roberto siete, mucho más parejos, pues. Fue bastante divertido ir por la playa pidiendo besos. Divertido, excitante y más fácil de lo que había pensado. De regreso a nuestra cueva, luego de comer algo, Alicia puso las reglas para la tarde:

"Como mañana será el mejor día, hoy queremos ver si son dignos de lo que ha pasado y de lo que viene, y queremos seguir gozando. Se hará lo siguiente y malhaya el que se raje: queremos verlos penetrarse unos a otros. Las cosas se harán de tal manera que nadie de ustedes sabrá de sus reacciones, salvo nosotras, que no iremos contando nada por ahí. Cada uno de ustedes estará acostado en una cama, en distinta habitación, con los ojos vendados y amordazado, encadenado en cruz a las cabeceras. Nosotras haremos el sorteo e iremos por cada uno de ustedes, por turno, y lo llevaremos a otra habitación, cuyo ocupante ignorará la identidad del visitante, quien también irá vendado, y con las manos esposadas a la espalda.

"Una de nosotras le parará la verga al acostado y la pondrá a punto, y luego la untará de vaselina, para que entonces el visitante, sentado, se la vaya metiendo a su aira, a su ritmo, pero sabiendo que debe hacer que el otro se corra. Otra chica se ocupará del pene del visitante, para que no se diga, para que esté caliente al ensartarse, para que no le duela tanto. Habrá puntos, también, pero de eso se hablará al final".

A mi Tamara y Lucía me habían metido un enorme vibrador unos meses antes, y no me había disgustado, y pensé que si era requisito para seguir la fiesta, no había problema. Más aún, pensé que no estaría mal probar de aquello. Roberto, que es medio homofóbico, dudó y empezó a quejarse, pero ellas le señalaron lo injusto de su posición y se resignó. Así que cada uno de nosotros fue llevado a una recámara –mientras los otros dos esperaban fuera del depa, para que no supieran en qué recámara estaban los otros- y puesto en la situación acordada.

Antes de llevarme un visitante pasaron por mi, me desataron, y sin quitarme la venda ni la mordaza me llevaron a tientas. Me dejaron de pie y de pronto una de ellas, supongo que Lucía, se metió todo el pene en la boca, todo, enterito, flácido como estaba, y en su húmeda y caliente cavidad empezó a juguetearlo con la lengua, lo que lo puso en pié en un periquete. Ahí estaba yo, con los ojos vendados, sin poder tocar a la hermosa que me lo mamaba, que tan pronto estuvo firme empezó a recorrerlo con su lengua, mientras me acariciaba las nalgas. Luego, la chica (sigo creyendo que fue Lucía) me ensartó un dedo en el culo, y empezó a llevarme hacia delante, sólo dos pasos, hasta que me hizo subir a la cama, donde me hizo ponerme en pie y seguir caminando, con las piernas abiertas, hasta que una presión en los hombros me indicó que debía sentarme.

Unas manos femeninas fueron guiándome, y una tercera mano empezó a abrirme el ano, y luego sentí el casco de un pito apoyarse en la entrada de mi culo. Apenas sentí la cabeza de aqula verga, cuando mi verga volvió a ser engullida, y recordando mi experiencia anterior decidí sentarme y tragarme todo lo que mi amigo tuviera que darme, sin intentar adivinar su identidad.

La verdad es que tener una verga dentro era agradable: era más suave y delicada que el cacharro metálico que Tamara me había ensartado, y decidí gozar el momento y hacer que el amigo también lo hiciera. Casi olvidé cómo me lo estaban mamando, para concentrarme en mis movimientos y en la sensación de tener el culo ocupado por un miembro cálido y palpitante. Subía y bajaba sobre aquella verga, sin sentir siquiera el dolor de la vez anterior. Seguían mamándome la verga, cada vez más rápido, y yo fui ajustando el movimiento de mi cuerpo al de la boca de la chica, Lucía, sigo creyendo. Finalmente, un aullido entrecortado, deformado por la mordaza, me indicó que el de abajo se había venido y yo, buen cuate, me senté a descansar, con su polla dentro, mientras mi chica acrecentaba el movimiento de succión. Estaba a punto de venirme cuando la tía dejó de chuparla y las otras manos me hicieron pararme. Ni siquiera me pude quejar, por culpa de la mordaza, y con la verga hirviendo, a punto de estallar, fui conducido de regreso a mi posición original.

