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Ahora es mi mujer , la nana de mi hija

Relato enviado por : learcu el 24/10/2016. Lecturas: 5705

etiquetas relato Ahora es mi mujer , la nana de mi hija   Familiares .
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Resumen
Comienza mi suplicio, llega esta adolescente e inmediatamente mi cuerpo se altera… Es una morena con grandes senos y no esconde su cuerpo siempre usa una falda mini o unos pantalones de tenis apretado a su cuerpo, resaltando este… reclina su cabeza en mi hombro, percibiendo el agradable olor del jabón de su ducha de mediodía, sentir el aroma su piel.


Relato

Soy una persona que creo tengo dominio sobre mi mismo, y a su vez sobre mi manera de comportarme en la sociedad, no soy joven tengo ya mis bien trabajados 25 años cumplido, casado con una mujer que no es una belleza, pero apetecible para otros machos de mi misma edad, tenemos una hija de tres años, a la cual cuidaba una señora, en horas de la tarde, cuando mi señora sale a trabajar, la mañana la dedica a la beba y la casa.
Lamentablemente esta señora no puede seguir con nosotros, conversa con mi señora y trae a nuestra casa a su nuera, una muchacha, quien hace dos meses se caso con su hijo, ella tiene 17 años trabaja en una panadería y no esta a gusto.
Comienza mi suplicio, llega esta adolescente e inmediatamente mi cuerpo se altera, mis principios se van de paseo, pierdo mis dominios cada vez que la veo y me altero, cuando estoy a su lado pierdo mi sensatez, es una mujer apetecible cien por ciento, a pesar de sus jóvenes años. Es una morena con grandes senos y no esconde su cuerpo siempre usa una falda mini o unos pantalones de tenis apretado a su cuerpo, resaltando este. Unas piernotas muy apetecibles, me encanta verla cuando se viste con faldas o vestidos que al sentarse permiten ver lo bien formadas que las tiene, hoy viene con una falda blanca, corta y amplia al estilo plisada…, una blusa que deja, al descubierto por lo descotada, permitiendo ver lo voluminoso de sus grandes senos naturales, ese par de tetas talla extra…, unas nalgas voluminosas, exageradas…, el pelo castaño oscuro que cae como río, más abajo de los de los hombros, enmarcando su hermoso y juvenil rostro.
Es impetuosa y descuidada con la manera de desenvolverse frente a un hombre como solo lo puede ser ella, se instala como caiga sobre los sillones, sin importarle si su falda cubre o no sus piernas, se agacha sin darle mayor protección a sus pechos que casi se salen de su corpiño, en resumen muestra todo su cuerpo, al decirle algunas observaciones, ella escucha, sonríe y reclina su cabeza en mi hombro, percibiendo el agradable olor del jabón de su ducha de mediodía, sentir el aroma su piel, de su boca, de su sexo, este se nota que en sus deseos sexuales no es bien satisfecha. Desea ser amparada por los brazos de un macho, pero que estos brazos la apresen con fuerza, cuando la abrazo reclina su cabeza en mis hombros y respira agitada esta ansiosa por ser saciada y su marido cuando viene la coge y se compensa él sin importar como queda su mujer la cual al día siguiente en mi casa anda buscando cariño, permitiéndome a veces hasta manosearla sin reclamos.
No tenía mucha experiencia de la vida, pues se notaba que era, a veces, muy inocente en algunas cosas, sucedió el día que me enfermé y no pude ir al trabajo, en la mañana me atendió mi señora. Mi nena, no me dejaba tranquilo jugando a mi lado, en la tarde sale mi señora al trabajo y llega Bárbara.
Se dedicó a jugar con la nena en la cama vecina en mi dormitorio, donde dormía mi esposa, pero jugaba como una niña, sin importarle si mostraba sus piernas, sus calzones, etc. Imagínense como me tenía empezó a despertar mi lujuria, desesperando a mi pobre pene no podía más de tieso y estaba adolorido de todos los apretones que le daba para que se tranquilizara.
Mi nena se puso odiosa tenía sueño, Bárbara la acostó en la cama y la hizo dormir, luego se da vuelta, me mira y se recuesta a mi lado y tirándose sobre mi cama arrimándose a mi costado mostrándome su físico sin preocuparse de cubrir sus muslos mostrándome su hermoso trasero busca mi cariño, su marido se había ido nuevamente al norte ese día y se notaba que la había dejado en un estado de apetencia por ser mal compensada en lo sexual.