Acostado y encadenado, pensé que iban a irse, pero unas manos femeninas estuvieron acariciándome la verga, sin intenciones masturbatorias, de modo que cuando sentí una presencia extraña en la cama, aunque no tan caliente, seguía teniendo la verga como un fierro. Esas mismas manos lo condujeron hacia buen puerto. Yo, inmovilizado, sentí como el amigo de arriba bajaba sobre mi verga, y como unas manos suaves y frías ayudaban a la penetración. La verga me dolía, porque aquello estaba muy estrecho y el compa no colaboraba, pero, de pronto, parece que empezó a relajarse, porque fue resbalando mejor, hasta que me vine. El compañero y su séquito salieron, y yo me fui durmiendo sin darme cuenta. Habré dormido unos 20 minutos, cuando llegó Alicia a desatarme.

Nos reunimos en el comedor con los demás, y entonces Alicia dijo que había que sumarme dos puntos a mi y uno a Felipe, y que no dirían por qué, con lo que Felipe y yo llegamos a diez, dejando a Roberto en siete. Alicia volvió a hablar:

"Ahora, para terminar el día, tenemos una hora libre, con parejas, por sorteo. Tiempo libre, pero con dos reglas: la primera es que en pago a lo anterior, lo primero que harán será sodomizarnos, y luego haremos el amor. La segunda es el tipo de puntuación, que está aquí escrito y que ustedes tres ignorarán". Se sortearon las parejas y me tocó Alicia, Roberto con Lucía y Felipe con Tamara.

Alicia y yo entramos en una de las recámaras, y me pidió que antes de darle por el culo, la pusiera a punto. "Chúpame toda, mámala" dijo, sentándose sobre el buró de la recámara, con las piernas bien abiertas. Yo me bajé al mar, y empecé a succionarle el clítoris, noté que estaba hecha una sopa, que sus jugos escurrían como ríos, y quise interrumpir la maniobra pero ella me pidió que terminara, y así lo hice. Sus leves movimientos debajo de mi boca y sus gemidos, que fueron subiendo de tono, me pusieron cachondísimo, de modo que en cuanto se vino, le di vuelta, y ensalivándome la verga, le abrí el ano y le ensarté el capullo.

Yo estaba parado detrás de ella, que, reclinada sobre el buró, apenas alcanzaba a tocar el suelo con las puntas de los pies. Cuando sintió el capullo dentro, me pidió que fuera despacio, y yo le hice caso, metiendo el aparato poco a poco, con ligeros golpecitos. Una vez que lo tuvo enterito dentro de sus intestinos, me pidió que no me moviera, y ella empezó a hacer pequeños círculos con sus caderas, mientras que yo le acariciaba la cintura y las nalgas. Cuando no resistí más empecé a sacarla y meterla cada vez con mayor fuerza, hasta que me vacié en ella.

Me empujó hacia atrás con sus nalguitas, se dio vuelta y me besó, y empezamos a tocarnos. A mi se me paró rápidamente y quise meterla, pero ella me pidió que antes le diera un masaje completo, que acariciara todo su cuerpo, y que luego se lo hiciera despacito, "quiero ver cuanto duras dentro de mi, sin venirte", dijo. Así lo hicimos. Primero la acosté boca abajo, me senté sobre sus nalgas y le di un masaje en el cuello, los hombros y la espalda, luego bajé hacia sus pies y le acaricié las nalgas, que son duras como piedras y suaves como sólo pueden serlo unas nalgas de mujer. Cuando le di vuelta ya estaba yo muy caliente, así que sin advertirle, y aprovechando que tenía los ojos cerrados, se le metí, deslizándome con facilidad hasta el fondo, pues seguía empapada. Entonces habló, recordándome lo que había pedido.

Yo me moví en círculos, muy despacito, apenas sacándola un poco de tanto en tanto, mientras ella no hacía ni un movimiento. Luego empezó a temblar y se vino con un largo y silencioso gemido. Yo empecé a moverme más rápido, pero me tomó de la cadera y me pidió "no, no, despacito: quiero otro", y regresé al suave movimiento anterior, mientras empezaba a contar ovejitas para retrasar mi eyaculación. Esta vez nos venimos juntos, y entonces me abrazó pidiéndome que me quedara ahí. Estuvimos uno sobre la otra, sin movernos, hasta que el pene empezó a tocar retirada, ante lo que ella, empezó a oprimirlo dulcemente con los músculos de su vagina, volviéndomelo a parar.

Así estuvimos un rato: cuando el pene parecía bajarse, ella se movía un poco, casi nada, y me oprimía con su vagina, parándolo otra vez, hasta que yo estuve tan caliente que empecé a follarla otra vez, pero apenas empezaba cuando sonó el despertador (un despertador muy sonoro, que no he mencionado, y que nos marcaba las horas), ella dijo "hay que irnos", y quiso salirse, pero no la dejé, y aumenté el ritmo y la intensidad de mis movimientos, para alcanzar rápidamente el orgasmo. Entonces, le retiré la verga, y salimos, casi al mismo tiempo que Tamara y Felipe

Entonces Alicia explicó que el número de corridas que los chicos hubiésemos tenido durante la hora, eran puntos buenos para nosotros y malos para ellas. Contamos entonces que yo me había venido dos veces (la tercera no contó), Felipe tres y Roberto cuatro, con lo que los puntos quedaron así: Felipe, 13, yo 12 y Roberto 11. Lucía dos puntos malos, Tamara y Alicia, ocho malos.

Nos bañamos todos y salimos a cenar, esta vez, Alicia era mi supuesta novia, y nos fuimos besando todo el camino. Dormí con Tamara, y follamos suavemente.



4. El día de Tamara.

Al día siguiente, sábado, volvimos a salir a las ocho, para que Tamara nos leyera las reglas de ese día. Tamara sacó tres cajas de cartón con consoladores de distintos tamaños, tres correas flexibles, y dijo:

"En la mañana de hoy habrá algo de sado-masoquismo, mis reyes y reinas. Hay que conocer el aguante de cada quién. Primero vamos nosotras: nos vendarán los ojos y nos inclinarán sobre la mesa (que era redonda) y nos encadenarán una a otra, de manera que formemos una estrella, en esa posición, cada uno de ustedes se la meterá por el culo a una de nosotras, y nos cogerán de la manera más violenta posible, de modo que se vengan rápido. Ahí, empezarán a meternos estos consoladores, también en el culo, pasando cada vez al más grande. La primera en pedir paz se quedará sin puntos. La segunda, tendrá un punto y la última, si aguanta el consolador siguiente, tres, y dos, si no lo aguanta.

"Entonces, y en la misma posición, nos lo meterán por el coño, y con estas correas le pegarán a una de las dos chicas que tienen enfrente (cada quién a una), y si la hacen rendirse antes de que su chico se venga, tendrán dos puntos, y si no pueden con ella, se les bajará un punto. Para las chicas, habrá cero, uno y tres puntos".

Atamos a Alicia, Lucía y Tamara como ésta nos había dicho, pero antes les pedimos que nos chuparan un poco para que estuvieran bien duras. Hicimos el sorteo, tocándome Tamara, Lucía a Roberto y Alicia a Felipe. Habíamos puesto los consoladores, que eran iguales, en sucesión de tamaños, a nuestra derecha, junto con sendos tarros de lubricante, y las correas a nuestra izquierda, para no movernos. Nos colocamos en posición, y yo se lo metí a Tamara, tal como ella había exigido: a golpes (y no "de golpe", porque no entraba), y lo sacudí enérgicamente, mientras ella me apretaba y me soltaba al ritmo de mis embestidas. Su pequeño culo al aire, y la manera en que Alicia se mordía los labios, ante mi vista, me tenían loco y me vine antes que los demás, que tampoco tardaron mucho.

Agarramos el primer consolador, que era un poquitín más grande que mi pito de Felipe, y los tres, haciéndonos una seña, se los ensartamos al mismo tiempo. Lucía y Tamara gemían, y Alicia sólo se mordía los labios. El consolador número tres, que mediría unos 30 centímetros, hizo soltar un berrido a Alicia, quien dijo que ella hasta ahí llegaba. Dos más, y Lucía pidió paz. Entonces vi detalladamente el siguiente y penúltimo consolador: un mastodonte grueso y largo, excesivo, que le fui insertando a Tamara, quien con movimientos de su periné lo iba engullendo paso a paso, hasta que lo tuvo todo dentro, ante nuestro asombro, y luego, ella sola, empezó a expulsarlo.