No aguante mas y la atraje hacia mi cuerpo. La acarreo a mi lado con firmeza, mis manos recorren su cuerpo, separé de su cuerpo su ropa interior, no sin antes subirle la falda hasta prácticamente la cintura de manera que no hubiese impedimento alguno para ver y tocar su sexo, su blusa la subo hasta dejarla de bufanda, adueñándome de sus tetas; separó sus piernas dedicándome a darle placer en su vulvita, me arrodillo en la cama y beso sus labios vaginales hasta llegar al clítoris donde me detuve, chupandolo…, succionándolo…,esta muñeca loca por el tratamiento que le estoy dando reacciona entregándome sus jugos, entre gemidos de satisfacción, está cada vez más rebosante de jugos…, mis dedos buscan su entrada del placer, entran estos a su sagrada gruta, desatando en ella un orgasmo feroz, gritos, gemidos, loca se mueve desesperada, sus caderas se menean obscenamente, todo su cuerpo es escandaloso en sus movimientos y quejidos.
Mi pene no resiste más, ubico la cabeza de este en la entrada de su vulva y con un golpe fuerte la penetré violentamente provocándole una cadena de orgasmos casi inacabables, lo metí abriéndole su vulva de una forma increíble, ella no dejaba de gritar, no…, no…, me duele…, no…, ni yo de chuparle las tetas, sujetándola de sus nalgas, de su hermoso y bien formado trasero firmemente agarrado mientras la montaba sobre mi pene a lo jinete y la hacia cabalgar sobre este, terminando mi miembro enterrado en el fondo de su matriz.
Por favor, clamaba…, que le digo a mi marido, ay…, ah…, seguía entregándose a pesar de rogar…, no, oh…, soy casada…, Oh…, Ah…. que rico lo haces mi marido no sabe hacerlo… sigue quiero mas…
Como se meneaba descaradamente, la tenia montada a lo jinete y ella saltaba sobre mi pene, se estremecía clavándose este, gozaba, pedía más…, cambiábamos de posiciones, estrechándola contra mi cuerpo y así la clavaba mas profundamente, mientras ella me apretaba con sus piernas cruzadas a la altura de mi cintura, gemía y suspiraba al borde de la locura.
Asumía voluntariamente la condición de ser mi mujer, totalmente sumisa y obediente, sin vestigio de vergüenza o de dignidad, hasta convertirnos ambos en animales sedientos de sexo. Tenía sus piernas sobre mis hombros mientras copulaba su vagina violentamente…, gemía y sollozaba, pero no me rechazaba.
Estábamos frente a frente, ensartados en la cama, ella se movía cada vez mas deshonestamente, salvajemente, nos estábamos apareando con una entrega total, finalizando ella con un orgasmo infernal de su parte, y yo inundando las entrañas de esta joven mujer con litros de semen que salían a chorros, parecía una fabrica de semen, concluyendo nuestra sesión de sexo, cual de los dos mas agotados de este apareamiento..
Nuestras orgías de sexo continuaron por toda esa tarde mientras mi hija dormía en la otra cama. y no solo esa tarde, toda la semana que estuve en cama ella apenas hacia dormir a mi hija se encaramaba a mi cama y me exigía sexo, tú si sabes gozarme, disfrútame que yo me deleito con tu pene en mis entrañas, me decía..
Aprovechábamos las idas al trabajo de mi señora, pero teníamos que ser muy cuidadosos en las sesiones de sexo, no queríamos dar posibilidad a que nos pillaran, ella estaba decidida a entregar su cuerpo y dispuesta para ser disfrutada en el momento que la nena se durmiera, aprovechábamos los sueños de mi hija, por lo que nos trasladamos de pieza, donde no la molestáramos en su sueño, al igual me preocupaba el semen que estaba recibiendo, era el único que le llenaba su claustro durante este periodo de tiempo, pues su marido estaba en las minas, a cuidarse tomando pastillas. Más de seis meses mantenemos nuestros encuentros.
A los seis meses me anuncia que se traslada al norte, junto con su marido, y que ese día sería la última vez que realizaríamos el acto sexual, la miré y solo comenté y que voy hacer sin tu sexo, imagínate yo sin ti, sin ser satisfecha, pero hace días que no tomo pastilla, quiero llevarme en mi vientre un hijo tuyo, la llevo a la cama y la penetro, iniciando su cuerpo un movimiento circular, a la vez que subía y bajaba sus caderas provocándome unas de las mas sabrosas sensaciones; eso unido a la visión de su pecho oscilando ante mí, de sus ojos entornados, de su boca entreabierta en actitud de absoluta entrega así como los gemidos de placer que emitía hicieron que pronto estuviera listo para tener un orgasmo que se preveía intenso y enormemente satisfactorio.
En medio de una más que considerable explosión de placer, tanto físico como mental, comprobando como Bárbara la nana de mi hija estallaba en lo que parecía un enorme orgasmo y presa de fuertes convulsiones se derrumbaba sobre mis brazos a la vez que, en un gimoteo apenas perceptible, repetía "Gracias, que placer, te pertenezco, mi cuerpo es tuyo". Me dice entre gemidos…¡volveré!.


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