Mi aparato estaba gordo y palpitante, y se lo ensarté a Tamara, quien estaba sumamente excitada, y empecé a moverme mientras, acatando las reglas, aporreaba a Alicia, Felipe a Lucía y Roberto a Tamara. Parece que a mi chica le gustaba, porque se movía, reptando sobre mí. Mi placer fue creciendo, mientras golpeaba mecánicamente a Alicia. Tamara alcanzó su orgasmo un poco antes que yo, y sin desalojar, seguí atizando a Alicia, ahora con mayor entusiasmo, pero antes que Alicia, Lucía pidió piedad (Felipe es mucho más fuerte que yo), y cuando empezaba yo a moverme otra vez dentro de Tamara, Alicia se rindió. Tamara entonces se movió hacia delante, dejándome con la verga al aire, y sonriéndole a Roberto le dijo: "lo siento, mi rey, perdiste".

Hubo un descanso, en el que se hicieron las cuentas. Nosotros tres nos habíamos venido, pero a Rober se le bajó un punto, quedando en diez, por 13 de Felipe y 12 míos. Las chicas quedaron así: Lucía, menos 1; Tamara, menos dos; y Alicia, menos siete. Entonces habló Tamara:

"Ahora van ustedes. Lo primero, será igual: los pondremos en la misma posición que nosotras, y les dejaremos ir los consoladores. El último en rajarse señalará el castigo, porque dependiendo del número en que se hayan quedado los otros dos, recibirán tantos latigazos multiplicados por cinco (dijo sacando el látigo que otro día habíamos usado), y que les propinará la chica que los penetre. El ganador tendrá dos puntos. Luego, follarán por turno a la chica que les tocó, y otra de nosotras los azotará con las correas, a razón de azote cada treinta segundos el primer minuto, cada veinte el segundo, cada diez el tercero y los que sean en los dos últimos. Si en tres minutos contados a partir de la penetración no se vienen, perderán dos puntos, y su azotadora ganará 1. Si se vienen, su chica tendrá dos puntos. La chica que los acompañe no podrá ser la que ya tuvieron hoy".

Esta vez ninguno de nosotros protestó. Me tocó Alicia, Lucía a Felipe y Tamara a Roberto. Nos encadenaron como a ellas, y empezaron a meternos los bichos. Eso no fue muy erótico, así que baste decir que al segundo chilló Felipe, al tercero yo, y Roberto no soportó el cuarto. Alicia me propinó cinco latigazos, cuyas marcas duraron casi dos semanas, y Lucía le dio diez buenos y sólidos mandurriazos a Felipe, a quien se le saltaron las lágrimas. Nos desataron, y Tamara se metió la verga de Roberto en la boca, haciéndole tan buen trabajo que en menos que canta un gallo se lo paró, y entonces, poniéndose de perrita, llamó a Roberto y le pidió que la penetrara. Alicia puso el cronómetro en el momento en que Robert entró, y Lucía se preparó para atizarle. El amigo arremetía vigorosamente, pero tardó un poco en venirse y cuando los mandurriazos arreciaron, perdió la erección, ante la sonrisa triunfal de Lucy.

Yo ya estaba caliente, con la verga firme (aunque Alicia, que vio que me llevaba la mano al pito dijo que no se valía), ante el espectáculo que me habían dado, así que acosté boca arriba a Alicia, doblándole las piernas y penetrándola por detrás, mientras ponía sus pantorrillas sobre mis hombros. Esa es la posición que más disfruto, y máxime metiéndole y sacándole la verga a la chica a buen ritmo, y desde la punta hasta la base, cosa muy factible, porque aunque me quedaba como guante, resbalaba de maravilla, porque Alicia (las tres) estaba excitadísima. Los golpes que empezaron a caer no llegaron a la lluvia, porque, verdaderamente, me vine en chinga. Felipe tardó más, pero se vino en cuanto empezaron a caerle los golpes uno tras otro. Felipe había penetrado a Lucy por detrás, poniéndola, como Tamara, de a perrita. Así, Felipe llegó a catorce puntos, yo a trece y Roberto a doce: seguíamos muy parejos. Lucía llegaba a dos puntos, Tamara a menos 1 y Alicia a menos 5. Tamara dijo que descansáramos, y antes de salir a comer, dictó las reglas para esa última tarde:

"Aún no hay nada para nadie: hoy es día de ligue o de puteo. Bajaremos a comer, y desde más o menos las tres, cuando terminaremos, y las siete de la noche, las chicas tendremos tarde libre, con un escolta-testigo. Lo que debemos de hacer es caminar por la playa, por distintas playas, y ligarnos a cuantos tíos podamos, subiendo con ellos a su hotel. Cada una de nosotras llevará su caja de condones, y algo de dinero para algún taxi. Se prohíbe, para no arriesgarnos de más, ir a un hotel que no esté en la costera, y nuestro escolta intervendrá en caso de peligro, pero, sobre todo, deberá llevar la cuenta. Aquí hay dos tipos de puntuación: por cada tío que liguemos tendremos un punto, y por cada 300 pesos o fracción mayor de 150 que traigamos, obtendremos un punto más. A las 7:30 en punto estaremos aquí, para dictar las reglas nocturnas para los caballeros".

Yo fui designado escolta de Lucy, Roberto de Alicia y Felipe de Tamara, y tras la comida, nos dispersamos por rumbos opuestos de la bahía. Parece que se habían puesto de acuerdo, porque las tres iban de traje de baño de una pieza, con un pareo y sandalias, y una bolsita con un chorcito, una blusita y sus condones y cartera. Lucía, a quien yo seguía a unos 20 metros de distancia, caminaba frente al Holiday Inn, y de pronto empezó a platicar con dos chavos, bastante más altos que yo, gringos o europeos, quienes, ni tardos ni perezosos se la llevaron al hotel. Pasó más de una hora, y Lucy salió. En un hotel cercano, Lucy volvió a entrar, ahora con uno sólo, y esta vez salió apenas a tiempo para que llegáramos a la hora acordada.

Reunidos los seis, empezó el recuento: Tamara se había follado a seis y traía casi 800 pesos, por lo que se le sumaron 9 puntos, cerrando la jornada en 8. Lucy se había cogido a tres, y llevaba 400 pesos, adjudicándosele 4 puntos, cerrando en 6. Alicia se había cogido a uno, y llevaba ¡3000 pesos!, con lo que sumaba 11 puntos, cerrando en 6. Les pedimos que contaran, y Alicia empezó.

"A mi me daba muchísima pena tener que hacer esto, y además sabía que estaba muy por debajo de Tamara y Lucía, así que tenía que dar un gran golpe si quería emparejarme, y decidí que sólo uno. Nos fuimos hacia el Princess y el Mayan Palace, y estuvo caminando por ahí, delante de los bañistas, hasta que un ruco, como de 50 años, de no mal ver, se me acercó y en inglés, me preguntó que hacía, y yo, de plano, le dije que haría lo que él quisiera, hasta las siete de la noche, hora en que debía regresar con mis padres. Nos arreglamos, pues (me pidió que le demostrara mi mayoría de edad), y por la módica cantidad que he traído, le permití que hiciera lo que quisiese. El tipo mediría como 1.85, y tenía una verga de muy buen tamaño, así que cuando me dio por el culo fue una ventaja que en la mañana hubiésemos ensayado con los consoladores. Me la metió por todos lados, y creo que lo dejé bastante satisfecho. Y es una lástima que a pesar de todo, no haya ganado".

A continuación habló Tamara:

"Yo, frente a un hotel cuyo nombre no viene al caso, vi a tres morritos tomando el sol. Me acerqué, les hice plática y cuando supe que estaban hospedados en el hotel y que eran preparatorianos de Guadalajara, les propuse que subiéramos a su habitación y, ni tardos ni perezosos aceptaron. Ahí tuve la fortuna de desvirgar a dos de ellos, mientras el tercero me daba por el culo. Apenas terminaron, empecé a vestirme, y ellos me pidieron que me quedara. Les dije que no podía, porque había que trabajar. Entonces hicieron una vaca y juntaron 480 pesos, y accedí a hacérselo una vez más a cada uno. Al salir de ahí eran más de las cinco y media. El ascensorista, que se dio cuenta de donde venía, empezó a ligarme, y le dije que por cien pesos le haría la mejor mamada de su vida. Aceptó, y en un almacén de limpieza del hotel puse en práctica mis amplios conocimientos en la felación con él, y con dos limpias que llegaron poco después. Al ascensorista le hice, de premio, una segunda mamada, y salí corriendo para llegar a tiempo acá".

Lucía dijo:

"Mi historia es parecida. Primero me follé a dos chavitos gringos, hermanitos, uno de 19 y el otro de 18 y, naturalmente, no quise cobrarles. Saliendo, busqué a alguien que me permitiese matar dos pájaros de un tiro. Me cogió a su gusto y, la verdad, me ciento una cerda y quiero bañarme".

Tamara le dijo que esperara unos minutos, y volteando hacia nosotros dijo:

"Terminemos. También ustedes tienen que desempatar. Iremos a cenar y luego iremos a un antro. Nosotras los acompañaremos para que les cueste menos trabajo entrar, pero los abandonaremos inmediatamente. Ustedes tendrán que ligarse a una chica y llevarla al departamento, donde nosotros estaremos jugando pokar o cualquier cosa, de modo que la veremos pasar. Si a la 2:30 de la mañana no lo han logrado, se regresan. Quien no lo logre tendrá dos puntos menos. El primero en traer una chica tendrá dos puntos, el segundo uno, y el tercero nada. La pasarán a una recámara y nos saludarán y ya. Quien traiga a la más guapa tendrá otros dos puntos. Finalmente, si uno de ustedes convence a su ligue de participar en un trío, tendrá un punto más, y saldrá a invitar a una de nosotras, y quien vaya ganando en el juego de mesa que estemos jugando, será quien intervenga".

Así pues, hacia las diez de la noche estábamos en una de las discos de moda. Yo nunca he sido bueno para ligar, a diferencia de mis dos queridos amigos, pero no quería darme por vencido sin intentarlo. Con una coca-cola en la mano, recorrí el local, buscando posibles objetivos, aunque apenas iba a la mitad de la exploración de campo cuando vi a Roberto bailando con una chica casi tan alta como él, rubia, con un "lejos" espectacular. Decidí no mirar y seguir estudiando el terreno. Fracasé en mi primer intento, con una chavita que, evidentemente, sólo quería bailar, y me fijé un segundo un objetivo: una morra gordita, aunque no en exceso, de bonita cara, blanca, de unos 25 años, que iba con dos tías mucho más guapas que ella, que ya estaban bailando en la pista, dejándola sola en su mesa. Dejé a la otra morrita diciéndole que iba por una cuba (bebía coca sola, pero fingía), y saqué a bailar a la otra.

María se llamaba, iba vestida con una minifalda negra y una especie de blusón, y era una secretaria de la ciudad de México, que estaba ahí con sus amigas del laburo, bailábamos un poco y platicábamos más, mientras ingeríamos nuestros tragos, pero yo no hallaba cómo entrar en materia, y la hora fatal se acercaba vertiginosamente. Por fin, ya pasada la una, le propuse directamente que fuéramos a otro lado y ella, directamente, me mandó a paseo. Bailé con ella un par de piezas más y regresé al depa con el rabo entre las piernas.

Al entrar a "casa", encontré a Lucía y Alicia sentadas a la mesa, bebiendo coca-cola (bueno es decirlo antes de terminar: habíamos acordado abstenernos de alcohol, lo que no era fácil en Acapulco). "Perdí", les dije. "Ya se ve", contestó alguna de ellas. Pregunté por los otros, y me dijeron que Felipe estaba en su habitación con una señora bastante guapa, "y Tamara, con la barbie que trajo Roberto, la maldita", dijo Lucía. Nos quedamos los tres sentados, esperando ver en qué paraba aquello, a pesar del cansancio. De pronto, Tamara asomó la cabeza y me llamó. Entré a la recámara y vi que, efectivamente, la chica que Roberto había cazado era una barbie: una chavita de unos 20 años, más o menos de mi estatura (1.75), con medidas de campeonato, rubia y de ojos verdes, vestida con unas braguitas diminutas y una camiseta de Roberto.

Estaba de pie, mientras Rober, que la abrazaba desde atrás, dijo: "Isabel nunca ha visto de cerca, en vivo, cómo se hace el amor, así que, si puedes, queremos verlos". Yo dije que de mil amores, pero que se quitara la camiseta. La tal Isabel así lo hizo, liberando unos melones firmes y redondos, de un color blanco-rosado que contrastaba con el dorado de su estómago, sus hombros y cuello y todo lo demás.

Tamara estaba acostada boca arriba, completamente desnuda, y me pidió "estoy lista: métemela ya". Yo me desnudé, y le pedí a Isabel que me diera un beso, "sólo un beso –le dije-, para ponerme a punto". Isabel me abrazó, sentí cómo se aplastaban sus pechos contra mi cuerpo, y tomándome de la nuca empezó a besarme como dictan los cánones, y entre succiones y mordiditas, sentí la resurrección de la carne, mientras acariciaba su breve cintura. En cuanto lo tuve bien firme, me separé de Isabel y me dirigí hacia Tamara, que se tocaba con ansias. No me dejó llegar: se puso de pie, me empujó sobre la cama y, poniéndose a horcajadas sobre mí, tomó mi verga y se la insertó de golpe en una vagina chorreante y ansiosa: no se qué había estado haciendo antes, pero era obvio que estaba a mil, y se sacudía con fuerza, con violencia incluso, gimiendo y gritando palabrotas, logrando que me viniera más rápido de lo previsto, en un extasis doloroso. Se echó entonces sobre mí, abrazándome.

Me di vuelta, y vi a Isabel reclinada sobre la cama, y a Roberto metiéndosela por detrás. Antes de que me pudiera dar cuenta, y mientras admiraba la cara de Isabel, contraída por el placer, Tamara se hincó ante ellos, y acariciando las nalgas de Roberto, encontró la manera de alcanzar con su lengua el protuberante clítoris de Isabel, quien abrió los ojos desmesuradamente al sentirla. Yo, entonces, por no ser menos, le metí la verga en la boca, e Isabel, engulléndolo con ansia, volvió a parármelo. Isabel se sacudió poco después en un orgasmo volcánico, y mientras se vestía (no nos dimos cuenta de esa parte), Tamara se metía mi verga y me cabalgaba.

Exhausto, tendido en la cama, vi a Isabel vestida, diciendo que tenía que irse pronto, o sus padres la matarían, y pidiéndole a Rob que la llevara, nos dio un beso a Tamara y a mí, y se fue. Tamara y yo salimos al comedor, donde ya estaba Felipe, quien brevemente nos informó que su ligue era una real hembra, una secretaria de Guadalajara, de 37 años, que recién se había ido. Sin esperar al Bobby echamos cuentas: yo era el claro perdedor, con 11 puntos, y Felipe, quien había llegado con su secre primero que Roberto con Isabel, llegaba a los 16 puntos, mismos que Rob, a quien se le adjudicó un punto por segundo lugar en rapidez, dos por llevar a la más guapa y uno más por haber convencido a la chica de formar un tío (convertido brevemente en cuadrilátero). Cuando llegó Roberto, le informamos del empate, y Tamara, entonces me pidió que yo, quien había tomado notas para escribir luego la minuta, informara cuantos orgasmos y con quien había tenido cada uno de nosotros, para así decidir el desempate. Yo tomé el lápiz, y cinco minutos después presenté el siguiente informe, "considerando que salvo la primera noche, que contabilizará dos eyaculaciones para cada uno, las demás contarán por uno":

A lo largo de estos tres días, Felipe eyaculó 5 veces dentro de Alicia, 6 en Tamara y 7 en Lucía, para un total de 18. Roberto 5 en Alicia, 5 en Tamara y 9 en Lucía, para un total de 19. Yo, 7 en Alicia, 9 en Tamara y 2 en Lucía, 18 en total. Es decir, que gana Roberto." Así pues, Roberto era el ganador y yo el perdedor. De las chicas, Tamara ganaba, y Alicia y Lucy empataron, por lo que también se les contaron los polvos para el desempate: Alicia 12, Lucía 20.

Era muy tarde, y nos fuimos a dormir. Luego de mis cuentas, se me envió con Lucía, a Felipe con Alicia y a Roberto con Tamara, y quedamos de vernos hasta las diez. Lucy y yo nos dormimos abrazados, muy pronto.

La historia de nuestra esclavitud a las órdenes de Tamara la contaré otro día.




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rubilaloquita (29 de November de 2010 a las 22:56) dice: hola mellamo rubi mo correo es rubi diagonal esmeralda2000@luve.com.mx envieme relatos de esto de incesto de los que tengan ami correo soy adicta al sexo y me gusta los relatos lesn enviare mis fotos ba doce anos

yankee25789 (25 de August de 2011 a las 07:46) dice: Aburrido y super largo xd

Anonimo (22 de November de 2010 a las 01:17) dice: Hola me llamo david y tengo 21 anos nunca hEe estado con una morra y kisiera saber ke se siente estar con una morra todavia soy virgen y nunca se me hace con ninguna chava mandame. Su correo de ellas. Si te lo agradeceria mucho mi correo es guardiandedio@hotmail.com mi telefono es 6462121353 movistar espero tu respuesta y felicidades

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